maximo tell

Posts Tagged ‘Mundial’

Mi Mundial 2: Inconvenientes previos

In AguaSuaves, Exclusivos, Rudy on 10 junio, 2010 at 10:20 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Como la vida continúa y el tiempo pasa (nada del otro mundo), la cuenta regresiva es cada vez mas fuerte  para la “FIFA 2010” (acá nadie le dice “mundial” porque es demasiado general, como se nota que los argentinos sabemos que si hay un mundial, es de fútbol!).

El gran asunto comienza el viernes, el primer partido de nuestra selección es el sábado y yo sigo divisando problemas estructurales que de cierto modo quitan valor a mis jugadores, me van en contra con la cantidad de boricuas que día a día compro para sumar voces a la hinchada o simplemente me inflan esa venita que tengo en el cuello.

Como les contaba la semana pasada, las camiseta celeste y blanca estaba de promoción en la tienda Marshalls y eso hizo que mucha gente la vistiera hermosamente por las calles San Juan. El problema se generó específicamente cuando en este mega comercio se agotaron las camisetas de Argentina. Ups! Renovaron el stock con camisetas de Brasil! Esa es una verdadera tragedia! Encima, decoraron toda la inmensa vidriera del local con camisetas de Brasil y un gran cartel que anuncia “Llegó el soccer a Puerto Rico”.

Pero a ver… me voy poniendo nerviosa… perdonen señores ejecutivos de Marshalls, ¿Antes cuando vendían la camiseta de Argentina no habia llegado el “soccer” aún? ¿Éste es algun tipo de mensaje implícito? ¿Me pueden confesar cuál es la nacionalidad del dueño de la tienda o darme al menos una explicación razonable? ¿Alguien puso dinero? Poque si es asi, reúno contactos y lo arreglamos bajo la mesa, no hay problema. Para colmo de males, acá todos andan bien bronceaditos… adivinen que color les queda bárbaro!

Es difícil, es un trabajo de hormiga… Pero cada vez que paso por la tienda y veo a alguien comprando una camiseta brasilera, me acerco, se la pido porque “la quiero comprar yo a mi papá que es un fanatico y cumple años mañana” (o chamullos afines), me escondo por ahi un par de minutos y cuando veo que la persona interesada se retira resignada del lugar, salgo y escondo la camiseta brasilera en alguna sección ignota como “articulos para el viajero” o “plomeria”. Las cosas que uno hace por favor.

El segundo problema se me presentó  con la última edición de la reconocida revista Vanity Fair. Como les comenté en otras ocasiones, Puerto Rico no posee su propia selección de fútbol y la gente se hace fan de uno u otro equipo de un modo azaroso y con un poder de convencimiento de tipo panqueque, bien fácil de dar vuelta.

Volviendo a la revista en cuestión, se les ocurrio la brillante idea de publicar, a días del mundial, notas sobre jugadores significativos cuyas fotos ilustrativas muestran a los muchachos en boxers (ajustaditos y de lycra). Acá les dejo a mis “Amigas futboleras” el video del backstage.

Fui al supermercado a comprarme unos cereales y en la parte de revistas y diarios, tomá Pamela: Ronaldo y Drogba me saludaban en paños menores desde la portada. Siendo Vanity Fair una revista de culto (¿?) me acerque y comencé a ojear sus páginas. Como para comenzar mal el día: Cristiano Ronaldo (Portugal), Didier Drogba (Costa de Marfil), Michael Ballack (Alemania), Samuel Eto’o (Camerún), Kaká y Alexander Pato (Brasil), Sulley Muntari (Ghana), Dejan Stankovic (Serbia) y Landon Donovan (EE.UU). Todos juntitos. ¿No tiene frío muchachos? Vengan que tía Pame los apapacha un rato.

Yo no me voy a poner a discutir quien juega mejor que quien, pero no entendí muy bien el criterio de selección de estos jugadores para las fotos. Digo esto porque nuevamente, no hay jugadores argentinos en la nota y yo creo (esto es personal) que más de uno marece un lugar en la revista (escribo esto mientras pienso que ¨a mas de uno me gustaría ver en boxer celeste y blanco con un sol al medio¨). Agüero tiene su simpatía, Demichelis es un hombre guapo, Garcé… que decirles, Romero es alto y esbelto, Verón pelado sexy, hasta Tevez debe tener una trementa tabla de lavar ahi abajo, quien ha visto lo contrario!

Y si es por calidad de jugador, yo apuesto que más de una mujer ha tenido fantasias con un niño de su tamaño (no dejemos de lado la regla de los enanos). Como no hay jugadores en la nota, las chicas se fanatizan con cualquier cachibache. Hay que tomar cartas en el asunto, porque despues cuando ganemos el mundial van a venir a sacarles fotos a nuestras reliquias argentinas de exportación y no me parece justo. No los apoyaban antes, cuando levantemos la copa no vengan a pedir que mis nenes se saquen la ropa, ¿he? No Vanity Fair, asi vamos mal.

Espero que los jugadores la peleen en la cancha por que yo desde acá la estoy remando con mancha de petróleo incluida. Parezco un machito: hablando de fútbol hasta por los codos. Espero no terminar de los pelos con alguna española y/o brasilera que se encuentre en el mismo estado patriótico/eufórico que yo. Salú!

+ Lee “Mi Mundial 1

Esta autora es Columnista permanente de este Blog

Anuncios

Un Jujeño en Sudáfrica 2

In AguaSuaves, Exclusivos on 10 junio, 2010 at 9:30 AM

GABRIEL CHAGRA

Gabriel 23 años

Nació en Jujuy, estudia RPI en Córdoba (ARG), es hincha fanático de Gimnasia y Esgrima de esa provincia y va a vivir el Mundial de Sudáfrica 2010 desde el Nelson Mandela Bay. Es uno de los 15 mil asistentes que el Comité de Organización de FIFA eligió de entre 70 mil solicitudes.

En la primera nota nos contó sobre su llegada a Johannesburgo, ahora desembarcó en Puerto Elizabeth y desde allí nos cuenta lo siguiente:

Les escribo desde el Nelson Mandela Bay en Puerto Elizabeth

La llamada “Ciudad amigable” se encuentra en la provincia de Eastern cape, la misma que vio nacer al ex presidente Nelson Mandela.

Tiene paisajes hermosos, adornados con playas de aguas claras pertenecientes al oceano Indico. En esta ciudad se observa mayor mestizaje en las calles, sumándose una gran cantidad de etnias como la Hindu y musulmana.

Posee un gran puerto, que representa el mayor movimiento económico de la ciudad, en el mismo se observa el ir y venir de grandes barcos con cargamento. Dentro del puerto se pueden encontrar diversos restaurantes que sirven deliciosos platos marítimos a un muy bajo costo en relación a nuestro país.

Boliches

El dia domingo fuimos con el dueño del Hostel, oriundo de Ghana, y mi compañero de viaje Roman, a una de las tantas discos que tiene Puerto Elizabeth. Ya desde la entrada se podía observar que tendríamos que pagar “derecho de piso” por no compartir el mismo color de piel.

Luego de entrar al boliche ordenamos tres cervezas y nos mantuvimos juntos mientras las miradas no dejaban de apuntarnos, al principio era un poco incómodo pero con el correr del tiempo nos fuimos acostumbrando. La bienvenida no se hizo esperar mucho, un muchacho robusto, al salir del baño le dijo a mi compañero; “aqui no nos gustan los blancos” pero sin ánimo de pelea, solo como manera de marcar territorio.

Además no todos pensaban igual que él, porque comenzó a acercarse mucha gente con buena onda para compartir impresiones sobre diferentes temas, mayormente relacionados al futbol.
A partir de ahi comenzamos a descubrir muchas cosas interesantes, por ejemplo la manera de bailar muy diferente a la nuestra; hacen del baile una especie de ritual, como una gran danza y en algunos aspectos imitando al accionar de un animal.

La bebida preferida es la Cerveza, acostumbrados a tomar bastante y de manera acelerada. Aman jugar al pool, en cada uno de los bares hay mas de uno. Por supuesto que tambien hay discos en las que el boleto de entrada solo es para gente de color blanco.

