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Casi anti casi, la paz y el círculo de sangre…

In AguaSuaves, Bahamonde on 21 enero, 2011 at 10:21 AM

Por Jose Bahamonde

Son casi las dos de la mañana de un enero en Mendoza, los 29 de rigor en los techos de las casas que casi son infiernos. Noche despejada de dudas y casi de misterios. Está mi primo y me confiesa que es feliz por recuperar a un hermano menor (yo) y le digo emocionado que me hace bien sentirlo cerca. Iba a escribir casi suelto una lágrima, pero no, lo digo enfáticamente, se corrieron varias.

Es que la vida está llena de casis, los casi voy, los casi me enamoro, los casi me peleo, los casi los mando a todos a la mierda, los casi 100 gramos de jamón, los casi abogados, los casi jueces, los casi casi… Cada día me emociona más la gente anti casi, y mi primo lo es, admiro a los que son de verdad, los que se toman las luchas con pasión, las discusiones con calor, los amores con todo, los vinos sin soda…

Releo mis líneas anteriores y pienso, que intolerante estoy con los boludos, los que traman estrategias, los que aprietan los cachetes, los que tienen una casi vida, una casi mina, una casi estabilidad inmunda.

Ya son las dos sin casi, suena un saxo y una guitarra, el CD se llama Paz, es un homenaje a Bill Evans de un guitarrista flamenco, el Niño Josele, la paz, esa que en estos dedos no sobra, porque me apuro a escribir sobre aquello que me jode, me apura enarbolar una bandera que varios necesitan, la de la gente sensible, la que no tiene colores, la que tiene aromas, como el café que inunda mi casa feliz, como esos nardos, testigos indiscretos que esperan su muerte sin claudicar en su blancura.

Afuera a estas dos de la mañana, un perro huérfano de caricias husmea unas bolsas que quedaron de la noche, alguien se emborracha con un licor barato, la señora duerme, su hija sueña no ser una señora, el diariero prepara su rutina y su silencio, y la brisa que es poca pero alcanza para llevar el mensaje de algún niño que llora por un sujeto tácito de abrazos.

Aire, necesito aire que despeine mis rulos, que refresque las cosas que me salen. La poesía me espera en el cuaderno, el cuaderno no sabe que me espera. La vida, sucede ahí afuera, en el árbol que se arquea de tantas primaveras sin humedad, la vida, la vida, la vida esa que sucede y no espera, la vida jamás es casi vida, la vida no es un ensayo permanente, la vida es vida, la gente es gente, las putas putas, los chotos chotos.

Son ya las dos y cinco, no quiero revisar estas letras que se amontonan en mi mente, y sin más apunto con mis palabras a un imaginario círculo de sangre, ahí en el medio, en el centro deseado por toda competencia, se estrella la palabra amor… A nadie le importan los daños que genera, nadie piensa que ese círculo es de sangre, todos se jactan aplaudiendo de unos 100 miserables puntos.

Y yo, que detesto las competencias del dolor, agarro las letras una a una (la M lastima un poco por las puntas), las meto en un bolsillo, camino hacia la calle y con el amor estrellado en mi jean gastado, me voy a vivir la vida, a cagarme en los 100 puntos, a procurar que Nidia, la gran Nidia luchadora inclaudicable, cuando me lave los Levis trajinados, no se olvide en el bolsillo esas 4 letritas estrelladas…

Este autor es Columnista permanente de este Blog


He visto

In Para ella..., Prosas Propias on 8 mayo, 2010 at 7:35 PM

Aunque no lo crean realicé un centenar de viajes en estos tiempo y he visto un par de cosas.

He visto decenas de estrellas fugaces o al menos eso parecían.

He visto miles de arboles iluminarse por un segundo al pasar.

He visto cientos de tonos negros en el cielo y sus noches.

He visto muchos autos pasar sin llegar a ningún lado.

He visto las estrellas reírse de mi escena de extrañarte.

He visto pueblos fantasmas que no sobrevivieron al frío.

He visto pasajeros que nunca entienden de donde vengo ni saben a donde voy.

He visto mis ojos en lluvia en cada cristal brilloso.

He visto amanecer las ganas de encontrarte en cada destino.

He visto mis brazos y piernas cansadas de buscar tu abrazo.

He visto millones de asfalto amenazante correr debajo mío.

He visto tus palabras colgadas en cada centímetro de oscuridad.

He visto manos que se agitan pero no despiden.

