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Necesaria reflexión del periodismo argentino por la cobertura del “caso Candela Rodriguez”

In Derecho a Replica, Malas Viejas on 5 septiembre, 2011 at 12:46 PM

El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) hace un llamado a la reflexión a los periodistas argentinos y a los medios de comunicación, en relación a la forma en que se realizó la cobertura noticiosa del denominado “Caso Candela Rodríguez”. Más allá de los hechos en sí, y de las responsabilidades materiales o intelectuales sobre la muerte de la menor que deriven de la investigación judicial, es importante que los periodistas hagamos un ejercicio de análisis autocrítico sobre nuestro trabajo cotidiano. La misma actitud deberían asumir las autoridades de los medios de comunicación.

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Es imperioso que en la cobertura de casos y temas policiales o de hechos vinculados con el delito los periodistas asumamos nuestro rol sin entrometernos o afectar el accionar policial y/o judicial. Eso no implica descuidar la importancia de la investigación periodística por fuera de las pistas oficiales.

La primicia no se puede transformarse en un valor en sí mismo y justificar cualquier cosa, como el avasallamiento a los familiares de una víctima, la intromisión en la escena de un crimen (con la posibilidad de contaminar pruebas) o la reproducción de supuestas pistas policiales no chequeadas de manera rigurosa.

Los periodistas debemos ser conscientes de que no toda la información que obtenemos de fuentes judiciales y policiales es publicable. Las hipótesis no confirmadas, los datos relacionados con la vida privada de familiares cuyo interés público no resulte evidente, los detalles macabros o las cuestiones que puedan perjudicar la investigación deben ser manejados con la discreción y la prudencia que la ética profesional y la vigencia de las leyes exigen.

Es imperativo también que el periodismo televisivo reflexione especialmente sobre la cobertura del caso Candela Rodríguez. Ha sido notable -como en otras ocasiones- la manera en que los segmentos informativos y los canales de noticias sostuvieron el tema en su agenda noticiosa más allá de las novedades reales que aportaba la investigación policial, e inclusive transformando al caso en una suerte de show permanente.

Sería importante en el mismo sentido repensar la utilización de la información del rating como un elemento decisivo en la construcción de la agenda noticiosa televisiva. Y en particular intentar abolir el uso del denominado “minuto a minuto” en los segmentos informativos.

Los mismos principios deben ser atendidos en los contenidos volcados sobre la plataforma digital, cuya instantaneidad no la exime de un tratamiento riguroso en este tipo de casos. La velocidad de publicación no significa pasar por alto los estándares de chequeo y control de calidad de lo que se difunde.

La dimensión ética de la información debería ser la base de la tarea de informar, considerando la importancia que tiene para los ciudadanos. Hasta que los medios y sus periodistas no asumamos ese desafío será muy difícil que comprendamos, asumamos y nos concienticemos sobre la responsabilidad social que implica el manejo de la información como bien social.

FOPEA es una asociación profesional de periodistas, que desde su origen promueve la asunción de códigos de ética y parámetros de calidad profesional periodísticos por parte de los medios de comunicación, como un paso elemental para que la sociedad reciba una información plural, rigurosa y precisa. Ante la ausencia de esta clase de documentos en las redacciones, los integrantes de FOPEA elaboramos un código para que los periodistas y medios de todo el país lo utilicen o creen el suyo propio http://www.fopea.org/Etica/Codigo_de_Etica

En lo específico de la cobertura de casos vinculados con el Poder Judicial, hemos elaborado un documento específico (ver http://bit.ly/p2egSG), con recomendaciones y principios básicos. La premisa de FOPEA en la materia apunta a la autorregulación de los propios medios y de los periodistas, sin ningún tipo de imposición de los poderes ajenos a ellos.

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A modo de recomendaciones en base a la propia experiencia en estos casos, los parámetros éticos que deberían conducir las conductas de periodistas y medios en estas circunstancias, como también de diferentes antecedentes que existieron en la Argentina y otros lugares del mundo, desde FOPEA aconsejamos:

• Ninguna noticia justifica poner en riesgo una vida. En las coberturas periodísticas de tomas de rehenes, el periodista no obstaculizará la tarea policial y judicial, y dejará que exclusivamente los funcionarios públicos se ocupen de resolver la situación.

• Los periodistas no aplican métodos propios de los servicios de inteligencia para obtener información. El uso de procedimientos no convencionales para lograr datos u obtener testimonios puede ser considerado sólo cuando se viera involucrado un bien o valor público. Nunca debe afectarse con ese fin la intimidad de las personas.

• El periodista debe respetar la privacidad de las personas. Sólo cuando se viera afectado un bien o valor público por un aspecto relacionado con la intimidad de una persona, puede prevalecer el derecho a la información de los ciudadanos por sobre la privacidad de un particular.

• En toda información debe respetarse el principio constitucional de inocencia de cualquier persona mientras una culpabilidad no hubiera sido probada judicialmente. Los pronunciamientos de las fuentes policiales no son suficientes para determinar culpas ni siquiera cuando tienen la forma de comunicados oficiales.

• En el caso de que víctimas de tragedias o incidentes, o sus familiares y allegados, prefirieran no exponerse a la prensa, debe respetarse su posición y evitar difundir imágenes o sonido del momento en el que rehúsan la requisitoria periodística.

• No deben publicarse los nombres de víctimas de delitos sexuales, a menos que se cuente con su consentimiento explícito.

• En ningún caso deben consignarse los nombres e imágenes de niños o adolescentes involucrados en actos criminales, ni siquiera por su nombre de pila, alias o apodo.

• Conociendo los antecedentes en la cobertura de temas vinculados al delito donde las fuerzas policiales dieron versiones erróneas o distorsionadas sobre el hecho investigado, intentar diversificar las fuentes de información y priorizar las fuentes judiciales.

• No dar difusión a informaciones que no puedan ser chequeadas al menos por dos fuentes independientes entre sí y tratar de minimizar la utilización de fuentes que no puedan ser identificadas.

• Consultar a las autoridades pertinentes y a los organismos responsables de la búsqueda de niños y/o adolescentes sobre si es recomendable en el caso específico dar difusión a la imagen de la víctima.

• Consultar a especialistas idóneos y no al primero que aparezca con intención de hablar públicamente de un hecho que desconoce en manera directa. Es común que en el fragor de encontrar especialistas dispuestos a hablar, aparezcan en los medios peritos, abogados o ex policías con un largo prontuario de irregularidades. Eso suele dañar la rigurosidad de la información que se requiere en hechos tan graves y de semejante sensibilidad pública.