Saludos

Es característico saludarse de diferentes formas, lamentablemente en el saludo también se encuentran diferencias de color;  los blancos saludan con un fuerte apreton de mano, mientras que los de color  tienen varios:

  • Cuando se trata de un amigo el saludo es un apretos de mano y luego un  choque amistoso de hombros opuestos.
  • Si se trata de una persona conocida el saludo se transforma en un triple apreton de mano, que rememora mis epocas de secundaria.
  • Otro saludo un poco mas corto es el del choque de los puños cerrados con el dedo pulgar hacia arriba.

Un dato curioso es que al momento de tomarse una foto las reacciones y posturas que adoptan los lugareños son diferentes, en algunas oportunidades los hombres se toman de la mano simbolizando amistad, es común que las mujeres pongan sus rostros cercanos al del hombre y en algunas ocasiones lo agarran por debajo de la cintura.

Gabriel Chagra

PD: Estoy viviendo en una casa con gente de todo el mundo. Acá va una foto de los chicos,  yo  no salgo porque era el fotógrafo. El estadio esta terminado y se pasa de bueno.

Amigos con los que vivo

+ Leer Un Jujeño en Sudáfrica 1

Victor Hugo Morales y el Mundial

In Derecho a Replica on 10 junio, 2010 at 9:15 AM

“La Argentina tiene enormes posibilidades de hacer un muy buen mundial, de ganarlo, incluso”, dice Víctor Hugo Morales, las piernas largas encogidas en el asiento delantero de un Renault Clío algo machucado que conduce Mario, su chofer desde hace muchos años, que renegará todo el viaje con la cinta adhesiva que sostiene malamente el retrovisor.

El rumbo es Berazategui: dentro de un rato allá, en el gimnasio De Vicenzo, Víctor Hugo hablará ante unas 500 personas. “Me levantó mucho el ánimo el buen partido que hizo con Alemania –explica, todavía en el tránsito compacto del microcentro–. Estuvo mucho mejor el equipo que las individualidades, y como en su momento las individualidades van a rendir… Fue el primer partido en el que Diego le puso, como técnico, su propia firma al equipo.”

Unos minutos atrás salía extenuado de la radio, casi arrastrando los pies, tras el programa que conduce por Continental: es, por estos días, el díscolo que no cerró filas con los intereses de esta emisora del grupo Prisa, y tiene a su cargo seis horas diarias de programación, más las transmisiones de fútbol. Las ovejas blancas, ahí, van con los tapones de punta contra la ley de medios y cualquier cosa que haga o deje de hacer el Gobierno; en La mañana misma (que va tras Magdalena Ruiz y antecede a Fernando Bravo) Víctor Hugo mantiene sus buenas discusiones con periodistas-gerentes de la blancura que forman parte de su propio espacio. Y aunque pueda sonar lógico decir que le sería más fácil y más cómodo alinearse se intuye que no, que eso podría suavizarle el roce con las ovejas pero poner áspero el propio, el rumiar interno: si estuvo toda la vida contra la concentración mediática y el monopolio del fútbol, ¿cómo va a ponerse a hachar, eso, ahora? Para quitarse heroísmo, se declara inimputable: sabe que tiene espaldas anchas. El cansancio, dice, es por una gripe que tiene.

“¿Lo escuchaste a Víctor Hugo Morales?”, preguntó Rocha en 1981. Rocha es el amigo que uno tiene desde la infancia, uno que jugaba –y juega– de diez, el que armaba los equipos, y la pregunta fue hecha en un pueblo de la costa atlántica bonaerense, cuando ahí no había televisión y el relator (“de América”) era José María Muñoz. Estábamos acostumbrados al tono solemne de este hombre, a sus latiguillos: “toca el esférico”, “cargan varios, peligro de gol”, “córner número…”. Era desde hacía rato, allá (y en “América”) la voz del fútbol. Con Rocha sintonizamos a Víctor Hugo de inmediato: el tipo transmitía en colores, en detalle, se inventaba diálogos, era rapidísimo y narraba unas épicas fabulosas. Era distinto, otra cosa. Cabían, en su relato, la imaginación, la curiosidad, los matices. Como relator, Víctor Hugo es un extraordinario cronista, un fuera de serie. Pero en aquel momento era algo indefinible, como un viento renovador, un aire que ponía en evidencia qué respirábamos con Muñoz.

Este hombre transmitirá desde Sudáfrica, en unos días, su décimo mundial. Barrilete cósmico, mandó, tras aquella jugada imposible en el Azteca, contra los ingleses. Le debe a Maradona sus mejores momentos como relator: su voz es la banda de sonido universal del que se considera el gol más notable de todos los tiempos. Ahí mismo, un rato antes, vio desde la cabina lo que las cámaras no alcanzaban a dilucidar, lo que sólo vieron los jugadores en la cancha, la mano de Dios. Sin embargo desde “lo técnico”, ha dicho alguna vez, su mejor relato fue el cuarto contra Grecia, en el ‘94, esa serie velocísima de toques cortos que terminó con el zurdazo al ángulo y el festejo furibundo a cámara: fue el último que Maradona hizo en un mundial. Víctor Hugo iba nombrando en simultáneo a cada uno de los participantes y lo gritó cuando la pelota iba todavía en el aire: “Un maravilloso remate al ángulo superior derecho como fin de una jugada fantástica del equipo argentino –dijo segundos después–. Una sucesión de toques, no se sabía dónde estaba la pelota, un flipper, pero toda la maquinita parecía azul”. Y al toque: “Maradona, acordándose de un griego que solía hablar con humildad, esta vez dijo ‘de fútbol, lo sé todo’”.

Bueno, quién podía imaginar el inminente corte de piernas. O este debut como técnico en mundiales, con Messi. “Es el artista de hoy –dice de él Víctor Hugo–. El equivalente a Diego de este momento. Pero sin ser Diego. No todavía.”

Ida

–¿Pensás que Messi va a brillar en la Selección, en este mundial?

–Sí, soy muy optimista de lo que puede, es un jugador fantástico. Si la Argentina anda bien, Di María va a ser otro jugador muy importante, se va a lucir. Y la Selección no va a andar bien si no anda bien Mascherano: sin él bien, difícil que salga campeón. Porque él fija el lugar del planteo del partido. Y eso repercute luego, por ejemplo, en cómo se articulan Messi y los otros.

–¿Cómo definirías la impronta de este equipo, cómo pensás que lo planteará Maradona?

–Creo que pretende lo que cualquiera: un equipo corto entre las líneas, que no haya una cancha de distancia entre Demichelis y Messi. Un equipo posicional, que no va a tener grandes movimientos tácticos y que jugará claramente en un esquema 4-4-2, por necesidad, por jugadores y por imperio de lo que hoy se estila. El partido con Alemania fue demostrativo de la cautela con la que se busca, porque en el fútbol actual el mayor peligro surge del resultado positivo de la presión del equipo que no tiene la pelota en la mitad de la cancha para tomar al rival, circunstancialmente, defendiendo con cuatro o cinco en lugar de ocho. Ese contraataque rápido puede dar más satisfacciones que tener la pelota mucho rato, arrinconar al rival, y no tener por dónde pasar. Ahí empieza ese fútbol insoportable, vueltero, de tocar para los costados y para atrás; eso, que para algunos es buen fútbol, para mí es lamentable. Y así van a ser la mayoría de los partidos del mundial: los jugadores no encaran, se paran frente al rival y tocan al costado, sin audacia personal. Por eso Messi es distinto.

–Claro, Messi hace esto todo el tiempo.

–Exactamente. Pelota, mano a mano con un tipo, y lo quiere pasar. Quiere ir más allá de la línea del jugador que lo marca. Y en general qué pasa: los jugadores pasan la pelota y no traspasan las líneas de los que marcan. Por eso el juego se pone poco entretenido.

–¿Lamentás que Riquelme no esté en la Selección?

