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Cuando con los disconformes nos miramos a los ojos

In Derecho a Replica, Exclusivos, Prosas Propias on 26 junio, 2012 at 6:09 PM

En mi país (siempre) se viven épocas de disconformidad. Como todo Estado con una joven democracia, padece los por menores de descubrir la política (bondades y miserias) en cada Gobierno que se sucede. A su vez los ámbitos que en un momento fueron dejados de lado por el grupo político dominante, se sienten ultrajados, se arrogan para si el derecho patriota y condenan lo otro. Cuidado, también sucede a la inversa en la que los grupos que han sido observados en este turno, ahora defienden los beneficios obtenidos a capa y espada, tildando de traidores a los anteriores. Lo que sucede entonces en mi país, cada una serie de gobiernos, es que se suceden con ellos amores y odios extremos, donde la cordura escasea cuando se acercan las urnas y los delirios encierran cada vez intereses mas egoístas.

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Como si fuese poco, los nacidos en mi país poseen ciertas cualidades especiales en la sangre. Soy un convencido que mi país posee una cuestión antropológica de la cual nunca podrá escapar. En él se mezclan elementos que nos hacen únicos pero a su vez nos condena a seguir buscando un éxito esquivo. Y quizás la primera premisa es pensar en nuestra construcción de éxito y felicidad nacional. ¿Qué necesitamos para ser felices? ¿Qué consideramos como exitoso en el país? ¿Somos capaces de ser lo que pretendemos ser? Pero no hablo de una incapacidad real para lograr algo, sino de una falsa creencia en nuestro destino como sociedad. Quizás le pedimos a los argentino ser algo que jamás fuimos o tal vez nunca llegaremos a ser. Por favor que no se confunda: esto no significa que no debamos pelear por el país que pretendamos pero reconocer en nosotros y los otros las mismas condiciones para ser, pretender y hacer.

Escucho y leo a diario personas que piden al argentino mas de lo que ellos están dispuestos a ser o hacer como argentinos. Veo enojos contra falsedades desde una postura falsa; siento que alguien reclama lo que no fue o es capaz de brindar; escucho muchas veces renegar sobre actitudes que mas allá de verlas en ojos ajenos se deberían reconocer como propias. Entonces la charla se frena en seco en esta parte y el interlocutor se limpia las manos, como diciendo “yo nunca milité”, “no tuve cargos”, “siempre fui independiente”, “jamás me quise ensuciar”, “la verdad que no tiene sentido participar”. Entonces ahí un sueño de país se apuñala con una hostia.

Los días pasan y uno siempre recibe descubrimientos ajenos sobre su persona ¿No les parece? A mi todo el tiempo me miran de lejos y me dicen “que engominadas que tienes las ideas”; “se te despeinaron los valores e ideales”; “porque no te afeitas y dejas en paz las posiciones”. Quizás ya se haya notado algo que omití: en mi país todo el mundo opina de todo, sin saber o hacer absolutamente nada. Abundan los Directores Técnicos que no saben ni patear una pelota; los ministros de economía que no acomodan ni las cuentas de la señora; los Presidentes que no son escuchados ni por sus hijos; los arquitectos que no construyen ni suspiros; los soñadores que no se animan siquiera a dormir con la luz apagada.

Entonces en eso anda mi país. Abusando en cada esquina de la ventaja sobre el otro; criticando sin leer; renegando sin estudiar; apuntando sin hacer. Encima soy periodista y pocos entienden que mi trabajo es que todos tengan los elementos suficientes para construir posturas nutridas de información. Pero “que zurdo que estas”, y el “estas sonando gorila últimamente”. ¿Donde se acaba el péndulo acusador para que comience la vara de análisis propio?. Acá, en mi país, todos se quejan de todos, diciendo que todos dicen lo mal que hacen todos y sin siquiera hacer lo que todos hacen critican a todos por señalar a todos los otros, que a su vez dicen que todos están convencidos que todo lo hecho es hecho para todos y por todos aceptado.

Hay veces, mejor dicho días, en lo que es asfixiante vivir en mi país. Sobra libertad para decir, pero falta tiempo para pensar. Todo se pretende para ayer; la ansiedad cuelga procesos en la plaza cada mañana; los que hoy condenan son los que ayer fueron condenados; la venganza es moneda de cambio y el olvido un cambio paralelo. Vos sos, vos fuiste, los ágiles que señalan se esconden tras la piedra de los estigmas. Yo respondo desde acá a mi historia, la pasada y presente, pienso hasta donde puedo y hago lo que me toca. ¿Vos?

Quizás solo sea yo el que veo el afuera desde una ventana errada o ¿queda alguien mas dispuesto a escuchar antes de condenar?

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“Un verano Italiano” de Eduardo Sacheri por Alejandro Apo

In AguaSuaves on 18 abril, 2011 at 9:18 PM

La sensación en la piel es muy particular. Las luces calladas, el tiempo apagado y su voz haciendo estremecerse al parlante. Las letras de un otro que con timidez escribe y con rudeza te sacude la sangre. Emocionan juntos, relatan jugadas magníficas de sílabas que gambetean a los sentimientos forasteros y gritan los goles de las lágrimas. Con barrio, fútbol y amor.. si es que estas tres acaso no significan lo mismo con las luces apagadas y la ilusión a cuesta.

Escribe Eduardo Sacheri, lo cuenta Alejandro Apo y los relatos son de Victor Hugo Morales. Esto se llama Un verano Italiano.

Grupos virtuales y relaciones vía Twitter

In Paladar mostaza on 14 febrero, 2011 at 9:01 AM

“Las relaciones no volverán a ser lo mismo..” sentenciaba un amigo con iPhone en mano, se refería a lo que genera la red. Twitter alteró, junto con otras redes sociales, la manera en la que comenzamos nuestras conversaciones y nos enteramos de lo que hacen nuestros amigos. Acá una buena radiografía, de Soledad Vallejos, de como se organizan las comunidades virtuales por medio de 140 caracteres.