• Facilitar los canales de información adecuados para volcar cualquier tipo de dato que pueda colaborar con la investigación judicial del caso.

• Nunca priorizar la primicia a la vida de una persona.

• No adelantar los pasos judiciales de manera que se pudiera poner sobre aviso a los delincuentes que intervienen en el hecho.

• Y, sobre todo, entender siempre que las víctimas son víctimas y los victimarios, victimarios. Con toda la responsabilidad que eso significa a la hora de informar a la ciudadanía y de no re-victimizar a quienes han sufrido un hecho de estas características.

Foro de Periodismo Argentino
Lunes 5 de septiembre de 2011

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Die Zeit el diario que crece en plena crisis

In Derecho a Replica on 1 noviembre, 2010 at 2:58 PM

Por lo que se viene escuchando un tiempo a esta parte, el mundo se está acabando para los diarios impresos y los mismos parecen extinguirse en muchos países. Retumban las quejas de miles de periodistas que son dejados en la calle por empresas mediáticas que no logran frenar la irritación de sus balances, escogiendo liberarse de recursos humanos y evitando el sacrificio de inversión para que la calidad les devuelva ganancias.

Más allá de este panorama tan atendible como desalentador, siempre en el desierto se generan oasis que alimentan la ilusión de que el proceso negativo se puede revertir. Sin dudas es el caso de Die Zeit ya que la facturación del periódico alemán creció un 70%, los beneficios se triplicaron y la difusión aumentó un 60% hasta el medio millón de copias semanales. No hay milagro sino trabajo. No hay despidos sino ideas.

Se calcula que Die Zeit durante 2009 tuvo ingresos totales de 123 millones de euros, sin renunciar a sus artículos largos, a veces muy documentados; algo complejos, controvertidos; y a menudo sobre cuestiones éticas o de historia. Actualmente busca ofrecer distintos puntos de vista y la mayoría de los nuevos abonados tienen entre 20 y 30 años.

Giovanni di Lorenzo

Su director, Giovanni Di Lorenzo, asegura que el truco fue estudiar en detalle las necesidades de los lectores, ignorar todos los consejos de los asesores de medios y seguir sus convicciones sobre las formas periodísticas.

Die Zeit no ha renunciado al online. Al contrario, tiene una redacción digital para la que trabajan unas 60 personas. Parte de los contenidos del papel se publican en la web a lo largo de la semana. “El periodismo digital sabe hacer de todo menos traer dinero”, dice el director. Por esta razón, culpa a los propios medios de la crisis del papel y condena la “actitud destructiva” hacia el periodismo impreso. Desconfía, asimismo, de las “creencias pararreligiosas en Internet”, que, dice, se han convertido en ideología.

Los medios en papel impreso están volviéndose locos para encontrar un modelo económico que les permita sobrevivir. Die Zeit lo tiene. ¿Cómo lo han logrado?

Yo rechazo el término “sobrevivir”. Porque Die Zeit, el año pasado, en el momento más terrible de crisis económica mundial, registró el mejor año de su historia, tanto en tirada como en ingresos. Este año nos va aún mejor. No digo esto para jactarme, lo digo porque no es obvio que el papel impreso tenga que estar en crisis. Rechazo las definiciones autodestructivas. Me molestan.

En los últimos años hemos hecho mucho para dañar la imagen del papel, al que, en el fondo, debemos todo. ¿Cómo lo hemos conseguido? Desoyendo todo lo que nos aconsejaron los asesores de medios. Seguimos haciendo textos muy largos, no nos adaptamos a las modas y continuamos haciendo un periódico bastante difícil. Creo que esta fue una de las razones de nuestro éxito. En un momento en el que la gente necesita orientación, se dirige a medios que no han cedido ante compromisos.

En concreto, ¿qué estrategias han empleado?

Hemos introducido el color y la “cover story”, la historia de portada, en lugar del artículo de opinión; hemos estudiado un nuevo diseño, moderno y bonito, y hemos creado nuevas ofertas: páginas para niños, la revista, páginas dedicadas a temas religiosos, páginas que pertenecen solo a los lectores… Para ello hemos estudiado muy bien las necesidades de nuestros lectores.

A menudo, nosotros, los del papel impreso, hacemos diarios solo para nosotros y para nuestro sector y nos olvidamos del público que paga. También hemos abierto nuevos campos para competir: hemos fundado ocho nuevas revistas con la marca Die Zeit, tenemos una oficina de viajes y una tienda de marca que vende nuestras ediciones. Hemos ampliado actividades, pero no hemos traicionado nuestra propuesta de calidad. Creemos que la calidad trae dinero.

¿En qué medida la revolución digital ha cambiado Die Zeit?

Lo ha cambiado relativamente. Buscamos no hacer lo que hacen los diarios, ni siquiera soñamos con hacer lo que hacen los online. Buscamos la profundización, la orientación, el acercamiento distinto. Nuestra tentación como periodistas es tratar siempre el tema que está en pleno debate y genera polémica. En plena polémica acerca del libro de Thilo Sarrazin -crítico con la contribución social de los inmigrantes musulmanes- y del proyecto de Stuttgart 21 -tren de alta velocidad rechazado por su impacto ecológico-, abrimos hace dos semanas con una sobre el misterio de la autoridad, Das Rätsel Autorität -una investigación político filosófica sobre la autoridad-, que no tenía nada que ver con las discusiones actuales y que, sin embargo, era un debate sobre los valores de nuestras vidas. Fue el número más exitoso de este año. Significa que han cambiado las necesidades de los lectores.

Tenemos que cuidar a nuestro público, que es fantástico. En 2006 festejamos nuestros 60 años y nuestro administrador adjunto propuso hacer un día de las puertas abiertas: muchos se rieron, la propuesta les pareció absurda. En el fondo, no hay mucho que ver: solo oficinas, y tampoco muy bonitas. Pero al final lo hicimos. Unos diez periodistas se quedaron para guiar a la gente. Llegó tanta gente desde toda Alemania que no pudieron entrar en un solo día. Hay que cuidar el afecto de las personas al periódico.

La página web elabora contenidos propios, ¿cómo está organizada?

La redacción online es grande, está separada y se divide entre Hamburgo y Berlín. Ahí trabajan en total unas 60 personas. Un tercio de los redactores del papel además, contribuyen, de manera absolutamente voluntaria, a la web. Nos estamos comprometiendo mucho con el digital, no negamos en absoluto su valor, y creemos en ello.

Pero quiero hacer una observación: este medio celebrado en todas partes como el futuro, de momento, sabe hacer de todo menos ganar dinero. Por eso estamos invirtiendo en el digital, porque nosotros también creemos en él, pero evitamos, con todas nuestras fuerzas, hablar mal del papel.

