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Es la comunicación, estúpidos

In Derecho a Replica, Exclusivos on 5 septiembre, 2012 at 9:52 AM

“Se viven años de cambio y oportunidad”, sostiene cuanto comunicador cruzo en charlas y conferencias. Mas allá de la obviedad que encierra la frase y su inutilidad alarmista, me parece que no se enfoca en lo que realmente debemos hacer en épocas como estas (y como todas, con cambios y oportunidades): comunicar. Gobiernos, Medios, Corporaciones, estudiantes, profesionales, líderes y poblaciones enteras viven, reniegan, votan y se pelean o creen triunfar en un enfrentamiento meramente dialéctico. El mundo que construimos desde la comunicación nos está claramente venciendo y cegando a la vez. ¿Vos que estas haciendo por este mundo en comunicación? Aclaración: el silencio también es una acción.

En mi país se viven años en los que el Gobierno de turno está claramente enfrentado a un Grupo de Medios y enfocado en “combatir” a ciertos periodistas (las comillas implican que el verbo es exagerado pero lo uso para graficar). Mis compatriotas se exasperan cada vez que el Gobierno, por medio de la Presidencia o Ministros, comunica algo. Los medios padecen que desde el Estado les determinen la agenda informativa y se enfrentan a su peor panorama empresarial en años. Esto último hace referencia a que los medios gráficos por ejemplo, cada vez venden menos, los programas políticos son cada vez menos vistos en TV y las radios propalan toda la publicidad oficial, u opositora, que necesiten para subsistir.

En el medio, la gente, la audiencia. Perdida, callada y aturdida. Inmóvil, inútil y sin saber a quien escuchar en vez de pensar algo que decir… y decirlo.

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Un Gobierno que comunica

El Gobierno en mi país habla y mucho. No es mi intención determinar acá si lo hace bien o no, pero las maniobras que cada semana realiza parecen por lo menos darle la razón acerca de ganar la escena. Esta especie de cambio, que se ha generado en una joven democracia, se sustenta sobre todo porque Gobiernos anteriores compartían en cierto modo el manejo de la agenda con los medios. Planteaban un Ministro a diario para regar los temas del día, convivían según los grandes medios preferían en sus programas, se prestaban a participar del banquete que los canales o radios preparaban con cada tema. En ese contexto se participaba, se exponía y expresaba pero sin confrontar en ningún punto. Los especialistas de las comunicaciones gubernamentales estaban mas bien abocados a que la escenografía de cada puesta se vea perfecta, puliendo detalles y evitando que los medios llegasen a ver desperfectos políticos. Yo a estos objetivos comunicativos en política le llamo El arte de disimular, el Gobierno se mueve y negocia una agenda donde permite decir a cambio que le permitan esconder otras cosas.

De un tiempo a esta parte, un Gobierno procedente del mismo movimiento político, ha planteado un cambio en esas reglas del juego mediático nacional. Cuando la fuerza partidaria lo vio conveniente se permitió romper con el método anteriormente descrito. De esta manera estamos frente a un escenario que llamo El arte de decir, donde el Gobierno es el principal emisor, entendiendo la lógica que cinco ministros hablan mejor que uno, que habilitar múltiples canales redobla efecto y que empatar las fuerzas mediáticas con medios también es equilibrar percepciones. Básicamente me refiero a que el Gobierno se ha permitido distribuir licencias de medios o alentar que empresarios amigos (o no) creen medios para de esta manera empardar la oferta de mensajes públicos. Pero mas allá de esa metodología empresarial el punto mas fuerte en el que se ha parado esta gestión es en ganar la escena y robarles a los medios la posibilidad de dictar agenda. Son casi nulas las veces que en algo así como una década, los medios han logrado posicionar con fuerza temas en la agenda pública, los que se han tornado como importantes no han subsistido el tiempo necesarios para dañar la imagen oficial o han sucumbido a otro tema planteado.

Acá es por donde pasa la clave de lo que pretendo plantear. Vos que eres comunicador o simple receptor ¿Tienes consciencia de esta disputa mediática donde siempre pierde la población?. En una vereda están los Medios que llamaremos opositores al Gobierno, aquellos que motivados por intereses particulares y empresariales han tomado la bandera de forzar los limites de lo ético en pos de intentar tener la razón en algún punto flojo de la administración actual. Digo ‘intento’ porque teniendo los medios mas consumidos, la Corporación a menudo se ve ridiculizada y es quien mas perderá en esta batalla mediática. Se ha postulado como parte de una pulseada con el Gobierno en donde ha perdido décadas de prestigio y su activo clave: la credibilidad. Este activo no lo podrán recuperar jamás, mientras que el Gobierno o una fuerza política goza con el frágil olvido que tiene la sociedad o con la oportunidad siempre latente de ensayar reparos con nuevas propuestas que suenen superadoras. Los medios en este caso pierden por segunda vez cuando cegados en una guerra, que se han auto proclamado para victimizarse, se ven presos de su propia ineficiencia. Los adictos a los comunicados oficiales en tanto, estarán tan preocupados por defender un modelo de hacer que dejaran de escuchar lo que dicen, perderán nociones de verdad y terminaran sin ver las fallas intestinales que amenazan realmente al movimiento social al que pertenecen. En ninguna visión parece preocupar la anticipación que hay que tener para sostener un modelo político o empresarial.

Todo gobierno tiene flancos débiles, casos de corrupción interna o funcionarios sospechosos; los medios en vez de ir a fondo con innovadoras formas de sostener y exponer investigaciones eligen pelear en la arena superficial. Es mas simple buscar un periodista de pasado respetable que con dinero produzca breves informes de impacto que no lleguen ni a encender consciencias por la propia debilidad comunicativa que proponen. Esta alternativa es mas simple de vender o promocionar, es algo mas parecido al redituable show televisivo que a las grandes investigaciones periodísticas del siglo XX. En este siglo hiper conectado, los medios no logran darle calidad o innovación a sus informes como para que la gente, por el simple hecho de reaccionar a una conducta gubernamental incorrecta, quiera entender un caso. Por supuesto es mas simple buscar métodos alternativos de financiación, despotricar sin periodismo serio y buscar argumentos en los políticos que en este turno se hagan llamar opositores con su manual de frases catastróficas hechas.

Frente a este panorama el Gobierno no tiene mas que razonar por un momento, ¿Cómo dominar la escena e instalar los temas según mi conveniencia?. Tiene herramientas como nuevos medios que ya mencionamos, pero también ha detectado a tiempo la presencia que debe tener su mensaje en redes sociales, entiende que para atravesar el cerco de los multimedios se debe recurrir a las Cadenas Nacionales (interrupciones legales de la programación en las principales emisoras de radio y televisión) y por sobre todas las cosas, comprendió que la agenda de acciones oficiales debe seguir una lógica estratégica en términos de comunicación. Este último factor puede llegar a prevalecer por sobre las propias necesidades sociales o estirarse hasta donde el contexto lo permita. Grandes, medianos y pequeños anuncios oficiales, presentaciones ministeriales, mensajes sectoriales de impacto, debates para analizar la opinión publica alrededor de una cuestión y hasta favorecer publicaciones de miradas opuestas a sus intenciones pueden ser útiles. Amortiguar los golpes y salir ileso, posicionando siempre su discurso en el centro y proponiendo una polarización ha sido la jugada.

Planteando así el escenario, desde la tribuna oficial, no han tenido nada mas que ver pelear a mandos medios con menos nutridos periodistas, lograr el apoyo de sus miembros base para la defensa cuerpo a cuerpo en todos los temas que polarizan y polemizan, tener siempre preparados anuncios que borren temas de agenda y postulen nuevas discusiones. Mientras el Gobierno planifica, postula y concreta mensajes para controlar la agenda, los Medios caen en cada trampa que estas propias comunicaciones le establecen. Se filman reuniones donde participa un Ministro y se ensayan análisis de formas y no de fondo, se realiza un mensaje en cadena y se quedan viendo cuanto dura, la cantidad que se usa el método y hasta aquello que se interrumpió, pero nunca el mensaje.