Pasar horas y horas ante una computadora ya no es, necesariamente, sinónimo de reclusión solitaria. Es más: hasta podría llegar a ser indicio de una intensa vida social que transcurre, como algunos programas informáticos, en segundo plano, mientras suceden otras cosas. Todo, durante las horas de trabajo, mientras se lee el diario, se intercambian archivos o en medio del episodio de alguna serie. La vida online transcurre, por así decirlo, al mismo tiempo que la otra existencia más tradicional. También puede intervenirla y sumarle dimensiones.

Los usuarios insisten en que, después de horas y días y semanas y hasta meses de compartir anécdotas, historias, información, materiales, fotos con desconocidos cuyos nombres reales muchas veces se ignoran tanto como sus caras y sus voces, el impulso es natural. No queda otra que “desarrobar” los nombres: pasar de la pantalla (donde cada usuario lleva nombre real o de fantasía, pero necesariamente precedido por la @) al mundo en tres dimensiones.

Salón de fiestas se busca

Hace cuatro años trabajaba en un call center. Ahora, aunque se llama Facundo, más de tres mil personas lo conocen como @elfaco, uno de los organizadores de las fiestas Rispé. Entre un momento y el otro de su vida pasó la llegada a Twitter (TW), “lo primero que leo cuando me despierto y lo último que leo antes de dormir”.

El cambio le resultó tan natural que se le escapan los detalles. Tuiteando fue “conociendo amigos, gente. A mi novia. Y conseguí otro trabajo”. Por “conocer” virtualmente a periodistas, dejó de ser telemarketer y comenzó a trabajar en una empresa periodística. A los 24 años, @elfaco no puede imaginar su vida cotidiana sin TW. Tampoco su amigo @ati lael1, el dj cordobés que en el mundo no virtual se llama Gonzalo. Se conocieron, por supuesto, tuiteando: seis meses después, junto con otros tuiteros, empezaron los viajes entre Buenos Aires y Córdoba. Para conocerse primero, para verse con frecuencia después, porque “en TW se da mucho esto de gente de otras provincias que pega onda con los de acá y viceversa. Viajan, se hospedan en casa de otro”.

Ahora mismo, mientras los tweets van y vienen, @elfaco, @atilael1 y –-al menos– otras doscientas @ buscan dónde encontrarse una noche para charlar, verse las caras y brindar. La costumbre empezó en 2009: Facundo anunció su cumpleaños en TW, Gonzalo dijo que viajaba hasta Buenos Aires para pasar música en la velada; algunos se prendieron. “Pero fue un fracaso total: ese día granizó, éramos quince personas en un bar.” En febrero de 2010 probaron de nuevo, ya con el nombre de “Rispé”. “Vinieron 40, 50 personas. Cobramos entrada para cubrir el alquiler del local.” No alcanzó. En mayo repitieron; “ya vinieron 70, 80. Ahí sí cubrimos los gastos”. En octubre pasado fueron 140. “Al principio era como que la gente iba para encontrarse con otra gente de TW, a ver quiénes eran. Pero la tercera vez ya mucha gente se había conocido y traía amigos que no eran de TW”, o que online se habían construido otro circuito de contactos.

–¿Cómo saben quién es quién?

–Cada uno se presenta. Pasa algo muy gracioso en las fiestas y es que los que no tienen un avatar (la foto de usuario) o su nombre real, esa gente que no reconocés si te cruzás en la calle, avisa antes por TW: “voy a ser el que esté vestido así” o “el que esté colgado de un parlante”, “al lado del baño”, ese tipo de cosas. Ahora queremos hacer una cuarta. Tal vez a fines de febrero, principios de marzo. Tenemos que encontrar lugar.

Fútbol para todos

Cada semana, los players se encuentran en la cancha cuyo bar, durante el tercer tiempo, se convierte en Unidad Básica. En el Abasto juega la UB “Evita Carrilera”; en Chivilcoy, la UB “Que florezcan mil Florencios” (por el ministro del Interior, nacido allí, y cuyo hermano organiza los partidos); en Rosario, la UB “Cooke al arco”; en zona norte, la UB “Jauretche de 9”; en La Plata, la UB “Walsh enganche”; en zona oeste, la UB “Todos atrás y Néstor de 10”; en Flores, la UB “Volveré y seré stopper”. “Cada uno tiene su UB virtual y arma los partidos, saca las fotos, arma las crónicas y sube todo a la web”, explica Víctor Taricco, el usuario que sí lleva su nombre real en TW y recomienda pedir más datos al creador de la movida del Picado nac&pop. Es que esta red de conocidos virtuales unidos por el fútbol y la política en la vida real nació también en TW, por insistencia de @berenje nal, conocido en el mundo 3D como Ernesto, un geólogo de 27 años que “no era de tener muchos amigos”.

“En TW empecé a encontrar, y calculo que les pasa a muchos otros, gente piola que no había en mis otros círculos cotidianos. Cuando empezamos a encontrarnos, todos decíamos: ‘No puedo hablar de política con gente del trabajo, con la familia, con amigos’. Había una necesidad en ese sentido.” El primer partido fue en septiembre del año pasado y “todo se intensificó después de la muerte de Néstor” Kirchner. Pero a lo simplemente político-emotivo se sumó “una necesidad personal, trivial, que era jugar al fútbol”, cuenta @berenjenal a horas de la contraparte menos atlética de esas veladas: la fiesta del Picado Nac&Pop.

Cuando, en lugar de bailar, se juega, el tercer tiempo se convierte, para esas cerca de veinte personas y algunos invitados no deportistas, en espacio de discusión y “transferencia de experiencias, de argumentos. Porque se encuentra gente con distintos niveles de militancia y eso vuelve más interesantes los intercambios”. Tal vez tenga que ver con algo propio de TW, y que Ernesto define como al pasar: “Una suerte de inteligencia colectiva”.

Ahora “nos vemos todas las semanas. Y muchos reconocemos que se genera una identidad, una pertenencia. Es lo atractivo y lo que hace que cada vez se acerque más gente”. Y es que la idea de los encuentros, como las publicidades exitosas del mundo digital, se expandió en modo viral y ya es web (www.abramos lacancha.com) en el club virtual para todas las UB, que permite –decálogo y manual de instrucciones mediante– nuevos picados, como la rama femenina, en zona norte, o los equipos mixtos.