–Lamento que se hayan enfrentado Diego y Riquelme, porque a los dos les debo grandes momentos como relator. Pero Román tiene un problema a nivel internacional, y es que al ser un jugador tan atractivo para sus compañeros, porque es como un imán, al anularlo a él se anula mucho del equipo. Si estuviera en el equipo no tendría objeciones; y tampoco las tengo si no está. Cuando hay alguien que capitaliza la atención, en todos los órdenes de la vida, tenés la dificultad de que no haya otras respuestas colectivas. Esto es lo que pasa hoy en día con el enganche con los pocos espacios que hay: se convierte en referente para que los rivales lo presionen y saquen la contra. Cuanto más haya adelantado sus líneas un equipo que lo tiene a Juan Román, o a los enganches en general, para salir de Riquelme, más riesgos se asumen. El fútbol se hace más estético, porque el que tiene la pelota la tiene porque sabe, y trata de concertar con una geometría más pausada, no tan vertiginosa, diferente a la del fútbol jugado a las revoluciones del 4-4-2. ¿Me das una pastilla, Mario?

Mario conduce hacia el sur, por la autopista, despacio. Cada tanto atiende y le pasa el celular a Víctor Hugo, que entre ida y vuelta irá organizando con productores y/o amigos ubicaciones para él y su esposa para ver y oír cantar esta noche a Katherine Jenkins, materiales para los programas del día siguiente, detalles del viaje a París previo a Sudáfrica. Dice Víctor Hugo que su ego es escasísimo y que se siente “un espectador de alma”, lo que le permite estar muy cómodo diez o doce horas en la periferia de cualquier situación. “Mi trabajo es conducir y esto me coloca en el centro de la escena en el momento en el que laburo –explica–, pero en ningún acto de mi vida, ni siquiera en el ámbito familiar, soy el centro de atención, donde más bien están mis hijos, o los amigos, o los artistas. Diría, más bien, que escasamente ocupo ese sitio yo. No sé si siempre fue así, pero considero que un éxito personal es estar muy a buenas con mi poca solemnidad y mi escasa noción de importancia. No me paso de revoluciones respecto de mí mismo.”

–Dijiste, capaz que en sintonía, que no te considerás un tipo de talento.

–Tengo mucho respeto por esa palabra. Incluso cuando se la atribuyo a otros muchas veces me reprocho, porque uno acusa de talentosas a personas que son apenas ingeniosas. Creo que tengo inteligencias que, combinadas, me dan por lo menos una satisfacción en mi relación con las cosas, en las posibilidades de hacer mi trabajo con cierta repercusión, ¿pero talento? ¿Cuál sería, hablar muy bien? Siempre estoy disconforme. ¿Relatar muy bien? Ese podría ser un talento, sí, aunque no sé. Para mí talento tiene Dolina. Pero si hablás con él por ahí empezará hablando de las cosas en las que sabe que no lo tiene. Más que el talento me interesa la inteligencia para vivir, lo que llamamos la búsqueda de la felicidad. Y no estoy mal rumbeado.

–¿Pero no considerás que puede haber un arte, ahí, en el relato futbolero?

–Sí, algo puede haber. Pero hay que ver, porque se puede ser relator con nada, con buena voz, buen golpe de vista; las calidades de los relatores oscilan con el nivel cultural, su preparación, su entendimiento de la estética y de la ética: todo confluye, como en casi todas las actividades de la vida. Y cuando eso se hace con cierta magia, con algún elemento atrapante para la persona que te escucha, podríamos hablar de un pequeño talento. Bien hecho puede ser un arte menor, pero arte al fin. Y creo que me he mostrado que lo hago bastante bien, que he sido creativo y personal, como para decir que dentro de esa actividad he sido un poco artista, también.

Víctor Hugo viajó a cubrir por primera vez un mundial en el ‘78, cuando todavía estaba radicado en Montevideo, pero antes, en el de Alemania ‘74, transmitió para la televisión un par de partidos de Uruguay. Nació en Cardona a fines del ‘47 y a los 16 ya estaba trabajando en Radio Colonia. Debutó como relator en Argentina en febrero de 1981, el mismo día en que debutaba Maradona en Boca. “No vayas directo al lugar, Mario, veamos si encontramos antes un boliche como para comer algo”, propone. “Mi actitud general hacia el juego es de disfrute, de elemento que me sirve para construir mi trabajo, mi periodismo. Pero más que enamorado del fútbol, yo soy enamorado de la radio. Soy un periodista, un cronista que relata. Y eso no ha variado a lo largo de los años.”

Entretiempo

El gimnasio Roberto De Vicenzo es un galpón amplio, nuevo, multiuso. A las tres de la tarde casi todas las sillas plásticas que se dispusieron están ocupadas: unas 500 personas se acercaron a este rincón de Berazategui para oír su charla sobre ley de medios y Fútbol para todos. En los últimos meses ha dado conferencias de estas en diversas localidades: Laprida, San Antonio de Areco, Necochea, La Plata. Víctor Hugo entrelaza los dos temas cuando sostiene que el multimedios Clarín construyó una situación oligopólica de 260 y pico de canales a expensas del dinero que le robó al fútbol. “Hablan de ‘El robo del siglo’ en referencia al atraco al banco, pero a mí me parece más valiente que el que perpetraron en nuestra cara con el cuento de la libertad de opinión, una bandera para robarnos miles de millones de pesos del fútbol, que de alguna manera, a través de los clubes, eran de la gente”, dice ante el público. Y sí: bastante angurrientos los caballeros, que pisaban dedos si a alguien se le ocurría pasar alguito antes que Fútbol de Primera. En 2001 Cablevisión le mandó cartas documento por haber dejado de fondo, a un costado, mientras conducía el programa Desayuno, la transmisión de la final de la Intercontinental entre Boca y el Real Madrid. Víctor Hugo argumenta a favor de por qué es beneficioso que el Estado ponga plata en el fútbol para pasarlo gratis por televisión abierta: mejor vía de publicidad, reencauce de fondos, masividad, escasísimo costo dividido entre los televidentes, llegada a sectores de bajos recursos que no podían pagar cable. “Cuando llega el fin de semana, millones de personas tienen ocio. Cuando hay un plan, salir con los amigos, comer con la patrona, nos provoca felicidad. Pero hay muchísima gente que cuando llega su tiempo libre no tiene proyecto: la previsión de sábado y domingo es el aburrimiento, quedarse en casa, muchas veces porque no hay plata para gastar. El fútbol permite, al menos, juntarse a ver el partido. Proyecto de vida es salud mental, y salud mental es estar contento. Para mí, hay una cuestión de salud en este proyecto, que ahora está disponible para 25 millones de personas.”

Luego de la ovación sobreviene una hora de autógrafos, consejos, agradecimientos, fotos. Rodeado, paciente, con una sonrisa que se va desvaneciendo de a poco. Mario intenta rescatarlo, pero no hay caso. Cuando consigue zafar de eso, lo pescan los organizadores. “Es así en todas partes”, dice Mario, al pie del Clío, resignado a esperar un poco más.

Vuelta

–¿Qué es para vos un mundial?

–Para mí es un viaje. El sitio me marca mucho más el entusiasmo que el propio campeonato. Un mundial jugado en Francia, Alemania, España, México o Colombia, por distintos motivos, me interesa más que el de Estados Unidos, Corea o este de Sudáfrica. Pienso la vida en función de viajes, del interés que me despierta el sitio. El campeonato del mundo es algo que saca al fútbol demasiado de su esencia, lo pone en un ámbito que te desborda, te supera, en el que sos una cosita muy pequeña, seas jugador o periodista. Es algo de los dirigentes, de la política, de la figuración, de los sponsors. Hasta el año ‘90 todavía había un poco de fútbol a escala humana; ahora, salvo que tengan un apellido vinculado al marketing fuerte –Ronaldo, Messi–, los jugadores se ven como piezas poco interesantes. Tanto es un viaje para mí que, para hacer promedio con Sudáfrica, que presumo no me va a interesar tanto, me armé para pasar unos días antes en Roland Garros. Sudáfrica va a ser una burbuja, irreal, encapsulada: no voy a conocer su sociedad mejor; estoy seguro de que no voy a entenderla mejor que a través de la lectura de Coetzee, que es un escritor formidable, que he leído mucho. Así que no tengo un fuerte interés, de momento, salvo las sorpresas que puedan venir o la elaboración que yo haga. Pero veremos: antes de ir a Japón tenía un extraordinario desinterés y dije no, no voy a estar rezongando, y me propuse conocer Tokio a fondo, en la medida de lo posible.

