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Me quiero borrar de Internet

In Malas Viejas on 6 diciembre, 2010 at 12:22 PM

Desprestigiados en la red, cada vez más personas tienen que recurrir a empresas especializadas en la supresión de información dañina. Conoce el caso de Miguel Cobacho de salirdeinternet.com en España.

Luis tiene un negocio y muchísimos clientes. Facebook le parecía una herramienta útil no solo para sus contactos personales, sino también profesionales, así que decidió abrir una cuenta en la red social. Hace un par de meses una persona que se llamaba igual que él le envió una solicitud de amistad.

“La verdad, no sé por qué acepté. Quizás por inercia. Enseguida descubrí que ese tipo se estaba haciendo pasar por mí, porque en su perfil había una foto mía, además de datos reales y otros falsos —sobre ideología política, religión, gustos personales, etcétera— que podían hacerme mucho daño. En su muro había vertido opiniones que si leían mis compradores me podían tachar de loco peligroso. Le envié un mensaje pidiéndole explicaciones y me contestó “jódete”. Consulté con informáticos, pero no hubo forma de seguir su rastro, ya que pudo apuntarse en un cibercafé. Entonces contacté con un despacho de abogados especializado en la supresión de información no deseada en la web. Bastó una amenaza de denuncia para que ese individuo desapareciera. Sospecho quién pudo ser, pero no tengo pruebas. La Red puede resultar a veces muy peligrosa. Para hundirme, bastaría con que alguien ponga en marcha un blog dedicado a poner a parir mi negocio”.

¿La privacidad ha muerto? Algo así parece que dijo Mark Zuckerberg, creador de Facebook, aunque luego lo desmintieran los portavoces de la compañía. Más allá de las opiniones están los hechos. Cientos de millones de internautas cuentan sin precauciones qué hacen minuto a minuto (Twitter); dónde comen o desayunan (Foursquare); enseñan sus fiestas del sábado noche (Facebook) e, incluso, relatan cuánto gastan y en qué, en Blippy, una nueva red social para compradores compulsivos que registra y comunica a nuestros contactos cada compra que hacemos con determinada tarjeta de crédito («una forma divertida y fácil de ver y discutir lo que la gente adquiere»).

Y todos cedemos esos datos voluntariamente, quizá sin valorar las opciones de privacidad que ofrece cada red social. «Circular en la Red es como hacerlo por carretera. En autopista se recomienda una velocidad máxima de 120, pero hay coches que la superan, que quieren ir a 300, y se arriesgan. Cuanto más rápido circules, más riesgos tendrás», afirma a ABC un portavoz de Facebook en España.

Intimidad al descubierto

Además de las imprudencias de los internautas, no conviene olvidar las de las empresas que facilitan esos servicios. Algunas aplicaciones populares de Facebook transmitieron información privada de los usuarios a decenas de anunciantes, según una investigación de The Wall Street Journal. Un portavoz de Facebook aseguró que estaban adoptando medidas para «limitar drásticamente» esa exposición.

En el caso de Google, los coches que recogían información para su servicio Street View obtuvieron además, involuntariamente, millones de datos privados de personas que tenían sus redes wifi abiertas. El caso está ahora en los tribunales, aunque la multinacional se ha comprometido a un borrado cuando los jueces lo autoricen.

El pasado 31 de mayo, algunos disconformes con Facebook por la dificultad de configurar sus opciones de privacidad (simplificadas posteriormente) organizaron el «Quit Facebook Day», el día de la «deserción». Solo se inscribieron 34.100 personas, un número significativo pero ridículo frente a sus más de quinientos millones de usuarios.

Otro pequeño grupo de descontentos se apuntaron a Diaspora, una red social lanzada por cuatro estudiantes de la Universidad de Nueva York con el mensaje de que la privacidad era lo primero. «Ese concepto puede tener un significado distinto para cada persona. Para unos será lo que ocurre en casa y para otros las cosas que comparten. Lo importante es tener herramientas a tu disposición para controlar esa privacidad», dice el portavoz de Facebook en España.

Un funcionario público que desea guardar el anonimato cometió una infracción de convivencia ciudadana. Le pillaron y le enviaron la correspondiente notificación a casa. Al no estar localizable el requerimiento se publicó en un boletín oficial en internet. «Allí estaba, a la vista de cualquier usuario, con todo lujo de detalles: lo ocurrido, el protagonista y la sanción. Y una vez pagada la multa, no se elimina la información. Se queda ahí hasta el fin de los tiempos», nos cuenta su abogado.