Ernesto cree que Internet, con sus plataformas sociales, “une gente”, pero que este tipo de experiencias “está más viva, conecta gente de modo que la hace interesarse en dar el salto a la vida real. A conocerse, hacer otras actividades. Es muy horizontal, es uno a uno en TW”.

De boliche en boliche

“Empezó por gusto y placer, y el grupo se formó tuiteando. Sin TW no hubiera sido posible”, dice rotundamente Italo Daffra, alma de @54bares, un grupo de porteños y porteñas aficionados a los cafés tradicionales. Cincuenta y cuatro son los establecimientos designados como “bares notables” por el gobierno porteño, y 54 es la meta a alcanzar a fuerza de café y medialunas. Ya pasaron por 34 desde la Semana Santa de 2010, cuando comenzó la recorrida en las mesas del Tortoni. “Ahora, en febrero, volvemos a encontrarnos. Este año llegamos seguro”, dice Daffra, para quien las reuniones por afinidades son cosas que pasan “cuando compartís algo en una plataforma en la que te leen 500, 100 personas, los que sean. A un comentario siempre alguien se puede subir, tirar una idea, decir me prendo”.

Así pasó: una noche Italo se quejó de la preferencia juvenil por las grandes cadenas de cafetería. “Comenté que para mí el bar es otra cosa.” Y entre comentarios del estilo alguien googleó la lista completa de bares notables. “Y veo que conozco el Tortoni, Los Angelitos, alguno más. Pero me dio curiosidad: ¿cómo será el de García, el de Devoto, o uno de Barracas? No los conozco.” La meta estaba allí. Se sumaron desconocidos, amigos, más o menos conocidos, su novia. En el Tortoni fueron menos de diez. “De los que venían, sólo conocía a un colega. Y después me paré cerca de la mesa, como buscando a alguien con la vista. De uno que estaba sentadito mi novia decía que tenía cara de avatar y era uno de los que venía. Así nos fuimos reconociendo.”

–¿Cómo rompen el hielo?

–Con la tecnología: cada uno está con su teléfono en la mano y nos une hablar de aplicaciones. Es un ciclo: contar que llegamos, mirar quién llega tarde, quién avisa que está complicado… Después terminamos hablando de fútbol, de política, de sexo. Una charla de amigos en el café, bah.

Fuente: Página/12 Imagen: cruiselawnews

Sin futuro, pero con sistema penal propio

In Derecho a Replica, Exclusivos, Tonti on 4 febrero, 2011 at 1:36 PM

Por Danilo Tonti

El miedo es la materia prima de las prósperas industrias de la seguridad privada, y del control social. Una demanda firme sostiene el negocio. La demanda crece tanto o más que los delitos que la generan, y los expertos aseguran que así seguirá siendo. Florecen el mercado de las policías privadas, y las cárceles privadas, mientras todos, quien más, quien menos, nos vamos volviendo vigilantes del prójimo, y prisioneros del miedo“.

La búsqueda del miedo no es ilusoria ni tampoco desprevenida. Es miedo, pero ante todo es búsqueda. “Industria del miedo” en palabras de Galeano. “Ola de inseguridad”, en verborragia de todos.

Para el film hollywoodense es clara la escena, y también la condena: el ejecutivo o la ama de casa, en el trajín de su vida “normal”, y el delincuente (porque antes de ser persona, el sujeto es delincuente) atacando con su desvío social y su anormalidad casi natural, casi heredada. ¿El camino? No hay muchas dudas: cárcel y condena la mayor cantidad de años como fuesen posible, convenciéndose (sin siquiera creerlo) de que el encierro y la desprotección absoluta devendrán en “reinserción”. Pero sucede que aquel delincuente es joven, la secuencia se complica y casi de inmediato olvidamos la verdad que pintorescamente sostenemos: “los jóvenes son el futuro”.

¿Será que no es joven aquel pibe de 15 años que no conoció otro mundo que el robo y el camino de las drogas? ¿Será que no es joven aquel que mordió la bronca del olvido y tragó el resentimiento de la indiferencia? ¿Será que joven no es tanto un término etario como un privilegio y un mérito social? En la locura del prejuicio, los disparates son emblemas.

Lo cierto es que hoy, y con entristecedora liviandad, se discute bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14 años. Y me sumo a la pregunta que inteligentemente se realizan los jóvenes de la Cooperativa de Comunicación “La Brújula”: ¿Por qué suponer que desde adentro del  sistema penal se restituirán los derechos vulnerados, que por fuera del mismo no están siendo garantizados? Por motivos que no llego a comprender, para muchos hay lógica y verdad en aquel supuesto.

Los adolescentes que hoy tienen 14 y 15 años nacieron entre 1994 y 1995, en plena  vigencia del gobierno de Carlos Menem, cuyas políticas económicas tuvieron como  resultado la desintegración del tejido social, la marginación de millones de personas. (…) Hoy, esos jóvenes se encuentran en el centro del debate y es el mismo Estado que los dejó fuera del sistema productivo y educativo, quien debe definir qué hacer con ellos ante los crecientes reclamos de la opinión pública“; La Brújula. En todo problema yace una matriz, una causa, y también un efecto, una consecuencia. Ver el efecto y olvidar la causa no sólo evidencia nuestra incapacidad sino que, fundamentalmente, garantiza la continuidad del problema.

A esta altura del partido, hasta resulta hipócrita sostener la cárcel y los institutos de menores como instituciones que garantizan la resocialización del sujeto, reinsertándolo exitosamente en la sociedad. Más bien, parecen sostenerse como la garantía que contrarresta la amenaza; la tranquilidad, naciente del aislamiento, de evitar contacto y encerrar peligros. En este contexto, pensar bajar la edad de imputabilidad no regala otro horizonte que el del aumento de la franja de la desprotección y el olvido, reafirmando la condena y esquivando la inclusión.

La idea de un sistema penal juvenil pareciera responder a la lógica de “aislar y condenar, para curar y reinsertar”. Sin embargo, las políticas en nuestro país a diario reafirman que éste es un camino de ida, en donde el desinterés en verdaderas políticas sociales transforma el camino de regreso en un ideal construido de ilusiones. Podemos cambiar de nombres los sistemas o de títulos los procedimientos, pero mientras la naturaleza sea la misma, la continuidad del “orden” estará garantizada.