Se atacan cuestiones colaterales y nunca el núcleo de lo que se plantea. Se deja a la gente, o se la incita en algunos casos, a gritar ante el televisor antes de tratar de que entienda; ni un posición ni otra. Entonces a mis compatriotas que tanto reniegan a diario por el uso, las formas y la comunicación oficial les recomendaría que se preocupen y exijan a sus medios afines a que les postulen análisis que valga la pena. Es comunicación, estúpido, es política. Periodistas moralistas de las formas pónganse a investigar lo que realmente haya que develar y dejen de hacer propaganda o show pago. Votantes enojados dejen de gritarse a si mismo y piensen, analicen, profundicen.

La guerra no es tal entre un grupo mediático y el gobierno, esa guerra tuvo su desenlace en las urnas aunque el rating indique lo contrario. En lo que si estas a tiempo de participar, es de la batalla discursiva que se genera a cada minuto desde la comunicación de posiciones. Si eres un comunicador militante, propicia la purificación del movimiento y la difusión de lo hecho correctamente. Si eres comunicador que no comulga con el Gobierno, intenta develar lo que haga falta con profundidad y calidad para despertar conciencias. Quizás haciendo lo que cada uno tiene que hacer, tengamos mas claridad para pensar en cada comunicación que se propone y hasta intervenir siendo parte realmente de la agenda. El cambio es constante y la oportunidad te espera.

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El periodismo, nuestra profesión mas hermosa

In Exclusivos, Malas Viejas, Prosas Propias on 7 junio, 2012 at 2:14 AM

Hoy es el Día del periodista en mi país. Por eso reflexiono, recuerdo y trato de concluir.

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Obra de Jose Bahamonde @ElJosedelaGente

Días atrás encontré a una colega que con apenas mas de veinte abriles renegaba de ser Periodista. Pero no era un simple berrinche sino mas bien una total desilusión con la profesión. La verdad que me alarmó, pero no como un padre o un adulto que no comprende a un joven sino desde el sentimiento mas puro de un par suyo y en este caso particular, compañero en una aventura profesional.

Seguramente sus reflexiones de periodismo – profesión – trabajo – realización, van mucho mas allá que un par de tweets y no pretendo tampoco decir algo solo agarrado de esas pocas palabras. Preferiría obviamente conversar un par de horas y entender o discutir lo que pensamos. Pero me animé y le escribí:

Para serte franco el periodismo, los medios y su gente son una mierda. Es así. Pocos se salvan y la mayoría elige salvar el bolsillo y no la profesión. Sabes bien que siempre hablamos con los colegas mas cercanos de ir en contra de eso que se ha instalado. Tu crisis personal es la crisis de todos los que amamos una profesión, no una carrera, no un trabajo, sino una profesión. Esto es: un saber hacer.

Yo siempre me veo como un contador de historias, ese me gustaría que sea mi título. Y mi primer examen fue quizás contarle una pelicula a mi madre cuando ella llegaba a la noche del trabajo. Me paraba al borde la mesa y hacía voces presentando los actores, le daba un abstract o sinopsis y terminaba con las frases o escenas mas vendedoras para convencerla de que la alquiláramos el fin de semana y la veamos juntos. Con suerte Papá llegaría de sus viajes y la podríamos compartir. En la mayoría de los casos, Papá no llegaba y lo que era un hermoso momento con Mamá viendo la pelicula a posterior se convertía en una espera interminable pegado a la ventana esperando que él llegase. Contar era bello, compartir era mas difícil y yo allí comprendí que la satisfacción no sería una directa consecuencia de lo que amaba hacer.

La vida de esta profesión es así. Somos así. Estamos hechos para contar historias, develar, cautivar, enamorar e invitar a una aventura o relato. Pero la desilusión es una constante, el dolor es casi una segunda inspiración y siempre nos faltará algo para lograr esa total satisfacción posterior.

Disfruto mucho sentarme a conversar con periodistas, aunque algunos pocas veces lo quieran y otros generosos lo acepten, siempre siento que me faltan horas para conversar con cada uno. Para conocerlos a fondo, para conocer sus gustos, miedos, intereses, historias y mostrar las mías. Es de lo que mas me lamento cada día cuando me voy a dormir. De estar soñando lo mismo que varios y que no estemos mas juntos. El día que los periodistas nos asumamos como un colectivo para construir sin egoísmos ni lógicas empresariales mezquinas de por medio, vamos a cambiar el mundo.

Actualmente es la profesión menos rentable, quizás la mas desprestigiada y condenada a caer en una trampa mercantil donde sin pactar con el poder político o económico, no se logran grandes cosas. Y me lo confirman periodistas que ven como bajan su investigación porque el diario premia al empresario que podría haber sido dañado; el productor al que no le dejan leer los mensajes de opiniones contrarias a las de la radio; el conductor que reniega de la falta de criterio y creatividad en su canal.

El periodismo en mi nunca morirá e invito a mis colegas mas grandes a convulsionar su espíritu. Vuelvan a ser indomables, renuncien a la comodidad, salten con los jóvenes a las aventuras libres de corporaciones. Eduquen, compartan, dialoguen, discutan, escriban. ¿Qué esperamos para recuperar la profesión mas hermosa del mundo? Finalmente le dije a esta colega desilusionada, dejá el periodismo pero no tu profesión. Escapemos del sistema, pero no del destino. Vamos a intentar ser soldados de lo que amamos y lograr algo juntos.

Los discursos en las redes sociales y nuestra revolución interna

In Derecho a Replica, Exclusivos on 21 mayo, 2012 at 2:27 PM

Nuestras posiciones a diario están en debate. Seguramente, en la ciudad que vivas existe un medio de comunicación dominante que intenta a diario implantarte un mensaje y a su vez otro grupo de medios o bien el gobierno de tu lugar, también insiste con lo mismo. La batalla discursiva en los ámbitos sociales no es novedad, mucho menos en política. Pero esto no implica que no debamos prestar atención a como se ha ido modificando el escenario con la aparición de internet y las redes sociales por ejemplo.

Los medios y el gobierno intentan influir en la agenda y en vos. En esa disputa que cada vez desconoce más la ética y la responsabilidad, nosotros los usuarios quedamos en el medio. Mucho peor aún si sos comunicador, periodista o trabajas en un medio: los mismos bandos intentan categorizarte para su vereda o el lado contrario, para rápidamente detectar alguna variación en tu opinión y poder tildarte de traidor; la otra opción es que pases a ser un “enemigo”. No me asustan las categorías porque los condenados (y a veces hasta los propios verdugos) sabemos del vacío conceptual que muchas veces estas llevan en sí. Lo que me alarma cada vez más es la soltura con la que podemos ser llevados y traídos y lo que es más grave aún: ¿No hay lugar para posiciones sin fanatismos, pensantes y medidas?

¿En qué momento confundimos el sano “estar de acuerdo con algunas cosas y con otras no” con algo dañino como el “ser tibio”. Este último no se interesa, “no le calienta” ni saber mas ni mejor. No tiene argumentos, pero una persona que se para equidistante a la trinchera de los medios y la vereda de un gobierno tiene otras armas. En ese contexto es que además los simples mortales hemos accedido a un megáfono. Estamos en las redes sociales y allí también tendremos que defender nuestra posición y defendernos de los extremistas. Ser coherentes será necesario, pero otra duda es ¿somos capaces de llevar nuestras banderas del mundo online al offline?.

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@canquismith en su nota La “re-evolución” que no (es) fue trae un buen disparador para esta parte del debate.

