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La alianza de centroizquierda después de Kirchner

In Derecho a Replica on 9 noviembre, 2010 at 9:37 AM

Siguiendo con los análisis del impacto que provoca en la arena política la muerte de Néstor Kirchner, me permito traer estas líneas escritas por Luigi Keynes que aportan otra óptica de situación desde su nota “Cisma de la centroizquierda argentina”.

Antes de la muerte de Nestor Kirchner se planteaba un panorama electoral para 2011 bastante definido, con tres fuerzas como protagonistas: el kirchnerismo, la derecha aglutinada en el llamado peronismo federal y la centroizquierda.

Esta centroizquierda estaba formada por un grupo de partidos no muy homogéneos entre si, pero unidos por dos factores: cierta afinidad ideológica y su oposición al kirchnerismo. Este grupo aún no había definido su régimen de alianzas y al parecer no iban a terminar todos agrupados en una misma fuerza electoral, pero en caso de llegar algunos de ellos a segunda vuelta probablemente iban a apoyarse mutuamente.

Pero la muerte de Nestor Kirchner va a trastocar este esquema. Es posible que muchos dirigentes del peronismo federal estén pensando en regresar a las filas kirchneristas, como puede ser el caso de Felipe Solá. Dentro del mismo kirchnerismo ya se deben estar llevando a cabo poderosas pujas internas de poder (rapidamente se me ocurre Scioli vs Moyano). Pero el mayor trastocamiento se podría dar en la centroizquierda.

La centroizquierda argentina está formada por partidos opositores al kirchnerismo donde se destacan laUCR alfonsinista, el Partido SocialistaProyecto Sur; y otros partidos y agrupaciones menores como las encabezadas por StolbizerSabatella.

Lo que unía a estos partidos en un mismo espacio no era mucho si lo vemos desde lo programático, era mas una serie de acercamientos y alianzas mas por conveniencia que por convicción. Por ejemplo, si uno pregunta a las bases del Partido Socialista si están dispuestos a apoyar a un candidato presidencial de la UCR, había una afirmación generaliza pero muy desconfiada y descreída. Además de esa conveniencia electoral, el otro factor de unión entre estos partidos era su oposición y desprecio al estilo confrontativo y autoritario del kirchnerismo.

La UCR alfonsinista por su parte, sueña con volver a obtener un poder protagónico para el partido, y sabe que para lograrlo necesita la ayuda de los otros partidos de centroizquierda que aunque menores en estructura, tienen una gran popularidad especialmente entre los jóvenes.

Los otros partidos de centroizquierda veían estas alianzas como una posibilidad de crecer cada uno en sus respectivos espacios y de cogobernar junto al radicalismo.

Pero la realidad es que los partidos de centroizquierda coinciden con la mayoría de las políticas llevadas a cabo por el kirchnerismo, el problema que tenían con el oficialismo pasaba mas por su estilo confrontativo y autoritario, tal como apunté mas arriba.

Ahora bien, supongamos que el nivel de confrontación del oficialismo se atenúe notoriamente, creo que no quedarán muchos argumentos de peso para una oposición fuerte por parte de los partidos de centroizquierda, poniendo en una situación muy incómoda a sus dirigentes.

Creo que este problema ya debe estar planteado en las mesas chicas de estos partidos y debe ser una gran preocupación para sus planas mayores.

Si se caen las razones para seguir oponiéndose al kirchnerismo veríamos en descrédito ante la sociedad a dirigentes como Pino SolanasRubén Giustiniani, quienes en los últimos tiempos mostraron un fuerte perfil opositor, mientras que otros dirigentes como BinnerSabatella, tendrían un impacto algo menor, pues ellos se mostraban mas conciliadores.

Esto plantearía serios problemas ante el electorado para los partidos de centroizquierda, pero el asunto no terminaría allí.

La fuerza del perfil y el compromiso opositor dentro de estos partidos es directamente proporcional al nivel de jerarquía dentro de los mismos, así los dirigentes de plana mayor se han comprometido mas en la causa opositora que las bases.

Esto genera otro frente de crisis para estos partidos, de caer el argumento opositor las bases ya no estarían tan dispuestas a acompañar a sus dirigentes y exigirían cambios en las estructuras partidarias. Además aparecería en este caso, otro argumento, pero contrario a la causa opositora: el de que debilitar al (posible) nuevo kirchnerismo menos confrontativo sería acrecentar el inaceptable riesgo de ayudar (sin quererlo) a la derecha para que vuelva al poder.

Es decir que en caso de caerse el argumento opositor de la centroizquierda veríamos a estos partidos con problemas ante el electorado pero también con cismas y divisiones internas.

El problema de los principales dirigentes de estas fuerzas políticas es que se comprometieron tanto con el argumento opositor que es muy difícil volver atrás sin asumir un gran costo. La solución que ensayarían seguramente se daría por el lado de crear un nuevo argumento, que quizás pueda ser la corrupción, la cual no es tan fácil de comprobar para el electorado como si lo es el de confrontación y autoritarismo.

Ahora bien, cuales son las posibilidades de que se reduzca el nivel de confrontación del oficialismo?

La situación del oficialismo es que dada la muerte de su principal líder va a necesitar acumular capital político de algún lado para mantener el equilibrio y la sustentabilidad y ahí creo que surgen dos posibilidades:

  1. Retomando un perfil mas progresista acercándose a la centroizquierda y bajando el nivel de confrontación.
  2. Encerrarse mas aún en el peronismo mas ortodoxo otorgando mas poder a los sectores duros de esta fuerza y tratando de seducir a dirigentes del llamado peronismo federal.

Y en esto la última palabra la tiene la presidente Cristina Fernandez y los principales dirigentes del kirchnerismo, y aún no dieron muchas señales al respecto.

Es posible que incluso puedan repetir la estrategia mostrada en 2007, denotando un falso perfil progresista y luego volcándose con vehemencia al peronismo ortodoxo y duro.

Creo que el nuevo escenario plantea serias incertidumbres a los líderes de la centroizquierda quienes podrían quedar en una posición muy desventajosa, mientras sus partidos se dividen internamente entre los que siguen siendo opositores y los que tengan una posición mas afín al oficialismo (sector que existía ya antes de la muerte de Kirchner pero que se vería muy potenciado en caso de que el gobierno deje de ser tan confrontativo y autoritario).

Fuente: Blog de Luigi Keynes

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Escraches anti política

In Exclusivos, