maximo tell

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El oficio del periodista

In Derecho a Replica, Paladar mostaza on 15 agosto, 2011 at 10:00 AM

Un colega me recomendó esta nota y quisiera que la lean. Fue publicada por La Nación y escrita por  Hinde Pomeraniec. Por supuesto que coincido en la mayoría de los conceptos vertidos, aunque quedan varios interrogantes para revertir algo que a veces suena tan simple: Hacer periodismo.

Después del desayuno, envuelta en su bata bordó, ella se acomodaba en su sillón favorito. Erguida pese a su enfermedad, pasaba horas con la radio apoyada en su oreja izquierda y el diario abierto sobre la falda. Al mediodía, Juana nos pedía que subiéramos el volumen de la TV, para ver el noticiero. Mi abuela veía, leía y escuchaba noticias, como muchos argentinos, consumidos por ese cóctel explosivo entre la razón política y la pasión de saber. Toda su vida había sido comerciante, de modo que su conocimiento o su capacidad de análisis se ponían en juego siempre en el intercambio con el otro, una esgrima intelectual permitida incluso para los menos educados.

Como muchos entonces, era fiel seguidora de algunos periodistas y no le temblaba el pulso para cambiar el dial para seguirlos, si ellos cambiaban de emisora. A veces coincidía con sus opiniones, otras las discutía, pero era difícil imaginar que pudiera quebrarse su lealtad. Pese a su educación precaria, siempre consumió noticias de manera crítica y lejos de toda obsecuencia, como lo hace la mayoría de la gente que conocí y conozco.

En los últimos años, el periodismo -su rol en la sociedad, su relevancia y hasta su puesta en acto- se ha convertido en objeto de discusión al borde de la falta de respeto por el oficio, de la mano de avances tecnológicos que facilitan herramientas al punto de confundir a quienes creen que un par de búsquedas acertadas en Google pueden convertirlo a uno en periodista, o en persona autorizada a enseñar desde un blog cómo deben hacerse los diarios. Las redes sociales y su infinita potencia expresiva sumaron algo de confusión, y también lo hicieron los mismos medios, que, a través de la idea del “periodismo cívico o ciudadano”, consiguen información de primera mano ahí donde no hay un corresponsal y, por si fuera poco, gratis. Desde siempre, quien acerca información a un medio es apreciado como una buena fuente, pero de ahí a “recibirse” de periodista hay un trecho.

¿Y qué es un periodista? Buena pregunta: siempre se llamó así a aquellos que cuentan los hechos, difunden noticias, informaciones útiles o escriben artículos de análisis u opinión; los que a través de una entrevista obtienen información y también a los dotados de sensibilidad especial para la escritura de notas de color, artículos que a través de un relato o de un perfil logran trasladar al lector al escenario de los hechos.

Sin embargo, últimamente, y por lo menos en la Argentina, todos los matices del periodismo parecen haberse reducido al periodismo de opinión. Tener un blog donde volcar ideas puede ser un excelente modo de expresión, un terreno fértil para la subjetividad y hasta el inicio de la brillante carrera de un escritor, pero poder decir lo que pensamos no nos transforma automáticamente en periodistas.

Y es que el periodismo se hace en las calles, las redacciones y los estudios de radio y TV, y no desde una computadora individual, porque es una disciplina que precisa de la interacción y el intercambio de ideas. Quiero ser clara y busco no ser ofensiva: una licenciatura en Comunicación convierte a alguien en periodista tanto o tan poco como una licenciatura en Educación lo convierte en docente. Eso que se llama ser un periodista sólo viene con la práctica y antes se llegó por el deseo y la admiración por un oficio, ni más importante ni más necesario que otros, pero con sus propias reglas. No estoy hablando de habilitaciones académicas, sino de credenciales profesionales que sólo se consiguen con entrenamiento adecuado, lectura abundante, el trato con los maestros y la experiencia.