Pensando y tratando de buscarle alguna respuesta a la diferencia sustancial que existe entre cómo nos expresamos en las Redes Sociales contra un sistema y luego en la vida real no se ve plasmado de igual manera, encontré una posible respuesta en el prólogo del libro “Mundo Twitter” de José Luis Orihuela, escrito por Alejandro Piscitelli.

Una doble vida: Digital vs. Real

Más allá de cómo nos comportemos en internet, en la vida “offline” tenemos otro modo de reaccionar. Este doble discurso constante que se viene gestando desde hace unos años (con la masificación de las redes sociales y la apertura de los medios a la participación activa del usuario) todavía está en plena evolución y no pasa más de un simple descargo mediante un comentario o en un grupo de Facebook. No quiero resumir todo esto a un simple concepto de “hipocresía”.

En un momento el sociólogo Gladwell, se indigna con el reduccionismo tecnológico de algunos analistas, que insisten en que los medios sociales estarían reinventando el activismo político. La verdad es que esta premisa (hoy) no es absoluta, pero tampoco se le podría negar a las redes digitales el poder que han adquirido, o la manera en la que han potenciado la comunicación. Para Gladwell decir que plataformas sociales como Facebook y Twitter planteen un activismo político de alto riesgo, siendo que los lazos los unen son débiles, le parece muy difícil. Somos amigos, los seguimos, nos siguen, pero no forman parte de nuestro círculo práctico y físico. No son amigos, si no conocidos.

¿Hasta donde estamos dispuestos a llegar hoy?

En mi ciudad hace unos días, los trabajadores de transporte llevaron adelante un reclamo salarial durante tres días, ocasionando el descontento de gran parte de los usuarios del servicio. Claro está que quedará pendiente un análisis acerca de cuán comprensibles somos los propios miembros de nuestra comunidad con los pares, pero volvamos al foco. En un caso como este, los usuarios deciden “sublevarse mediante Facebook” generando un Grupo para un “Paro de usuarios“, se agregan mas 13 mil voluntades virtuales y el día pactado, no más de 10 pasajeros llevan la premisa a la realidad. ¿Por que no materializamos el reclamo? ¿Por que no pudo haber indignados en mi ciudad?

Mucho puede haber de incoherencia ideológica, de conservadurismo, de temor, de equivocación en la estrategia de un reclamo. Pero sobre todas las cosas deberíamos preguntarnos si ¿estamos dispuestos a ser tan activistas en la vida real como en un timeline? ¿Votamos con la misma consciencia que tweeteamos? ¿Nos movilizamos con la misma efectividad con la que entramos a un grupo en Facebook? El Medio puede hacer mucho, el Gobierno puede pretender otro tanto y la plataforma permitir algo, pero la verdad es que ninguna de estas cuestiones parecen ser suficientes para movilizarnos. Ni de nuestros argumentos ni por ellos.

Fuente Foto: afinidades.org

La TV que se viene, la que tenemos o supimos conseguir

In Derecho a Replica, Exclusivos on 14 mayo, 2012 at 3:38 PM

La TV es un evento tecnológico en si mismo, desde su nacimiento a principios del siglo XX, pasando por su explosión y masificación en los ’50 hasta llegar a hoy, mucho se ha hecho en TV. Se ha cambiado su tamaño, su calidad, se ha integrado el color, mejorado su sonido, se ha logrado el manejo remoto y algunas otras cosas mas desde lo técnico. Pero quizás nos hayamos preocupado tanto por la TV que nos hayamos olvidado de la propia TV.

Actualmente, grandes empresas como Apple o Google amenazan a otras como Samsung por ejemplo, con la salida al mercado de sus propias pantallas para el hogar. El Smart Tv parece ser amenazado entonces por una especie nueva de aparatos que idearán los grandes players de la tecnología, las búsquedas y el diseño. ¿Pero como serán las nuevas Tv? Y quizás deba refinar la pregunta y llegar a lo importante ¿Qué veremos en ella?

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Mucho hemos hecho por la interfaz pero hemos olvidado el contenido que da vida a la propia Televisión como tal. La TV como medio todavía no ha perdido el terreno que quizás si, la prensa gráfica, pero si continúa sin replantearse algunas cuestiones quizás corra el mismo destino.

Entre las variables que deberíamos analizar para encontrar la TV del futuro, como gustan titular muchos, debiésemos pensar en: el Usuario; el Contenido y el Consumo.

– Usuario: ya no podemos hablar de audiencias como masas sin sentido, aunque parezca una aclaración obvia, todavía muchos piensan así a las familias que se sientan frente al TV. Hoy las audiencias son usuarios específicos y particulares que han fracturado de muchas maneras el concepto global de “audiencia” como un todo cerrado. Hoy las personas quieren ver y opinar, piden feedback, están dispuestas a brindar material, testimonio y hasta si es posible, competir con el propio medio por la noticia. Si los medios televisivos no toman como aliados a los usuarios, no tan solo los perderán, sino que se verán vencidos en la batalla de la inmediatez, la frescura y la honestidad. Tal cual les esta pasando a los medios gráficos.

– Contenido: ¿Qué les brindaremos, que les haremos ver? ¿Solo será entretenimiento nuestra TV en el futuro? Quizá la responsabilidad de nuestra generación de comunicadores, pensadores y consumidores, sea justamente encarrilar las cosas. Que la tecnología no arrase con todo y que tampoco todo sea entretenimiento. Que no implica que todo no sea entretenido.

– Consumo: Hace años la gente ya no mira TV y solamente eso, si te es difícil convencerte con esta premisa, te cuento que en unos años, nadie mirará solamente TV. Todos estaremos haciendo o consumiendo múltiples actividades mientras “vemos” televisión. Además quizás haya que romper con el “ver” televisión ¿Acaso las audiencias / usuarios no nos piden otro tipo de construcción? Vemos que los medios que se propagan son aquellos que ofrecen otro valor agregado, ya nada puede terminar en una sola acción como es mirar. Tendremos que pensar la manera de que la persona participe cada vez mas, se vea reflejada, aparezca, se escuche, etc. Como en su momento la radio se lo debe haber planteado.

Hoy estamos en un momento en el que la “revolución” de la TV llega desde el punto de vista tecnológico. Porque los nuevos aparatos son ultra finos, con Super calidad y reciben el contenido que le envíes desde un iPad o smartphone. Pero nos estamos olvidando de la TV. ¿No vamos a presentar batalla? ¿Los contenidos de YouTube se quedarán con las pantallas que supimos conseguir? Es hora de pensar, crear, escuchar y producir el cambio. Pero desde dentro de la pantalla y no tan solo todo lo que la rodea. Es tiempo de volver a hacer Televisión y dejar de pensar en hacer televisores.

La espectacularización mediática, un crecimiento desmedido

In Malas Viejas on 12 diciembre, 2011 at 7:14 PM

Por Fabricio Cimatoribus

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La espectacularización de las noticias es un proceso que se viene gestando desde que el “relation” se comenzó a publicar en 1605, claro está en ese tiempo el termino era desconocido, esta antítesis (hoy común en los medio) existe desde tiempos inmemorables y muestra una dualidad que constantemente choca en los medios de hoy.

​La historia nos enseña el pasado y a la vez nos explica el presente y nos adelanta el futuro, por ello es propicio movilizar los ejemplos atrás en el tiempo, para entender la espectacularización de la noticia (término usado primordialmente en el periodismo) hace referencia a la explotación exhaustiva de una noticia utilizando recursos estilísticos como exageraciones o descontextualizar una frase a fin que esta sea más impactante a pesar que el contenido de la noticia sea superficial.

​Así las noticias tienden a exagerarse, no solo el contenido de las mismas sino la forma de comunicarla a fin que esta persista más tiempo en la opinión pública, aquí surge una duda ¿Qué impacta mas una buena noticia o una mala?