¿Hay futuro para el papel también entre los jóvenes?

Creo que hay buenas posibilidades. Hay que hacer mucho para motivarlos. Nosotros empezamos desde la escuela: 200.000 alumnos reciben Die Zeit cada año. Además, tenemos todo un tejido en las universidades donde desde hace años organizamos losZeitdebatte, los debates de Die Zeit. Tenemos una revista para la universidad y desde hace algunos años incluimos páginas para niños. El resultado es que el número más grande de nuevos abonados tienen entre 20 y 30 años.

¿Hay entonces un futuro para el periodismo de calidad, ése que cuesta dinero?

Yo no estoy negando la crisis, es inútil cerrar los ojos. Digo, sin embargo, que no está escrito en las tablas de Moisés que todos los periódicos vayan a desaparecer. Habrá excepciones. Tenemos que cambiar los periódicos, pero no podemos atribuir nuestros problemas solo a la revolución de Internet. Hubo otros errores.

¿Cuáles?

La falta de credibilidad. El abandono de la calidad. Si se empieza a hacer diarios demasiado sensacionalistas o demasiados parecidos entre sí, se pierde tirada. La crisis de los diarios estadounidenses empezó con la actitud de la prensa hacia la guerra en Irak. Los diarios se dejaron instrumentalizar por el aparato propagandístico, por eso los lectores empezaron a buscar en Internet, porque ahí estaba la promesa de encontrar otra información. La crisis empezó ahí.

Dijo usted que no critica Internet como instrumento, sino las “creencias pararreligiosas en Internet”…

Soy un enemigo de todas las ideologías políticas, bajo las cuales sufrí mucho. Por eso también soy enemigo de la ideología de Internet que existe y no se puede negar. Soy contrario a la idea de Internet como único medio democrático, como única esperanza, como única salida. Mi experiencia de vida me enseña a no creer en las ideologías porque siempre degeneran en violencia, fantasías totalitarias y guerras contra la verdad.

Hijo de alemana e italiano, con una historia de inmigración, y ahora director de Die Zeit. ¿Cómo llegó al periodismo?

La experiencia de inmigración fue muy fea. Llegué aquí a principios de los setenta y este país era muy distinto de lo que es ahora. Mi hermano y yo éramos los únicos extranjeros en la escuela. No conocía bien el idioma, mis padres se acababan de separar, y nos mudamos de Roma a Hannover, una ciudad, por así decirlo, con un poquito menos de encanto. Fue duro.

Pronto entendí que tenía que hacer algo con mi cabeza, porque el fútbol se me daba fatal y con las manos no sabía hacer nada. Estudié mucho el idioma y me dediqué a los estudios. Antes de terminar el colegio hice unas prácticas en un diario de Hannover. El primer día me hicieron escribir un artículo acerca de Angelo Branduardi (músico italiano). Terrible. Sin embargo, volví a la casa con mi viejo Fiat 127, y en ese auto supe qué era lo que quería hacer.

Usted escribió una tesis acerca del imperio mediático de Silvio Berlusconi antes de que se metiera en política. ¿Qué se puede aprender de Il Cavaliere?

Que es espantosamente buen manipulador. Esto, sin embargo, no quedaba claro entonces, y tampoco era el tema de mi tesis. Aprendí una frase que entonces me causaba mucha rabia, y, sin embargo, con el tiempo entendí que tenía razón. Berlusconi decía siempre: “Vosotros, periodistas, pensáis siempre que la gente lo sabe todo, pero no sabe nada”. Es evidente que él lo decía de manera muy cínica. Sin embargo, ahora, a menudo, se lo recuerdo a mis colegas, por lo que decía antes: tenemos que abrir los periódicos a las necesidades de los lectores.

Helmut Schmidt, ex canciller alemán, es presidente honorario de Die Zeit. Para muchos alemanes es un modelo. ¿Qué relación tienen ustedes?

Es un hombre que acepta las críticas y desprecia a quien dice siempre sí. Su popularidad es síntoma de un descontento hacia la clase política actual, él mismo lo dice. Representa todo lo que la gente echa de menos ahora. Tengo la suerte de tenerlo cerca, es uno de estos personajes de los que se puede decir que hay pocos en un siglo. Por independencia, lucidez, capacidad de análisis. En alemán se diría que es, “eine Jahrhündertfigur” -una figura del siglo-.

Fuente: El País

Pensar los medios en clave de smartphones

In Derecho a Replica on 18 octubre, 2010 at 11:11 AM

Mas allá del furor por el lanzamiento del iPad y las distintas tablets, que según algunos condenan al libro y a los diarios a un segundo plano mientras para otros fracasará, en el mercado continúa el ascenso y la intromisión de los smartphones. Los populares celulares o teléfonos móviles, es la plataforma a la cuál deberíamos prestarle especial atención, desde el periodismo, la publicidad y el marketing, dado que será el dispositivo predilecto de las próximas generaciones.

“El futuro de la información aparece cada día más claro: internet se convierte en el primer medio y el móvil se consolida como aparato de acceso para los más interesados y participativos. Los mayores consumidores y más activos en los propios medios, en las redes sociales y plataformas de microblogging”. La cita es del blog Periodista 21 de Juan Varela que en una serie de post edificó la idea.

Asegura que “los móviles sustituyen a la lectura de diariosy esto la industria de la prensa lo sabe. Además de reconocer como urgente el hecho de encontrar los modelos de negocio adecuados para los móviles y las aplicaciones, la nueva forma de acceder a la información.

Varela reconoce que las encuestas de Navegantes en la Red del EGM y Understanding the Participatory News Consumer, de Pew Internet, muestran la evolución del consumo de información en España y Estados Unidos.

“Los datos confirman el retroceso de la difusión y audiencia de las ediciones de papel; el ascenso del móvil, especialmente de los usuarios de smartphones, en el consumo de noticias; y la cada vez mayor influencia del flujo social, la participación y los enlaces compartidos en redes como Facebook y Twitter.”

A estas conclusiones se suma que un estudio de Orange realizado en España, Gran Bretaña, Francia y Polonia indica que los usuarios de smartphones navegan más por internet (25%) y ven más televisión (14%), pero el 14% de los usuarios leen menos diarios y sólo un 13% consumen más prensa digital.