“El problema es que hay boletines oficiales que permiten buscar sus datos por Google, y entonces estás perdido. Todavía no hay una regulación específica a nivel nacional que nos proteja de estas cosas. En esta ocasión pudimos solucionarlo directamente sin necesidad de acudir a la Agencia Española de Protección de Datos”.

Es posible salir de Google

Aparición en boletines oficiales en relación a multas, notificaciones, etcétera. Fotografías comprometedoras en redes sociales como Facebook o Tuenti. Inclusión en ficheros de morosos de forma indebida. Menciones negativas en blogs o foros. «Indexación» por buscadores como Google o Yahoo de todo lo anterior, permitiendo el acceso de cualquiera rápida y fácilmente… La publicación de información privada en internet es cada vez más frecuente y afecta a más gente.

Miguel Juan Cobacho, abogado especializado en privacidad, pensó el verano pasado que sería una buena idea dar cobertura a la gente que quisiera desaparecer de la Red. Creó salirdeinternet.com y en pocos meses ha asesorado a más de doscientos clientes, algunos de ellos protagonistas de sanciones vejatorias cuyo conocimiento era público en el ciberespacio.

“Google dice que los buscadores no son responsables de la eliminación de ese contenido, pero en mi opinión es evidente que tiene capacidad de control sobre el mismo; puede vetarlo o tolerarlo”, afirma Cobacho. «La Audiencia Provincial de Madrid estimó que a esa empresa le es aplicable la normativa española “no porque sea autora de la información que se considera atentatoria contra el honor de la parte apelante, sino por el hecho de que a través de su sistema de búsqueda permite acceder a dicha información”.

Es posible salir de Google y de los boletines oficiales. De hecho, hemos sido los primeros en España en conseguirlo. Pusimos una denuncia ante el Defensor del Pueblo en relación a los boletines, ya que no informan de los derechos a los ciudadanos. Es necesaria una legislación acorde a los tiempos actuales». Este despacho se orienta al amparo de la privacidad de los particulares, pero también del derecho al honor de empresarios y compañías, lo cual le diferencia de la Agencia Española de Protección de Datos. Seducidos por la revolución tecnológica y las redes sociales nos habíamos olvidado de las precauciones tomadas en tiempos analógicos.

Y ahora hay quien desea borrarse.

Fuente: ABC

La geolocalización y las redes sociales

In Malas Viejas on 25 septiembre, 2010 at 11:35 AM

Días atrás, Facebook lanzó en Estados Unidos la aplicación Places, que permite a los usuarios informarles a sus contactos dónde están. La política de no-privacidad de la red de Mark Zuckerberg y sus consecuencias.

Cuando hace unos días Facebook presentó la aplicación Places (lugares) –que permite saber el lugar donde se encuentra un usuario de la red social– lo primero que publicaron los organismos defensores de la privacidad fueron consejos para “desconectarlo”.

No por apocalípticos, sino porque, se sabe, la política de privacidad de la red social más grande del planeta creada por Mark Zuckerberg, que ya tiene 500 millones de usuarios, ha sido expresamente confusa desde sus inicios.

Para Zuckerberg, claro, todo debería ser público. De hecho, las actualizaciones realizadas a través de los años parecieran haber tenido siempre la intención de marear al usuario con opciones cada vez más complejas.

Según el Electronic Privacy Information Center, “la configuración por defecto de Places viola la privacidad en una larga lista de formas, y no es inmediatamente clara para los usuarios”. Por ahora, el servicio sólo está disponible en Estados Unidos y no se sabe cuándo será liberado para Sudamérica.

Places en Facebook

Hasta ahora, las aplicaciones de geolocación (que permiten saber dónde están los usuarios) que explotaron por los teléfonos inteligentes han permitido mantener un grado más o menos consciente de privacidad, ya que –en principio– se trata de servicios que los usuarios deciden instalar por su cuenta: Foursquare, por ejemplo, es una aplicación para móviles que permite encontrarse con amigos y descubrir lugares, la red social Twitter tiene una opción de “Location”, la red Weegoh también permite ubicar a personas conocidas, la agenda Tasktopía cambia de “cosas para hacer” según el lugar donde se encuentra el usuario.

