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“Es una gran época para escribir terror o ciencia ficción”

In Paladar mostaza on 22 enero, 2011 at 6:38 PM

Joe Hill, el hijo Stephen King presenta su nueva novela y continúa con el género y las mañas del padre. Descree de la supremacía del realismo y asegura que el terror contesta las preguntas más oscuras.

Joe Hill nunca fue  un chico normal. De chico, ni siquiera se llamaba así. En las paredes de su cuarto no colgaba pósters de cantantes de rock, de deportistas o de chicas desnudas. Sus héroes eran realizadores de efectos especiales de películas de terror. Estaba más preocupado por enfermarse y  por los rehenes norteamericanos en Irán, que por la oscuridad.

Joe Hill nunca tuvo la opción de ser un chico normal. La culpa –para bien o para mal- quizás haya sido de sus padres, la escritora Thabita King y el maestro absoluto del terror Stephen King. Cuando Joe nació su padre ya le había dedicado un libro. “Es para Joe Hill King, quién brilla”, reza la segunda página de El resplandor.

Carne de cañón para cualquier analista, con semejantes antecedentes desde la cuna, se largó a escribir y prefirió no cambiar el género que hizo rico y famoso a su padre. En cambio, prefirió cambiar su verdadero nombre Joseph Hillstrom King por el del activista norteamericano que admiraba su padre. “Entonces tenía la necesidad de aprender mi oficio sin la presión de ser el hijo de un tipo famoso. Quise darle a mis ficciones la chance de triunfar o fracasar por sus propios méritos”, recuerda vía mail.

Con la coraza del pseudónimo publicó una docena de cuentos, varios libros de cómics que serán adaptados para la televisión, cosechó una buena cantidad de premios y terminó dos novelas –fiel al estilo de su padre- de casi 500 páginas. Cuernos (Suma de letras) –la segunda de ellas- acaba de editarse en Argentina. “Es un trabajo que está en la tradición del realismo mágico latinoamericano. Es una historia trágica de amor que trata de un hombre convirtiéndose en diablo”, explica sin demasiada propiedad Hill o King, como usted prefiera.

Porque Cuernos es la historia de Ignatius Perrish, un tipo al que le mataron la novia, y que después de una tremenda resaca se levanta con dos cuernos diabólicos en su cabeza. Semejante anzuelo ocurre en la primera página del libro, así que imagínense el devenir del protagonista convertido en demonio.

-Muchos opinan que hay una nueva supremacía del realismo. ¿Cuál es la situación en su país?

-¡Diablos, no!  La popularidad del realismo está en descenso en todas partes y también en Estados Unidos. Es una gran época para escribir terror, literatura fantástica o ciencia ficción. Las audiencias están cada vez más abiertas a la idea de que la historia pueda incluir elementos del género sin perder profundidad. Hay escritores como Cormac McCarthy escribiendo ciencia ficción apocalíptica y Michael Chabon escribiendo un nuevo Sherlock Holmes de misterio. Al mismo tiempo, escritores como el novelista de crímenes Dennis Lehane o mi padre están  obteniendo el reconocimiento que merecían y antes les negaban.

-¿Por qué el género del terror es tan exitoso?

-La gente elige este tipo de ficción para explorar preguntas que son difíciles de enfrentar y que no tienen respuestas sencillas. ¿Qué pasa cuando nos morimos? ¿Cómo son los últimos momentos de tu vida? Si hay un Dios decente ¿por qué permite que a la gente le pase semejantes cosas? Escapamos de esas preguntas todos los días y el terror permite indagar sobre las más grandes y oscuras preguntas.