En relación, Varela define una serie de lineamientos que serán ejes estructurales para pensar el escenario en el que las comunicaciones hoy se encuentran. Por ejemplo de que la información es omnipresente, ya que los usuarios consumen más información que nunca, varias veces al día, y a través de varios medios. A su vez el consumo es multiplataforma, por lo que en EE UU, el 92% de los americanos usan varias plataformas informativas y el 61% se informan por internet, sólo por detrás de la televisión y por encima de los diarios. Pero el 59% se informan por medios tradicionales y online.

En España, el 90% de los internautas leen información y para el 64%, la Red es su fuente principal. Tres de cada cuatro consultan los diarios digitales habitualmente y sólo el 51% leen la edición papel.
La televisión resiste mejor gracias al control de las cadenas y la limitada convergencia: nueve de cada diez internautas ven televisión convencional. La radio atrae a dos de cada tres.

La portabilidad del móvil sustituye a los diarios, en consumo y modelo de negocio. Una de las viejas ventajas de los periódicos siempre ha sido su movilidad. Los móviles y las aplicaciones de iPhone, Blackberry o Android (utilizadas por el 44% de los usuarios de smartphones españoles) comienzan a conseguir que el consumo de información se desplace de los periódicos a los teléfonos.

El desafío para los diarios es desarrollar aplicaciones de pago y suscripción en el móvil, y aumentar el precio y cantidad de los anuncios. Sólo así es posible compensar la reducción de rentabilidad sobre la publicidad en papel y la pérdida de difusión de pago.

Aplicaciones especializadas para llegar a los perfiles de público propietarios de los móviles y dispositivos portátiles de alta gama, que buscan información customizada -adaptada a sus intereses, comunidad y experiencia de uso- y que impacten lo menos posible en el producto generalista papel y web habitual en los grandes diarios.

La publicidad también debería amoldarse a los nuevos dispositivos. Vista, tacto, sonido, interactividad, utilidad. Publicidad para los sentidos. Las pantallas de los dispositivos táctiles y móviles tienen la enorme ventaja de concentrar la atención del usuario. Su experiencia de uso sensorial producen una capacidad de ilusión, interactividad y utilidad mayor a la de cualquier otro dispositivo.

Publicidad con indudable gancho y que a menudo enriquece las aplicaciones de los medios. Para seguir viendo ejemplos, estadísticas y análisis de lo dicho te sugiero continúes leyendo al autor de estas opiniones, Juan Varela en las siguientes notas:

+ Los móviles sustituyen a los diarios

+ Información multiplataforma, móvil y social

+ Otra publicidad para el tacto

El periodismo en su mínima expresión

In Derecho a Replica, Exclusivos, Tonti on 10 septiembre, 2010 at 10:05 AM

Por Danilo Tonti

Todo lo vigila y todo lo controla. Parece estar atento a todo y a todos. Es la voz que juzga y que denuncia; que da discursos éticos y moralistas. Es quien deja al descubierto y “desenmascara”. Está siempre, al salto, para vigilar, juzgar, premiar o castigar. Perfecto en mirar por la ventana, de los peores para enfrentarse a los espejos.

Vernos protagonistas de las acciones que denunciamos es demasiado incómodo y desacreditador. La imagen se desvanece ante la esencia y derrumba, con su fracaso, la choza que ilusoriamente aparentaba de castillo. La contradicción no perdona y regala sequía de credibilidad, que termina siendo letal.

El costo es demasiado alto; arriesgar no vale la pena. Ser coherentes con lo que decimos, pareciera que tampoco.

El periodismo está en crisis y busca reinventarse.

¡Qué bueno! ¡Busca reinventarse!, podríamos decir esperanzados. Pero sucede que el aviso de crisis fueron números en rojo, no una comunicación en decadencia. El clic, lejos de ser un servicio social olvidado, fue un balance absolutamente desequilibrado. Y lo peor, la pregunta nace desde una génesis deformada: ¿Cómo hacer para aumentar la tirada? Nunca para ajustar el servicio.

De entrada algo tiene que estar claro. Hablar en contra de ciertos medios no es sinónimo de hacer campaña oficial. Si hoy, a ciertos sectores le son funcionales dicotomías extremas y reduccionistas, no es nuestro problema, o por lo menos el mío.

Lejos de ir en contra de la libertad de prensa, la crítica libera el pensamiento y eso es el pilar de la libertad de opinión en todo sistema democrático. Aclaro, por las dudas.

La herramienta fundamental de la actividad periodística está en garantizar la pluralidad de voces, frase tan cliché en los últimos meses. Para eso, resulta necesario un posicionamiento profesional despojado de intereses tendenciosos que condicionen el proceso de búsqueda de la verdad. Por supuesto, interés siempre habrá. Pero en el momento en el que el interés por la verdad queda subsumido a intereses particulares, económicos por ejemplo, se corrompe el ciclo social y se altera -casi ineludiblemente- el producto comunicacional.

Así, la privatización monopólica de los medios de comunicación puede que no represente la garantía de un periodismo independiente comprometido con la verdad. De hecho, es imposible que así sea. Porque quien se llama Periodista entiende las consecuencias de una concentración mediática sujeta a una misma editorial.

Quien se llama Periodista comprende la importancia de la diversificación, no sólo de las voces, sino de los medios en donde aquellas voces hablan.

Muchos han sido los profesionales de la comunicación que han llenado minutos, horas, semanas de programación, hablando de la necesidad de tener pluralidad de voces, pronunciándose en contra de la Ley de Medios. Pero… ¿Cuán plural puede convertir a la comunicación una empresa con decenas de medios que machacan con las mismas ideas?

¿Cuánta pluralidad puede aportar un sistema de medios cuya lógica es la compra de la mayor cantidad de medios, a los fines de controlar la mayor cantidad de medios? ¿De qué pluralidad hablamos? Claro que, como dijimos, vernos protagonistas de las acciones que denunciamos es demasiado incómodo y desacreditador.

Ojo, ¿entonces los medios de estructura estatal garantizan un pleno ejercicio del periodismo y de la libertad de expresión? No, absolutamente no. Es tanto o más pernicioso que lo primero. Pero no me conformo con la ley del menos peor.

La creciente tensión entre el gobierno y Clarín no es un hecho menor. Habla de un proceso en el que los únicos que quedan a la deriva somos nosotros: los ciudadanos. En el medio de ese trajín, la imposibilidad de creer: la desconfianza y la sospecha. Y cuando la imposibilidad de creer asoma, la democracia está más en peligro que nunca.

Como dije, acá no hay lógica Hollywoodense, no está el “bueno” y el “malo”; no hay, por lo menos de mi parte, posicionamiento de tinte absolutista.