​Durante la revolución francesa existió un periodista que se especializo en este proceso, llamado Jean-Paul Marat, fundador del “L’Ami du peuple” (Amigo del pueblo) este periódico era una editorial que publicaba acerca de los “enemigos de la patria” es decir aquellos traidores a Francia y mediante diversos recursos literarios el diario se volvió el eje de la opinión pública aun cuando estaba constantemente cargado de malas noticias.

​Muchos casos como estos se leen hoy en día donde los medios mundiales generan una mayoría de malas noticias que opaca a las buenas, ¿hoy perdieron importancia las buenas noticias? El mundo del deporte no está ajena, este año River se volvió el caballito de venta de muchos medios basados en los contantes malos resultados, por ejemplo se hablo más de la primera derrota de River en la B nacional que de la seguidilla de triunfos a comienzo del campeonato, como así también en 2010 se habló más de los malos resultados de Boca que del último campeonato obtenido, ¿hasta qué punto las malas noticias impactan más en la opinión popular que las buenas? River genero más socios durante el descenso de categoría que en los últimos 3 años en primera.

​Siempre existen 2 caras, Boca genero a partir de los triunfos de 1998 en adelante un constante proceso de crecimiento en los socios del club a tal punto que hace tiempo que se cerró la posibilidad de asociarse a la institución xeneize y a pesar de los malos resultados en el último periodo previo al último campeonato la demanda de asociarse se mantuvo, claro está que a veces esta lógica choca con el pensamiento popular ya que en el futbol está el discurso “en las buenas y en las malas mucho mas” pero esto es desde la perspectiva del hincha.

​Mediáticamente tanto River como Boca generaron mayor debate en las malas campañas que en las buenas. Este fenómeno no solo se limita al deporte, ya que en la cobertura nacional a veces se da mayor importancia a sucesos malos como asesinatos, secuestros y demás que a situación de índole positiva como nacimientos múltiples, inauguraciones de edificios públicos, entre otras.
​Luego de leer esta pequeña columna quedan algunas preguntas para reflexionar ¿Qué impacta más un homicidio o la adopción de un niño? ¿El robo de un banco o la devolución de un maletín con dinero? Cual vende más tapas de diarios ¿el crecimiento del país o la crisis del mismo? Cual llama más la atención ¿Una buena crítica cinematográfica o el arresto de un actor? Cual escoge la gente ¿la foto de la hija de una famosa pareja o una foto de un paparazi comprometiendo a un famoso? ¿La unión de una pareja o el divorcio de la misma?

​Es una constante lucha por ver cual impacta más en la opinión pública, a mí entender y con la transformación de los medios en empresas periodísticas las malas noticias suelen vender más tapas, a tal punto que la crisis en Argentina del año 2001 llego a vender 57.000 periódicos cada 100.000 habitantes diferente a los 43.000 que se vendieron en 2006, siendo 2001 el pico máximo de diarios vendidos en los últimos 30 años, claro está, hoy la forma de leer los medios se ha modificado y digitalizado pero eso es materia de otra columna.

La muertes de Steve jobs genero más importancia en los medios que todas sus creaciones tecnológicas, la clasificación agónica del seleccionado argentino (gol de Palermo) en el mundial 2010 genero mayor impacto en la agenda mediática que la clasificación al mundial 2002 donde Argentina saco 12 puntos de diferencia con respecto al segundo.

Las notas negativas tienen mayor prioridad en los diarios que las positivas, un cuádruple asesinato resulta ser más importante que una persona que gana el premio Nobel de la paz, como así también el éxito de un libro es opacado con el fracaso de una película.

Que sucede en la sociedad para que esto se genere, claro está, para que algo tenga éxito, mediáticamente hablando, necesita instaurarse en la opinión pública sino tarde o temprano desaparece ¿la sociedad necesita del llamado “morbo” para interesarse en una columna de diario, una mujer desnuda vende más que un máster en literatura? O es al revés, ¿vivimos en una sociedad superficial?

La sociedad ha modificado sus preferencia a tal punto que se prefieren programas como “Gran Hermano” y “Showmatch” antes que aquellos que retratan la cultura como “Filosofía aquí y ahora”, hoy se prefiere leer una columna de chimentos a una de artes o filosofía, un libro de auto superación vende más que cualquier libro de historia, en internet la noticia del derrumbe de un edificio genera más visitas que la construcción de un monumento, a las fotos de famosos en situaciones comprometidas se les da mayor importancia que las 100 mejores fotos del mundo elegidas por national geographic.

Para finalizar, no quiero que se entienda esta columna como un llamado a eliminar las malas noticias, son necesarias para el correcto funcionamiento del mundo como así la posibilidad de saber qué es lo que no funciona en la sociedad, pero si la idea es mostrar un cambio particular en la demanda social y también una fuerte modificación en la agenda mediática, una tendencia que existió siempre pero que en los últimos años se acrecentó de forma desmedida.

Vende más una mala noticia, en la mayoría de los casos si, debería ser así, a mi parecer no, la opinión final siempre está en la sociedad y esta siempre marca la demanda ¿Qué le pasa a la sociedad?

Necesaria reflexión del periodismo argentino por la cobertura del “caso Candela Rodriguez”

In Derecho a Replica, Malas Viejas on 5 septiembre, 2011 at 12:46 PM

El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) hace un llamado a la reflexión a los periodistas argentinos y a los medios de comunicación, en relación a la forma en que se realizó la cobertura noticiosa del denominado “Caso Candela Rodríguez”. Más allá de los hechos en sí, y de las responsabilidades materiales o intelectuales sobre la muerte de la menor que deriven de la investigación judicial, es importante que los periodistas hagamos un ejercicio de análisis autocrítico sobre nuestro trabajo cotidiano. La misma actitud deberían asumir las autoridades de los medios de comunicación.

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Es imperioso que en la cobertura de casos y temas policiales o de hechos vinculados con el delito los periodistas asumamos nuestro rol sin entrometernos o afectar el accionar policial y/o judicial. Eso no implica descuidar la importancia de la investigación periodística por fuera de las pistas oficiales.

La primicia no se puede transformarse en un valor en sí mismo y justificar cualquier cosa, como el avasallamiento a los familiares de una víctima, la intromisión en la escena de un crimen (con la posibilidad de contaminar pruebas) o la reproducción de supuestas pistas policiales no chequeadas de manera rigurosa.

Los periodistas debemos ser conscientes de que no toda la información que obtenemos de fuentes judiciales y policiales es publicable. Las hipótesis no confirmadas, los datos relacionados con la vida privada de familiares cuyo interés público no resulte evidente, los detalles macabros o las cuestiones que puedan perjudicar la investigación deben ser manejados con la discreción y la prudencia que la ética profesional y la vigencia de las leyes exigen.

Es imperativo también que el periodismo televisivo reflexione especialmente sobre la cobertura del caso Candela Rodríguez. Ha sido notable -como en otras ocasiones- la manera en que los segmentos informativos y los canales de noticias sostuvieron el tema en su agenda noticiosa más allá de las novedades reales que aportaba la investigación policial, e inclusive transformando al caso en una suerte de show permanente.

Sería importante en el mismo sentido repensar la utilización de la información del rating como un elemento decisivo en la construcción de la agenda noticiosa televisiva. Y en particular intentar abolir el uso del denominado “minuto a minuto” en los segmentos informativos.

Los mismos principios deben ser atendidos en los contenidos volcados sobre la plataforma digital, cuya instantaneidad no la exime de un tratamiento riguroso en este tipo de casos. La velocidad de publicación no significa pasar por alto los estándares de chequeo y control de calidad de lo que se difunde.

La dimensión ética de la información debería ser la base de la tarea de informar, considerando la importancia que tiene para los ciudadanos. Hasta que los medios y sus periodistas no asumamos ese desafío será muy difícil que comprendamos, asumamos y nos concienticemos sobre la responsabilidad social que implica el manejo de la información como bien social.