Si no pasaste horas chupando frío para conseguir una frase a las puertas de un entrenamiento, de una oficina pública o de una fiesta privada o si no te desesperaste en una redacción o un piso esperando que se resolviera una elección porque el cierre te apuraba, tal vez sea difícil entender de qué estoy hablando cuando me indigno porque algunos se proclaman periodistas desde una página web que pretende estudiar el país y el mundo desde su cosmovisión pequeñita 2.0. No soy en absoluto una negada a la tecnología, pero la entiendo como una filosofía cuanto menos modesta para ser acaso la única formación intelectual y técnica de un periodista.

En su última y exitosa novela, Betibú , Claudia Piñeiro aborda el tema a través de la relación de dos periodistas, uno muy joven y el otro a pocos años de jubilarse. Ambos son cronistas policiales o, mejor, uno -Jaime Brena- fue el más brillante de los periodistas del género y fue alejado de la sección por las autoridades del diario, y el otro -no tiene nombre, es “el pibe de Policiales”- terminó ocupando un lugar vacante. Uno está en sus sesentas y supo sentir pasión por el oficio. Otro está en sus veintes y disfruta de sus horas de ocio navegando en las redes sociales. La historia los encuentra juntos, buscando resolver el crimen de un hombre poderoso.

“¿Sabés cuál es tu problema, pibe? Mucho Internet y poca calle. Un periodista policial se hace en la calle. ¿Cuántas veces te escondiste detrás de un árbol vos?, ¿cuántas veces llamaste a un testigo de un crimen o a un pariente del muerto haciéndote pasar por el comisario Fulano de tal?”, le dice Brena al chico en el arranque de lo que va a ser su iniciación en el rubro. Poco a poco, el novato terminará mostrando que la tecnología hoy también puede ser una aliada a la hora de investigar. Y mientras el mayor se saca los lentes del prejuicio ante la edad de su nuevo socio, el más joven también descubre que hay cosas que no llegan naturalmente o por Twitter, sino que se construyen con el tiempo, como ciertos saberes y competencias.

Me gustaría que no se leyera esta nota como una defensa reaccionaria o corporativa escrita desde el resentimiento o la nostalgia, sino como un elogio del oficio que elegí hace años y en el que sigo creyendo. No suelo clasificar a la gente de este gremio por sus convicciones políticas, sino por su decencia y su capacidad profesional, y por eso no voy a discutir la categoría de militante (los periodistas debemos militar, sí, pero por causas y no por gobiernos) y tampoco la de periodismo independiente: la independencia no puede ser exigida como credencial de neutralidad porque más que un hecho concreto es siempre una idea por alcanzar, una meta que necesariamente va de la mano de la honestidad intelectual y el espíritu crítico.

Entre quienes considero periodistas profesionales hay gente a la que quiero y gente a la que no; gente a la que respeto intelectualmente y otra a la que no. Creo en las reglas de este oficio como creo en la capacidad crítica de la gente que consume las noticias, más allá del formato y el origen de los medios de los que extrae esas informaciones.

La memoria se empecina en traer el recuerdo de mi abuela, sus lealtades y la obstinada defensa de sus ideas. Sin embargo, y pese a ser una activa cuestionadora, a Juana jamás se le ocurrió señalarle a los medios cómo debían hacer su tarea. Le hubiera parecido tan temerario como enseñarle a un médico a curar.

Foto: mcshuibhne.com

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¿Assange es periodista?

In Derecho a Replica on 20 diciembre, 2010 at 8:20 AM

Por Juan Gelman

Sí para algunos, no para otros, quién sabe para muchos. Este tema deriva, con presunción jurídica, de la voluntad de juzgar a Assange en EE.UU. que la Casa Blanca y varios congresistas no ocultan. Si el australiano es periodista y su difusión de documentos por Wikileaks es similar a la de cualquier periódico o agencia noticiosa, la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense impide que lo procesen: prohíbe expresamente la promulgación de toda ley que inhiba el ejercicio de la libertad de prensa. Hay que buscar otro camino legal o con visos de legalidad.

