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Posts Tagged ‘Muerte’

Vivir acumulando preguntas

In Exclusivos, Prosas Propias on 19 marzo, 2012 at 12:34 AM

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Otro domingo que se apaga, que veo tu rostro mirando por la ventana. Pretendo que me prometas que todo va a estar bien y ni yo mismo confío en que así será. Realmente nadie puede asegurarlo, aunque yo lo pretenda mas que nadie. Te mereces ser feliz, todos deberían tener ese derecho. Pero ahí esta el tiempo y las horas; los días y las obligaciones; los sueños y los amigos. El amor.

Escucho como se acomoda el día para irse otra vez a dormir. Planea su rutina y ya sabe por lo que me hará pasar. Veo un sueño en la otra pieza, veo esfuerzo, tenacidad dentro de su esquema. Siento un intento. Recuerdo el mío. Cierro los ojos y vuelvo a ese viaje del que quería volver ileso. Victorioso. Me soñaba volviendo y lograr aplausos. Mentira, solo quería un abrazo.

Nunca es suficiente amanecer. Despertar. El ciclo diario asfixia me supongo. Creo que nuestra raza es la que mejor ha aprendido a disimular la desazón de ser conscientes de la muerte. Y peor aún, no tener respeto por la vida. Nos sometemos a diario a nuestras propias quejas, a estas letras confusas, a mentiras, a verdades, a informaciones o charlas sin sentido. Hemos creado estructuras, Estados, organizaciones y libros. Todo para darle un sentido a la vida con los otros, aunque seamos capaces de acelerar, no mirar, golpearnos, disparar, robar o quitar vidas. Ese no es mi sentido.

Deberíamos empezar de vuelta como humanidad. Refundarnos quizás. Mejor no, si sale mal, la culpa será de los que perdemos el tiempo pensando. Y venimos trabajando como sociedad durante siglos para pensarnos menos, lograrnos mas, matarnos mejor. Todo lo hemos vuelto instantáneo, volátil, aire, wifi, wireless, mentiras, sin sabores. Yo pensaba que nos mejoraría con los años. Pero nos han fallado, fallamos. No volverán a desilusionar como cada uno de nosotros hicimos con las decisiones que tomamos años mas tarde de cuando prometimos no hacerlo. Las mismas fotos, nuevos léxicos y las mismas guerras.

Yo solo quería escribir que estaba pensando una decisión, y como tal me molesta. Aunque disfrute tenerlas en mis manos, son como agujas. Me inmovilizan por instantes. Se ensaña conmigo la suerte y me aporta dolor. Esta noche solo quisiera que no sea noche. Nuestro odio a los Lunes es por eso, porque sabemos lo que nos espera. Nos esperamos a nosotros mismos y las traiciones. Idolatramos y repetimos las frases positivas para distraer lo que sabemos será nuevamente malo. Incompleto.

Miró mi escritorio y está lleno de papeles. Seguro el tuyo también, si no es un escritorio será otro mueble de la casa o la oficina. Quizás no sean papeles sino preguntas, tal vez verdades o fotos, frases, mentiras, secretos. Yo acumulo papel, dichos, escenas, recuerdos, planes. Hay carpetas, hay libros, miradas, canciones, risas. En este instante se cae una, sucedió mientras escribía esto. Ahora, que será un pasado cuando lo leas.

Seguramente era un recuerdo incomodo que salió en busca de mi consciencia para escapar, otra vez a la almohada, esquivando otro domingo, tomándome de la garganta. Sabe, como vos, que el día se apaga, las verdades se callan porque es mas fácil empezar otro maldito lunes y olvidarse de pensar. Por eso acumulo papeles, algún día los leeré y volveré a pensar. Como esta noche que ya murió.

Entre la promesa y la amenaza

In Exclusivos, Tonti on 28 octubre, 2010 at 4:44 PM

Por Danilo Tonti

Para algunos, su máximo líder; para otros, su pesadilla más reciente. Para algunos, la promesa; para otros, la amenaza. Así vivió y así se presentó Néstor Kirchner: con una personalidad política sin demasiados grises y bajo una ideología política que despertaba respuestas claras y extremas: o lo amabas, o lo odiabas.

Difícilmente pueda analizar de manera profunda y acertada la política de su gestión o su vida en general, pero sí creo poder contarles qué significó  el paso del ex presidente por la política desde mi experiencia y mi forma de comprender lo político.

En primera instancia, la gestión  “K” -tanto de Néstor como de la actual presidenta-, hizo que la política dejara de ser una mala palabra. De la anomia generalizada y la desafección en su máxima expresión, entramos en un período en el que -de pronto- la sociedad se encontraba discutiendo cuestiones tan políticas como trascendentales, formando parte de los cambios y consolidándose como el actor que siempre debió ser.

De buenas a primeras, en las charlas de jóvenes empezaron a aparecer temas de la esfera política, despertando el interés a saber, a buscar, a opinar.

Y creo que esto tiene que ver con una cuestión central de su ideología que ha sido estructural en los 7 años de mandato K. La gestión del conflicto a partir de la instalación de medidas tan rotundas como escandalosas, volvió inevitable el involucre de los diferentes sectores y su consecuente debate en el seno de la sociedad civil. Nadie quedaba afuera de estas medidas: para bien o para mal, afectaban a todos.

Me detengo en este punto porque creo que será el punto que, a la larga, se destacará al hablar de la era Kirchner. En lo personal, una sociedad en permanente armonía y estabilidad no me conforma. No me contenta una gestión que simplemente administra un Estado conduciéndolo a la continuidad.

Por el contrario, me conquista una política con carácter y contundencia que justifica su poder en el intento de instaurar cambios estructurales, que desafía la estabilidad en tanto reproducción de lo mismo, que sacrifica incluso su grado de aceptación en pos de la concreción de medidas que respondan a esta perspectiva.

En mi corta edad, nunca había oído hablar tanto de redistribución de riqueza ni escuchado, tan abiertamente, opiniones que se le opongan a este principio, para mí, básico y universal. Si queremos cambios tenemos que estar preparados para el conflicto, porque se opondrán a él aquellos que buscan continuidad y harán lo posible para el fracaso del mismo.