Va haciéndose de noche en el regreso. Mario soluciona un asunto: saca el retrovisor. Víctor Hugo no tiene muchas expectativas futbolísticas: “Va a estar muy por debajo, en estética, de lo que vemos en los campeonatos locales –dice–. Un fútbol muy vinculado al miedo de volverse en la primera fase, de perder en las instancias siguientes. Es muy difícil bajo tanta presión. Pero bueno, a veces hay rachas. En fin, creo que va a ser un mundial muy pobre”.

–Como se viene dando en los últimos.

–El fútbol se hace entretenido, lamentablemente, hoy en día, cuando hay una gran superioridad de un equipo sobre otros. Los del ‘82 y el ‘86 fueron los últimos grandes campeonatos del mundo, con muchos buenos equipos. El ‘70 fue aceptable, 74 y 78 malos. El ‘86 fue el mejor para mí, con el agregado emocional del triunfo de Argentina. El ‘90 fue paupérrimo, ‘94 muy malo, ‘98 algo mejor. El 2002 no se podía ni mirar. Y el 2006 fue malísimo.

–¿Qué es un mundial desde lo sociológico?

–Una gran distracción de masas. Aparece un elemento más palpable de pertenencia a lo que se llama país, patria, nación, sociedad: fortalece, para bien y para mal, esos conceptos. Estás más advertido de dónde vivís, de dónde venís.

–Suelen generarse unos estados de ánimo que se desinflan, instantáneamente, en cuanto el equipo queda afuera.

–Se muere el mundial. Al otro día de que tu equipo se vuelve, le interesa al 80 por ciento menos de gente. Pasa a ser una noticia: quiénes juegan la final, quién ganó. Quiere decir que no es el fútbol el que convoca, realmente.

–Pero es muy curioso cómo un penal puede provocar semejante cambio en el estado de ánimo y la percepción respecto de un equipo.

–Es una inmensa trampa. Tiene que ver también con la presión mediática. Yo no vivo así, de ninguna manera. Cuando me entristezco, o me gana un poco la euforia, es en función de la tristeza o de la euforia de quienes no van a poder minimizar eso.

Víctor Hugo dice que cuando relata se pone en marcha un rol actoral, un libreto que empieza a funcionar, escrito sobre la marcha. “Soy otra persona en una cabina –explica–. Ofrezco un espectáculo para los oídos, y eso no puede decaer: si te aburrís, te vas. Yo soy un amante del espectáculo, pero cuando termina el partido, paso a otra cosa”.

–¿Y no te llega la épica del juego, avanzar o no en un campeonato? Los penales contra Alemania, por ejemplo.

–Es que el fútbol está lleno de situaciones absolutamente impostoras, que me mortifican. Que Italia ganara el mundial pasado y quedara un rato como el mejor por el trámite del partido, lo que pasó con Zidane… No me gusta que sea así. No me gusta el peso que tienen los imponderables, cuando los partidos se rompen, los cambios tan radicales del juego. Contra Holanda, en el ‘98, Argentina tiene una situación bárbara y Batistuta mete un tiro en el palo: ganaba, iba a semifinales, era un buen equipo. Y termina perdiéndolo al final. Y hubo gente que llegó a decir que ese equipo de Passarella fue malo. Sobran los ejemplos de lo que digo.

–Bielsa, en el 2002.

–Qué te parece. Injusticia más grande que ésa no conozco. El período que manejó, entre el ‘98 y el 2002, fue lo más extraordinario que viví en la Selección a largo plazo. Hubo dos etapas maravillosas: el mes del ‘86 y los cuatro años con Bielsa. Yo disfruté extraordinariamente con su juego, con esa urgencia por hacerse dueño de la pelota, por esa valentía de jugar igual en todos lados. La Argentina ganó en ese período algo mucho más lindo que un mundial; por eso digo que a veces uno es prisionero de la tristeza o la alegría de los destinatarios de nuestro trabajo, porque yo, al haber disfrutado tanto de lo anterior, no tendría ningún motivo de mortificación con ese mundial.

Y acá la despedida: ya es plena noche cuando Mario para el auto sobre avenida Santa Fe. En unos días Víctor Hugo transmitirá desde Sudáfrica, nomás, y vuelta con los millones de hipnotizados. Mientras, de momento, reaparece algo emparentado con lo que acaba de decir: un rato atrás, en Berazategui, el mismísmo De Vicenzo, sentado en primera fila, le preguntó lo importante: “¿Ganamos?”. “Tenemos muchas posibilidades, y lo digo en serio –repitió Víctor Hugo–. Pero si me dan a elegir entre ganar el mundial y que salga la ley de medios, me quedo con la ley de medios.”

Fuente: Diario Página/12

Eduardo Galeano y el Mundial

In Paladar mostaza on 9 junio, 2010 at 10:09 AM

A partir del sábado que viene y hasta la finalización misma del Mundial Sudáfrica 2010, como viene sucediendo desde hace muchísimo tiempo y cada cuatro años exactos, Eduardo Galeano exhibirá un cartel en la puerta de su casa: “Cerrado por fútbol”.

El gesto, más divertido y diplomático que el “no molestar” de los hoteles (y al que podría acompañar con un “estoy trabajando para ustedes”, ya se verá), de todas maneras parece innecesario:

“Durante los mundiales directamente me voy del Planeta Tierra. Me mudo al Planeta Pelota, igual de redondo pero más chico. Me dedico a ver todos los partidos, o al menos a intentarlo, porque siempre pasa que alguno me pierdo. Pero lo que quiero decir es que me siento con una cervecita bien fría delante de la TV y me meto en una pelota. Y de ahí no salgo hasta que el Mundial se termina. Así de sencillo”.

Pero el Mundial todavía no empezó. Y el escritor uruguayo, antes de perderse en el laberinto de fixtures y horarios, esas coordenadas particulares del Planeta Pelota cuando la escena ocurre lejos, habló de todo.

Habló de Lionel Messi: “Es el mejor del mundo porque sigue jugando como un chiquilín en el barrio”. Habló de Diego Maradona: “Ha sido injustamente atacado, y aunque una cosa es ser jugador y otra técnico, todavía hay que darle tiempo y espacio”. En definitiva, habló de fútbol.

–¿Sigue teniendo con el fútbol la misma relación de siempre?

–Absolutamente. No podría estar alejado del fútbol. Soy fútbol-adicto. Y esto viene de la infancia más remota, porque mi padre me llevaba al estadio cuando yo todavía era un bebé. Y luego, claro, toda mi vida jugué al fútbol.

–¿Jugaba bien?

–No. Mal, muy mal. Era entreala derecho, lo que hoy sería un volante ofensivo, pero siempre fui un chambón, un pata de palo. Así que al final me resigné, acepté mi destino y terminé intentando escribir para ver si podía hacer con la mano lo que con los pies no pude hacer nunca.

–Pero esos intentos fueron apenas eventuales hasta la aparición de El fútbol a sol y sombra.

–Es verdad. Hasta ese libro yo había escrito muy poco de fútbol, pero después me tomé el tema más a pecho. Por fin hice lo que quería: jugar al fútbol con las palabras y a mi manera. A este libro lo voy actualizando luego de cada Mundial, y eso también tiene que ver con aquello de “Cerrado por fútbol”.

–El ejercicio de unir literatura y fútbol, por cierto, parece cada vez más aceptado, o al menos es más practicado.

–Celebro que haya gente que escribe muy bien y que no oculte su pasión futbolera. Cuando tenía 20 años, dirigí en Uruguay un diario independiente de izquierda. Se llamaba Epoca y tenía buena resonancia, con 35 mil ejemplares. Eramos todos muy jóvenes y capaces de esa locura, una experiencia maravillosa en la que nadie cobraba y de la que todos los militantes, unos 5 mil, éramos accionistas. Así que recuerdo muy bien lo que eran las asambleas, con 200 o 300 personas hasta las siete de la mañana, en las que yo tenía que dar la cara y defender las páginas dedicadas al fútbol. Era la pelea más feroz de todas, porque para los militantes de izquierda aquello era dilapidar cinco o seis páginas de un vocero de la clase trabajadora, de un diario antioligárquico, para consagrar al fútbol, el “opio de los pueblos”. Recién ahora la izquierda se está curando de esa enfermedad en la que acusa al fútbol de que la gente no piense. Ahora los intelectuales no tienen vergüenza.