FOPEA es una asociación profesional de periodistas, que desde su origen promueve la asunción de códigos de ética y parámetros de calidad profesional periodísticos por parte de los medios de comunicación, como un paso elemental para que la sociedad reciba una información plural, rigurosa y precisa. Ante la ausencia de esta clase de documentos en las redacciones, los integrantes de FOPEA elaboramos un código para que los periodistas y medios de todo el país lo utilicen o creen el suyo propio http://www.fopea.org/Etica/Codigo_de_Etica

En lo específico de la cobertura de casos vinculados con el Poder Judicial, hemos elaborado un documento específico (ver http://bit.ly/p2egSG), con recomendaciones y principios básicos. La premisa de FOPEA en la materia apunta a la autorregulación de los propios medios y de los periodistas, sin ningún tipo de imposición de los poderes ajenos a ellos.

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A modo de recomendaciones en base a la propia experiencia en estos casos, los parámetros éticos que deberían conducir las conductas de periodistas y medios en estas circunstancias, como también de diferentes antecedentes que existieron en la Argentina y otros lugares del mundo, desde FOPEA aconsejamos:

• Ninguna noticia justifica poner en riesgo una vida. En las coberturas periodísticas de tomas de rehenes, el periodista no obstaculizará la tarea policial y judicial, y dejará que exclusivamente los funcionarios públicos se ocupen de resolver la situación.

• Los periodistas no aplican métodos propios de los servicios de inteligencia para obtener información. El uso de procedimientos no convencionales para lograr datos u obtener testimonios puede ser considerado sólo cuando se viera involucrado un bien o valor público. Nunca debe afectarse con ese fin la intimidad de las personas.

• El periodista debe respetar la privacidad de las personas. Sólo cuando se viera afectado un bien o valor público por un aspecto relacionado con la intimidad de una persona, puede prevalecer el derecho a la información de los ciudadanos por sobre la privacidad de un particular.

• En toda información debe respetarse el principio constitucional de inocencia de cualquier persona mientras una culpabilidad no hubiera sido probada judicialmente. Los pronunciamientos de las fuentes policiales no son suficientes para determinar culpas ni siquiera cuando tienen la forma de comunicados oficiales.

• En el caso de que víctimas de tragedias o incidentes, o sus familiares y allegados, prefirieran no exponerse a la prensa, debe respetarse su posición y evitar difundir imágenes o sonido del momento en el que rehúsan la requisitoria periodística.

• No deben publicarse los nombres de víctimas de delitos sexuales, a menos que se cuente con su consentimiento explícito.

• En ningún caso deben consignarse los nombres e imágenes de niños o adolescentes involucrados en actos criminales, ni siquiera por su nombre de pila, alias o apodo.

• Conociendo los antecedentes en la cobertura de temas vinculados al delito donde las fuerzas policiales dieron versiones erróneas o distorsionadas sobre el hecho investigado, intentar diversificar las fuentes de información y priorizar las fuentes judiciales.

• No dar difusión a informaciones que no puedan ser chequeadas al menos por dos fuentes independientes entre sí y tratar de minimizar la utilización de fuentes que no puedan ser identificadas.

• Consultar a las autoridades pertinentes y a los organismos responsables de la búsqueda de niños y/o adolescentes sobre si es recomendable en el caso específico dar difusión a la imagen de la víctima.

• Consultar a especialistas idóneos y no al primero que aparezca con intención de hablar públicamente de un hecho que desconoce en manera directa. Es común que en el fragor de encontrar especialistas dispuestos a hablar, aparezcan en los medios peritos, abogados o ex policías con un largo prontuario de irregularidades. Eso suele dañar la rigurosidad de la información que se requiere en hechos tan graves y de semejante sensibilidad pública.

• Facilitar los canales de información adecuados para volcar cualquier tipo de dato que pueda colaborar con la investigación judicial del caso.

• Nunca priorizar la primicia a la vida de una persona.

• No adelantar los pasos judiciales de manera que se pudiera poner sobre aviso a los delincuentes que intervienen en el hecho.

• Y, sobre todo, entender siempre que las víctimas son víctimas y los victimarios, victimarios. Con toda la responsabilidad que eso significa a la hora de informar a la ciudadanía y de no re-victimizar a quienes han sufrido un hecho de estas características.

Foro de Periodismo Argentino
Lunes 5 de septiembre de 2011

El oficio del periodista

In Derecho a Replica, Paladar mostaza on 15 agosto, 2011 at 10:00 AM

Un colega me recomendó esta nota y quisiera que la lean. Fue publicada por La Nación y escrita por  Hinde Pomeraniec. Por supuesto que coincido en la mayoría de los conceptos vertidos, aunque quedan varios interrogantes para revertir algo que a veces suena tan simple: Hacer periodismo.

Después del desayuno, envuelta en su bata bordó, ella se acomodaba en su sillón favorito. Erguida pese a su enfermedad, pasaba horas con la radio apoyada en su oreja izquierda y el diario abierto sobre la falda. Al mediodía, Juana nos pedía que subiéramos el volumen de la TV, para ver el noticiero. Mi abuela veía, leía y escuchaba noticias, como muchos argentinos, consumidos por ese cóctel explosivo entre la razón política y la pasión de saber. Toda su vida había sido comerciante, de modo que su conocimiento o su capacidad de análisis se ponían en juego siempre en el intercambio con el otro, una esgrima intelectual permitida incluso para los menos educados.

Como muchos entonces, era fiel seguidora de algunos periodistas y no le temblaba el pulso para cambiar el dial para seguirlos, si ellos cambiaban de emisora. A veces coincidía con sus opiniones, otras las discutía, pero era difícil imaginar que pudiera quebrarse su lealtad. Pese a su educación precaria, siempre consumió noticias de manera crítica y lejos de toda obsecuencia, como lo hace la mayoría de la gente que conocí y conozco.

En los últimos años, el periodismo -su rol en la sociedad, su relevancia y hasta su puesta en acto- se ha convertido en objeto de discusión al borde de la falta de respeto por el oficio, de la mano de avances tecnológicos que facilitan herramientas al punto de confundir a quienes creen que un par de búsquedas acertadas en Google pueden convertirlo a uno en periodista, o en persona autorizada a enseñar desde un blog cómo deben hacerse los diarios. Las redes sociales y su infinita potencia expresiva sumaron algo de confusión, y también lo hicieron los mismos medios, que, a través de la idea del “periodismo cívico o ciudadano”, consiguen información de primera mano ahí donde no hay un corresponsal y, por si fuera poco, gratis. Desde siempre, quien acerca información a un medio es apreciado como una buena fuente, pero de ahí a “recibirse” de periodista hay un trecho.

¿Y qué es un periodista? Buena pregunta: siempre se llamó así a aquellos que cuentan los hechos, difunden noticias, informaciones útiles o escriben artículos de análisis u opinión; los que a través de una entrevista obtienen información y también a los dotados de sensibilidad especial para la escritura de notas de color, artículos que a través de un relato o de un perfil logran trasladar al lector al escenario de los hechos.

Sin embargo, últimamente, y por lo menos en la Argentina, todos los matices del periodismo parecen haberse reducido al periodismo de opinión. Tener un blog donde volcar ideas puede ser un excelente modo de expresión, un terreno fértil para la subjetividad y hasta el inicio de la brillante carrera de un escritor, pero poder decir lo que pensamos no nos transforma automáticamente en periodistas.