He visto rostros que están a mi lado pero no conocen de mi.

He visto pasar miles de veces la historia de extrañarte.

He visto en recuerdos millones de veces nuestro primer beso.

He visto como prendo la luz pretendiendo desaparecer.

He visto mis ganas de abrazarte estrellarse mil veces.

He visto tu rostro en cada uno de los cielos que me abandonaron al caer en sueños.

Mañana quiero… de ti

In Para ella..., Prosas Propias on 21 abril, 2010 at 11:48 AM

Mañana quiero besarte y que el mundo vuelva a su órbita. Que los continentes dejen de vagar por los océanos y se estabilicen con mi respiración.

Mañana quiero abrazarte y que las venas de mis brazos recuperen el color de alegría que solo tu piel logra darles. Que tus brazos me envuelvan y se conviertan en la mejor guarida, de donde nunca quiero salir, nunca.

Mañana quiero que tu risa lo cubra todo y voltee las fantasias decrépitas que tejen los edificios fríos de la ciudad. Que aturdan mis oídos tus líricas dulces para nunca mas escucharte a lo lejos.

Mañana quiero que tus ojos amanezcan y estén sin dormir mientras respire. Que me miren y me permitan envolverme en tus pupilas y mirar nuestros sueños sentados en alguna pradera.

Mañana quisiera que tu mano tome mi corazón y le recuerde como latir. Que susurres algo en mi pecho para que la dulzura suba hasta mi cabeza y me vuelvas a besar.

Mañana quiero que cada vidrio refleje tu rostro y todos los carteles lleven tu nombre. Que se luzca enamorado el rojo, el verde y los azules de las vidrieras.

Mañana quiero que tus labios hagan desaparecer el frío de mis mejillas y las carreteras con sus trampas. Que desaparezcan mis ojos del cielo cuando cada noche salen a extrañarte.

Mañana quisiera simplemente verte, abrazarte y sentir ese enorme placer que significa dejar caer los segundos de arena en el reloj de nuestros sueños.

Mañana solo quiero mirarte a los ojos y saber que me has esperado, decirte que volví, y que no veía las horas que mañana sea hoy y el dolor se transforme en besos.

Mañana quiero que llegue ya, que no demore, que no duela mas y que vivas para siempre en mi mañana. Así como en mi hoy.

Mañana quiero amarte inmensamente y extrañarte menos que hoy. Tenerte y que las estrellas se vuelvan a pintar en el cielo de mi ventana.

Solo si mañana te encuentro podré volver a mirar el cielo sin sentir el dolor de no encontrarte hoy y tener que esperar hasta mañana

Apreciando la cultura

In Paladar mostaza, Pasiones on 7 abril, 2010 at 10:35 AM

Fortunato Ramos nació el 16 de octubre de 1947 en Coraya, Departamento de Humahuaca, Provincia de Jujuy.

Es Maestro Normal Nacional Regional, escritor, músico regional, recitador costumbrista, labrador de la tierra, colaborador del Tantanakuy que año tras año se realiza en la Quebrada de Humahuaca y permítanme agregar que además es una gran persona. El cortometraje “Ecos sobre los Andes” de Miguel Pereyra y Federico Urioste gira sobre el quehacer de este poeta humahuaqueño.


Con diferentes actividades busca redescubrir, afirmar y difundir la cultura quebradeña. Difunde la audición “Humahuaca, corazón de la Quebrada” desde 1976, por L.R.A 22 Radio Nacional Jujuy y L.R.A. 16 Radio Nacional La Quiaca. Con esta audición se acreditó dos importantes galardones: los “Broadcasting” 1993 y 1995.

Descubierto y alentado por Jaime Torres, se presenta en ocasiones a su lado y otras solamente con su erke, poesías y vivencias. Realizó giras a diferentes puntos del exterior, junto a Huayra Muyoj, grupo jujeño, a Francia y Bélgica; junto a Jaime Torres a Israel, Australia, Indonesia, Malasia y Singapur.

La base del largometraje “La deuda interna”, de Miguel Ángel Pereyra, es parte de la vida de un alumno de Santa Ana, Veronico Cruz; relato vivencial escrito por este maestro rural. Ejecutante del acordeón en los carnavales de la Quebrada de Humahuaca, pudo concretar sus grabaciones junto a Jaime Torres, al grupo Los hijos de Humahuaca y al grupo Cacharpaya. El CD “¡Vivo acá!” del grupo roquero Divididos, contiene el erke de Fortunato, en el tema: Mañana en el Abasto. Grabó además con el conocido cantor purmamarqueño Tomás Lipán y la zagala humahuaqueña Mónica Pantoja.