Muchos dicen que la cárcel o los institutos son un mientras tanto necesario hasta que se profundicen verdaderas políticas inclusivas. ¿Pero saben cuál es el problema? Que la Argentina es un país del mientras tanto. “Hasta que hagamos lo correcto nos conformemos con lo posible”. Pero sucede que lo correcto nunca llega y lo posible, mediocre y simplista, termina siendo más que el mientras tanto… el horizonte. Bajar la edad de imputabilidad es condenar a esos jóvenes, que no saben nada de la vida más que el mundo que los adultos le entregaron. Condenarlos con la culpa, y soslayando la responsabilidad de un sistema social que no sólo los desprotege sino que, como si fuera poco, los ubica en el ojo de la tormenta.

No hay que olvidarse de algo, muchos de aquellos que roban y que matan en la sociedad fueron, antes que victimarios, víctimas. Y eso es lo que todos pasamos por alto y en lo que nadie se ANIMA a detenerse. Trabajar este tema no requiere sólo nuevas política, requiere nuevas configuraciones de sentido, nuevas concepciones que tienen que ver con la construcción del pobre, del delincuente, de la inseguridad. Pensar que la inseguridad se combate con cámaras de seguridad en las esquinas como convencido sostiene Macri, es evidencia de lo poco que pensamos y de lo mucho que falta.

Ningún chico, en ninguna parte del mundo, nace fumando paco o con un revolver en la mano“, sostiene Alcira Argumedo paraLa Brújula. Es en la construcción social y en la configuración de las oportunidades donde olvidamos el link de la igualdad y damos pie a que, el paco y el revolver, sean las únicas herramientas a la vista.

Pero antes de hablar y de cerrar posiciones es necesario saber de qué estamos hablando y en qué contexto lo hacemos:

“Según una investigación de Unicef, la Subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, y la Universidad Nacional de 3 de Febrero, sobre un total de  1800 adolescentes menores de  18 años privados de libertad por causas  penales  en  el país,  el 17 %  (300 adolescentes)  son menores  de 16 años. Los datos indican que un 15 % de estos 1800 adolescentes está imputado de homicidio, lo que equivale a 270 casos. Dentro de este porcentaje, sólo 46 corresponderían a adolescentes de entre 14 y 15 años. Pero esa cifra es aún más baja, si se toma como referencia la cifra del total de homicidios dolosos que se cometen por año en nuestro país, alrededor de  2000 casos. De esa cantidad, en unos  200 participan menores de  18 años.  Y según declaró el director regional  de Unicef para América Latina y el Caribe, Nils Kastberg, en sólo 15 de esos 200 casos participan menores de 16 años”. (Menores en Conflicto con la Ley – ¿Responsabilidad Individual o del Estado?; La Brújula).

En definitiva, este tema amerita los replanteos y la voluntad de dejar de lado la simple comodidad y el interés personal. No están en juegos meras opiniones, sino la vida de cientos y miles de jóvenes que en silenciosos gritos piden ayuda. Porque, como dice Galeano:

En un mundo que prefiere la seguridad a la justicia, hay cada vez más gente que aplaude el sacrificio de la justicia en los altares de la seguridad. En las calles de las ciudades se celebran las ceremonias. Cada vez que un delincuente cae acribillado, la sociedad siente alivio ante la enfermedad que la acosa. El gran negocio del crimen y el miedo, sacrifica la justicia“.

+ Menores en conflicto. ¿Responsabilidad individual o del Estado? PDF de La Brújula Cooperativa de Comunicación

> Este autor es Columnista permanente de este Blog

Entrevista a Don Tapscott

In Derecho a Replica on 17 diciembre, 2010 at 3:00 PM

Don Tapscott es el creador de Wikinomics, un libro de culto en la economía digital, y un luchador contra la brecha digital, la frontera que hay entre los que tienen acceso a la Red y los que no. Recorre el mundo impartiendo conferencias. Estuvo en España y el diario El País lo entrevistó.

¿Cómo ayuda la tecnología a dar recursos a quién no los tiene?

Todavía hay una gran brecha digital, se va cerrando, pero existe. Gracias a los móviles hay lugares donde no hay agua potable ni electricidad pero sí cobertura de móvil. Gracias a eso se puede informar y tomar mejores decisiones. Si se tiene acceso se abre un mundo de posibilidades. El 80% de las nuevas empresas depende de Internet y tiene menos de cinco años. El mundo de los emprendedores se ha acelerado, son el verdadero futuro. La web proporciona una verdadera meritocracia. Se crea lo que denominé ‘ideagora’, un lugar para participar de la sociedad y de la economía.

En España tenemos un problema con los mayores de 45 años que se quedan sin trabajo pero no tienen una formación digital, ¿qué sugiere para solucionarlo?

El primer problema es la falta de jóvenes. Hay que aumentar la tasa de natalidad. Además la educación es mucho más barata ahora. Las universidades en Estados Unidos están perdiendo su poder. El 80% de los másteres de negocios son online y se imparten en Asia. ¿Por qué iría alguien a una clase con 300 personas si lo puede hacer en casa y, además, el profesor le contesta por correo?

En sus libros suele hablar de compartir ideas, sin embargo, no es algo que suceda en el día a día. ¿Cómo se puede impulsar que esto suceda?

Compartir una idea no es comunismo. Al contrario, es capitalismo, del bueno, del mejor. Es la mina de oro. Tengo un vecino que hizo un reto a partir del mapa de unos terrenos que compró. Quería buscar oro en ellos pero no sabía dónde hacerlo. Ofreció medio millón de dólares a quién le ayudara. Lo pagó, muy a gusto además. Supo de nuevas técnicas de extracción de oro y su empresa paso de tener un valor 19 millones de dólares a 10.000 millones de dólares. Ahora tengo un vecino muy rico. No es cuestión de compartir todo pero sí de dejar de pensar como un solo ente y pensar como un colectivo. Nike ha mejorado mucho desde que creó GreenXchange, unaplataforma que promueve iniciativas sostenibles y colectivas.