No creo en la sociedad del consenso pleno. Porque así como hoy no participan del consenso aquellas multitudes excluidas del sistema, tampoco creo que participen de un consenso transformativo aquellas minorías ubicada al centro de la lógica sistémica.

Pero veamos, por caso, dos de los conflictos que hasta ahora ha tenido la era K. Si bien pertenecen a la Gestión de Cristina ilustran sobremanera la perspectiva y la ideología de su marido y ex presidente. Por un lado, el campo. Por el otro, los medios. Sin justificar posiciones ni entrar de lleno en la raíz del conflicto, podemos ver ante qué tipo de conflictos estamos parados.

Dos disputas de intereses ante dos de los sectores más poderosos política y económicamente en el país que, y volvamos en esto a la “reproducción de lo mismo”, se resistieron al cambio. Medidas, ambas, concretas y polémicas que terminaron en un voto “no positivo” y un manojo de medidas cautelares.

Como resultado de eso, en el imaginario colectivo -rotundamente construido desde los medios- se construyó un nuevo polo negativo y peligrosamente amenazador: el Gobierno. Así, la política de derechos humanos fue oportunismo político; las retenciones, el robo descarado; la asignación universal, “alimentar a los vagos”; la ley de medios, la privación de la libertad de prensa; el fútbol y la televisión digital, un gasto innecesario. Sin detenerme en la pertinencia o no de cada una de las apreciaciones, intento reflejar cómo, luego de los conflictos de enorme impacto que se vivieron en el país, todo lo que salía del gobierno iba a ser rechazo y denigrado.

De esta manera, gran parte del entendimiento de la política K, más que responder al análisis de las medidas propuestas, respondieron en gran parte a discursos sectoriales firmemente instalados en la boca de la opinión pública.

Ahora, tras la muerte, aflora la contradicción  y la debilidad de la palabra de aquellos que en vida se encargaron de denostar todo aquello que refiera a una “K”. Es después de su muerte que rescatan sus valores, aquellos “inexistente” en vida, poniendo -incluso- dentro de sus mejores características aquellas que señalaban como sus peores atributos. Una vez más, la mediocridad de nuestra política y la incapacidad para mirar las acciones más allá del partido, salieron a la luz.

Será cuestión de esperar y analizar cómo continua el panorama político de aquí en más y de ver hasta cuándo continua el clima de respeto que hasta ahora se viene desencadenando. Esperemos, para bien de nuestra política, que la maduración sea total y que se dé un paso que no tenga vuelta atrás.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

El abrazo de la despedida

In Blanco, Exclusivos, Pasiones on 28 octubre, 2010 at 7:31 AM

Por George Blanco

Tenía pasión por la política. Lo amaban y lo odiaban en las mismas dosis. En esta foto, el ex Presidente junto a la hoy Presidenta de todos los argentinos, ambos elegidos democráticamente. Crecieron y se hicieron fuertes juntos.

En sus tardes de amistad y charlas cargadas de política en La Plata, cuando se preparaban para crear una sociedad de que trascendería las fronteras de lo sentimental para volverse en poder político. Aquellas tardes los encontraron de novios y la militancia se hizo mas ferviente en la pareja, como para reafirmar porque estaban juntos.

El compañerismo se tradujo con los años y aquellas horas inocentes, llenas de sueño y ambición los encontraron a el como Intendente de Rio Gallegos y a ella como Diputada. El resto es historia reciente. La gobernabilidad de Santa Cruz, el lanzamiento de la candidatura para Presidente, el 22% en 2003 y el 70% de imágen positiva en 2007, cuando entendió que debía dar un paso al costado y dejar a Cristina como la encargada de continuar su legado.

El conflicto con el campo lo volvió a tener en el ring pero de pronto parte del pueblo se le volteó de espaldas y lo puso al descubierto. Aquello de “amado u odiado” se equiparó para nunca mas volver a separarse. La asignación universal por hijo y la Ley de Medios no hicieron mas que acrecentar eso. A pesar de eso, las fuertes convicciones continuaron impulsando la política de Cristina Fernandez al mando del país. En el camino quedan sus discursos llenos de verborragia, sus entremezclas con la gente y su irreverencia protocolar. Politicamente incorrecto, como el se definía, Kirchner enfrentó al FMI y a Bush, escuchó a las amas de casa y a los que menos tienen.

Decidió terminar con la impunidad y el resguardo de quienes escribieron la historia mas cruel del país, cuando anulo la ley de obediencia debida. Quizás haya sido ese uno de los mayores logros, descolgar de las paredes los equivocos cuadros de represores nefastos, para devolverle a esas madres y abuelas la necesidad de descansar en paz.

Mi papa hoy lo recordó por eso: “Esos espíritus inocentes necesitaban lo suficiente para volver a creer”. Diferencias y/o similitudes (yo tenía de ambas) de lado, el 27 de octubre encontró a un país partido, con lugar para la congoja y el desconcierto. Las conjeturas ganaron terreno y se clamó por prudencia y respeto, ante todo. Los escenarios se sucedieron y dieron lugar a todo tipo de repercusiones, desde las mas sentidas hasta las mas irresponsables.

Los análisis se hacen eco del oportunismo propio de una sociedad que tiende a olvidar en poco tiempo, a pocas horas del suceso y cuando deberían resaltarse las condiciones que llevaron al hombre a convertirse en uno de los mas transgresores y carismáticos lideres de la política del país en los últimos cincuenta años. Mas allá de todo lo anteriormente mencionado, las palabras sobran y créanme que, producto de la consternación, este post solo quería contextualizar lo incontextualizable, cuando la muerte se convierte en el paso mas dificil de la vida.

Allí no existe nada mas. Cuando el abrazo conmueve y el resto solo puede ser parte de los libros. No puedo contar con palabras mas de lo que se ve: Hoy ella despide a su compañero de ruta. Hoy ella le dice adiós al amor de su vida.

Visiones sobre la muerte de Néstor Kirchner

In Derecho a Replica, Exclusivos on 27 octubre, 2010 at 11:20 PM

Le pedí a algunos amigos que expresen sus líneas en el día de la muerte de Nestor Kirchner. Desde distintas ópticas, con procedencias disímiles y visiones particulares opinan.