Con apenas 38 años, Hill aprendió rápido a interactuar en el circo que rodea a la literatura. Sugiere títulos y deja frases latentes. Cuando se le pregunta por la experiencia más escalofriante que pasó en su vida –algo quizás significativo  en un tipo que se dedica a ponerles los pelos de punta a sus lectores- contesta lacónico. “Hubo un par de meses en los que tenía miedo de perder la cabeza. Tuve que luchar durante un tiempo contra la paranoia y la ansiedad. Pero no quiero entrar en esos detalles”, dice quizás sólo para crear misterio. Cuando en cambio se vuelve a su idea de que el terror es tan prolífico como subvalorado en su país se apresura:Estados Unidos es prolífico en todos los géneros. Nuestra exportación número uno es la industria del entretenimiento. Somos el país que hace hits musicales sólo para vender coca-colas”.

-En Cuernos, en otros de tus cuentos y en esta entrevista has citado más de una vez al diabli y a Dios. ¿Cuál es su relación con la religión?

-La Biblia del Rey James es el documento más importante de la literatura occidental y un tesoro oculto de la historia. Yo tengo mis propias creencias religiosas. No soy un gran fan de la religión organizada. Soy un tipo que piensa que la gente enloquece en las congregaciones y que sana sólo por sí misma.  Una de las versiones que más me gusta diablo es el Lucifer que ofrece Mick Jagger en “Simpatía por el diablo”. Igual que el demonio de El exorcista. Pero mi demonio favorito es el caminante de La zona muerta.

No hace falta explicar por qué. Ese es el diablo de papá King.

http://vimeo.com/17152501

Fuente: ÑBdeLujo

Entrevista de Mario Vargas Llosa a Gabriel García Márquez

In Paladar mostaza on 12 diciembre, 2010 at 1:05 PM

“¿Para qué crees que sirves tú como escritor?”, preguntó Mario Vargas Llosa. “Tengo la impresión de que empecé a ser escritor cuando me di cuenta de que no servía para nada”, contestó Gabriel García Márquez. ”Ahora, no sé si desgraciada o afortunadamente, creo que es una función subversiva ¿verdad? en el sentido de que no conozco ninguna buena literatura que sirva para exaltar valores establecidos…”, agregó.

Así empezó el diálogo sobre “La novela en América Latina”, durante las mañanas primaverales del 5 y 7 de setiembre de 1967 en la Facultad de Arquitectura de la UNI, Perú. Ambos notables novelistas que décadas después serían consagrados con el Premio Nobel de Literatura (Gabo en 1982 y Mario en el 2010), todavía eran amigos. Aquí algunos fragmentos de esa conversación.

Resortes literarios

VLL. ¿Esa inconformidad que expande la literatura en el ámbito social puede ser prevista, calculada por el escritor cuando su libro llegue a sus lectores…?

GM. No. Creo que si eso es previsto, que si es deliberada la fuerza, la función deliberada del libro que se está escribiendo, desde ese momento ya el libro es malo. Pero antes quiero establecer esto: cuando aquí decimos escritor, cuando decimos literatura, nos estamos refiriendo a novelistas y a la novela, porque de otro modo podría prestarse a malas interpretaciones… Creo que el escritor siempre está en conflicto con la sociedad…

VLL.¿Qué otros factores serían los preponderantes, qué elementos determinarían la realidad de la obra literaria?

GM. A mí lo único que me interesa en el momento de escribir una historia es si la idea de esa historia pueda gustar al lector y que yo esté totalmente de acuerdo con esa historia… Precisamente estoy preparando la historia de un dictador imaginario que se supone es latinoamericano y tiene 182 años… Lo que quiero en este caso, es expresar que en la inmensa soledad del poder no hay arquetipo mejor que el del dictador latinoamericano que es el gran monstruo mitológico de nuestra historia.

La soledad

VLL. Una pregunta más personal… porque al hablar de la soledad yo recordaba que es un tema constante en todos tus libros, inclusive el último se llama, precisamente, “Cien años de soledad”, y es curioso, porque tus libros siempre están muy poblados o son muy populosos…

GM. En realidad no conozco a nadie que en cierta medida no se sienta solo. Este es el significado de la soledad que a mí me interesa. Temo que esto sea metafísico y que sea reaccionario y que parezca todo lo contrario de lo que yo soy, de lo que yo quiero ser en realidad, pero creo que el hombre está completamente solo. Creo que es parte esencial de la naturaleza…

VLL. Quisiera que nos hablaras de este elemento que diríamos cultural, ¿qué lecturas influyeron mayormente en ti cuando escribiste tus libros?