En España, todavía tímidamente, comienzan a verse iniciativas de datos abiertos (Open Data) en Gobiernos regionales, como el del País Vasco, ¿qué beneficios aportan?

Es mejor que bueno. Cambia la naturaleza de los Gobiernos y su sentido. En Madrid, por ejemplo, el Ayuntamiento y la policía saben perfectamente cuáles son los puntos críticos donde hay accidentes de tráfico. Podrían liberarlos, decirlo, y que alguien lo metiese en un mapa de Google. En dos días comenzarían a salvarse vidas. El coste es cero, pero el ahorro es grande. Así hay montones de ejemplos: negocios, sanidad, seguridad… Los datos en bruto, tal cual, convierten a la administración en una plataforma, en un aliado. Liberar datos es lo justo. Si lo pagamos entre todos, ¿por qué no nos devuelven lo que nos pertenece? Una vez que cumplen su función, que también digan qué conclusiones sacan. Que nadie lo confunda con la privatización. Es lo contrario. Es el nuevo valor público, de todos.

La gestión sería más transparente, ¿cree que la gente confiaría más en sus dirigentes gracias a ello?

Exacto. Por un lado verán los rédito. La luz es el mejor desinfectante. Si están desnudo, si el gobierno no hace nada, se sabrá. Por otro lado, si eres transparente, eres digno de confianza.

¿Qué piensa de la publicación de cables de Wikileaks?

Ahora mismo Wikileaks está dando información de países. Lo siguiente son los bancos y las grandes corporaciones. Entonces sí que vamos a hablar, mucho más, de transparencia. Va a cambiar por completo la relación entre las empresas y sus clientes. Van a ser más responsables con la sociedad. Gobiernos y empresas tienen derecho al secreto, por supuesto, no se trata de contar todo pero sí de hacerlo mejor, de ser responsables con la sociedad. Los que ponen en el punto de mira a algunos cables concreto o Assange se confunden. Tiene que servir para reflexionar y que cada institución reflexione sobre su integridad. Como dije, el la luz aclara todo. Habrá regulación ciudadana. La sociedad controlará la calidad de los servicios. Imagina una sociedad formada y con acceso a la información. Eso sí será un mundo mejor.

¿Cree que el iPad es tan revolucionario?

No, es solo un aparato más. Novedoso, claro, pero no es algo que cambie la comunicación. El móvil sí es revolucionario. La tercera pantalla está cambiando el mundo. La primera fue la televisión. La segunda es el ordenador. La tercera está dando acceso a un nuevo entorno a gente que no tendría oportunidades de desarrollo.

Fuente: El País

Parida desde el prejuicio

In Malas Viejas, Tonti on 1 diciembre, 2010 at 9:09 AM

Por Danilo Tonti

Parida desde el prejuicio. Así  empezó a conocerse. Como el reflejo de lo que como sociedad somos: prejuiciosos.

La enfermedad rosa asomaba como la culpa de la perversión, el castigo de la naturaleza por ir “en contra” de ella misma. La desviación tenía que tener su castigo.

Así germinó, desde aquella idea deforme de raíz, un supuesto que hasta el día de hoy retumba en las palabras reproducidas no por pocos. “Es cosa de homosexuales o drogadictos”, o “le pasa a las prostitutas y a los gays”, son algunas de las frases que, cargadas de falacia, esconcen la sensación y la tranquilidad de inmunidad.

En todo caso, para esta sociedad el VIH/SIDA no sería más que la evidencia de aquella conducta que peca de desviada y que, con sus “malos hábitos”, encuentra aquello que no busca, pero que inevitablemente va a encontrar. Es que en la medida en que la desviación sea parte del discurso y la enfermedad socia directa de aquel desvío, la idea deforme de raíz continuará dando hojas y frutos deformes.

Toda enfermedad lleva en su anatomía el germen del dolor

Dolor de lo imprevisto; dolor de lo incierto. Pero son pocas aquellas en las que el dolor más agudo y penetrante llega desde afuera, desde la exterioridad que nada tiene que ver con la dolencia misma. Entonces el dolor se transforma en carga, la carga en culpa y la enfermedad en estigma. Es triste saber que podés sobrellevar la enfermedad, pero no el dolor de sentirte rechazado; ese síntoma recurrente en la mirada de aquel que sólo juzga.

El virus del prejuicio está instalado y, aunque por momentos aparenta bajar su dosis, continúa debilitando el cuerpo social. Elabora sobre sí una representación excluyente y estereotipada, en la que las relaciones y los vínculos se construyen en función de que exista o no exista algo que pueda ponernos en peligro.

Ya se saben las formas de contagio y las vías de prevención; sin embargo, el miedo parece ser más fuerte. La condena siempre es cruel, simplemente porque su naturaleza se sostiene en la crueldad del castigo en su máxima expresión. Pero condenar lo incondenable, no es más que atribuirnos un poder que jamás se nos ha concedido, no es más que sociabilizar la exclusión e instaurar la locura.

Este primero de diciembre no deseo nada más que lo que debería estar de entrada y sin solicitudes: aceptación. Que cada persona portadora de VIH o enferma de SIDA pueda salir a la calle, buscar trabajo, llevar sus hijos al colegio, tomar un café, vivir la vida como todos merecemos vivirla. Dicen que no hay mal que dure cien años. Creo que para muchos, el mal no es la enfermedad.

+ No dejes de ver Cicatrices de un veredicto impune (Especial)

> Foto: “Mensaje” (de María Amelia Conti, foto 1), que muestra el compromiso de los jóvenes en la respuesta a esta enfermedad. El segundo premio fue para María Jimena Almarza y su foto llamada “Ella” (foto 3), que expresa dramáticamente la discriminación que sufren las personas que conviven con VIH. El tercer puesto, por su parte, lo ocupó Roberto Hernández (“No juegues a la ruleta rusa”, foto 2), quien hace foco en el riesgo de no cuidarse en las relaciones sexuales.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

Marcha de la Gorra: En contra del Código de Faltas, a favor de los códigos que faltan

In Malas Viejas on 22 noviembre, 2010 at 9:53 PM

Por Gaby Socias

Fotos de Danilo Tonti

La “Gorra” marchó y –en su marcha– fue mucho más que gorra. De concreta mutó a abstracta, bajo una miscelánea que la transformó en símbolo, en el ícono de aquellos que se despojan de lo atribuido, para reconstruirse desde la propia y auténtica identidad.