–¿Y qué espera de este Mundial, como hincha y como intelectual?

–Que me ofrezcan una fiesta para los ojos. Ese prodigio de hermosura que el fútbol es. Obviamente que quiero que gane Uruguay, y si no es Uruguay que sean la Argentina o Brasil, los países que siento más próximos. Pero antes que nada soy un fanático del buen fútbol.

–Más allá de los colores…

–Más allá de los colores. De chiquilín era hincha rabioso de Nacional. Iba al talud (la popular), detrás del arco, es decir la tribuna más pobretona y más violenta, porque en aquel tiempo yo también me fajaba como cualquier hijo de vecino. Era bastante peleón. Tenía 11, 12, 13 años. Pero con el paso del tiempo fui descubriendo que lo mío es el fútbol, sobre todo cuando alguien me ofrece esa fiesta, la del fútbol bien jugado. Cuando ocurre ese milagro, lo agradezco sin importarme el equipo o la selección. Y más todavía: incluso en partidos de Nacional, confieso que muchas veces quiero, secretamente, que gane el menos poderoso, el más pequeño. Como me dijo una vez un amigo español: “Estás condenado, porque vas a estar siempre de parte del toro”. Nunca del torero. Por eso me hizo feliz el título de Argentinos Juniors, la posibilidad de que se rompa el monopolio, más allá de que tengo amigos que son hinchas.

–¿Sigue yendo a la cancha?

–Sí, sigo yendo. Es curioso, hasta masoquista diría, porque el fútbol rara vez me devuelve en el estadio algo que se parezca a la expectativa que me lleva. Espero ver un espectáculo bello y muy rara vez ocurre.

–¿Y a qué le atribuye la insistencia?

–Primero, a la diferencia que existe, por ejemplo, entre el cine y el teatro. Una cosa es ver el partido en el estadio, donde se escucha la respiración de los protagonistas, y otra cosa diferente es verlo por televisión. Pero también creo que tiene que ver con algún residuo de mi formación católica.

–¿Cómo es eso?

–Tuve una infancia muy católica. Creía en Dios y creía que Dios creía en mí. Ahora no creo más en el cielo, ni en el dolor, ni en ese elogio del dolor que la Iglesia Católica me metió adentro, pero me debe haber quedado algún efecto residual de aquel aprendizaje: que todo lo que sufras en la Tierra será recompensado en el cielo. ¡Debe ser eso lo que me lleva a la cancha! Pero también me lleva el espectáculo del público, el fervor, esas oleadas de entusiasmo que sentís cuando la gente está a tu lado y no cuando lo ves por televisión o te lo cuentan. ¡Y las ocurrencias de la gente! Recuerdo que había un jugador de Nacional, Escalada, que de 90 veces que pateaba al arco, apenas una era gol. En las restantes le gritaban: “¡Con la herradura no, con la herradura no!”. Eso también es parte de la fiesta del fútbol y es algo que yo, que siempre fui un escuchador, disfruto de manera especial.

–De aquella infancia católica y futbolera, ¿qué cosa recuerda con cariño particular?

–La pared de mi pieza, en la que tenía un crucifijo rodeado de figuritas. Ahí estaban Rinaldo Martino, aquel de San Lorenzo, y tantos otros que jugaron en Nacional. Era toda la pared pegada de figuritas alrededor del crucifijo. Y abajo, como para que no se vieran mucho porque eran “enemigos” de Peñarol, también había pegado a (Juan) Schiaffino o a (Julio) Abbadie. ¡Me gustó tanto verlos jugar! Abbadie era capaz de hacer que la pelota fuera rodando por la línea lateral y con puros amagues, sin tocarla, iba eludiendo a sus rivales. Me gustaría escribir como Abbadie jugaba. Me gusta ese fútbol, el de las orillas, el del wing, que en inglés significa ala. Abbadie era un hombre con alas.

–Como Garrincha.

Galeano fanático del Fútbol

–Exacto. Tuve la suerte de verlo jugar dos veces en Río. Era como ver a Chaplin en la cancha. Garrincha disfrutaba tanto que terminaba una jugada y se sentaba arriba de la pelota, después de dejar a todos sus rivales en el camino, provocando, como diciendo “a ver si me la sacan”. Después algunos lo querían degollar porque a veces ni siquiera hacía el gol.

–¿Messi tiene ese perfil de jugador “orillero”?

–Yo creo que Messi es el mejor del mundo porque no perdió la alegría de jugar por el hecho simple de jugar. En ese sentido no se profesionalizó. Están los que escriben por placer y están los que escriben por cumplir con el contrato o ganar dinero. Messi juega como un chiquilín en su barrio, no por la plata. Cómo se mete, cómo engaña, esa picardía que es tan linda de ver en los potreros. Cuando el fútbol profesional me desengaña demasiado, me voy por la rambla de Montevideo a ver a los chiquilines jugando en los campitos.

–¿Y a Diego? ¿Cómo lo ve en su función de director técnico?

–Creo que ha sido injustamente atacado. Una cosa es ser jugador y otra director técnico, pero hay que darle tiempo y espacio, ver qué pasa. Lo que ocurre es que Maradona tiene que cargar con una cruz muy pesada en la espalda: llamarse Maradona. Es muy difícil ser Dios en este mundo, y más difícil comprobar que a los dioses no se les permite jubilarse, que deben seguir siendo dioses a toda costa. Y el de Maradona es un caso único, el deportista más famoso del mundo, a pesar de que hace años que ya no juega, esa necesidad de protagonismo derivada de la popularidad mundial que tiene.

–En su último libro, Espejos, habla de Diego como un “dios sucio”.

–Pero no en un sentido insultante. Quiero decir que es el más humano de los dioses, porque es como cualquiera de nosotros. Arrogante, mujeriego, débil… ¡Todos somos así! Estamos hechos de barro humano, así que la gente se reconoce en él por eso mismo. No es un dios que desde lo alto del cielo nos muestra su pureza y nos castiga. Entonces, lo menos que se parece a un dios virtuoso es la divinidad pagana que es Maradona. Eso explica su prestigio. Nos reconocemos en él por sus virtudes, pero también por sus defectos.

–¿Usted lo considera capaz de llevar a la Argentina hasta la Copa del Mundo en Sudáfrica?

–La Argentina es uno de los favoritos a ganar la Copa por la riqueza de su plantel, con esto no estoy descubriendo la pólvora. Pero hablar de Maradona en esos términos me parece una desproporción, porque hoy se les da a los técnicos una importancia que para mí no tienen y que termina perjudicándolos: de hecho se los hace casi únicos responsables de una derrota. Es otra de las deformaciones del fútbol: se le da al técnico un aura científica, como si fueran colegas de Einstein. Antes ni se sabía quiénes eran los entrenadores. El mejor que conocí fue un señor que se llamaba Cóppola, que dirigía al equipo de un pueblito muy chiquito de Uruguay, Nico Pérez. Era peluquero, un día se sacó la grande y puso un cartelito en su local: “Cerrado por exceso de capital”. La cosa es que toda la táctica y toda la estrategia de Cóppola se reducía a lo siguiente: acompañaba a sus jugadores a la cancha, los palmeaba en la espalda a medida que iban saliendo y les decía, sencillo: “Muchachos, ¡buena suerte!”.

–Por afuera de lo estrictamente deportivo, ¿podría perjudicar el camino de la Argentina en el Mundial esta presencia tan mediatizada de algunos barras en Sudáfrica?

–Sería una pena, teniendo la Argentina tanta calidad de jugadores, que se embarrara la cancha por un tema así. En principio, el hecho de que viajaran junto con el plantel me generó preocupación. Pero espero que no ocurra ningún desastre, que no empañen lo que creo será un alto lucimiento, que no haya episodios de violencia por estos fanáticos que no aman al fútbol del mismo modo que los borrachos no aman el vino. Entre muchas otras cosas, Da Vinci escribió un libro en el que recogió fábulas de la región toscana de Italia, y ahí hablaba de eso: de la ofensa de una botella de vino por la mala manera en que la tomaba el borracho. Siempre pensé que era una fábula muy justa y es la misma relación entre el fútbol y los fanáticos de la violencia, ese desahogo que hacen de lo peor que el alma humana tiene.

–¿Y a Uruguay? ¿Cómo lo ve?