Mas allá del político, mas acá de la persona por Pablo Pedrotti desde Córdoba:

“Quizás este análisis sea muy simple, pero es como me gusta expresarme.

Aquí, algunas cosas que creo; Creo en los textos cortos, de pocas palabras, para expresar las ideas con mayor claridad. Creo que lo que se dice debe ser pensado. Creo que a las palabras se las lleva el viento. Creo que un solo hecho vale más que mil palabras. Y creo, por sobre todas las cosas, en los hechos, más que en las palabras. Pero las palabras, acompañando a los hechos, dejan de ser solo palabras.

Palabras más, palabras menos. Los hechos durarán por siempre. Está ahí la verdadera verdad. Esta es mi visión sobre lo que pasó, mas allá del político, mas acá de la persona. Pensemos en lo que hizo y en lo que pudo haber hecho. Pero por sobre todas las cosas, pensemos en ser un poco más buenos, un poco más humanos. Pensemos”.

Desde un ámbito académico en Buenos Aires, Pablo Fernandez opinó:

“Ha muerto uno de los hombres políticos más importantes de Latinoamérica de principio de este siglo que en esta época de desencanto supo poner pasión y pensamiento a la política. Justicia, equidad, igualdad, derechos humanos fueron algunas de sus banderas. Mejor vida para todos, los argentinos y todos. La paz, la distribución de la riqueza, un continente y un mundo si guerra con conflicto, pero sin guerra. Empezó un camino, retomó un camino que reclamaba América latina es nuestra tarea continuar ese camino bajo condiciones no siempre favorables, tenemos que construir las condiciones de posibilidad para que los pueblos y cada unos de los hombres y mujeres de este continente de este mundo puedan vivir en paz, con solidaridad, con respeto, con igualdad con equidad, donde sea posible el despliegue pleno de las potencialidades humanas de los hombres.

Nestor Kirchner dejó su vida en ese camino… y como decía el poeta, mi tumba no anden buscando, porque no la encontraran, mis manos son las que van en otras manos, buscando, mi voz la que está gritando, mi cuerpo el que sigue entero, y sepan que solo muero si ustedes van aflojando, porque el que murió luchando vive en cada compañero“.

El periodista rosarino Juan Mascardi opinó en su blog “Kirchner nos volvemos a mirar“:

“Siempre me emocionó la despedida de Balbín a Perón. Creo que la primera vez que vi el fragmento de ese histórico discurso fue en la Escuela Nacional. Primer año de la secundaria post dictadura. La peli era La República Perdida. Y me emocioné. Con 12 años a cuestas. Con mi historia personal, de peronismo encarnizado en la figura de mis viejos, las palabras de Balbín, me emocionaron.

Hoy siento tristeza. Mucha. Después de tantos años de escepticismo, liviandad política, y militancia aséptica muy típica de mis adolescentes años menemistas, sin militancia, sin discusión política y con amigos mirando hacia Miami; hoy cala profundo la noticia: Murió Néstor Kirchner.

La historia dirá muchas cosas. Las barbaridades, muy propias de varios políticos contemporáneos, serán sólo anécdota. Nos hablarán de ellos, de su carente mirada prospectiva. La historia recordará a un líder con autoridad, que afrontó la recuperación de un país desmadrado, que trabajó para recuperar la Justicia, que ponderó en hechos reales el ‘Juicio y Castigo’, que jamás ordenó reprimir en ninguna manifestación, que lideró una recuperación económica asombrosa, que comenzó a terminar con la flexibilización laboral (la que padecí durante siete largos años). El ex presidente hizo que muchos recuperáramos la pasión política. La ganas de participar. De mirarnos a los ojos y tomar los teatros, los centros culturales, los centros de estudiantes, cientos de colectivos que se reunieron para mirarse a los ojos y reconocerse. Hoy nos reconocemos.  Y nos miramos a los ojos.

Balbín despide a Perón. La muerte de Kirchner desubica a la oposición. Porque no habrá despedida“.

El hombre y el poder es el título de los párrafos de Ariel Mora Maisonave que opina desde La Rioja:

“Néstor Kirchner,  54º presidente de la República Argentina, Hombre controversial, que supo generar liderazgo y pasiones para llevarlos como política de Estado. Asumió su presidencia en un país que salía de las llamas, debía gobernar un país que no lo había elegido y crear uniones para romper otras.

Traiciono voluntades y creo nuevos vínculos, tomo la bandera de los derechos humanos como propia, inteligente maniobra para acrecentar su poder, corto lazos con los grandes organismos económicos mundiales, gobernó bajo una política de premios y castigos, y supo aprovechar la inercia del crecimiento mundial, logrando apaciguar las llamas de la crisis económica de 2001 y encendiendo lentamente las llamas de la división social de un país que se fragmenta entre partidarios de Monopolios, ya sean Privados o del Estado.

Dejo su cargo en 2007, dejando atrás los laureles de la presidencia, pero no el poder y su lucha. Gobernó tras las sombras, y se inserto en el escenario latinoamericano, aclamando a San Martin y a Bolívar, estrecho vínculos con los grandes mandatarios latinoamericanos, y acrecentando su poder, un poder basado en si mismo, el poder que pretende luchar contra  gigantes monopolios y que controversialmente el mismo se monopoliza cada vez mas y mas.

Es así  como el Hombre, El presidente, el Padre o el Esposo, se vio preso del poder,  hasta el punto de que el hombre fue devorado por el poder que había construido. Solo aquellos que puedan despertar en lo mas intimo del pueblo odios y amores pueden llamarse Lideres, hoy Argentina ha perdido a un líder, a una de las personal mas controversiales de lo que va del siglo en Latinoamérica.

Sus evaluaciones como líder serán tarea de cada uno, su forma de lucha será deber del pueblo desecharla o sostenerla, pero su paso por la patria quedara escrito en nuestra historia para ser juzgado ante nuestros ojos avejentados, y ante la fuerza y de la generaciones venideras”.

La opinión de Ignacio Jorge llegó desde Jujuy con el nombre de La dignidad de los nadie:

“En la historia argentina contemporánea, el advenimiento del partido justicialista y el movimiento de masas que generó Perón, dejaría marcado en el país una huella de división social clara. Los que apoyan y los que definitivamente no lo hacen. Cabecitas negras-gorilas, liberales-progres, y tantos calificativos de dualidad que el lenguaje político se encargó de crear a lo largo de los procesos políticos que pasó el país.