GM. Yo conozco mucho a Vargas Llosa y sé dónde está tratando de llevarme. Quiere que le diga que todo esto viene de la novela de caballería. Y en cierto modo tiene razón. Uno de mis libros favoritos que sigo leyendo es el “Amadis de Gaula” y creo que es uno de los grandes libros que se han escrito en la historia de la humanidad, a pesar de que Mario Vargas Llosa cree que es el “Tirante el Blanco”… Toda esta libertad narrativa desapareció con la novela de caballería, en la que se encontraban cosas tan extraordinarias como la que encontramos ahora en América Latina todos los días. Las relaciones entre la realidad de América Latina y la novela de caballerías son tan grandes…

VLL. Tal vez podrías llegar a hablarnos del realismo en la literatura, cuáles son los límites del realismo y, ante un libro como el tuyo, donde ocurren cosas muy reales, muy verosímiles junto a cosas aparentemente irreales, como esa de la muchacha que sube al cielo en cuerpo y alma, o un hombre que promueve treinta y dos guerras, lo derrotan en todas y sale ileso de ellas… ¿Tú crees que eres un escritor realista, o un escritor fantástico o crees que no se puede hacer esta distinción?

GM. No. No. Yo creo que particularmente en “Cien años de soledad”, soy un escritor realista, porque creo que en América Latina todo es posible, todo es real. Creo que tenemos que trabajar en la investigación del lenguaje y de formas técnicas del relato, a fin de que toda fantástica realidad latinoamericana forme parte de nuestros libros… Asumir nuestra realidad, que es una forma de realidad, puede dar algo nuevo a la literatura universal…

La explotación colonial

VLL. Hay un capítulo en donde yo creo que tú has descrito con gran maestría el problema de la explotación colonial de América Latina. A mí me gustaría que lo explicaras de alguna manera.

GM. La historia de Macondo y las bananeras es totalmente real. Lo que pasa es que hay un raro destino en la realidad latinoamericana, inclusive en casos como el de las bananeras que son dolorosos, tan duros, que tienden, de todas maneras, a convertirse en fantasmas. Con la compañía bananera empezó a llegar a ese pueblo gente de todo el mundo y era muy extraño porque en este pueblito de la costa atlántica de Colombia, hubo un momento en el que se hablaba todos los idiomas. La gente no se entendía entre sí; y había tal prosperidad, es decir, lo que entendían por prosperidad, que se quemaban billetes bailando la cumbia… Los trabajadores que reclamaron pagos en dinero y no en bonos y lo que pasó fue que el Ejército rodeó a los trabajadores en la estación y les dieron cinco minutos para retirarse. No se retiró nadie y los masacraron…

Periodismo y literatura

VLL. ¿Por qué no nos cuentas cómo conciliaste la actividad periodística con la actividad literaria, antes de escribir “Cien años de soledad”? ¿Crees que estas actividades paralelas dificultaban el ejercicio de tu vocación…?

GM. Mira, durante mucho tiempo creí que la ayudaban, pero en realidad todo dificulta al escritor, toda actividad secundaria. Yo no estoy de acuerdo con lo que se decía antes: que el escritor tenía que estar en la miseria para ser mejor escritor. Yo creo de veras que el escritor escribe mucho mejor si tiene sus problemas domésticos y económicos resueltos, y que mientras mejor salud tenga y mejor estén sus hijos y mejor esté su mujer, dentro de los niveles modestos en que nos podemos mover los escritores, siempre escribirán mejor. […]

Pero tú y Cortázar y Fuentes y Carpentier y otros, están demostrando, con veinte años de trabajo, de romperse el cuero, como se dice, que los lectores terminan respondiendo. Estamos tratando de demostrar que en la América Latina los escritores podemos vivir de los lectores, que es la única subvención que podemos aceptar.

Fuente: El Comercio