–Creo que mejoró mucho con relación a tiempos no tan pasados. Lo que ocurre es que Uruguay sigue siendo un país exportador de “pie de obra”. Vendemos mano de obra y, en el caso de los futbolistas, pie de obra. Hay más de doscientos jugadores uruguayos en el exterior. Tener esa cantidad afuera, en un país cuya población entraría en Avellaneda, habla de que estamos muy desangrados. Al período de esplendor de nuestros futbolistas lo vemos por la TV. De todas maneras, en función de esa calidad de jugadores, porque por algo son convocados de las ligas más importantes del mundo, yo tengo la ilusión de que Uruguay juegue lindo, juegue bien. Aunque ya no somos los que éramos.

–¿En qué sentido?

–Hay una parte de la historia que parece inexplicable: cómo un país despoblado y pequeñísimo pudo ganar la medalla de oro en fútbol de los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, el Mundial de Uruguay de 1930 y pudo vencer en el Maracaná, en el Mundial de Brasil de 1950, contra todo pronóstico. Pero eso tiene explicación: el papel fecundo que tuvo el Estado uruguayo en los albores del siglo XX. Uruguay estuvo en la vanguardia del mundo en educación libre, laica, gratuita y obligatoria, con un papel creativo, y allí estuvo integrada la educación física. Sembró campos de deportes en todo el país. Por no hablar de muchas otras cosas: las ocho horas laborales antes que en los Estados Unidos, el voto femenino antes que en Francia, la ley de divorcio 60 años antes que en España… cosas así. Eso explica cómo un país minúsculo pudo llegar tan alto. Pero el Estado perdió esa energía de cambio, se fue desinflando, y esa falta de continuidad en la vocación creadora del poder público se reflejó en el fútbol. Por eso digo que ya no somos los que éramos.

–El futbolista tampoco es lo que era.

–Eso es verdad. La gente deposita en ellos una carga enorme. Esto engorda el ego de quienes reciben el elogio multitudinario, pero a la vez representa una carga muy pesada. Hay una cosa muy perversa ahí.

–¿Cuál es, puntualmente?

–Fabricar ídolos para después voltearlos. Es un cuchillo de doble filo, en definitiva. La gente se reconoce en la alegría de un jugador, cuando gana o juega bien. Pero también los hace responsables de la desdicha colectiva cuando pierde. Porque allí el alma de mucha gente se de-sinfla.

Fuente: Diario Página/12

La entrevista se realizó en el programa De Puntín, de Ediciones Al Arco, AM 970, radio Génesis, sábados de 13 a 14.

Mi Mundial

In Exclusivos, Rudy on 2 junio, 2010 at 10:18 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Palpitar el mundial desde un país que no posee selección de fútbol (siquiera equipo alguno) es un hecho complicado. Cuando le pedí a mi jefa que por favor el sábado 12 de junio me deje entrar por la tarde (avisado con 15 días de anticipación), me preguntó si no era lo mismo seguir el primer partido de la Selección Argentina por Internet.

Muy a lo criollo le contesté: “mire doña, si usted va a soportar que venda sus vestidos de $500 dólares con camiseta de argentina, la cara pintada de celeste y blanco con amarillo en la nariz mientras tomo mate dulce, todo bien. Tenga claro que voy a gritar cada gol y que por dos horas no pienso quitar la vista de la computadora sin importar si por esa puerta entra Obama. Usted me dirá jefa, yo vengo y lo sigo por Internet, sin duda que si”.

Creo que la gente en este tipo de países no entiende que los argentinos vivimos el fútbol como una pasión difícil de encontrar y no se dan cuenta de que el mundial no se juega todos los días… hay que esperar cuatro largos años en los que puede pasar de todo (¿Quién hubiese dicho en el 2006 que Maradona sería el actual director técnico?). Ya lo he mencionado en otras ocasiones, pero no deja de sorprenderme que los hombres boricuas no hablen de fútbol JAMAS, asunto que los separa considerablemente del ADN del macho argento.

Acá hay de todo. Gente que me pregunta dónde se juega el mundial, personas que alegando conocimiento me dice que Argentina ya ganó el primer partido contra Canadá, incluso un hombre me preguntó si era legal que Maradona siga jugando al fútbol a su edad.

También un compañero poeta supo decirme con mucha seriedad “si claro que Argentina es candidata! Yo en el año 2002 festejé que ganaron el campeonato, me vi la final completa, merecían ganar, de hecho salí a festejar con unos compatriotas tuyos”. Yo me detuve a pensar y lo miré bien raro. El hombre me mira y se autocorrige “ha, no! a ese lo ganaron los brasileros, perdóname”.

Y que decirle! Parecía que me lo estaba echando en cara. Conté hasta 20 y le dije: “no se preocupe don, vaya con sus amigos brasileros pero a consolarlos que a éste lo ganamos nosotros”. En dichas ocasiones el orgullo patriótico me brota por los poros.

El tema de la gran cantidad de camisetas argentinas que se ven por la ciudad es bien particular. La más popular es la que lleva el “Messi” estampado en la espalda. La he visto en mujeres, niños, ancianos (siempre hablando de los “no argentinos” que la visten), tanto la original como las copias.

Es más, llegó un punto en que la vi tantas veces que le comenté a mi compañera de trabajo: “viste que lindo la mucha gente que apoya al equipo argentino…” a lo que me contesta: “si lo decís por las camisetas, las están vendiendo a diez dólares en Marshalls”.

Se me cayeron las lágrimas pero mi amiga tenía razón y no me pareció mal, en buena hora. Aproveché y compré dos para regalar, nunca está de más obligar a las personas a fanatizarse con un regalo tan simple: “No tenés equipo? Ahora sos del argentino, ok? Tomá”.

El fútbol es uno de los ingredientes más importantes que Argentina exporta al mundo. Es una de sus huellas personales, tanto como lo son el tango y la carne que tanto extraño. Cada vez que un compatriota descubre por mi acento que venimos del mismo lugar, tengo el agrado de ser invitada cordialmente a ver el mundial con ellos como si fuéramos de la misma familia, sentimiento que con la distancia se hace más hermano.

El dueño del café Siglo XX es un argentino bien fanático que sólo proyecta en los pantalla plana de su bar los canales Fox Sports y TyC gracias a su abono adicional en DirecTV.  El ya prometió regalar una cerveza por cabeza a cada uno de los presentes alentando al equipo nacional.

Hasta yo misma me veo hablando de fútbol con un vecino rosarino que parece no encontrar mejor compañía  para descargar su pasión. Para colmo el pobre amaba a Zanetti (socio de su fundación, me prestó su libro de fotos y todo!).

Lo rectifico: palpitar el mundial a la distancia es difícil y más aun cuando uno tiene todas las esperanzas puestas y se pregunta lo lindo que sería compartirlo con amigos entre asados y demás yerbas.  Siempre que me fui del país ocurrieron grandes acontecimientos: se embarazó mi hermana de mellizas, Cromañón, murió Michael Jackson y quien te dice que ahora Argentina gane la copa del mundo.

> Esta autora es Columnista permanente de este Blog


Ah, los malditos televisores

In Malas Viejas on 17 abril, 2010 at 11:41 AM

Por Hernán Casciari

Y ahora, fútbol en 3D. ¿Recuerdan el siglo veinte? Mirábamos dos, y hasta tres mundiales de fútbol con el mismo televisor. El del salón, el de siempre, ése al que no le funcionaba el ‘mute’. Pero un día llegó el nuevo milenio y, con él, una costumbre maldita: las propagandas en los buzones.

Al Mundial de Corea 2002 había que verlo en los flamantes televisores de plasma. Y allí fuimos a comprarlos. La Eurocopa de 2004 en los LCD, que eran más grandes, y no cansaban la vista. También los compramos, porque adoramos el fútbol. Durante el Mundial de Alemania 2006, ¿recuerdan ustedes?, todos a adquirir decodificadores para la TDT. Y en la Eurocopa de 2008, como locos a cambiar los televisores de 2002 (vetustos) y los decodificadores de 2006 (inservibles) por unos nuevos televisores Full HD con TDT incorporado. La tarde que España levantó la copa en Viena, pensamos que ya era suficiente.