Pero, como periodista, me preocupa el periodismo en su imposibilidad de colocar a los hechos sobre el tamiz de la crítica profunda pero fundada, en donde no accionan condicionamientos de antemano. Me preocupa leer sabiendo lo que voy leer, ver sabiendo lo que voy a ver, escuchar sabiendo lo que me van a decir.

El periodismo que, evidenciado en su estructura, se predice a sí mismo, ha muerto como periodismo.

Algunos hechos rebosan las pantallas y las páginas, al tiempo que otros (la marcha por la ley de medios o la marcha 678 en Córdoba) quedan condenados a la ausencia mediática. El que discrimina hechos en función de posicionamientos, definitivamente, lejos está de hacer periodismo.

678 y el “periodismo político”

Quizás por los conflictos acaecidos en el seno de la opinión pública en el último tiempo, quizás por sus acciones de controversia, quizás porque, simplemente, se buscó que así sea… lo cierto es que el programa de la Televisión Pública (entiéndase Kirchnerista) ha ganado en notoriedad y en visibilidad.

Y me pregunto qué representa, a la luz de la comunicación, este fenómeno. En principio, la irrupción de un periodismo que, una vez más, reproduce fielmente la estructura que denuncia. Política viabilizada mediante la cámara, reincide en los mismos errores, cae en los mismos vicios.

Tal vez forme parte de esta típica viveza argentina: buscar los extremos, quedar en la crítica, reproducir más de lo mismo. Lo cierto es que, como periodismo, no tiene mucho que envidiar a aquellos medios monopólicos en cuanto a la mediocridad y a la carencia de -al menos un poco- objetividad y pluralidad.

Ahora, ¿hay algo de interesante en la llegada de 6/7/8 para alcanzar la magnitud que ha logrado? Sí, hay algo. De alguna manera, la concatenación de hechos polarizadores que se sucedieron en los últimos tiempos, posicionaron a los medios en un lugar en el que todo lo que se decía tenía que ver con lo mismo.

La irrupción del programa de la televisión pública significó, en ese contexto, una suerte de contrapeso en lo que a lo ideológico se refiere. Y miren a lo que hemos llegado: a la necesidad de sacar de los dos extremos un punto medio, siendo que el periodismo, en sí mismo, debería garantizar aquel punto medio.

Si me preguntan, hoy resulta imposible separar el periodismo de la política: desde los mismos medios se vela por ganar poder. El cuarto poder como agente de control quedó lejos, porque quien entra al juego deja entonces de controlarlo.

Al fin y al cabo, nadie es bueno para todo, eso está claro. Pero si hay algo en lo que todos podemos serlo es en el saber de que podemos ser mejores. Pero claro que para eso, en un acto de humildad mínima, es necesario reconocernos imperfectos e identificar falencias y desaciertos. Será cuestión de esperar el milagro y de, como comunicadores que somos, empezar a formar el cambio.

> Este autor es Columnista permanente de este Blog

El (incierto) papel de la prensa

In Derecho a Replica on 6 junio, 2010 at 2:00 PM

A lo largo de una década, los periódicos de la Unión Europea han perdido 12 millones de ejemplares. En 1998 circulaban 80,8 millones de copias, y 10 años más tarde la difusión había bajado a 68,8 millones en la UE de los Quince. Además de ventas, los diarios han perdido ingresos. Una virulenta crisis publicitaria ha agravado la salud de una industria con 200 años a sus espaldas. Los últimos dos han sido especialmente dramáticos, y España no ha sido ajena a la tragedia.

En 2008, los beneficios después de impuestos de los diarios españoles alcanzaron los 11,9 millones de euros, un 95% menos que el año anterior (232,9 millones). Pese a todo, la prensa se lee más que nunca. Aunque de otra manera. Las ediciones en Internet (mayoritariamente de acceso gratuito) han atraído a millones de lectores, pero estos nuevos usuarios, instalados en la cultura de la gratuidad, apenas han tenido repercusión en los ingresos.

Los grandes editores –capitaneados por el magnate Rupert Murdoch – negocian con los poderosos buscadores -con Google a la cabeza- la manera de rentabilizar sus contenidos en la Red. Paralelamente, exploran las posibilidades de los dispositivos electrónicos inalámbricos (iPad, cibertabletas, lectores electrónicos), y se preguntan si esta será su tabla de salvación.

Aunque nadie tiene respuestas firmes, los expertos afirman que cada una esas plataformas exigirá diferentes estilos de redacción y formas de empaquetar los contenidos. En el quiosco electrónico los periodistas deberán desarrollar al menos cinco formatos: alertas, artículos, podcast,videorreportajes y noticias en redes sociales.

A pesar del auge de las redes sociales, los blogs, el llamado periodismo ciudadano y el aluvión de sitios que se autodeclaran “informativos”, parece difícil que vayan a desplazar a los diarios online. A no ser que se piense que el periodismo es una afición y no un oficio.

Todos coinciden en que, a la postre, por encima de los soportes estará la marca. Es la cabecera la que avala el rigor, algo que en el ámbito digital parece haber pasado a segundo plano. La consultora Cases i Associats, que ha elaborado un estudio sobre las tendencias de los medios, lo expone gráficamente:

“De la misma manera que publicar un remedio casero para el resfriado no convierte al usuario en médico ni al foro donde lo publicó en un centro de atención primaria, escribir sobre un evento en Internet no convierte a esa persona en reportero ni a la web utilizada en un medio periodístico”.

El periodista Francisco Amaral, coautor del estudio, recuerda que la prensa escrita es el principal proveedor de información. Ha alimentado a la radio y a la televisión y ahora hace lo propio con Internet. “Los blogs no investigan, y tampoco el periodismo ciudadano. Son herramientas útiles, sobre todo por su cercanía, pero no son periodismo”.

Pese a todo, los periódicos de papel no pierden de vista el impacto de los blogs. Tienen, además, un ojo puesto en el fenómeno de las redes sociales. Para intentar ampliar su base de lectores, las cabeceras tradicionales han optado por perseguirlos allí donde se encuentren. Por eso se han lanzado en brazos de las redes sociales.

El británico The Guardian recurre a sus usuarios para orientar sus contenidos. “Nos piden que sigamos determinadas noticias o que investiguemos temas concretos. Hace dos años les preguntamos a quién deberíamos defender en las elecciones”, cuenta la antropóloga Meg Pickard, directora de desarrollo de medios sociales de The Guardian, que participó en la reciente reunión en Madrid de WAN-IFA, organismo que agrupa a 18.000 publicaciones de todo el mundo.