Publicó los siguientes libros: “Poemas costumbristas de un maestro rural”, “Los runas y changos del alto”, “Costumbres, poemas y regionalismos”, “Collas de la Quebrada de Humahuaca” (traducido al inglés, francés y alemán) y “Personajes de la Quebrada de Humahuaca”.

No te rías de un colla (poema)

No te rías de un colla que bajó del cerro,
que dejó sus cabras, sus ovejas tiernas, sus habales yertos;
no te rías de un colla, si lo ves callado,
si lo ves zopenco, si lo ves dormido.

No te rías de un colla, si al cruzar la calle
lo ves correteando igual que una llama, igual que un guanaco,
asustao el runa como asno bien chúcaro,
poncho con sombrero, debajo del brazo.

No sobres al colla, si un día de sol
lo ves abrigado con ropa de lana, transpirando entero;
ten presente, amigo, que él vino del cerro, donde hay mucho frío,
donde el viento helado rajeteó sus manos y partió su callo.

No te rías de un colla, si lo ves comiendo
su mote cocido, su carne de avío,
allá, en una plaza, sobre una vereda, o cerca del río;
menos si lo ves coquiando por su Pachamama.

Él bajó del cerro a vender sus cueros,
a vender su lana, a comprar azúcar, a llevar su harina;
y es tan precavido, que trajo su plata,
y hasta su comida, y no te pide nada.

No te rías de un colla que está en la frontera
pa’l lao de La Quiaca o allá en las alturas del Abra del Zenta;
ten presente, amigo, que él será el primero en parar las patas
cuando alguien se atreva a violar la Patria.

No te burles de un colla, que si vas pa’l cerro,
te abrirá las puertas de su triste casa,
tomarás su chicha, te dará su poncho, y junto a sus guaguas,
comerás un tulpo y a cambio de nada.

No te rías de un colla que busca el silencio,
que en medio de lajas cultiva sus habas
y allá, en las alturas, en donde no hay nada,
¡así sobrevive con su Pachamama!

Fortunato Ramos – Costumbres, poemas y regionalismos (2003)

+ Yo jamás fui niño Fortunato Ramos (poema)

+ Jujeñito – Fortunato Ramos (poema)

+ Fortunato Ramos con Rony Vargas en Cadena 3 – Córdoba y parte 2

Poema interminable

In Paladar mostaza on 14 marzo, 2010 at 11:09 AM

Arturo Capdevila nació en Córdoba, un 14 de Marzo de 1889, y murió en Buenos Aires, un 20 de Diciembre de 1967. Poeta, autor dramático, narrador, escribió incansablemente sobre temas históricos, literarios y científicos. En 1922 se radica en la Capital Federal donde ejerció la docencia y desplegó una gran actividad en instituciones y academias. Es uno de los escritores más prolíficos de las letras argentinas.

Entre sus obras se destacan: en poesía: Jardines solos (1911); Velpámene (1912); El poema de Nenúfar (1915); El libro de la noche (1917); en teatro: La Sulamita (1916); El amor de Schahrazada (1918); Zincalí (1927); en novela: Arbaces, maestro de amor (1945); sus evocaciones en: Córdoba del recuerdo (1923); algunos cuentos como: La ciudad de los sueños (1925); escritos sobre temas idiomáticos: Babel y el castellano (1928); temas históricos: Las invasiones inglesas (1938), Historia de Dorrego (1949), El hombre de Guayaquil (1950); Nueva imagen de Juan Manuel de Rosas (1945), sobre literatura: Rubén Darío, “un bardo rei” (1946); Alfonsina: época, dolor y obra de la poetisa Alfonsina Storni (1948).

Recibió en 1949, el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, por su libro de poemas: “El libro del Bosque”, publicado en 1948.

Desempeñó cargos prestigiosos como el de miembro de las Academias de Historia y Letras de la Argentina y de la Academia Española de la Lengua.

Sus versos

In Paladar mostaza on 14 marzo, 2010 at 11:09 AM

Sobre las ruinas

Ayer pasó la muerte por mi casa…
Se hizo una noche solitaria en torno,
y en medio de las sombras de la noche,
se hacinaron escombros sobre escombros.