El cambio social hacia una evolución del respeto y la convivencia en democracia no ha cambiado mucho desde aquellos años dorados del peronismo. La muerte de Eva Perón fue tan cruelmente festejada como la del ex presidente de la nación, Néstor Kirchner. Si bien el contexto coyuntural fue distinto, el clima social fue el mismo.

“Viva el cáncer” era una de las consignas irónicas que se referían a la muerte de Eva Perón, en las paredes de muchas ciudades del país. “Vieron que yerba mala si muere”, “En el infierno vas a recordar todo el mal que nos hiciste”, entre otras descalificaciones, fueron las que se pudieron observar hoy en muchos muros. Pero no en muros de concreto, donde el mensaje no tiene nombre ni apellido, sino en muros digitales. Un poco más simpáticos a la vista y con la posibilidad de regenerar el mensaje y de compartirlo con el resto de la comunidad en la red.

Sin embargo no todas son malas, mientras los medios mas confrontados al gobierno transmitían con cautela y respeto, sin adelantarse a las consecuencias políticas de esta perdida humana; los representantes oficiales y opositores a Néstor, hacían llegar sus condolencias a la Presidenta por medio de estos hermosos artificios tecnológicos. Dándole un toque mas chic a un momento de tanto dolor para los que realmente lo seguían.

Creo que la fotografía de la argentina fue lo acontecido alrededor de la muerte de Néstor y no los resultados que pueda arrojar el censo.

Por ultimo, cierro esta opinión citando a un caudillo radical como fue Ricardo Balbín, muy enemigo del peronismo y constante confrontador del mismo. Cuando en el velorio de Juan Domingo Perón exclama en voz alta: “Este viejo adversario despide a un amigo”. Pensemos que aprehendimos de aquella enseñanza y hacia donde queremos llegar como sociedad”.

También comparte sus líneas Alejandro Fass:

“Empiezo estas líneas tratando de ser lo más carnal posible, este 27 de octubre no es uno más del calendario, falleció Néstor Carlos Kirchner, ex-presidente de la nación Argentina.

Sería muy necio de mi parte negar los grandes avances que logro este presidente, le dio a la sociedad argentina un aire renovado en aquellos tiempos del 2003, la política venia de un gran revés institucional, tal es así que asumió el poder con legalidad, pero no con la legitimidad necesaria, en el lunfardo futbolero entro con la cancha embarrada.

Pero el testarudo de genética planto bandera como si fuese el mismísimo Perón, no se empequeñeció ante la adversidad, y así empezó a forjar su presidencia, se decía en aquellos tiempos que Cristina Fernández(Actual Mandataria), era quien comandaba el barco. Bajo ese panorama Néstor se hacía paso al andar, y rápidamente sacudió el avispero, modificó la corte suprema de Justicia de la Nación (llevo a siete sus miembros), además tomo como bandera social los derechos humanos, y comenzó a juzgar a los canallas Genocidas que literalmente se “cagaron” en la Democracia y dieron el golpe del año 1976, así Néstor ganaba legitimidad política, y empezaba ganarse los primeros enemigos políticos como también sus nuevos adeptos, Kirchner era un tipo sin moldura, sin protocolo, sin asesores de imagen, entre tantos otros sucesos.

Falleció  siendo víctima de su turbulenta militancia, vivió y murió como cualquier apasionado de algo quisiera hacerlo, murió en su ley. La campana sonó pero esta vez, no pudo resistir el certero golpe de la muerte, es por ello que necesito plasmar estas palabras, seguramente desprovista de estudios, y  carentes de especialidad, pero son palabras sinceras, sinceras de un joven que alguna vez soñó con la justicia política, con un mejor país, a si mismo debo aclarar a quien tenga la osadía de leerme, es que no soy Peronista, no soy Justicialista, nunca lo fui y nunca lo seré, si me tengo que poner de un lado en la actual política seria de la oposición menos poderosa.

Pero nobleza obliga, Néstor fue un político de raza, un animal de la política, el fue gestor de muchos proyectos que beneficiaran en un futuro nuestro suelo, el fue mentor en algunos pasajes de la igualdad de sexo, de los Derechos humanos, de la equidad social, de los derechos de los trabajadores, entre tantos otros aciertos, pero también fue el capitán del barco con puertos de destinos erróneos, de políticas desacertadas, era un hombre al fin y al cabo.

Es por ellos que el respeto debe ser lo primero antes de nombrar su apellido, exijo ser nobles con su persona  y respetarlo siempre como un presidente democrático, un mandatario que a la par del  ya fallecido Raúl Alfonsín, como mentores de la democracia real de este país.

Se decretaron tres días de duelo, que eso sirva para reflexionar, que nos empuje a pensar en que las palabra del NUNCA MAS, se hagan presentes, que necesitamos más que nunca una oposición reflexiva y no destructivas.

Necesitamos además cerrarles las puertas a los oportunista que seguramente se harán eco de la ocasión e intentaran dar el zarpazo, fieles a su estilo rapiñero, presiento el aire raro, y los cuervos empiezan a volar bajo, es por ello que hoy todos más que nunca somos Argentinos, hoy más que nunca todos queremos un país que mire el futuro, no vivamos de la historia pero siempre la tengamos presentes, un país sin historia es un país sin futuro, Kirchner entro a la historia, le pese a quien le pese”.

Las fotos pertenecen a ORBE de Perfil.com
excepto la primera que es propiedad de Pedrotti

Saramago: “No me hablen de la muerte porque ya la conozco”

In Paladar mostaza on 18 junio, 2010 at 9:58 AM

1922 - 2010

Su vida en videos

José Saramago siempre fue algo más que un escritor. “Un aprendiz”, sería su respuesta. Así se presentó ante la Academia Sueca cuando recogió el Premio Nobel de Literatura, el primero concedido a un autor portugués, hace ahora 10 años. “Un maestro, el maestro”, puntualizaría el crítico más exigente del universo, Harold Bloom. Para el autor de El canon occidental, Saramago, que este noviembre ha cumplido 86 años, es “el novelista vivo más talentoso del mundo” y “uno de los últimos titanes”. Como un titán ha escrito su último libro, El viaje del elefante(Alfaguara). Un triunfo del lenguaje, la imaginación y el humor, arrancado literalmente a la muerte.