El Comité Judicial de la Cámara de Representantes comenzó a explorar el asunto el jueves que pasó. Una de las alternativas examinadas en esta primera audiencia, a la que fueron citados siete fiscales, abogados y peritos, fue la aplicación de la Ley de Espionaje aprobada en 1917, cuando EE.UU. decidió participar en la Gran Guerra del ’14-’18 y la histeria belicista guiaba los pasos de gobierno y Parlamento. Raras veces surtió efecto, en ocasiones ninguno. El senador independiente Joe Lieberman y dos colegas republicanos presentaron un proyecto de ley que califica de ilegal la difusión de informaciones clasificadas y que permitiría, si se aprueba, echarle el guante al fundador de Wikileaks. Se escucharon opiniones contrarias en la audiencia.

Geoffrey Stone, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, tachó de inconstitucional el proyecto de los tres senadores: aplicarlo a ciudadanos particulares que no son funcionarios del gobierno violaría la Primera Enmienda, aseveró. Ralph Nader, el repetido candidato a la presidencia por el Partido Verde, centró el problema en “la abismante falta de seguridad” que el gobierno muestra en el manejo de documentos delicados y subrayó: “La supresión de información ha provocado más pérdidas de vidas, verdadera amenaza a la seguridad estadounidense, y demás consecuencias que se atribuyen ahora a Wikileaks y a Julian Assange” (www.talkradio.com, 16/12/10).

Para el presidente del Comité Judicial, el representante demócrata John Conyers, no hay nada que punir: “EE.UU. se ha basado en la idea de que la libertad de expresión es sacrosanta –declaró–. No hay duda de que Wikileaks es muy impopular en estos momentos, pero ser impopular no es un delito y publicar informaciones agresivas tampoco. Me incomodan mucho los llamados insistentes de políticos, periodistas y otros presuntos expertos que demandan un proceso penal o medidas extremas” (www.rawsroty.com, 16/12/10).

William Keller, director ejecutivo del New York Times –uno de los cinco diarios que difunden los documentos filtrados–, tomó distancia: “No creo que (Wikileaks) sea la organización informativa de mi gusto, pero ha evolucionado. A lo largo de esta experiencia hemos considerado que Julian Assange y su alegre banda de provocadores y hackers son una fuente. No diría que pura y simple porque, como sabe todo periodista o director, las fuentes rara vez son puras y simples” (//blogs.forbes.com, 16/12/10). Agregó que lo perturbaría que el gobierno intentara procesar a Assange aplicando la Ley de Espionaje: “Dejando a un lado lo legal, eso me enviaría una señal de alarma… es una ley que se presta a los abusos”.

Kenneth L. Wainstein, socio de la firma internacional de abogados O’Melveny & Myers, sugirió en la audiencia que Wikileaks es un medio “fundamentalmente diferente” de otros porque se limita a recoger y difundir información sin la supervisión editorial que rige en las publicaciones tradicionales. Para Thomas S. Blanton, director del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, “se aproxima cada vez más a una organización mediática”. Entonces, Assange ¿es periodista o no?

Abbe Lowell, abogado y miembro de la firma McDermott, Will & Emery, señaló que la respuesta a esa pregunta es un terreno resbaladizo desde el punto de vista legal que podría introducir fiscalizaciones ajenas en el proceso editorial. “En la historia de EE.UU., el reunir información y difundirla es periodismo clásico”, afirmó. No solamente allí.

Los objetivos de la Ley de Espionaje fueron los opositores a la entrada de EE.UU. en la guerra y sirvió para destruir al joven Partido Socialista. El senador demócrata Kenneth McKellar lo dijo con claridad cuando el proyecto se presentó ante el Congreso en 1917: “Si no logramos que la gente entre en razón para que sea leal, llegó el momento de obligarla a ser leal”. El representante republicano William Green fue más lejos: “No hay medida lo suficientemente severa para exterminar a esa canalla perniciosa”. No faltan personalidades norteamericanas que hoy piden el asesinato de Assange. A los 93 años de la promulgación de la Ley de Espionaje, poco ha cambiado la clase política de EE.UU.

Fuente: Página/12

De periodista a community manager

In Derecho a Replica, Paladar mostaza on 7 diciembre, 2010 at 8:40 AM

Hace días, Guadalupe Fernández, publicó en Razón y Palabra, la revista mexicana especializada en comunicología, estos párrafos que me dejaron con el pensamiento activo. Sobre todo porque sé que muchos medios de Argentina y el mundo se están replanteando su estrategia digital y social para el futuro. Mis ideas danzan aquí también.