Durante la reunión del G-20 en Londres, el rotativo dio un paso más e impulsó el “periodismo en red“. Los reporteros salieron a la calle para cubrir la manifestación anticumbre pertrechados con su móvil para relatar la protesta minuto a minuto a través de Twitter. “Fue un enorme movimiento digital”, apunta Pickard, “y comprobamos que teníamos que estar donde estaba la gente”. El diario tiene ahora dos millones de seguidores en Twitter y 300 periodistas están presentes en esa comunidad virtual.

El potencial de las redes sociales es enorme, sobre todo si se tiene en cuenta que aglutinan más de 300 millones de personas y que sus usuarios son ya más que los del correo electrónico. Pero Twitter no parece que sea el milagro que espera la prensa. “No reemplaza la forma de contar la noticia. Es una forma de visibilidad, de potenciar el boca a boca”, subraya la directiva de The Guardian. Es un interesante barómetro para saber qué suscita el interés del público.

Aunque las cifras cambian día a día, se estima que una quinta parte del tiempo de navegación de un internauta está dedicado a una red social. Por eso “toca estar ahí”, dice Amaral. Como toca estar en los dispositivos móviles y subirse al carro de la revolución de los smartphones. Se calcula que el próximo año la mitad de los móviles que se vendan en EE UU permitirán navegar por Internet, de manera que la Red será accesible a 120 millones de usuarios desde el celular.

El móvil será el instrumento favorito para ver vídeos, mandar correos electrónicos, chatear o acceder a redes sociales. ¿Será también un soporte idóneo para distribuir noticias? “Es difícil pensar que el protagonismo del ordenador vaya a desaparecer de la noche a la mañana”, pronostica Cases i Associats, porque “el hábito de consultar noticias en Internet está muy ligado con el trabajo de oficina, lo que seguirá dando al ordenador un papel clave como soporte de los diarios digitales”.

En pleno proceso de transformación, los diarios buscan la manera de reinventarse. El presidente del WEF (foro mundial de editores) y director adjunto de EL PAÍS, Xavier Vidal-Folch, sostiene que los detonantes de la crisis de la prensa son la explosión de la información hasta un nivel prácticamente infinito, el cambio de la fábrica de la información -desde un modelo de manufactura a otro de renovación continua-, y la brecha entre el producto informativo y la publicidad. “En este marco, empresas y periodistas han de apostar por la cooperación”, dice Vidal-Foch.

A la vanguardia multimedia, el diario noruego Verdens Gang (VG, del grupo 20 Minutos) presume de ser una de las cabeceras más rentables en la web. Convencido de que “la industria de los periódicos nunca será la misma”, el director del área de móviles de VG, Morten Holst, cuenta que el secreto ha sido “la experiencia de usuario”;

“Los periódicos llevan 200 años de experiencia con sus lectores. La gente sabe lo que compra y por qué lo compra. Un periódico no es un contenido, es una experiencia de usuario. Y eso no se ha conseguido en la web“.

Holst considera que cada uno de los soportes exige “estrategias distintas” porque los hábitos de consumo son distintos y una de las razones para que el público pague en Internet es “la experiencia de usuario”. Además de operar en el papel, VG tiene potentes ramificaciones en Internet, el móvil, la webTV o las redes sociales. Casi el 20% de sus beneficios proceden del área digital. “Nuestra máxima es aprovechar las ventajas que brindan cada una de las plataformas”, exponen sus directivos.

Desde que en 1992 se envió el primer mensaje de texto, el móvil ha evolucionado de manera espectacular. Las modernas pantallas táctiles y la capacidad para navegar a gran velocidad son vistas como una oportunidad única para los medios, aunque Mark Challinor, director general de la consultora g8wave, es de los que piensan que los periódicos no están apostando por el móvil al ritmo que debieran.

“Mucha gente está optando por acudir a Internet a través del móvil. Pero hay que educar a los consumidores en este nuevo entorno y ofrecerles contenidos más sofisticados”.

The Guardian lanzó una oferta para plataformas móviles en las que cobra (unos tres euros) no por el contenido, sino por la funcionalidad. Se puede, por ejemplo, grabar noticias y leerlas en el metro o ver galerías fotográficas. El ocio acapara la mayoría de las aplicaciones de The Guardian App, un servicio que hasta ahora ha registrado más de 700.000 descargas. En su primer año, sin publicidad, espera superar los dos millones de euros de ingresos. El impacto de estos artilugios es tal que ya se empieza a hablar de un nuevo perfil de usuarios: los movilnautas.

Actualmente, el 36% de los propietarios de teléfonos móviles navegan por Internet y el 55% emplea mensajes SMS. Michael Read, director general para Europa de comScore, opina que el cambio no va a ser rápido. “Hay que pensar a medio plazo; 2011, 2012 y 2013 no serán los años del móvil“. Read vaticina que el pago (o micropago) por contenidos en el móvil solo se justificará si son diferentes de los de la web.

Otros rotativos han ensayado experimentos, como los códigos de barras, pictogramas impresos que permiten reconocer crónicas o anuncios. El francés Le Parisien articuló el año pasado un sistema que permitía fotografiar un artículo y a partir de ahí comentarlo o ver un vídeo. El alemán Rhein-Zeitung ensayó hace tres meses la “realidad aumentada”: mientras el lector pasa un código de barras bajo la cámara de su ordenador, un objeto tridimensional o un vídeo aparecía en su pantalla. Este invento podría servir para ilustrar determinadas noticias. Por ejemplo, una crónica deportiva podría ir enriquecida con imágenes de un penalti discutido en un partido de fútbol.

En marzo, el belga La Dernière Heure aumentó su tirada de 85.000 a 115.000 ejemplares mediante la inclusión de gafas de 3D que permiten visualizar las fotografías en ese formato. El experimento fue curioso, pero no pasó de ahí. Demasiado caro. El tratamiento de las fotos y la calidad del papel requerían una enorme inversión.

Más confianza tienen los editores en las pizarras electrónicas. Muchos proclaman que 2010 será el año de las tabletas y se preguntan cómo cambiará la industria de la prensa con los dispositivos móviles y cómo afectará a la labor periodística. Los aparatos de lectura electrónica (e-reading) se presentan como un desafío, aunque están envueltos en una inquietante incertidumbre.

Nadie sabe para qué utilizarán los usuarios el recién llegado iPad y si desplazará a otros soportes. Los expertos apuestan por una cohabitación. No sustituirá al papel, de la misma manera que los teléfonos móviles que hacen fotos no han provocado la muerte de las cámaras digitales.