Emerger de las entrañas de la exclusión, desafiando a la indiferencia y sobrevivir a la discriminación para salvarse de la injusticia, era la consigna que los había llevado hasta allí. Colón y Cañada (Córdoba, Argentina) de a poco fue trasformándose en el escenario de una realidad ignorada por muchos y reconocida por unos pocos. Ruidosos, extrovertidos y desafiantes, los jóvenes de diferentes barrios de la ciudad dejaron atrás toda estrategia para poder ingresar al centro sin ser detenidos.

No les hizo falta venir acompañados por nadie, ponerse la mejor ropa, peinarse distinto ni fingir parecer lo que no son. Pudieron mantener intacta su identidad y decidieron marchar, para ser.

Los diferentes colores de las banderas que flameaban impúdicamente, al igual que la diversidad de instrumentos de murga que daban ritmo y alegría al reclamo, hacían juego con la heterogeneidad de quienes se iban acomodando sobre la pirca de la Cañada.

Así, pasadas las seis de la tarde, jóvenes y algunos no tan jóvenes de diferentes barrios, colegios, universidades, centros de rehabilitación y organizaciones sociales, comenzaron a marchar por Colón hacia la esperanza de la posible derogación del Código de Faltas vigente.

Pareciera que unos pasos son poca cosa, pero éstos no fueron pasos cualquiera. Cada uno retumbó, y juntos, ovacionaron un andar que escondía muchos días de trabajo y debate. Concientes de que toda lucha es un proceso, este acto de visibilización no era más que la punta de un iceberg sostenido por años de tolerancia y lucha por el reconocimiento de derechos, explicaron referentes de las organizaciones sociales.

Paradójicamente, los rostros de aquellos pasos, lejos estaban de “parecer” peligrosos. Por el contrario, regalaban la certeza de que su demanda era justa, ante la evidencia de las más de 54 mil detenciones por contravenciones realizadas durante 2009. Allí ningún rostro “portaba”; allí todos los rostros transmitían.

“No es merodeo es paseo” entonaba la multitud, cual himno emanaba de sus mas profundas convicciones. “Mi cara no es tu trabajo” y “Tolerancia cero es igual a justicia cero” gritaban sus remeras pintadas con aerosol. Era la cuarta vez que cubriendo de vereda a vereda la avenida Colón, la bandera del Colectivo de Jóvenes por nuestros Derechos –organizadores de las Marchas de la Gorra– iba adelante guiando la manifestación.

Cada 20 de noviembre se trasformó en el día clave para marchar en contra del Código de Faltas, ya que se conmemora el día Internacional de la Declaración de los Derechos de los niños, niñas y adolescentes; convención vulnerada y poco reconocida según Marisel Segovia, abogada miembro de la Casa del Liberado, una asociación que trabaja contra el abuso policial.

Ruido estridente de voces acalladas

El silencio no fue lo suyo; se cansaron de pertenecerle y hoy prefirieron realzar su voz en palabras liberadoras.

“Quedamos a la merced de la voluntad e ignorancia de la policía porque el Código de Faltas les permite detener a jóvenes sin tener que demostrar lo que ellos dicen que son”, comenta Rubén, del movimiento juvenil JP Descamisados.

Por su parte, Laura del grupo El Montonazo explica que las masivas detenciones arbitrarias suceden porque el sistema lo permite, ya que éste es muy perverso con los sectores más pobres y vulnerados de la ciudad. “Nos detienen simplemente porque somos pobres”, dice “el Bichi” Luque, del Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos.

Se trasluce que la estigmatización y criminalización de la pobreza se había convertido en el blanco de todas las opiniones que se podían escuchar a cada paso de la marcha.

Antes de que ésta comenzara, mientras se aguardaba la llegada de todos los jóvenes para empezar la movilización, los chicos del barrio Malvinas se animaron a hacer un roll-play de una clásica detención policial en el centro de la ciudad, como forma de dar a conocer cuáles son las situaciones con las que ellos se enfrentan a diario.

“¿Qué andás haciendo negro? –pregunta el policía.

Ando comprando ropa, –responde el joven.

¿De qué trabajas o de dónde sacaste la plata? (dándole a entender que presume que es robada), ¿tenés documento? –prosigue el policía.

Trabajo en un colegio y si tengo documento, el chico responde. Bueno, voy a averiguar tus antecedentes pero te voy a llevar de una por merodeo, termina diciendo el oficial.

Este diálogo, un joven –sobre quien recae el estereotipo de la portación de rostro– puede tenerlo hasta tres veces en un día cuando llega al centro. “Y en alguna de esas veces seguro nos llevan detenidos”, comentaFernando Daniel del barrio Malvinas. Fátima, del mismo barrio continúa: “En un mes los chicos pueden ser arrestados hasta 5 veces, generalmente se los lleva a la UCA donde pueden permanecer horas, días o semanas según la cantidad de arrestos anteriores; es decir las detenciones son acumulativas y determinan el tiempo de encierro”.

Ya sobre la calle General Paz a punto de doblar por 27 de abril para llegar a la Plaza San Martín, donde esperaban cientos de niños pintando carteles con sus derechos, Rodrigo, sostenía eufórico por el micrófono que iba trasmitiendo la marcha, que los jóvenes no son el futuro, sino el presente que se les está negando, producto de la exclusión.

En relación a esto, desde H.I.J.O.SRubén indica que no se puede esperar de las autoridades un acuerdo de convivencia que reemplaze al Código de Faltas, ya que desde ahí sólo se pretende excluir y no convivir. Por su parte, “el Bichi” Luque afirma que las políticas de seguridad generan inseguridad, porque no están pensadas para brindar una seguridad social.