Capítulo I

Observaré lo que sucedió con el silencio con que las raíces de las plantas agujerean la tierra

(Mongane Wally Serote)

Un día de las navidades de 2007, José Saramago se fijó en sus ojos. Eran enormes. Se habían expandido como círculos concéntricos en su rostro. Y los ojos lo miraban a él. Con extrañeza. Con curiosidad. Con asombro. Parecían decirle: “Así que sigues por aquí, todavía aquí”.

No es un episodio de El hombre duplicado(2002), una de sus novelas. Pero durante un tiempo sí que había un doble, otro Saramago, testigo de su lucha por salir con vida. El doble era un tipo sereno. Le corrigió. No, no han sido los ojos los que han crecido. Es la carne, la musculatura que ha desaparecido. Por eso con tu piel ocurre lo que con las momias, que se ha replegado y se ciñe a los huesos. Es eso lo que agranda los ojos. Siguen siendo lo que eran, pero el entorno ha cambiado. El doble lo conocía bien. Iba a añadir: son como astros resplandecientes en la ruina. Pero se atuvo al estilo más conciso, poético, sí, pero menos barroco del Saramago que volvió a abanear la narrativa contemporánea, no sólo la portuguesa, cuando publicó Ensayo sobre la ceguera (1995). La primera revolución en la forma de narrar había sido en 1980 con Levantado do chão (Levantado del suelo).

-Has perdido 20 kilos, Zé. Siempre has sido delgado, enjuto. Como el abuelo Jerónimo. Pero 20 kilos son muchos kilos. Mides 1,80. Tenías 71 kilos y ahora tienes 51. Piensa en las manzanas asadas. Y en lo que dijo Josefa.

El doble lo sabía todo. Sabía que el abuelo Jerónimo Merlinho, el de la aldea natal de Azinhaga, el marido de Josefa Caixinha, se había despedido de la vida abrazando cada uno de los árboles de la huerta. Jerónimo, el que enseñó al nieto a contar historias durmiendo en el verano bajo la higuera, será recordado como un clásico en toda la historia de los discursos de entrega de los Nobel. Así comenzó la intervención de Saramago: “El hombre más sabio que conocí en toda mi vida no sabía leer ni escribir”. Sí, el doble lo conocía bien. ¿Qué había dicho Josefa? “El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir”.

José llevaba tiempo, unos años ya, con malestar físico. Un hipo interminable lo había debilitado. Pero lo ayudaban mucho las manzanas asadas. No había dejado de escribir como un titán. Ni de moverse por el mundo denunciando la globalización como “un nuevo totalitarismo” o con su cita preferida, la de La sagrada familia (la de Karl Marx): “Si el hombre es formado por las circunstancias, entonces es necesario formar las circunstancias humanamente”. Las cosas de Saramago, decían los cínicos. En 2005 había escrito Las intermitencias de la muerte. No era tampoco una abstracción. La muerte era una presencia física, tangible. “Uno es creador de sus personajes”, había escrito, “y al mismo tiempo, criatura de ellos”. El personaje de la muerte pasó de lo invisible a lo visible. No era un juego. Venía para llevárselo. José Saramago lo recuerda bien. Pero él no estaba conforme. Una parte de su cuerpo sí parecía resignada. Aceptaba la crisis. Llegó a pararse de tal forma, que casi era imperceptible eso que llaman el hilo de la vida. Al principio, en la clínica de Lanzarote, llegaron a dudar de la conveniencia del ingreso.

-Supongo que no querían que aquél fuese el lugar del fin de Saramago. Les estoy muy agradecido. La muerte no me ha llevado. Era consciente, sabía, veía, sentía, que estaba al borde de pasar al otro lado. Más tarde decía: ‘No me hablen de la muerte porque ya la conozco. De alguna forma ya la conozco’.

Había otras partes de su cuerpo que no estaban conformes. Ni el corazón, ni la cabeza. El corazón siguió latiendo con fuerza. La mente, durante un tiempo, dos días después de salir de la UCI, estableció unas coordenadas que ahora Saramago recuerda como un entrañable autorretrato vanguardista. “En aquel momento, que fue de los peores, se plantaba en mi cabeza algo que era un fondo negro con cuatro puntos luminosos que formaban un cuadrilátero irregular. Y yo tenía muy claro que ese cuadrilátero era yo”.

Uno tiene una memoria corporal. ¿Qué relación ha tenido con su cuerpo José Saramago? Yo he aceptado mi cuerpo. No ha sido nunca el cuerpo de un Adonis. He tenido con la edad un cierto declive. No he sido nunca un hombre de músculos. Tengo un esqueleto estrecho. Lo acepté. Con una cierta vanidad, quizás sí, quizás no, me gusta que después de los cambios, y en este caso último la enfermedad, mi cuerpo siga presentando una cierta…armonía. Una buena apariencia física. En el fondo no estoy descontento. Pero pasar de ahí a una especie de adoración de mi propio cuerpo, cuidándolo mucho, nunca he caído en esa tentación. Ni siquiera puedo utilizar la palabra tentación porque nunca la he tenido.

Los ojos de Saramago, definitivamente, y al margen de la encarnadura de la cara, son enormes. Ojos que contienen ojos. Sus pausas al hablar no parecen destinadas al descanso, sino que ceden el lugar a la mirada como una avanzadilla del lenguaje. Esa clase de silencio con que las raíces avanzan en la tierra.

Capítulo II

Mi propia voz me animaba

(William Wordsworth)

Un día, a comienzos de 2008, José Saramago oyó de la boca de un médico la palabra “milagro”. No suena mal en boca de la ciencia, pero él nunca se conforma con lo inexplicable. Él identificó el milagro con la profesionalidad del cuerpo médico, con los cuidados de su mujer, Pilar del Río (“Ganaremos la primavera”), con la lealtad del corazón (“un corazón estupendo”) y con la emersión de una energía en principio extraña a su carácter. El humor. Un humor expansivo, impelente, incesante. Un humor que impresionó al doble, a aquel otro Saramago que permanecía sereno, algo perplejo, sí, observándolo todo. Nunca se había visto a sí mismo contando chistes.