Cada vez con más frecuencia, los periodistas encuentran nuevos hábitats donde desarrollar su trabajo. Estas facetas se relacionan con los distintos ámbitos de la comunicación: institucional, política, etc. Hoy, el auge de las nuevas tecnologías ha generado un espacio de desarrollo profesional alternativo para aquellos que son artífices de las letras.

Un animal ávido de realidad como el periodista puede frustrarse ante el aparente ostracismo de estar frente a una computadora gran parte del día. Fuera de las redacciones, existen periodistas que dedican su tiempo de trabajo a analizar cómo comunicar a través de las redes sociales.

Experimentación constante, actualización y nuevos lenguajes son algunas de las características de estos nuevos profesionales que tienen de sobrenombre varios apodos: “Community Manager”, es uno de ellos.

El mundo de las nuevas criaturas digitales reemplaza el copete por los “tags”, y los antecedentes por los “hipervínculos”. El trabajo del Community Manager es multilateralidad permanente: debe facilitar, manejar y moderar las redes sociales donde su marca, producto, político o medio tenga presencia. Este nuevo rol que puede asumir un periodista implica conocer las fortalezas y debilidades de un equipo de trabajo y de aquello que queremos comunicar.

El diálogo abierto que marca el concepto de comunicación 2.0 genera una nueva sinergia en torno a las redes sociales. Usuarios activos que toman las riendas de la comunicación virtual.

En esta encrucijada el periodista afronta nuevos desafíos: no tener todo bajo control y sumarse al riesgo de afrontar a los lectores y responder sus inquietudes. Además de este torbellino diario, este nuevo campo laboral implica diseñar estrategias a corto, mediano y largo plazo.

Innovación y creatividad es la base de este terreno que por su corto tiempo de vida aún está en proceso de exploración. Prueba y error son los mejores maestros en este desafío de ser todos los días comunicador, periodista y regulador de una comunidad on line. Un combo para espíritus emprendedores.

En lo personal creo los medios tendrán la chance de recuperar el terreno perdido frente a los propios usuarios en la red. Esto significa encontrar su propio lugar, con las fortalezas propias de cada empresa y las oportunidades que como medio consolidado posea.

Los medios tradicionales tienen el éxito asegurado en Internet en cuanto abran las puertas a las nueva generaciones de periodistas; inviertan en tecnología y entiendan las nuevas lógicas de trabajo convergente y en equipo.

Los jóvenes son tan necesarios como las computadoras hoy en las nuevas ‘redacciones’. Son ellos los que traen consigo las nuevas configuraciones cerebrales que responden con velocidad a las demandas de las audiencias actuales y futuras. Entiendo es un proceso y por eso hace poco escribí Lo que deben saber periodistas jóvenes y viejos (leer).

La inversión y nueva lógica de trabajo me parece fundamental que los altos mandos de los medios entiendan. Sin las nuevas herramientas no hay estrategia que se pueda construir, esto es desde computadoras hasta dispositivos móviles. Además si en la redacción tanto como en las gerencias no se abren a nuevos programas de distribución y circulación de contenidos, se complicará.

También se debe tener en cuenta que, así como para sacar un diario o programa adelante se necesitan decenas de personas, una ambiciosa estrategia de social media no puede ser cargada sobre una sola espalda. El trabajo en equipo requiere de equipo, es decir gente, por lo tanto empleados con sueldos, incentivos y libertad.

El ritmo digital implica horas y horas frente a la pantalla, es cierto, pero eso lo dicen los medios que no quieren invertir en la otra pata de la estrategia. Porque el social media tiene una parte ‘media’ y otra ‘social’, y esta última no se consigue solo moderando comentarios. Los periodistas deben hacer periodismo digital desde la calle.

Lo digital es el formato de publicación, no debemos perder los preceptos del eterno y bello periodismo. Pagando lo debido, sin explotación disfrazada de horas extras y trabajando con pasión los medios triunfarán. Podemos hacer que este sea el ‘oficio mas hermoso del mundo’ y además entre en un tweet.