Malas noticias, amigos: se acerca un nuevo Mundial. Empieza el 11 de junio, en Sudáfrica, y ya inventaron un televisor que convierte en basura bidimensional todo lo que teníamos en casa. En mayo (dentro de nada) los fabricantes de televisores ponen a la venta en España el Full HD 3D. Y Canal+ emitirá los mejores partidos del Mundial en formato tridimensional. Otra vez la misma historia: el corazón palpita, el cerebro duda, la esposa se queja, el bolsillo tiembla.

Las cuatro cosas ocurren cada dos años, nunca falla. Pero nosotros allá vamos, como niños en noche de Reyes, a dejarnos la vida en un nuevo televisor.

Fuente: Diario EL PAIS Blogs

+

Yo quiero creer…

In Pasiones, Prosas Propias on 3 marzo, 2010 at 1:59 PM

El sábado se iba a dormir y el domingo reinaba en la noche. La madrugada todavía oscura les pertenecía. Quedaban al menos unos 30 cigarrillos para compartir y seguramente el mozo no estaba aún cansado de servir rondas. El café estaba desierto, las mesas de billar lucían como expectantes e inamovibles dentro de las penumbras del humo y las lámparas bajas. Era sábado, mejor dicho ya domingo, pero en realidad era una escena de acuarela de cualquier fin de semana de los amigos, el fútbol y las discusiones (gracias a dios) interminables.

Marcelo, el mozo fue hasta el fondo a apagar la luz de la mesa 9 y volvió a sentarse en la banqueta de la barra esperando alguna seña que lo haga dejar el cigarrillo y acomodarse la camisa. Ramón del otro lado de la barra fue a buscar hielo y en la repisa de bebidas notó que el whisky se estaba acabando.

– Haceme acordar que mañana compre un etiqueta roja gorda!! – gritó por el pasador de platos hacia la cocina.
– Mañana es domingo viejo !! – le respondió su señora, la cocinera, desde adentro.
– Mañana Lunes entonces, si sabes que me equivoqué para que corregís carajo !!

Un estruendo entre las bolas de la mesa 2 recogió gritos y aplausos. Comentarios mientras uno deja el taco al borde del pizarrón y anota apurado antes que alguien le robe el triunfo.

– Y nosotros que hacemos? – insistió el mas joven.
– Como que hacemos boludo?, estamos esperando que llegue el gordo para jugar una mesita, o te cagas pendejo?
– Ah esta bien! Si me decías eso hace 2 horas cuando me llamaste me quedaba un rato mas con mi bruja, si sabes que el gordo se demora siempre.
– Es que ahora parece que se está por poner de novio el muy pollerudo! – dijo el morocho interrumpiendo la charla y despertando con el sonido del encendedor que había sacado de su saco para encender un cigarrillo.
– Mentira que se va a poner de novio – replicó sorprendido el Joven.
– Y si !! – se exalto el Gringo nuevamente – o pensás que sos el único que disfruta coger.
– Eh para el tono boludo !
– No pueden estar 2 minutos sin peliarse ustedes? – el Morocho subió los brazos a la mesa y ocupó la mayoria del cuadro de madera que tenía desparramados una botella chica de gaseosa, un cenicero y un Camel 20 Box. – mierda loco, siempre lo mismo.
– Perdón negro, ya está.
– Si sorry, ya fue.

El salón era bastante amplio, igualmente si la crisis no fuera tal y ya hubiesen pagado los sueldos de la administración pública, el lugar estaría lleno y difícilmente se podría hablar como en un café tranquilo. Pero no había nadie, en la mesa 2 jugaban y de a ratos algunos gritos rompían la soledad del resto de las mesas. Alrededor del Morocho, el Jóven y el Gringo solamente había mesas quietas y un humo denso que parecía llevar años allí adentro.

– Por fin llegaste Gordo !
– Si perdón, pero la lluvia no me dejaba salir de casa.
– Llegaste y es lo importante – dijo el Morocho apenas levantandosé de la silla.
– Ya te pusiste de novio? – preguntó insolente el Joven trayendo una silla de la mesa de al lado.
– Veo que estuvieron hablando no?
– Nadie dijo nada, además yo los invité acá hoy y no es por tu novia – dijo el Morocho mientras se puso serio.
– Mozo otro vaso y que vengan los 4 llenos.
– Hielo? – gritó el mozo desde la barra
– Si querido !! trae hielo también – contestó renegando el Gringo – hace mil años venimos y siempre pregunta este gil.

Los vasos ocuparon la mesa, el hielo los vasos y el alcohol la escena. Otro cenicero que se vacía y la expectativa.

– Bueno, che muy lindo todo, pero nos vas a decir para que nos trajiste Negro? – increpó el Joven al Morocho.
– Obvio les voy a decir – contestó el Morocho dejando el cigarrillo – pero antes voy al baño.
– Uh bueno anda y volvé rápido que si la noticia es que estás embarazado se te nota hace bastante la panza – gritó el Gringo y la mesa rompió en risas burlonas pero cariñosas, como de quienes se conocen a décadas y tienen la confianza de los hermanos entre ellos.

– Che que será lo que nos va a contar?
– Ojalá no sea una enfermedad o algo así.
– Tiene feo color.
– Y está fumando mucho últimamente.
– Pero que dicen mamertos? – se enojó el Gordo – el Negro está mejor que ninguno, debe ser otra cosa no sé.
– Y si no sabes como sabes?
– Capaz la mina lo va a dejar – agregó otra hipótesis el Gringo – o se va a cambiar de sexo capaz.

Y otra vez las risas y las palmadas. El alcohol en los labios. Una servilleta en la barbilla y el Morocho volvió a arrojar su cuerpo sobre la silla con su manera de sentarse que hacía que los jugadores quisquillosos de la mesa 2 miraran con mala cara.

– Bueno dale conta Gordo!
– Estuvieron hablando no? JA! mierda que los conozco.
– Nada que ver, no dijimos nada – dijo el Gringo con cara de atorrante y riendo dejó el vaso – o casi nada, dale conta.
– Bueno les voy a contar. Los convoqué esta noche acá porque son mis 3 mejores, y únicos, amigos. Son en los que confío, los que invito a los cumpleaños de mis hijos y los que cada navidad pasan a saludarme y se bancan el budín de mi esposa que no es el mas rico.
– Es feo digamos la verdad – acusó el Gringo con otra risa.
– Dejá hablar.
– Está bien, como sea el budín. Ustedes son mis amigos, mis hermanos, nos conocemos hace mil años o un poco mas – suspiró mirando el cigarrillo que estaba por prender – y por eso los llamé. Porque me acabo de enterar de algo y se los quiero contar. Ayer me llegó mal el diario, bah me llego como todos los días pero adentro me vino una hoja escrita a mano. Y no se trata de que el diarero me puso alguna gilada porque perdió Racing o algo asi. No! Don Enrique ya no me hace eso porque sabe que lo re puteo o le dejo de comprar la revista esa que compra mi esposa viste?. La cosa que abro el diario viste en la Editorial que es lo que me gusta leer primero a mi, viste? y con que me encuentro? con esta hoja. Una hoja normal, Rivadavia o algo así, típica del cole de los pibes. Entonces la agarro, me acomodo los lentes; porque la letra era bastante mala, y la leí.

– Otra ronda, Marceloooo – gritó el Joven.
– Shh callate pendejo
– Bueno Gringo, pero que queres que telepaticamente te llene el vaso el mozo?
– Bueno sigo? – se acomodó el Morocho en la silla.
– Si dale no les des bola a estos, que decía la hoja? – arremetió el Gordo.
– Agarro la hoja, cierro el diario para no ensuciarme mas los dedos y manchar encima la hoja que no era mía. Y me puse a examinarla. Mientras manotiaba los lentes, me dí cuenta que era una lista de nombres o cosas o algo. Ya con los lentes puestos y el cordoncito ese que uso para que no se me caigan pasados para la nuca, pude ver todo claramente.
– Y que decía??!! Poné segunda para contar che negro !
– Que apuro tenes si tu señora no te quiere ver mañana hasta el asado !!
– Bueno no empiecen – apagó el cigarrillo el Morocho y se preparó para seguir – la lista tenia 22 nombres, algunos con unas marcas al lado, otros subrayados en rojo. Algunos eran apodos, otros disminutivos o apellidos cortados. Y lo mas importante: abajo, al final, había una firma.