-Me gustaría que hubieras estado en el hospital durante la visita de los médicos y que escucharas los diálogos. Yo, que estaba en una situación de riesgo, mal, muy mal, pero me sentía con una libertad de expresión exultante. El humor con el que yo me comunicaba en el diálogo con ellos me sorprendía, me emocionaba. Oía a ese que hablaba, el enfermo que yo era, y pensaba como un ser redoblado: ¿Cómo es que estoy hablando así con esta gente? No soy capaz de reproducir ningún diálogo. Era el tono. Mi tono era ése. Ellos se miraban. Sonreían. Yo seguía… No era algo premeditado. Yo no pensaba: tengo que demostrar a esta gente que estoy bien. Era todo lo contrario de lo que se pudiera esperar de una persona en mi estado.

Saramago, el hombre silencioso, el hombre serio, al que algún cáustico atribuyó una “gravedad ‘cachimbal”. [Sonríe] ¡Eso era cuando fumaba en pipa! Es verdad. Yo he sido, desde muy niño, callado, reservado, melancólico. Nunca he tenido la risa fácil. Incluso la sonrisa, para mí es algo que me cuesta trabajo. Y las alegrías o las tristezas en mí son interiores, no las manifiesto. Ya de niño era así.

Sin embargo, si hay una constante en su obra es la ironía, un tipo de humor muy profundo. El humor llega más tarde. En lo que escribía a los 23 años no había humor ninguno. El conocimiento propio, el conocimiento de los demás, ésa es la base del humor. El humor es una creación muy laboriosa.

Después de publicar ‘Levantado del suelo’, dijo: “No escribo para satisfacer dictámenes. Escribo un poco como quien respira, como quien habla”. Tal vez el lenguaje acudió ahora en ayuda del cuerpo. Sin duda. Era como si me transportara, como si me apoyase en el lenguaje. Yo mal podía moverme en la cama, pero me sentía llevado por el lenguaje. Una mente que era consciente de la realidad de mi estado, de la situación límite, que a la vez era capaz de desdoblarse y funcionar como si no pasara nada, como si la libertad de la mente, del argumento irónico, no estuviera bajo la presencia constante de la enfermedad, eso ha contribuido muchísimo para salvarme. El humor, una capacidad de animación oral extraordinaria, ese funcionamiento de la mente. Y curiosamente, de todo esto yo he salido con un espíritu totalmente sereno, de una serenidad impresionante. No es como si no hubiese pasado nada, porque creo que esa sensación de serenidad total es también una consecuencia de la enfermedad. No porque yo hubiera aprovechado para hacer un examen de conciencia. Yo no he hecho ningún examen de conciencia. Quizá por la proximidad, por una proximidad casi tangible de la muerte, he salido con una serenidad que se mantiene hoy. Comparada con el centro del huracán, donde no pasa nada, donde el aire no sopla.

-Lo convencional es pensar que uno, en esas circunstancias, hace balance de la vida. De lo bueno y de lo malo. Calcular el peso del alma. Es cuando pronuncia una de esas grandes frases, como el Borges que decía: “He cometido el más grande pecado que un hombre puede cometer…No he sido feliz”.

-Eso es una operación mental, que fabricas luego. Conmigo no ha ocurrido eso. Yo he regresado a la vida. He regresado con naturalidad y con esa serenidad total de la que hablaba. No podía moverme y no me movía. Quizá llegase el día… Y llegó. Un médico me ha dicho: usted necesita por lo menos un año para recuperar algo que se parezca a la normalidad. Bueno, ha sido todo más rápido, sorprendentemente rápido, pero, al mismo tiempo, duro. Ya que hablamos de humor, tal vez la frase apropiada para el momento sea una expresión francesa: Reculer por mieux sauter (Esperar el mejor momento).

En ‘El viaje del elefante’, el humor es gozoso. De la estirpe de Cervantes y Fellini. Después de la enfermedad, ¿podríamos hablar de un tercer Saramago, de una especie de catarsis? Quizá se pueda decir eso. Salí del hospital y me senté a trabajar. No podía con mi alma. Y los dos primeros días después de salir me dediqué a la corrección de lo que había escrito antes, unas cuarenta páginas. Y al tercer día ya estaba avanzando en El viaje del elefante. Ésa es una situación en la que tiene cierta lógica que uno se pregunte: ¿quién está haciendo esto por mí? Porque en principio no podrías. ¿Cómo vas a poder escribir en esas condiciones? Lo hacemos, pero nos parece tan sorprendente que hayamos podido hacerlo. Mi relación con este libro es ésta: ¿cómo es posible que lo haya podido hacer?

Samuel Beckett hablaba de una “extraña obligación” en ese seguir adelante… Yo había escrito 40 páginas de El viaje del elefante en 2007. La pauta ya estaba marcada. Tenía un punto de partida, unos datos históricos mínimos. El empeño del rey portugués João III de regalar a su primo el archiduque de Austria un elefante hindú que llevaba dos años en Lisboa, y la aventura que supone trasladar en comitiva ese animal hasta Viena. Hay una frase en el pórtico de la novela que pertenece al Libro de los itinerarios: “Siempre llegamos al sitio donde nos esperan”. Tal vez ése es el secreto. Para mí escribir es también una función vital. También para mí es un viaje. Bueno, el caso es que sale algo que es, pero podría no ser. La composición de este libro es extraña. En el fondo yo no sé nada de este libro.

Si lo dijese otro autor me parecería una ‘boutade’. A usted le creo. ¿Quién, en realidad, está narrando? No tengo ninguna respuesta. La asociación de ideas tiene para mi trabajo una importancia que no he podido calibrar. Me fío mucho de la asociación de ideas. Yo siempre he negado la existencia del narrador. Los estudiosos me decían: “¡Usted está equivocado!”. Y yo les ponía un ejemplo: ¿dónde está el narrador en una obra de teatro? Cuando me puse a escribir esta historia, me dije: ¿queréis un narrador?, ¡pues aquí estoy! Así que estoy contando la historia como quien está sentado en la cocina de mi pueblo contando una historia. Y aquí podríamos decir el refrán: “A quien cuenta un cuento siempre le crece el cuento”. Por lo demás, el libro es un homenaje a la lengua portuguesa.