 

Este artículo fue publicado en “Estrafalario“, de la revista mexicana Razón y Palabra.

> Leer Hoy soñé esta carta a un periodista

Leila Guerriero, el exquisito periodismo en crónica

In Paladar mostaza on 20 octubre, 2010 at 9:11 AM

Leila Guerriero, acaba de finalizar una visita a Zimbabue (país al que muy pocos periodistas extranjeros pueden acceder) para un reportaje sobre niños huérfanos de SIDA encargado por El País Semanal, ganó el premio FNPI y desde siempre decidió ir acompañada de un libro al destino que fuera. Argentina, cronista y con un talento particular para observar y describir.

Leila Guerriero nació en Junín, provincia de Buenos Aires, “no estudié periodismo, pero soy periodista desde 1991, cuando, por un azar que unió a un editor curioso con una joven más o menos insolente, publiqué mi primer texto en el diario Página/12″. Integró por tres años la redacción de aquel revolucionario diario, en donde se destacaban jóvenes como Rodrigo Fresán, Martín CaparrósJorge Lanata.

“Yo sigo creyendo que el periodismo es un oficio que se puede aprender estando en una redacción, haciéndolo. ¡Esto es periodismo, no es física cuántica!”, y agrega que “los grandes periodistas que leemos todos -Gay Talese, Capote, Susan Orlean– son personas que no estudiaron periodismo y enseñaron con su oficio, escribiendo cosas maravillosas.”

Escribió en diferentes publicaciones de Argentina, España, México, Chile, Colombia, publicó sus crónicas bajo un sello editorial, actualmente, desde Buenos Aires, Leila edita la revista Gatopardo, imparte talleres periodísticos a alumnos que vienen de muchas partes de América Latina y editó un libro al menos desconcertante.

“Lo que me interesa son las historias y si tengo que cruzar todo el país para encontrarlas, lo hago” y justamente eso sucedió en Los Suicidas del Fin del Mundo, la crónica escalofriante de una epidemia de suicidios cuyas víctimas son los jóvenes de la Patagonia. Gran relato que dista en tiempo aunque ganó en calidad de aquél primero que Lanata le publicó sin conocerla hace ya un par de décadas.

“Era un relato que se llamaba Kilómetro Cero. Lo envié a Página 12, y sin tener ningún contacto se le dejé a Jorge Lanata, un periodista muy conocido en Argentina. Creí que no lo iba a leer nadie. Al poco tiempo, me llamó para ofrecerme un trabajo en una revista mensual de Página 12, que dirigía Martín Caparrós. Nunca he trabajado en un diario, sólo en revistas. De hecho, antes de trabajar en un diario, monto una ferretería”.

Confía que el trabajo cuando es bueno se sostiene solo pues un buen texto siempre encontrará un buen editor que lo publique, “un buen editor es eso: un tipo que está buscando, un gran curioso que siente un sobresalto muy feliz cuando descubre algo que no esperaba”, asegura Guerriero.

Ultimamente, Guerriero ganó el premio Nuevo Periodismo que otorga la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) que fundó Gabriel García Márquez, con el reportaje El rastro en los huesos publicado en abril de 2008. “Fueron tres meses de producción y quince días de escritura dolorosa”, cuenta.

“No la paso bien, casi nunca, pero en particular con ésta la pasé mal, porque tenía mucho material y me había pasado algo que no me suele pasar con los entrevistados: sentía una cercanía muy especial con el tema y con la gente. No me hice amiga, por supuesto, pero sentía que el trabajo de ellos tenía muchos puntos de contacto con el mío, salvando las distancias, claro: esto de estar observando, reconstruir una historia”.

Cuando se le pregunta sobre la crónica y su importancia como género, se concuerda que es necesario espacio para historias que puedan desarrollarse en más de 10 mil caracteres, “me parece que los empresarios de los medios creen en esa especie de cosa de que los lectores ya no leen. Yo no creo eso, me parece que hay una falta de fe en los dueños de los medios. No sé si en los editores. Y eso es difícil de vencer”.