“Ante la necesidad de seguridad compran chatas, armas importadas y se basan en lo que la tolerancia cero dice. El chico de barrio y las mujeres trabajadoras de la calle son considerados sujetos peligrosos para la sociedad, a éstos hay excluirlos, borrarlos, alejarlos. Como pasó cuando De la Sota dijo no quiero más villas en mi ciudad, o cuando Juez anunció no quiero más carreros en la ciudad”.

La policía: no sabe, no contesta

A lo largo y lo ancho de la manifestación hubo polícias que prefirieron ignorar lo que estaba pasando y rendirse bajo la mecánica de un sistema que no dilucida problemas y por ende, no considera la necesidad de soluciones ni cambios. Entre el silencio y el titubeo, respondían primero que no “querían” opinar y ante la insistencia decían que no “podían” hacerlo “por su trabajo”. “Estamos para vigilar y no para opinar”, sostuvo uno de ellos. Mientras otro admitió: “Yo estoy en la parte de Faltas y aplicamos el Código según la situación, es verdad que existen irregularidades como en todos lados, pero más allá de eso a nuestro accionar lo califico con un nueve”. Esta fue la única respuesta de los policías presentes.

Mensaje en movimiento

Tanto el tiempo, como la emoción, el apoyo mutuo y la esperanza de justicia fueron consumiendo la tarde en que las gorras no necesitaron esconderse. Ya desde el escenario se procedió a leer el documento donde los jóvenes víctimas de las detenciones, señalaron que los responsables de la crisis de la seguridad están en el poder y desde ahí controlan e intentan imponerles una forma de vivir y de ser castigados que no van a aceptar bajo ningún punto de vista. Entre otras cosas, solicitaron la posibilidad de discutir las formas en las que se piensa y habla de ellos.

Calurosos aplausos confirmaron la adherencia al documento leído y dieron paso para recibir al actor “Toto” López, miembro de la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos, quien interpretó la fábula delHombrecito y del Vigilante. La misma refleja la persecución policial que sufre un joven, al punto de decidir convertirse en policía y terminar sintiéndose perseguido por el mismo.

Acto seguido, jóvenes “del Colectivo” nombraron a muchas de las organizaciones que apoyaron la marcha, algunas de ellas fueron: Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos, Ammar, Red Buhito, Colectivo Ampliación Pueyrredón, La Bisagra, Cátedra de Estrategia de Intervención comunitaria, Secretaría de Extensión Universitaria, Seap, La Minga, CTA, La Revuelta Murguera, Jóvenes Promotores de Salud de Villa Allende, Libres del Sur, Barrios de Pie, Secundarios Arriba, Movimiento Universitario Sur, Corriente Peronista Nacional, El Andén, Programa Sol.

Como todos los años, la marcha se cierra con un espectáculo musical. Esta vez, estuvo a cargo de las bandas Entangados, Muy VoláCalle en la Rima.

Así pasó la marcha, pero en la ciudad todavía retumban los ecos de aquellos pasos. Ciertas estructuras fueron removidas y la mente de muchos se encontró con nuevos pensamientos. Los jóvenes fueron un mensaje, un mensaje en movimiento de lo que está pasando y hay que cambiar.

Fuente: CbaNoticias

El Código de Faltas desde adentro

In Malas Viejas, Tonti on 18 noviembre, 2010 at 4:34 PM

Por Danilo Tonti y Gaby Socias

El calor no le impidió llegar. Con la predisposición de siempre, el “Bichi” estuvo ahí.

Traía consigo una mochila que rebosaba un buen manojo de ideas y también de broncas, de experiencias e impotencias, pero -por sobre todo- de ganas de cambiar lo que a diario dibuja su presente. Presente pesado que no sólo recae sobre sus espaldas, sino sobre la de muchos.

No hicieron falta demasiadas preguntas; sus palabras corrieron por sí mismas escupiendo aquella verdad que no deja de golpearlo pero que, en ese instante mismo del golpe, le inyecta una sobredosis de incentivo.

El tiempo fue vaciando esas ganas que tenía de expresarse y de ser escuchado. Pero en el medio, dejó palabras que fueron semillas y que ilusionaron con un mañana que poco se parezca al hoy.

De mediana estatura; pelo oscuro; piel trigueña; simpatía desbordante. Ese es José María Luque, o más conocido como “el Bichi”. De 7 a 16 horas trabaja; el resto, lo invierte en aquello que lo apasiona: el Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos. Desde este espacio, se propone incidir en la Promoción, Ejercicio, Defensa y Exigibilidad de los Derechos de Niñas, Niños y Jóvenes a través de un ámbito colectivo referente y legitimado, construido de manera horizontal y democrática.

Más que de elección se trata de necesidad; una necesidad nacida en la convicción de estar, en la certeza del hacer. En definitiva, no hay palabra con más peso que aquella que se transforma en hecho y que emana de las propias vivencias.

Foto: CbaNoticias

Reglas del juego

In Exclusivos, Malas Viejas on 18 noviembre, 2010 at 8:41 AM

Por Marcelo Franchetti

Escenario banal, cotidiano. Un almuerzo solitario de lunes en la arbolada peatonal de Mendoza. Un ánimo algo tenebroso que aflora la sensibilidad al máximo.

Aparece una perrita callejera con evidentes signos de haber dado a luz recientemente. Las tetas hinchadas y manchas de sangre. Olfatea entre las mesas en busca de alguna miguita o resto de comida que le aporte aunque sea el más mínimo nutriente a su leche de progenitora. Se desenvuelve como un animal tranquilo, apacible, afable.

Mi natural afinidad por los animales, y la especie canina en particular, contribuye a la generación de cierta empatía. Observo mientras la pareja de la mesa de al lado le ofrece parte de su comida. Repentinamente aparece un nuevo perrito (o perrita, no alcancé a distinguir). Cachorrón, de unos tres o cuatro meses.

Con inocente naturalidad repite la misma rutina de supervivencia que el otro animal. Hasta que la recién parida advierte la intromisión en lo que seguramente su instinto ya había codificado como su legítimo “territorio de caza”. La misma criatura que hace segundos me conmovía con su actitud sumisa y situación de fragilidad reaccionó con una furia que jamás hubiera imaginado. Con agresiva agilidad la perra atacó sin dubitación alguna al cachorro que la doblaba en tamaño. La contienda, claramente despareja, duró unos cuantos segundos.