Capítulo III

“Siempre he intentado vivir en una

torre de marfil, pero una marea

de mierda no deja de golpear sus

muros y amenaza con tirarla abajo”

(Gustavo Flaubert)

García Márquez decía recientemente que “sufría como un perro” cuando leía la prensa. ¿Usted también está enojado con el periodismo de hoy?Creo que Gabo dramatiza y yo ya no dramatizo nada. Tal vez es verdad que hay una cierta rebaja en la calidad de los escritos. Pero depende. ¿Cómo podemos decir que el periodismo de ahora es peor que el de antes? Pienso en Portugal, en España, con las dictaduras, cuando la información era intoxicación, y entonces, ya no sufro. Ni como un perro ni como nada.

No hace periodismo de redacción, pero vuelve a estar en primera línea. Un premio Nobel, un autor célebre, va y abre un sencillo ‘blog’ en la Red, ‘Cuaderno de Saramago’ (en portugués y castellano), como un aprendiz. Sus libros obtienen las mejores críticas en los principales medios de Estados Unidos, como ‘The Washington Post’ o ‘New Yorker’, sin importarles su posición política. Están en las librerías de todos los continentes. Podría publicar en los grandes medios de opinión. ¿Por qué ese ‘blog’? ¿Por disidencia? Quizás es esa novedad de volver a empezar. Escribir sin ningún condicionamiento. Los medios te pagarían, claro está. Pero mira, ha ganado Obama, me felicito, y a continuación escribo un artículo en el que pido sin medias tintas el cierre de Guantánamo y el cese del bloqueo económico a Cuba. Y así, sobre lo que se me ocurre. En realidad, el sistema acaba por integrarte. En el fondo no eres más que una guinda en el pastel. Te toleran. Se ríen de ti. ¡Cosas de Saramago!

Lo que usted llama guindas pueden ser espacios de resistencia. Por lo que parece, el ridículo lo está haciendo el sistema. En un texto sobre Marcos Ana (en prisión franquista desde 1939 a 1961) usted hablaba de derrotar el cinismo, la indiferencia y la cobardía. Por supuesto. Para nada soy cínico. Lo que digo es que soy por definición muy escéptico. No es bueno, ya lo sé. Me gustaría entusiasmarme, pero no lo consigo. Hay una grave crisis, pero los ciudadanos no tenemos mecanismos para influir. Pero, por lo menos, deberían decir la verdad. Fíjese usted, António Guterres, cuando era primer ministro, declaró en una entrevista: “La política es el arte de no decir la verdad”. ¡Y nadie se levantó para protestar! Aunque no queramos, a los ciudadanos nos arrastra la corriente. O la estampida. Ahora bien, hay que decir: no estoy de acuerdo. El escepticismo no es resignación. Yo nunca me resignaré. Cada vez me siento más como un comunista libertario. Hay tres preguntas que no podemos dejar de hacernos en la vida: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿para quién?

¿Usted nunca se vendió? Quiero decir, ¿no tiene la sensación de haberse vendido nunca, por ejemplo, para un premio? No. Nunca me he vendido. No me he vendido. Ni material, ni simbólicamente. El Premio Nobel consagra algo que ya estaba ahí. En la, digamos, clase literaria hay una serie de gente que no me soporta.

¿Por qué existen estos odios entre escritores, a veces más intensos cuanto más vecinos? Eso que decía Jean Chapelain: “El escritor no lee a sus colegas, los vigila”. Para mí resultan inexplicables. No sé. No creo que se trate de la persona, no creo haber dado motivos. Tal vez no se soporta eso que llaman el éxito, o la fama, el Nobel… Cuando yo aparecí en los años ochenta, el panorama literario estaba organizado, completo, cada uno en su

lugar. Y si había envidias, pues también estaban en su lugar. Yo no estaba previsto.

Manuel Vicent dice que en la cultura habita lo mejor y lo peor de la humanidad. En mi caso, creo que algunos simplemente se sintieron amenazados en su lugar. Pero lo que nadie puede decir es que haya escrito un libro malo.

Con odios o sin odios, no creo que tenga que preocuparse ya por los duelos en los salones literarios. Cuando me dieron la noticia del Premio Nobel estaba en la feria de Francfort. Di una rueda de prensa y dije: “Yo no he nacido para esto, pero esto me fue dado”. Es verdad. No he nacido para esto. No nací para esto ni para aquello. Nadie puede decir que nadie nació para esto. [Al fin, sonríe] Tampoco Obama nació para ser presidente.

En sus obras hay personajes inolvidables, fascinantes, que pertenecen a la realidad inteligente. ¿No me diga que no se enamoró de Blimunda, la de ‘Memorial del convento’? Blimunda… ¡Sería mucha mujer para mí! Aunque es sencilla. Tal vez la mujer del médico de Ensayo sobre la ceguera… Sí, tal vez ella.

Da la impresión de que, en la realidad, ha sido más amigo de las mujeres que de los hombres. Sí. Eso es verdad.

Hubo un tiempo en que se propagó que había elegido el exilio. Un exilio español. Y es verdad que tiene un hogar en la isla, en Lanzarote. Pero no parece usted un autoexiliado. Cuando estoy allá, también estoy aquí. Nunca me he ido. Expresé mi protesta a un Gobierno conservador por la actitud censora que tuvo con El Evangelio según Jesucristo. Y he criticado otras cosas de Portugal. Y de España también. Y de este mundo, que para tantos tiene la forma del infierno. Pero, ¿qué sería de un escritor sin la libertad de palabra?

Da la impresión de que su imagen en Portugal ha cambiado mucho en los últimos tiempos, de que es más querido, menos polémico, incluso para aquellos que mantienen opiniones políticas contrapuestas. Ya sé que no le gustan las grandilocuencias, pero digamos que es respetado por todos como un héroe portugués. Es verdad. Noto menos rechazo. Y un proceso de reencuentro, después de malentendidos. En fin. También hay gente que antes decía: “Es bueno, pero es comunista”. Y ahora dice: “Es comunista, pero es bueno”.