Y es que el periodismo se hace en las calles, las redacciones y los estudios de radio y TV, y no desde una computadora individual, porque es una disciplina que precisa de la interacción y el intercambio de ideas. Quiero ser clara y busco no ser ofensiva: una licenciatura en Comunicación convierte a alguien en periodista tanto o tan poco como una licenciatura en Educación lo convierte en docente. Eso que se llama ser un periodista sólo viene con la práctica y antes se llegó por el deseo y la admiración por un oficio, ni más importante ni más necesario que otros, pero con sus propias reglas. No estoy hablando de habilitaciones académicas, sino de credenciales profesionales que sólo se consiguen con entrenamiento adecuado, lectura abundante, el trato con los maestros y la experiencia.

Si no pasaste horas chupando frío para conseguir una frase a las puertas de un entrenamiento, de una oficina pública o de una fiesta privada o si no te desesperaste en una redacción o un piso esperando que se resolviera una elección porque el cierre te apuraba, tal vez sea difícil entender de qué estoy hablando cuando me indigno porque algunos se proclaman periodistas desde una página web que pretende estudiar el país y el mundo desde su cosmovisión pequeñita 2.0. No soy en absoluto una negada a la tecnología, pero la entiendo como una filosofía cuanto menos modesta para ser acaso la única formación intelectual y técnica de un periodista.

En su última y exitosa novela, Betibú , Claudia Piñeiro aborda el tema a través de la relación de dos periodistas, uno muy joven y el otro a pocos años de jubilarse. Ambos son cronistas policiales o, mejor, uno -Jaime Brena- fue el más brillante de los periodistas del género y fue alejado de la sección por las autoridades del diario, y el otro -no tiene nombre, es “el pibe de Policiales”- terminó ocupando un lugar vacante. Uno está en sus sesentas y supo sentir pasión por el oficio. Otro está en sus veintes y disfruta de sus horas de ocio navegando en las redes sociales. La historia los encuentra juntos, buscando resolver el crimen de un hombre poderoso.

“¿Sabés cuál es tu problema, pibe? Mucho Internet y poca calle. Un periodista policial se hace en la calle. ¿Cuántas veces te escondiste detrás de un árbol vos?, ¿cuántas veces llamaste a un testigo de un crimen o a un pariente del muerto haciéndote pasar por el comisario Fulano de tal?”, le dice Brena al chico en el arranque de lo que va a ser su iniciación en el rubro. Poco a poco, el novato terminará mostrando que la tecnología hoy también puede ser una aliada a la hora de investigar. Y mientras el mayor se saca los lentes del prejuicio ante la edad de su nuevo socio, el más joven también descubre que hay cosas que no llegan naturalmente o por Twitter, sino que se construyen con el tiempo, como ciertos saberes y competencias.

Me gustaría que no se leyera esta nota como una defensa reaccionaria o corporativa escrita desde el resentimiento o la nostalgia, sino como un elogio del oficio que elegí hace años y en el que sigo creyendo. No suelo clasificar a la gente de este gremio por sus convicciones políticas, sino por su decencia y su capacidad profesional, y por eso no voy a discutir la categoría de militante (los periodistas debemos militar, sí, pero por causas y no por gobiernos) y tampoco la de periodismo independiente: la independencia no puede ser exigida como credencial de neutralidad porque más que un hecho concreto es siempre una idea por alcanzar, una meta que necesariamente va de la mano de la honestidad intelectual y el espíritu crítico.

Entre quienes considero periodistas profesionales hay gente a la que quiero y gente a la que no; gente a la que respeto intelectualmente y otra a la que no. Creo en las reglas de este oficio como creo en la capacidad crítica de la gente que consume las noticias, más allá del formato y el origen de los medios de los que extrae esas informaciones.

La memoria se empecina en traer el recuerdo de mi abuela, sus lealtades y la obstinada defensa de sus ideas. Sin embargo, y pese a ser una activa cuestionadora, a Juana jamás se le ocurrió señalarle a los medios cómo debían hacer su tarea. Le hubiera parecido tan temerario como enseñarle a un médico a curar.

Foto: mcshuibhne.com

Owni, la vanguardia francesa del periodismo de datos

In Paladar mostaza on 25 marzo, 2011 at 9:32 PM

De vez en cuando se generan grietas interesantes entre las novedades del surgimiento de medios digitales. Acá una nota de El País sobre lo último que se vio volando por los cielos digitales.

Su nombre lo dice todo: Owni es un verdadero objeto no identificado en el panorama mediático actual. Esta web francesa de periodismo digital, nacida hace apenas dos años, es un cúmulo de peculiaridades.

Mientras el resto de medios siguen buscando la rentabilidad en Internet, bien mediante la suscripción o la publicidad, Owni ha optado por ser completamente gratuita y prescindir de los anuncios. Además, en su redacción trabajan de forma totalmente integrada -y en aparente (e inusual) armonía- periodistas, programadores y diseñadores.

Parece fortuita, o al menos poco planificada, su mutación de agregador de blogs para geeks en web de referencia mundial del llamado “periodismo de datos“. Son pioneros en ese intento de representar en la red de manera clarailustrativa una información confusa. Y, también, en inventar instrumentos que permiten a los internautas rastrear toneladas de informes en la red, al estilo Wikileaks.

“Trabajar gratis tiene mucho sentido desde el punto de vista económico”, subraya Nicola Kayser-Bril, quien, con apenas 25 años, encabeza el equipo de cinco data-periodistas de Owni, encargados de “transformar las ideas de la redacción (15 periodistas en total) en proyectos que los developpers puedan plasmar”. Augura que, como poco, la compañía logrará este año multiplicar por cinco los ingresos de 2010 (460.000 euros), con un equipo que ha pasado de 8 a 37 personas en solo un año.

Su planteamiento es sencillo: la compañía fundadora de Owni, 22Mars, vende muchos servicios comerciales especializados en la Red: aplicaciones, páginas web, formación, consulting sobre estrategias online

Owni fue concebida, en abril 2009, como el apetitoso escaparate, gratuito por supuesto, para captar clientes con sus artículos de fondo (no sigue al minuto la actualidad), acompañados de llamativas ilustraciones y diversas aplicaciones de periodismo de datos. “También nos permite adquirir una experiencia en la web a coste cero”, añade Kayser-Bril, periodista y autodidacta programador web, licenciado en Economía de una prestigiosa universidad francesa. Owni sirve así de laboratorio de investigación a su equipo de creadores, quienes luego rentabilizan su savoir-faire.

Como ejemplo de los jugosos beneficios del trabajo gratuito, Kayser-Bril cita la colaboración de Owni con Wikileaks. El equipo francés creó unaherramienta abierta a los internautas para que rastreasen y catalogaran los miles de documentos sobre las guerras de Irak y Afganistán. “Nos permitió innovar, y trabajar mucho con el crowd-sourcing“, dice. “Ahora acabamos de vender una aplicación donde hemos usado gran parte de esta experiencia.”

El abanico de clientes de Owni abarca desde la presidencia francesa del G20 hasta el ayuntamiento socialista de París, pasando por ONG y medios de comunicación tradicionales. “No nos impide escribir artículos muy críticos con esas instituciones”, se apresura en apuntar el data-periodista.

Aquel peculiar modelo económico no nació de un plan concebido en los despachos de expertos en marketing y comunicación, sino de “un cúmulo de casualidades que hemos sabido aprovechar”, confiesa. Y admite que su criatura podría seguir “mutando”. “Estamos hoy en un punto donde más que un escaparate, Owni se ha convertido en el principal activo de la compañía y quizá mañana sea su motor financiero”, recalca Kayser-Bril.

“Todavía no hemos encontrado un modelo de negocio que nos permita hacerlo, pero hemos entendido poco a poco que nuestra especificidad no era crear páginas web para clientes, sino descifrar y volver más ‘digerible’ la actualidad. Hoy, intentamos de-geekizar la línea editorial. Hablamos mucho más de sociedad y de política y menos de nuevas tecnologías.”