El avance tecnológico “es cada vez más rápido y los nuevos soportes electrónicos, como el iPad, representan nuevas oportunidades, sobre todo en el ámbito de la publicidad”, afirma por correo electrónico el director general de la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE), Ignacio M. Benito, convencido de que las cibertabletas son “mucho más versátiles para los formatos publicitarios, con lo que serán capaces de abrir nuevas fórmulas y de generar nuevas vías complementarias de ingresos”.

A diferencia de las versiones online, que sitúan todas las informaciones en el mismo plano, las tabletas ofrecen una ventaja sustancial: pueden jerarquizarlas. “De entrada, ofrecen algo similar al espacio ergonómico de diarios y revistas. Pueden devolver la capacidad de editar la superficie, algo que los lectores aprecian”, afirma Amaral. ¿Hasta dónde llegará el hechizo de estos prometedores dispositivos?

Algunos piensan que bloqueando las reglas comerciales y las herramientas tecnológicas, Apple ha convertido el iPad en una manzana envenenada para la prensa. “El quiosco condiciona un peaje del 30%, por eso tenemos que estar atentos al mundo Apple y a los acuerdos comerciales con los periódicos. Tengo la sensación de que Apple necesita a los diarios”, advierte.Tampoco Mark Challinor piensa que las tabletas sean una letal amenaza para la prensa. “El papel tendrá en el futuro más valor. La prensa escrita es eterna. Persistirá, aunque es verdad que todo está cambiando”, proclama.

Para los medios online, una cuestión no resuelta es cómo generar ingresos (apenas captan el 3% la publicidad). Los anuncios en la Red son agresivos, molestos e intrusivos. Los usuarios huyen de ellos. Casi la mitad de los lectores afirma que ignora de manera sistemática los banners y tan solo un 0,1% hace doble clic cuando el anuncio salta a su pantalla.

Empresarios y agencias de publicidad han comprobado que la publicidad online es una auténtica pesadilla, mientras que los anuncios en la prensa de papel son los que más impacto tienen en los consumidores. Son especialmente valorados a la hora de adquirir un producto, mientras que los banners de las páginas web suelen ser ignorados. Su fracaso reside en haber exportado al mundo digital un modelo publicitario propio del mundo impreso.

En Estados Unidos, un fiable termómetro de lo que pasa en Occidente, la prensa escrita perdió el año pasado el 28% de los ingresos, pero este retroceso no fue aprovechado por la digital, que mermó también un 17%. Con Rupert Murdoch a la cabeza, los periódicos impresos exploran ahora cobrar por sus contenidos.

Harto de que los buscadores (Google, Yahoo!) se lleven el gran bocado del pastel publicitario, el magnate estadounidense de origen australiano ha decidido encriptar los contenidos de sus cabeceras. A partir de junio, The TimesThe Sunday Times cobrarán por el acceso a los contenidos digitales.

En España, AEDE ha exigido que Google News asuma cambios radicales en su modelo de negocio y pague por usar contenidos de los diarios. El buscador se aprovecha del trabajo de los periódicos para agigantar su facturación, mientras que las cabeceras no ven ni la sombra de los ingresos que genera la publicidad. Los motores de búsquedas y los agregadores de noticias “se reservan para sí el grueso de los ingresos publicitarios, de manera que los editores creadores de estos contenidos solo acceden a unos ingresos marginales”, asegura Benito.

Google parece estar en el epicentro del cambio. Se ha convertido en un embarazoso problema para los medios de papel, aunque hay quien piensa que la crisis de los diarios es externa a la prensa. “Es un cambio de paradigma de la sociedad, que vive otras necesidades informativas. Me preocupa pensar que pueda perder su papel como mediador”, dice Amaral, consciente de que “si la prensa pierde su fuente de financiación, no tendrá fuerza para mediar entre el poder y la sociedad”.

Fuente: Diario El País

Cómo responder a los escraches y las agresiones

In Derecho a Replica, Malas Viejas on 29 abril, 2010 at 10:48 AM

Por Luis Majul

A los escraches, las agresiones personales y las descalificaciones hay que responder con más periodismo y más información. Esa es la conclusión más útil que pude sacar después de haber participado de las últimas presentaciones de libros, programas de debate y mesas redondas donde se discutió sobre los nuevos ataques a los periodistas, acciones auspiciadas desde lo más alto del poder y financiadas por medios públicos que pagamos todos los contribuyentes.

Al poder de turno no le afectan tanto las opiniones como los datos que descubren casos de corrupción. La declaración testimonial del ex embajador en Venezuela Eduardo Sadous denunciando coimas en los negocios con Venezuela es letal para este gobierno. Varias veces más grave que cualquier “juicio popular”, cartel anónimo, los insultos de los ciberfanáticos que trabajan en horario de oficina o los informes “periodísticos” sesgados que se presentan como si fueran serios en los programas de propaganda oficial. La primera investigación sobre la conexión venezolana la escribió Jorge Lanata en 2006. Más tarde la Coalición Cívica la tomó como parte de su megadenuncia por asociación ilícita contra Néstor Kirchner. Los detalles de las conversaciones entre Sadous y los funcionarios y empresarios involucrados fueron revelados tres años después en el libro El Dueño. El fiscal Gerardo Pollicita y el juez Julián Ercolini tomaron esos diálogos de manera textual para llamar a declarar Sadous y activar una causa con innumerables ramificaciones.

El camino de la investigación periodística estuvo exento de fuentes no identificadas o condicionales. También de adjetivos impactantes. Solo datos, información y la publicación correspondiente. No hay nada más efectivo que eso. A los barrabravas que intentaron arruinar la presentación del libro de Gustavo Noriega, el periodista les respondió con la publicación de Indek: historia íntima de una estafa. Se trata de la crónica minuciosa, brillante y brutal de cómo Kirchner y Guillermo Moreno manipularon las estadísticas oficiales y utilizaron la violencia psicológica y también física para sostenerlo.

A los descalificadores profesionales que en algunos blogs se preguntan por qué un crítico de cine escribe sobre el Indec hay que contestar con más información: Gustavo trabajó en el Instituto durante 16 años; por eso puede relatar, con semejante precisión, uno de los hechos políticos más escandalosos de la era kirchnerista. Ahora es preciso colocar a las cosas en su verdadero contexto. El asfixiante clima contra la prensa no es comparable con lo que sucedió durante la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Tampoco tiene la dimensión del asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas. Y es mucho menos dañino que te griten “puto”, “gorila” o “dejá de mentir” a que te incendien el vehículo estacionado en la puerta de tu casa, como le pasó, hace un mes, en Caleta Olivia, Santa Cruz, a la periodista Adela Gómez, una colega que se caracteriza por informar sin llenar de elogios a los funcionarios K. Pero si el ex presidente proclama ante su militancia que la verdadera oposición son los medios y no condena con urgencia y energía los últimos actos de violencia no es improbable que en cualquier momento un fanático se sienta con derecho a pegarle a un periodista que no anda con custodia.