Pronto habrá una gran sede de la Fundación Saramago. Y en un lugar muy especial de Lisboa. La Casa dos Bicos, al pie de la Alfama. Eso sí que es un reencuentro. Sí. Es un edificio que cede la cámara municipal por 10 años. Constituye un gran reto. Tiene que ser una factoría creativa. La Casa dos Bicos fue construida en el siglo XVI, inspirada en el italiano Palacio de los Diamantes. En el siglo XX fue almacén de bacalao. La zona, en la Ribeira Velha, es muy popular. Una maravilla. Te voy a decir algo muy importante para mí. Llega un momento en que te crees que tal vez no es una utopía que te den el Nobel. Tu nombre empieza a ser barajado, junto a otros. Van pasando los años. El nombre se repite. Y piensas: bueno, pues, ¿por qué no? Tal vez me den el Nobel. Pero nunca, nunca, jamás soñé que la Casa dos Bicos pudiese ser sede de una fundación llamada José Saramago. ¡Las veces que pasé por delante desde niño! Soy poco expresivo, pero, a veces, sólo con pensarlo tiemblo de emoción con todo el cuerpo, de arriba abajo.

Capítulo IV

“El instante en que ya no sea

más que un escritor habré

dejado de ser un escritor”

(Albert Camus)

Eduardo Lorenço habla de Saramago como “la mano izquierda de Dios”. Es ateo, pero crece empapado de cultura cristiana. ¿Para el erotismo, para el amor, ha tenido que luchar mucho contra el pecado? No. Cuando escribí El Evangelio según Jesucristo, que tuvo las consecuencias que sabemos, en el discurso de agradecimiento al jurado le puse un título que era El derecho al pecado.Uno de los grandes inventos de la Iglesia católica ha sido inventar el pecado, y después de inventar el pecado, inventar un instrumento de control de la gente. ¿Quién ha decidido lo que es pecado y lo que no lo es? Gran parte de la historia es un absurdo. Y la historia oficial, en la que la Iglesia ha tenido tanto que ver, es una sucesión de disparates. Pensemos en los muertos por la Inquisición. Incluso, en un grado menor, lo que ocurrió con el gran Camões. Tuvo que defender cada uno de sus versos para obtener el plácet del Santo Oficio. Escribí una obra de teatro sobre ese caso, Que farei com este livro?, que refleja el estado de permanente vigilia, peligro y prohibición en que ha vivido la literatura en nuestros países.

¿Qué ha significado para José Saramago su compromiso como comunista? Actualmente no tengo otra militancia que no sea la militancia indirecta de lo que escribo. Pero la participación política me ha dado algo muy importante. Un sentimiento solidario muy fuerte, la conciencia de tomar parte en una lucha por la humanidad, con todas las sombras históricas que esa lucha ha tenido. En estos asuntos es muy importante la memoria colectiva, pero también la personal. Recuerdo siempre a un camarada con el que yo trabajaba y que fue preso por la policía política. Lo sometieron a la tortura del sueño, la privación del sueño, durante dos semanas. En ese estado no me denunció, no habló, no dijo de mí ni una palabra. Asoció eso a la integridad humana. Ha habido mucha gente así sin esperar nada a cambio. No puedo imaginarme fuera del partido. Hace unos años, después de la revolución, Álvaro Cunhal (líder comunista portugués) tuvo que someterse a una grave operación y antes escribió unas cuantas cartas dirigidas a militantes del partido, cartas que podían ser entregadas a los destinatarios en el caso de que muriesen. No se murió entonces, las cartas han sido destruidas, pero yo sé que en la carta que me estaba destinada, Cunhal decía que estaba seguro de que yo no abandonaría el partido. Y tenía razón. Y la va a tener mientras yo viva.

Pero los partidos comunistas en Europa son una especie en extinción… En Portugal creo que no existe ese riesgo que menciona. El PCP tiene una base real. Todos lo demás han pasado por operaciones de cosmética, de nombre, de siglas. Y lo peor para ellos es que no están mejor por eso, por haber tratado de hacer ese transformismo.

Ha habido gente que le ha descalificado por esa fidelidad, interpretándolo como un rasgo estalinista. ¿Quién sería Saramago en la Rusia estalinista? Un hombre que tendría todos los problemas. Un régimen que había hecho de la subordinación del ciudadano un principio, pues estaba condenado a lo que ocurrió. La decadencia en todos los aspectos de la Unión Soviética fue debida a la separación entre el partido y el pueblo.

¿Por qué cree que es tan criticado, tanto en España como en Portugal, cuando habla de iberismo? Es delicado tocar ese asunto porque nos lleva al campo de los instintos, de las pasiones, y ahí no nos ponemos de acuerdo. Hay patriotas que no pueden ni oír la palabra España, porque tienen esa idea, esa experiencia histórica, de que de España siempre va a venir algo malo. Portugal está ahogado. Y España también, enredada en su propia noria, con asuntos que parecen eternizarse y que no se resuelven. Pero España tiene ya una experiencia de diversidad, con las autonomías, que puede servir para llegar con serenidad a fórmulas unitarias entre los dos Estados. España y Portugal necesitan ambas una convulsión positiva. Sé que esta opinión levanta ampollas, pero lo planteo con honestidad intelectual. Contribuiría a un multilateralismo ibérico. Por supuesto, respetando las culturas y las lenguas. Se enriquecería la situación de Iberia. Y también tendría un efecto positivo en Europa.

¿Significa algo que España y Portugal tengan un Gobierno de izquierda?No nos engañemos. Es cierto que tenemos en un lado y otro Gobiernos de izquierda, pero de una izquierda que no se nota mucho. A lo mejor no pueden hacer otra cosa. ¿Qué pasaría en Europa si se decantaran más hacia la izquierda? Hombre, no tenemos un Arias Navarro para decir: ¡Vamos a invadir Portugal! Hay que arrumbar de una vez esa idea, que tuvo justificación con Franco, una dictadura mucho más cruel que la nuestra, que hasta le hizo decir a los integristas portugueses: “Espanha, terra perigosa”. El problema es que las izquierdas en Europa están casi desaparecidas. Por ejemplo, ¿qué hay en España con referencias intelectuales? Medianías. Están dejando solo al juez Garzón. Yo lo que veo son medianías.

Fuente: Diario El País  – 28/11/2008