Incluso, la geolocación es usada en algunos teléfonos de Motorola con la aplicación Blur, que les permite a los usuarios saber dónde se encuentra el teléfono en caso de robo, y permite borrar los datos de la agenda a distancia.

Pero la gran diferencia con Places de Facebook (basada en Foursquare) es que la base de datos de usuarios preexiste a la intención de estos usuarios de usar la geolocación, y su configuración viene por defecto “encendida”. Hay dos críticas centrales a la configuración inicial de Places: por un lado, un usuario que no ha autorizado el uso de Places puede ser taggeado (marcado) en una foto por otro usuario que sí usa la aplicación. Y las empresas pueden acceder a los lugares “descubiertos” por otros usuarios, aunque lo haga de forma “privada”. “Tus ‘amigos’ pueden postear en un mapa dónde estás, sin tu permiso”, contó Bridget Carey en el Miami Herald.

Así, los primeros informes de los medios estuvieron dedicados a dar instrucciones para borrar los permisos de la aplicación, antes que difundir la noticia del Facebook Places. Mientras Foursquare maneja una política de estímulos para convertir a los usuarios que más visitan un lugar en majors del lugar, lo de Facebook Places se mete en el uso cotidiano –sobre todo las capas jóvenes– que convive con Facebook como una extensión de su vida.

Sin embargo, el uso de la “geolocación” todavía no es demasiado aceptado por el usuario promedio en Estados Unidos. Aunque Google, Foursquare, Gowalla, Shopckick y Facebook ofrecen habitualmente servicios vinculados al reporte físico de los usuarios y aunque según la National Venture Capital Association se han invertido cerca de 115 millones en start-ups vinculadas a la geolocación, sólo el 4 por ciento de los estadounidenses ha usado algún servicio basado en geolocación y menos del uno por ciento lo usa semanalmente, según la consultora Forrester Research. Hasta ahora, Foursquare tenía “apenas” cuatro millones de usuarios. Apenas un puñado, si se comparan con los 145 millones de Twitter, y mucho menos con los 500 millones de Facebook.

¿Publicarías donde estas ahora?

De allí que el salto exponencial que producirá la llegada de Facebook Places a todo el planeta ha puesto en emergencia a las ONG dedicadas a la privacidad. Los creadores del sitio PleaseRobMe.com han llevado la idea al paroxismo: el sitio permitía (fue discontinuado) seguir a un usuario que comparte información on line para saber cuándo puede ser “robado”.

“El peligro es decirle a todo el mundo dónde está uno. Si le decimos a todo el mundo cuándo y dónde nos vamos de vacaciones, le estamos diciendo a todo el mundo que no estamos en casa”, dicen.

Hasta hace poco, el sitio hacía un seguimiento en vivo de Foursquare junto a información de Twitter para detectar cuándo un usuario no estaba, y avisaba sobre las “oportunidades” para robar una casa.

“Nuestra intención jamás fue hacer que alguien sea robado, sino alertar sobre el problema de la privacidad”, reza el sitio. La realidad no tarda en llegar: la semana pasada una banda de ladrones electrónicos fue desarmada en New Hampshire, usando una técnica similar a través de Facebook.

La Electronic Frontier Foundation lanzó una guía de alerta para que se mejoren las aplicaciones basadas en la locación. “La criptografía ofrece formas de no dejar rastros del lugar donde uno está y aun así poder usar aplicaciones de geolocación. Los ingenieros deberían trabajar para mejorar la privacidad”, dicen.

Otro emprendimiento para mejorar cuestiones de la privacidad es Diaspora, la red social de código abierto, que liberó su código a la comunidad la semana pasada, pero que ha dicho que usará un sistema de encriptación y permitirá al usuario tener control total sobre los datos. Lo más irónico es que, enterado de la nueva empresa, el fundador de Facebook donó 150 mil dólares.

Dennis Crowley, fundador de Foursquare.

Facebook Places es aburrido. Al menos eso dice el fundador de Foursquare, Dennis Crowley… claro, qué va a decir él! Debe estar bastante pendiente de cómo evoluciona el uso de su “nuevo” competidor. Y no solo en USA, sino también en Europa y algunos países de Asia bastante pro activos con su “juguetito”, Foursquare. > leer mas

Fuente: Página/12