“Tantear, probar fórmulas, equivocarse… Es algo vital hoy cuando se están inventando tantas cosas en Internet”, subraya Laurent Mauriac, director general de Rue89, otra web francesa de información que ya ha trabajado con Owni. “Es algo que Owni hace muy bien, así que su trabajo puede interesar a muchos medios que todavía no se atreven a probar cosas en Internet.”

A Kayser-Bril le traumatizaron sus primeras prácticas en medios “tradicionales”: “El copiar y pegar, el amontonarse para cubrir todos la misma rueda de prensa y luego escribir el mismo artículo…”, cuenta con un puntito de asco. Pero, sobre todo, recuerda “la falta de espíritu de riesgo y la incompetencia técnica: he visto cómo medios pagaban 10 o 100 veces más de lo necesario para hacer una nueva web, porque no sabían que existen soluciones de código abierto.”

Hay que ponerse las pilas, aconseja. “La sociedad no va a esperar a que los periodistas aprendan a manejar las nuevas tecnologías. Si no lo hacen rápidamente, serán los geeks, los programadores y los informáticos quienes presentarán la información. Ya ha pasado con Julian Assange, un hacker que nunca fue periodista”.

Mientras, el platillo de Owni vuela a velocidad de crucero. En 2010, fue la primera web francesa en recibir un premio de la Online News Association, los Oscar del periodismo digital. Sus fundadores acaban de volver de Austin, Texas, donde estaban nominados para el premio Accelerator del “ultra-cool” festival South by South West.

En Francia, Owni piensa lanzar una radio en Internet y una versión papel de su Web (“claro que siempre se necesitará el papel”, aseguran). Desde finales de 2010 existe una versión en inglés de Owni, centrada en temas europeos y gestionada desde París. Y antes del cierre del año, apostarán por una versión americana desde el centro neurálgico de Internet, la costa oeste de Estados Unidos.

¿Tanto dinero les da la venta de aplicaciones? Mantener un equipo de casi 40 personas ya de por sí es muy caro en Francia. ¿No temen quemarse las alas por volar demasiado rápido? “Nuestro modelo económico es viable y sano”, se defiende Nicolas Kayser-Bril, que lo contrasta con el de muchos de sus competidores. “Ya han quemado varios millones, mientras todo lo que hemos hecho hasta ahora ha costado un millón de euros.”

Esperan cerrar el ejercicio 2011 (en junio) con un volumen de negocio de unos 2,7 millones de euros. Está a punto de concluirse una nueva ronda de financiación de unos 1,5 millones, que serán destinados en gran parte al I+D de la parte francesa del proyecto. Y prevén otra dentro de poco para financiar la web americana.

“Funcionamos como todas las start-ups de nuevas tecnologías, con material open-source y sin patentes”, se ríe el veinteañero. “Así que nuestro único coste son los empleados. Toda nuestra economía funciona sobre el ‘talento’, como dicen los ‘pros’ del marketing”.

Fuente: Periodismo con Futuro

 

Los periódicos se alían con Foursquare en su estrategia local

In Derecho a Replica on 14 enero, 2011 at 8:19 AM

Como se comentaba a principios de 2010, la geolocalización es el siguiente paso en la evolución de las redes sociales. Aunque recién muchos medios de comunicación están experimentando las herramientas iniciales de las web 2.0, otros apuestan a eso ‘que se viene’. Tres nuevos medios exploran las posibilidades de Foursquare, la red de geolocalización por excelencia.

Hace un tiempo, JL Orihuela comentaba que el potencial de Foursquare, si llega a cuajar como es previsible, se proyecta sobre ámbitos como el turismo (promoción de ciudades, hotelería y restauración), el marketing, la educación, los medios, el entretenimiento, la gastronomía… en fin, pasen y vean Foursquare for Businesses.

En la última semana tres nuevos periódicos han alcanzado acuerdos de colaboración con Foursquare, la más popular red de geolocalización, con el fin de impulsar su estrategia local. Se trata de «The New York Daily News», el «USA Today» y el «Examiner.com» y todos ellos han decidido seguir los pasos de «The Wall Street Journal», el periódico económico de Murdoch que hizo lo propio hace unos meses.

Parece evidente que servicios como Foursquare son una oportunidad para que los medios puedan vincular el contenido local orientado al entretenimiento con lugares específicos. El USA Today ha utilizado esta red para permitir a los usuarios «descubrir las zonas de conflicto en su viaje y los tesoros escondidos del país». Este periódico ha ido más allá y está empleando Gowalla, la competencia de Foursquare, para un propósito similar. «El USA Today ha sido siempre un compañero de viaje y Foursquare es muy apropiado para nosotros», asegura Victoria Borton, gerente de este diario.

Por su parte, Examiner.com está usando este servicio de geolocalización para proporcionar recomendaciones de lugares, restaurantes, eventos, negocios o espacios de referencia desde la visión de los 68.000 colaboradores con los que cuenta este medio y a los que se ha bautizado como «examinadores». «Los “examinadores” crean más de 3.000 artículos cada día sobre una variedad de temas locales y un gran porcentaje de éstos pueden ser muy pertinentes para las recomendaciones de Foursquare», explica Suzie Austin, vicepresidenta de Contenidos y Marketing de Examiner.com.

Oportunidades publicitarias

Otra forma creativa de utilizar Foursquare es la que ha impulsado «The New York Daily News». Los usuarios de este diario pueden introducir una localización de Nueva York en sus móviles y descubrir fotos antiguas de ese lugar desde los archivos del periódico.

¿Cuáles son los objetivos empresariales? Todo indica que este tipo de herramientas permite dar a los periódicos una mayor presencia en las áreas locales. «Foursquare complementa nuestra estrategia local mediante el aumento de nuestra presencia en cada barrio y del tráfico que llega al contenido original publicado en el medio», subraya Austin, quien también destaca las oportunidades publicitarias que puede ofrecerles esta plataforma. No obstante, por el momento no existen datos que confirmen esas potencialidades.

Aunque no es el único servicio en este ámbito, bien es cierto que Foursquare es el que está teniendo mayor adopción entre los usuarios. Otros medios, por su parte, han optado por desarrollar sus propias aplicaciones como Playboy, que está experimentando con notificaciones geolocalizadas.

Fuente: ABC

El ‘trash’ envuelve a la Argentina mediática

In Paladar mostaza on 7 enero, 2011 at 8:11 AM

El escritor y periodista, Alejandro Seselovsky, sostiene que hoy sirve de poco describir sólo lo que pasa en las pantallas. dice que la tele basura se está superponiendo con lo real, y para demostrarlo ofrece postales de personajes como Ricardo Fort, Luli Salazar y el Facha Martel, entre otros.

Esta nota está siendo escrita en un bar. Eso no tendría importancia si no fuera porque en un rincón hay dos viejitos que polemizan sobre la última temporada de Bailando por un sueño. Encima, el mozo se les acerca y pide permiso para expresar su opinión. La escena parece compuesta para darle la razón a Alejandro Seselovsky, que acaba de publicar Trash: retratos de la Argentina mediática (Norma). El escritor y periodista cree que hoy sirve de poco describir sólo lo que pasa en las pantallas: la tele basura –o trash– se está superponiendo con lo real, y entenderla mejor es fabricarse una brújula para andar por el presente o, por lo menos, para comprender qué cuernos está pasando por la mente de los que discuten a los gritos en la mesa de al lado.