Como miembro de la FNPI la cronista argentina viaja por América Latina brindando talleres de periodismo, en los que asegura que no brinda consejos sino que repite que “lo esencial es no perder la curiosidad. Te pueden fallar las notas, la grabadora, etc. Pero la curiosidad no puede faltarte. Si una persona siente que le estás atendiendo al cien por cien, a pesar de que tú puedas estar viviendo una tragedia, esa persona se abre porque recibe tu respeto por ella y por tu trabajo con toda tu concentración en ella”.

Sin dudar recomienda todos los libros de quien considera su maestro: CaparrósLa Guerra ModernaEl Interior, o Una LunaLos Periodistas Literarios, de Norman Sims, que recoge una serie de crónicas de varias autores. Y también A Sangre Fría.

Lea el texto ganador “El rastro en los huesos

+ Lea Los Suicidas del Fin del Mundo

+ Entrevista radial a Leila Guerriero

Fuente: FNPI, Caratula, Gatopardo, Pág/12

Hoy soñé esta carta a un periodista

In Prosas Propias on 16 octubre, 2010 at 6:18 PM

¿Cuántos periodistas se animarían a dejar esas empresas donde les hacen mentir u obligan a escribir contra sus ideales?

Soñé periodistas con menos egos, con ambiciones sanas que sean dirigidos por el oficio y la noción de servicio social que el periodismo debe recuperar.

Que el editor del medio no sea el interés económico y que la publicidad sea una transferencia efectiva de un contenido y no una mercancía vacía sin sabor ni utilidad para el lector.

Que busquen menos primicias y sepan investigar mejor, para lograr anticipación y no portadas oportunistas posteriores a los hechos que aquejan a nuestra sociedad.

¿Se puede soñar con una redacción convergente entre generaciones que se estimulen mutuamente sobre contenidos y herramientas entrelazadas funcionalmente?

Soñé que sumábamos voluntades de todas las partes del país y el mundo, solo en pos de informar siendo de utilidad para la gente.

Que la voluntad entrevistadora se pueda lucir en la calle y que aquellos que manejen las herramientas de difusión sepan mostrar ese trabajo por todos los canales posibles.

¿Podremos convivir con un fin común? Vos que trabajas en ese medio que paga pero oprime las ideas disidentes de la empresa.. ¿te saldrías de la empresa para dejar de alimentar al sistema?

¿Acaso no soñaban ustedes cambiar al periodismo? ¿No querían darle libertad? ¿No pensaban investigar, traducir sentimientos y contagiar a quienes los iban a consumir de esa pasión?

¿Dónde te olvidaste que era posible? ¿Cuando te resignaste a ser un fusible útil de esa empresa que tan solo trafica influencias buscando poder de negociación con grupos políticos y económicos?

¿Vale la pena ver pasar la vida enriqueciendo a ese puñado de editores que cobran la suma de los sueldos que tienes al lado, incluido el tuyo?

¿Te gusta renegar y sonar “progresista”  por canales alternativos, para que después la tijera ideológica exprima tus letras hasta quitarle toda tinta útil?

Soñé que los periodistas no necesitaban de gestión empresaria maquiavélica para ser rentables.

Soñé que todos aquellos periodistas incómodos en sus espíritus renunciaban a las empresas mercenarias, para fundar la gran cooperativa que debería ser el periodismo horizontal.

Yo no te conozco periodista y me es imposible juzgarte con mi corta carrera, pero tan solo quisiera que sepas que los que venimos detrás soñamos algo que quizás tenías en mente. Quizás deberíamos juntar ideas y emprender caminos.

¿Era ese escritorio tu sueño? Por un instante mira por la ventana y búscate. ¿Es imposible escapar al sistema?

Quizás exageré, tal vez solo debería preguntar si vos alguna vez soñaste lo que yo soñé. ¿Te animarías a soñarlo?

Dedicado a todos los periodistas con los que a diario convivo, en cierta forma, y de los que espero prospere el sueño. Los jóvenes tenemos ganas que se nos extienda la mano para emprenderlo juntos. Obviamente lo vamos a intentar nosotros solos pero sería enriquecedor poder rejuvenecer ese viejo sueño que quizás vos también tenías.

Maximo Tell

Fotos de Jose Bahamonde