La imaginación para hacer el daño es inagotable. El hecho que se haya elegido a la Feria del Libro para practicarlo debería poner en estado de alerta a todo el ambiente de la cultura. Los libros en general, y los de investigación periodística en particular, vienen siendo, hasta ahora, islas de libertad que el poder de turno no pudo colonizar. Los intentos por comprar enormes cantidades de ejemplares para interrumpir la demanda y el engañoso mail que circula por la Web anunciando que un título ha sido retirado de las librerías por orden del Gobierno, demuestran que están dispuestos a todo para evitar que más gente acceda a los datos duros que afectan a esta administración. El temor de que algo igual o más violento pueda suceder el próximo sábado 1° de Mayo, Día del Trabajador, en la Feria del Libro, es algo que los organizadores no minimizan. Se trata del día en que más público asiste al predio de la Rural. Las editoriales lo eligen para la presentación de las novedades o de las publicaciones a las que más apuestan.

Algunos colegas han decidido suspender las presentaciones de sus libros y la firma de ejemplares, porque prefieren salir del ojo de la tormenta. Otros vamos a estar presentes, de manera pacífica y firme, porque entendemos que la mejor manera de responder a los escraches, las agresiones y las descalificaciones es defender nuestro trabajo. Y hacerlo precisamente allí, en el lugar donde el debate tantas veces le ganó a la violencia y a la intolerancia.

Fuente: Diario La Nación

+ Ser Perdiodista hoy en mi país

El Quinto Poder

In Paladar mostaza, Pasiones on 31 marzo, 2010 at 12:40 PM

Por Ignacio Ramonet

La prensa y los medios de comunicación han sido, durante largos decenios, en el marco democrático, un recurso de los ciudadanos contra el abuso de los poderes. En efecto, los tres poderes tradicionales -legislativo, ejecutivo y judicial- pueden fallar, confundirse y cometer errores. Mucho más frecuentemente, por supuesto, en los Estados autoritarios y dictatoriales, donde el poder político es el principal responsable de todas las violaciones a los derechos humanos y de todas las censuras contra las libertades.

Pero en los países democráticos también pueden cometerse graves abusos, aunque las leyes sean votadas democráticamente, los gobiernos surjan del sufragio universal y la justicia -en teoría- sea independiente del ejecutivo. Puede ocurrir, por ejemplo, que ésta condene a un inocente (¡cómo olvidar el caso Dreyfus en Francia!); que el Parlamento vote leyes discriminatorias para ciertos sectores de la población (como ha sucedido en Estados Unidos, durante más de un siglo, respecto de los afro-estadounidenses, y sucede actualmente respecto de los oriundos de países musulmanes, en virtud de la “Patriot Act”); que los gobiernos implementen políticas cuyas consecuencias resultarán funestas para todo un sector de la sociedad (como sucede, en la actualidad, en numerosos países europeos, respecto de los inmigrantes “indocumentados”).

En un contexto democrático semejante, los periodistas y los medios de comunicación a menudo han considerado un deber prioritario denunciar dichas violaciones a los derechos. A veces, lo han pagado muy caro: atentados, “desapariciones”, asesinatos, como aún ocurre en Colombia, Guatemala, Turquía, Pakistán, Filipinas, y en otros lugares. Por esta razón durante mucho tiempo se ha hablado del “cuarto poder”. Ese “cuarto poder” era, en definitiva, gracias al sentido cívico de los medios de comunicación y al coraje de valientes periodistas, aquel del que disponían los ciudadanos para criticar, rechazar, enfrentar, democráticamente, decisiones ilegales que pudieran ser inicuas, injustas, e incluso criminales contra personas inocentes. Era, como se ha dicho a menudo, la voz de los sin-voz.

Desde hace una quincena de años, a medida que se aceleraba la mundialización liberal, este “cuarto poder” fue vaciándose de sentido, perdiendo poco a poco su función esencial de contrapoder. Esta evidencia se impone al estudiar de cerca el funcionamiento de la globalización, al observar cómo llegó a su auge un nuevo tipo de capitalismo, ya no simplemente industrial sino predominantemente financiero, en suma, un capitalismo de la especulación. En esta etapa de la mundialización, asistimos a un brutal enfrentamiento entre el mercado y el Estado, el sector privado y los servicios públicos, el individuo y la sociedad, lo íntimo y lo colectivo, el egoísmo y la solidaridad.

El verdadero poder es actualmente detentado por un conjunto de grupos económicos planetarios y de empresas globales cuyo peso en los negocios del mundo resulta a veces más importante que el de los gobiernos y los Estados. Ellos son los “nuevos amos del mundo” que se reúnen cada año en Davos, en el marco del Foro Económico Mundial, e inspiran las políticas de la gran Trinidad globalizadora: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización Mundial del Comercio.

Es en este marco geoeconómico donde se ha producido una metamorfosis decisiva en el campo de los medios de comunicación masiva, en el corazón mismo de su textura industrial.

Los medios masivos de comunicación (emisoras de radio, prensa escrita, canales de televisión, internet) tienden cada vez más a agruparse en el seno de inmensas estructuras para conformar grupos mediáticos con vocación mundial. Empresas gigantes como News Corps, Viacom, AOL Time Warner, General Electric, Microsoft, Bertelsmann, United Global Com, Disney, Telefónica, RTL Group, France Telecom, etc., tienen ahora nuevas posibilidades de expansión debido a los cambios tecnológicos. La “revolución digital” ha derribado las fronteras que antes separaban las tres formas tradicionales de la comunicación: sonido, escritura, imagen. Permitió el surgimiento y el auge de internet, que representa una cuarta manera de comunicar, una nueva forma de expresarse, de informarse, de distraerse.

Desde entonces, las empresas mediáticas se ven tentadas de conformar “grupos” para reunir en su seno a todos los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio, televisión), pero además a todas las actividades de lo que podríamos denominar los sectores de la cultura de masas, de la comunicación y la información. Estas tres esferas antes eran autónomas: por un lado, la cultura de masas con su lógica comercial, sus creaciones populares, sus objetivos esencialmente mercantiles; por el otro, la comunicación, en el sentido publicitario, el marketing, la propaganda, la retórica de la persuasión; y finalmente, la información con sus agencias de noticias, los boletines de radio o televisión, la prensa, los canales de información continua, en suma, el universo de todos los periodismos. Lee el resto de esta entrada »