En su rol de ciruja, Seselovsky extrajo del magma farandulero diez crónicas/entrevistas que no tienen desperdicio. Textos salvajes –“mostráme las tetas”, le pidió a Luli Salazar–; vertiginosos relatos donde la palanca del prejuicio siempre está en off. Y ésta es la parte donde suenan las sirenas de la policía progre. Porque los oficiales de la bienpensancia dicen que elegir a ciertos personajes como tema de un libro es un acto ilegítimo. A lo sumo, se autorizará a algún barthesiano de Palermo para que aplique uno que otro concepto mientras toma un helado de los más caros. Pero pensar con osadía, eso sí que no. Por eso ésta es una obra irreverente. Lo aclara Jorge Dorio en el prólogo, cuando afirma que uno de los méritos del autor está en “insinuar desvíos atractivos para alentar la deriva reflexiva del que lee”. “En este mismo sentido –agrega–, vale la pena destacar la prudencia del que escribe a la hora de usar los adjetivos.”

Trash-endencia

En el kiosquito que propone Trash se ofrecen postales con gran poder de síntesis. Una: Ricardo Fort mirando la TV, obsesionado con los datos del rating que le pasa minuto a minuto un tipo por celular. Otra: una noche con el Facha Martel, consultándole acerca de las mejores técnicas para levantar y aprendiendo que cuando uno es un galán no puede arriesgarse a que lo reboten. Por el mismo precio, el lector se lleva dudosos arrepentimientos de Chiche Gelblung a propósito de su pasado periodístico, la confesión de una vedette abusada por su novio y, por supuesto, una descripción de la rutina oculta que tienen las tetas y los culos más deseados de este bendito país. Entre esa jungla de vanidades, Seselovsky es un Philip Marlowe que anda por ahí sin casos para resolver, investigando por pura curiosidad.

–¿Por qué se metió con la basura televisiva? ¿Se aburrió del cine iraní y el teatro independiente?

–Me aburrí. Hoy se pueden averiguar más cosas de la sociedad argentina mirando a Fort que indagando en esos espacios donde existe el mandato de ir a buscar respuestas. Hay una intelligentzia con una mirada que es excesivamente…

–¿Masturbatoria?

–Iba a decir perezosa, pero a lo mejor su palabra es mejor. Al evaluar el entretenimiento popular, el discurso progresista se adelanta, tropieza consigo mismo y condena de antemano. En ese apresuramiento hay vagancia. Uno puede quedarse en que Bailando por un sueño es una mierda, ok. Pero yo no puedo irme a dormir sin explicarme por qué existe el fenómeno Fort, y en qué medida se sintoniza con pedazos de la Argentina. Nos guste o no, millones están pendientes de su inclinación sexual, sus novias o sus autos. El, a cambio, nos trae Miami al living de casa. Es cierto que esto no es lo que muchos estaban esperando. Sin embargo, la tragedia, en todo caso, somos nosotros como sociedad. Es demasiado fácil depositar en un solo individuo –o en un grupo de diez personas– la responsabilidad por la tilinguería colectiva.

Puesto a clasificar a los “mediáticos”, Seselovsky reconoce diferentes especies (“aunque para mí, cuanto más grasa mejor”, admite). Johnny Allon no es lo mismo que Fort, y Fort no es lo mismo que Salazar. “Fort es un chiste, una deformación de la realidad. Nadie es así. De última, detrás hay un muchacho que en su escasez me da una gran pena. Pero Luli se reivindica como canon de belleza y vara de la realidad. Es más jodida, porque aunque ella es igual a un comic, implícitamente te está diciendo que los deformes son los otros.”

El análisis deriva en una cartografía oral de los pechos salazarianos ¿Cómo fue que la conversación desembocó ahí? O mejor, ¿en qué descuido fue que la frivolidad terminó salpicando al noventa por ciento de las charlas cotidianas? El periodismo “de mediáticos” se gestó como subgénero de la prensa de espectáculos. En un proceso inverso al que mostraba The Truman Show (Peter Weir, 1998), no fue el sujeto hipermediatizado el que quiso asomarse a la verdad cual cavernícola platónico. Por el contrario, fueron los programas de TV los que se largaron a colonizar lo real. “La galaxia mediática –reformula Seselovsky– se ha vuelto un tumor de la industria y se ha lanzado a una metástasis imparable (…). El escándalo es la gramática con la que se escribe el trash televisado.”

–No hay escape, entonces.

–Cuando Pampita se agarra de las mechas con otra mina en la puerta de una disco, no está eligiendo si entra o no a este universo: ya la metieron. Tampoco no- sotros podemos elegir si Fort va a ser parte o no de nuestro temario. Nos lo vamos a encontrar en la radio, en un comentario de la vecina, en una vidriera. Hemos perdido la libertad de elegir si queríamos verlo o no. Es un big bang: el trash se está derramando sobre el resto de las parcelas de la realidad.

–Si se sigue el razonamiento, entender el trash sería una forma de entender el presente.

–A ver: hoy, luego de una larga batalla, nuestra sociedad se ha dado la ley de matrimonio igualitario. ¿Usted cree que en eso no influyó la figura de Gastón Trezeguet, a principios de la década? Gracias a él, el debate sobre las minorías llegó a millones que no tienen acceso a Página/12 o a Perfil. ¿Cómo les explica a las clases medias empobrecidas y mataputos del conurbano que cada uno tiene que ser libre de vivir como quiera? ¿Sabe cómo? Con Gastón Trezeguet ganando Gran Hermano. Si condena de entrada a lo mediático, se pierde esa posibilidad.

–¿Hay un trash progre?

–¿Un bolche trash, digamos? Seguro. Por momentos, 6, 7, 8 roza eso. No es el caso de todas sus voces, pero a veces siento que el programa es una falta de respeto a los que votamos y vamos a volver a votar K. Cuando te ponen en un zócalo “Macri es malo”, siento que me tratan de pelotudo. ¡Como si yo no supiera que Macri es un forro! Ojo, reconozco que a lo mejor la coyuntura política está necesitando de un 6, 7, 8, pero por favor ¡no me pidan que lo mire!

–Esa impronta de “lo mediático” se verifica en una gran variedad de contextos. Muchos escritores argentinos, a su manera, también “bailan por un sueño”, se pelean para la tribuna y responden a un jurado que puntúa a los demás desde un espacio de Verdad…

–Seguro que sí. Habría que ver quién hace el papel de Graciela Alfano, Nazarena Vélez, Aníbal Pachano… Es interesante mirarlos desde ahí, aunque algunos escriben muy bien.

–¿Y qué hay detrás de todos estos sujetos trash?

–Plebeyos angustiados. Gente que tiene ese tris de estar ante una cámara y la necesita como un cocainómano necesita de la merca.

–Trash de derecha, trash de izquierda, trash de brutos y de intelectuales… ¿Es ideológicamente indefinido el trash?

–No es casualidad que la gran mayoría de los famosos resbalen groseramente cuando hablan de política. Incluso Moria Casán, que es la más inteligente, se manda cualquiera. Ni hablemos de Cacho Castaña o Rocío Marengo. Transpiran lugares comunes del fascismo.

–Pero los progres también suelen recurrir a sus lugares comunes. A lo mejor no son tan nocivos, pero vaya si los usan.

–Claro. El progresismo tiene sus tópicos. Me hacen acordar a esos SMS predeterminados que vienen en el celular. Son mensajes típicos, aunque no tienen nada que ver con la forma de hablar que tenemos no-sotros. “Hola cariño”, “estoy retrasado, discúlpame”, esas boludeces. Bueno: es como si la izquierda utilizara esas plantillas. Quiero decir que esos moldes prefabricados conducen a un lugar falso. Uno nunca saludaría con un “hola, cariño”. De hecho, creo que la condena inmediata a las figuras que incluí acá no es más que eso, una plantilla predeterminada. Si condenás de antemano, te perdés lo mejor.

Y lo que viene es más basura. “No sé adónde irá a parar este cohete –duda Seselovsky–. Quizá siga una trayectoria elíptica, y veamos un regreso a lógicas anteriores. O tal vez ya sea demasiado tarde para volver atrás. Por ahora el sentido del vector es evidente: el trash nos está envolviendo.”

Por Facundo García para Página/12 – Foto: eBlog