La atacante no se conformó con clavarle varias dentelladas que el atacado respondía con dolientes alaridos, sino que además se aseguró de alejarlo una decena de metros de su área persiguiéndolo al ritmo de mordiscones de nada sutil advertencia. Como cerrando un lapsus de la variable tiempo, la perrita retomó a su tarea de recolección de sustento, con la misma parsimoniosa conducta del principio.

La situación me disparó una aguda reflexión sobre las reglas de juego que imperan en la biología de la cual formamos parte. El instinto de supervivencia, seguramente potenciado por el de perpetuación de la especie, transmitió a la perrita la orden incontestable de alienarse en una nueva criatura furiosa, iracunda, dispuesta provocar todo el daño posible con tal de defender su causa, inclusive en actitud temeraria.

Los seres humanos no somos diferentes y nos regimos por exactamente la misma regla, por momentos tal vez disimulada en sus formas por una supuesta ¿civilidad? Pero la regla está ahí, tallada en el mármol sobre el que se erige nuestra Sociedad. Difícil, sino imposible, eludirla. La disfrazamos, ocultamos, negamos, pero está siempre ahí, vigente.

Podemos comprar millones de racionalizaciones disponibles: convivencia civilizada, trabajo en equipo, comunitarismo, comunismo, colectivismo, sinergia, y miles de etcéteras más. Dictamos leyes y más reglas. Pero es inevitable, tarde o temprano se nos presenta la circunstancia en que poseer o acceder a algo, es solamente posible quitándoselo o privando a otro. Y ahí sólo podemos ser perrita o cachorro, atacantes o atacados, vencedores o vencidos, nada más.

Algunos vienen con mayores condiciones para acatar y hasta sacarle el jugo a esta regla. Otros, no tanto. Algunos eligen el velo de la sutileza, la picardía o simplemente la pasividad para que el juego lo jueguen otros y los beneficios los reciban ellos. Pero finalmente ahí están, aceptando y obedeciendo la inefable regla.

Me pregunto si algún día lograremos despegarnos de esta trampa de la biología.

Como la perrita, acepto volver al status-quo de calma. La perdono, casi por solidaridad conmigo mismo y le regalo mis papas fritas. Me levanto y me voy.

> Fotos de Jose Bahamonde


Adoptar en Córdoba tiene 5 años de demora

In Malas Viejas on 17 noviembre, 2010 at 9:30 AM

Por Jimena Castro y Carla Pacheco

Miles de personas en nuestro país quieren adoptar y por diversas razones, los trámites se hacen interminables y muchas veces la adopción termina siendo imposible. Los procesos burocráticos de la justicia cordobesa provocan desaliento en las familias adoptantes.

En Córdoba, desde que se creó en 2001 el Registro Único de Adopciones se anotaron 1.900 aspirantes, pero en todo 2009 hubo sólo 40 niños en condiciones de ser adoptados. Esa brecha hace que pasen años entre el día de la anotación y el de la entrega de un niño.

Según estimaciones de especialistas y padres adoptivos, la espera de un niño, en  Argentina, casi nunca es menor a cinco años.

La demora para que un niño pueda ser dado en adopción radica, en que, debe existir alguna causa que justifique como el abuso sexual, violencia familiar o abandono por sus padres. Y ese abandono no es fácil de dictar; hay plazos extensos para los tiempos de un niño que deben respetarse, y existe la obligación de que se intente que el niño viva con su familia biológica: sólo como excepción se puede dar una guarda con fines de adopción.

Causas de las demoras

El principal problema radica hasta que se establece el “estado de adoptabilidad” de un niño. La nueva ley de adopción 24.779 en su Artículo 316; declara el estado de adoptabilidad cuando: “Personas menores de edad cuyos padres sean desconocidos, y hayan resultado infructuosas las medidas adoptadas para localizarlos. Cuando los padres de la persona menor de edad, luego del cumplimiento del período de mantenimiento del vínculo familiar, ratifiquen su decisión de entregarlo en adopción. Cuando se trate de personas menores de edad huérfanos, sin autor o cuando el niño o la niña así lo soliciten”, son algunas de las situaciones para definirlo.

La declaración del estado de adoptabilidad será determinada por la autoridad judicial en todos los casos antes de otorgar la guarda e iniciar el juicio de adopción. Se tramitará ante la autoridad judicial con competencia en asuntos de familia de la jurisdicción donde se encuentre la persona menor de edad.

La realidad muestra a jueces de familia que deben decidir sobre la condición de adoptabilidad de chicos que, en muchos casos, cargan con una historia familiar muy complicada; a gente que omite la vía judicial y hace entregas directas a conocidos que carecen de validez legal.

La larga espera que implica el proceso de adopción en los registros, opción que busca darles transparencia a las adopciones y seguridad a los padres adoptivos, hace que, paradójicamente, se fortalezcan los caminos ilegales y en los hechos se vaya en contra de los fines del registro.

La palabra oficial

A pesar de las demoras para poder adoptar por la vía registral, Ricardo Rosemberg, titular del Registro, recomienda esa opción sobre la adopción directa. “Es más segura y transparente, tanto para los padres como para el niño”, asegura. “Pero hay que estar en los zapatos de quienes deben esperar”.

El titular del ente cree que lo mejor sería un cambio de ley para limitar la adopción directa pues, en la práctica, lo que se da es la compra-venta de niños disfrazada de la elección de la progenitora de dar su bebé a una familia que ella quiere.

Una visita al juzgado

Para la declaración del estado de adoptabilidad, la justicia lleva a cabo uno de los lapsos más largos en el proceso de adopción, lo que provoca desesperanza para los padres y hartazgo en los niños que son sometidos a visitas obligadas al juzgado para realizar los distintas instancias que prevé el Estado. “La visita al juzgado la sufren mucho los chicos, sienten que tienen que ir de nuevo a ese lugar que les trae malos recuerdos y se oponen a su manera”, nos cuenta Fernanda Pérez, madre adoptiva (ver video).

> Laboratorio del Colegio Universitario de Periodismo

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+ Juicio de Adopción

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+ Entrevista psicosocial que se les hace a los padres que quieren adoptar