El silencio se acomodó en la mesa y mientras el mozo servía, nadie dijo nada. Era como si el Morocho hubiese dejado flotando el nombre de una asesino buscado por la ciudad o algún secreto de Estado, que nadie se animaba a continuar escuchando.

– Dame un cigarrillo, Gringo !
– Pero si ni piteas vos pendejo !, no rompas.
– Dame uno, prendido que no sé prenderlo, por favor.

Los nervios rondaron sin disimulo por unos segundos mas. El mozo se fue y el Morocho volvió a tomar la palabra con las miradas, clavas en sí, de sus amigos.

– Eran 22 nombres. 22 personas. Para ser mas precisos: 22 jugadores de fútbol.
– Ah era cualquiera ! – interrumpió el Gringo – porque no jugamos al billar y dejamos de giladas? eh?
– Para !! – dijo el gordo – capaz es algo, no sé. Porque nos contas esto con tanto miedo Negro?

El Morocho, encendió otro cigarrillo y con la primera bocanada de humo dijo; Es por la firma. La firma no es de cualquiera que pone 22 nombres o que arma un equipo como vos o yo.

– Y de quien era?
– La firma era de Maradona.

Silencio y miradas cruzadas entre los amigos del Morocho que miro hacia el piso tras repetir; de Maradona era la firma. El Gordo, el Gringo y el Joven estallaron en risas y corrieron las sillas alejandosé de la mesa para poder doblarse y arrojar carcajadas que directamente hicieron que putearan los de la mesa 2.

– Pero que? – dijo entre risas el Gringo – que te estas carteando con el DT de la selección ahora Negro? jajaja !
– Que grande el negro che! que manera de hacer reír – exclamó secando lágrimas de risa de la mejilla el Joven – y yo que pensaba que estabas enfermo o algo así negro, salís con esta cagada.
– Y si es de él? – dijo el Gordo mas sereno y no tan risueño.
– És de él ! – aseguró el Morocho – yo sé que la firma es la del 10 !! es de Diego.
– Pero si la firma del Diego la saca perfecta hasta el hijo de Miguel que vive a la vuelta de casa. Cualquiera la hace.
– No importa lo que me digas Gringo, yo sé que es de Maradona la firma que tengo.
– Bueno pero hagamos de cuenta que es de Diego – dijo el Joven – que ganamos con eso, todavía no entiendo como llegó a tu diario.
– Eso es lo que no sé y eso es lo que me preocupa – se notaba tensa la voz del Morocho – porque si esa lista de 22 futbolistas es la que Diego conformó para el Mundial, hay que devolversela.
– Ustedes están fumando algo raro y yo no me enteré – ironizó el Gringo – dejen de joder con el Diego y el diario, debe ser algo del diarero que siempre te jode, porque no jugamos al billar y listo?
– Porque estás tan seguro Negro que esa lista es de Diego? – preguntó el Joven algo mas calmo – mas allá de la firma.
– Además de la firma? Mira – apagó el cigarro el Morocho – es la lista de Diego. Estoy seguro. Porque nadie puede conformar esa lista. Sólo él. Nadie se atrevería a meterse entre Diego y sus 22 jugadores que va a llevar al Mundial. Quien podría ser tan loco y desmedido en su respeto de tomar una hoja y redactar 22 nombres sin ser Maradona? Solo un loco podría hacer eso. Nadie que esté cuerdo puede creerse capaz de ocupar el lugar de Diego. Además quien osaría de firmar como Diego, con el 10 y todo. Hacer una lista en nombre de Diego !!

Los 4 lados de la mesa permanecieron en silencio y las miradas diambularon unos segundos entre los vasos y las mesas vacías. Pensativos. Alguien acomodó la silla. El Joven vació el cenicero y lo volvió a poner en el centro de la mesa y se arrojó a romper a la quietud.

– Bueno. Y que hacemos? Tenemos la lista de Maradona para el Mundial. Ahora que?
– Hay que devoverla.
– La debe necesitar.
– Ustedes están mal de la cabeza no?
– Porque decís así Gringo !!?
– Y porque sí, encontras un papel de mierda entre el diario y pensas que es del DT de la Selección. Traidor ese, que nos dejó afuera del `94 !!
– Que tiene que ver eso !! También te dió el ´86 o ya ni te acordás?
– Lo que sea que haya hecho no borra lo otro. Yo no le debo nada, no pienso moverme para hacer nada por él.
– Uh sos un salame, es Diego gil !
– Bueno no lo hagas por Maradona, hacelo por la Argentina. Por todos, por nosotros, por tus hijos.
– Que tienen que ver mis chicos en esto, ustedes están locos, los 3 están borrachos parece!
– La lista tiene a los 22 que van al Mundial, como no se la vamos a devolver a Diego?
– Hará otra – contestó tajante el Gringo, todavía enojado – o que pensas que no se la acuerda?
– No Gringo, no es ese el tema – dijo el Gordo – la cosa es que esta lista es LA lista. Mira si no se la acuerda o se traspapela un nombre o lo que sea.
– Estos son los que nos van a sacar campeones o no entendes?
– Bueno y que quieren? que se la devolvamos? Como?
– No sé, para eso los llame a que vengan y me ayuden a resolver esto – dijo el Morocho turbado por la discusión.

Por unos minutos nadie habló. Los vasos se vaciaron y quedaban cada vez menos cigarrillos. Nadie volvió a llamar al mozo.

– Ya sé – exclamó el Joven – si vino en un diario, tenemos que devolverlo de la misma manera.
– Ser parte de la magia ! – dijo el Gordo – yo leí que si crees en algo podes hacerlo, en serio, deberíamos probar.
– Tu señora que te pudre la cabeza con Rolon y Coehlo lo dijo?
– En serio Gringo, tenemos que intentar lo que sea. Es la selección.
– Mozo – gritó el Morocho – me darías el diario por favor. De ayer !!

El mozo dejo el diario después de levantar los vasos y pasar un trapo.

– En que pagina la ponemos?
– En la editorial, en la central – dijo inquieto el Morocho – ahí la encontré por lo menos.
– Bueno yo lo abro y vos tiras la lista adentro y yo cierro rápido haber que pasa dale?
– Dale – dijo el Morocho metiendo la mano en el bolsillo del saco – dale
– A las 1, a las 2 y a las 3…

El diario se abrió en la página central y el Morocho en un segundo colocó la hoja de papel entre las hojas en blanco y negro. En un parpadeo, el diario estaba de vuelta cerrado y el Gordo lo había soltado sobre la mesa. No había nada mas que el diario sobre la mesa. Ninguno se animaba a tomarlo y fijarse que había pasado.

– Y? – pregunto exceptico le Gringo
– Y que?
– Y fijensé que mierda pasó.
– No sé fijensé ustedes, yo estoy muy nervioso, me hace calor – dijo el Morocho desabrochando su camisa casi hasta el pecho.
– Yo me fijo – dijo el Joven.

Sus manos algo temblorosas y muy limpias se volvieron sobre la mesa buscando el lomo del diario. Se sumó la tenaza derecha y comenzó a pasar las hojas con lentitud.

– Dale !! – gritaron impacientes todos.

El diario quedó abierto de par en par en la pagina central. Allí estaban las editoriales, una columna internacional y algo mas que no significaba mucho. Pero la lista brillaba por su ausencia. Ni rastros. Ni una marca, ni un nombre de los 22. Nada había quedado en el diario. Los 4 amigos se miraron entre sí sin poderlo creer. Todos habían visto el momento en el que la hoja que arrojó el Morocho había sido apresada por las hojas del diario, por la pagina central, y ahora no estaba. Había desaparecido.

– Le habrá llegado a Diego?
– No sé, esperemos que si !
– Te la acordas a la lista?
– Obviamente… – dijo el Morocho encendiendo el cigarrillo – obviamente que no la leí, era de Diego, no mía. Es de Diego ahora que se la devolvimos.
– Pero ni un nombre viste?
– No !! Igual es la selección, es nuestra, de todos. Al fin al cabo a la lista del mundial se la di yo a Diego.

Los 4 amigos volvieron a estallar en risas, a pedir otra ronda y a sentirse parte de la magia. Unidos y creyendo que es posible.