El isócromo golpe de las picas
desmoronó el hogar. Así fue cómo
se desplomaron los antiguos muros,
y hoy ya no son más que ceniza y polvo.

Un agrio ruido de hachas rechinaba
en el huerto infeliz. Tronco por tronco,
los árboles cayeron en un vasto
montón sobrío de ramajes rotos.

Noctívagos murciélagos, rondando
por el húmedo ambiente borrascoso,
con sus alas de trapa y de tiniebla
marcaban el compás de mis sollozos.

Unos búhos graznaban en la sombra…
Transido de terror, clamé socorro…
Dos búhos de la sombra me escucharon…
Se asentaron los dos sobre mis hombros.

Desde entonces, de pie sobre las ruinas,
a los recuerdos del ayer me acorro;
y cuando nadie mis angustias sabe,
doblo la frente, y por mis padres lloro.

Magia negra

¡Atadla! ¡Desnudadla! ¡Suetadle
los brazos con la propia cabellera!
¡Sujetadle los puños por la espalda!
¡Cerradle el nudo con sus mismas trenzas!

Machacad entretanto en el mortero
hasta que polvo imperceptible sea,
la antigua pasta… ¡Machacad de modo
que en un polvo infernal cuaje la mezcla!

Mientras esto se cumple, vieja maga,
no olvides a las cómplices estrellas.
Yo cuidaré del trébede maldito,
donde el incienso que enbrujaste humea.

Y cuando tú lo mandes, profetisa,
yo mismo entre las carnes traicioneras,
le marcaré el tatuaje, poco a poco,
conforme al rito de la magia negra.

La hechizaremos con tan grave hechizo
que una roja locura la enceguezca,
y con los ojos ciegos, desolada
por infinito horror cruce la tierra.

De modo tal que el sacrilegio horrendo
que así me libra a la tieniebla eterna,
sea el crimen más cruel que hayas cumplido,
¡sacerdotisa de la magia negra!

Que así la amo y así por su pecado
pierdo el alma en las hórridas tinieblas…
¡Sacerdotisa!… Sí… Nada me digas…
¡Sé que el octavo círculo me espera!

Pues yo mejor que tú sé de tus artes,
y mucho más que tú sé de tu ciencia…
Por eso, por tus signos te lo juro:
¡Ay de ti si la cábala te yerra!

El tablero de ajedrez

In Paladar mostaza on 14 marzo, 2010 at 11:08 AM
” Como en la vida, todo es problema en el ajedrez, desde la apertura hasta el mate. Pero todo es equidad y todo es ley. Tengo aquí peones, Caballos, Alfiles: están medidas mis potencias. Puedo adquirir, sin embargo, nuevas fuerzas por la combinación acertada de las que me han sido consentidas. Y, a la inversa, puedo disminuirlas o perderlas. Nadie sino yo tendrá la culpa de esto. Una combinación errónea me traerá siempre a menos, bajo el jaque del rival. De donde se infiere, provechosamente, que la violenta ambición es perversa consejera, y que tan sólo se ha de tomar en cuenta el interés de la armoniosa verdad. La multiplicidad de peligros de que vivimos rodeados se evidencia en el tablero. Hemos jugado por fin. ¿Qué hará el adversario?… Es el dueño de innumerables posibilidades; el mero paso de su peón, con ser nada más que un peón, puede comprometer todo mi plan y ocasionar mi ruina. Lección incomparable, que nos instruye en la suprema ley de la relatividad. ¿Y lo que se pierde, se pierde para siempre? El ajedrez nos da un consuelo. Si cuidamos la marcha de los ínfimos peones, tan pequeñitos como son, apoyando su avance con bien distribuidas fuerzas, alguno de ellos entrará a los últimos cuarteles del adversario y será nuestro precio de recate por la pieza grande que entregamos en temerario arranque al lazo del enemigo. Así, del propio error viene a servirse el ajedrizta paciente para la ulterior victoria. Parece que por tales caminos se nos aleccionará de que no hay modesta intención ni altruista constancia que al cabo no fructifique. Porque todo este juego se funda en el ejercicio altruista de los poderes, como se ve de inmediato cuando se considera que siendo el Rey la pieza menos útil, por él pelean las demás, denodadas y terribles. También se advierte que la pieza jaqueada no atiende nunca a su particular salvación sino a la del conjunto que se le sobrepone.
Arturo Capdevila – El tablero de ajedrez (fragmento)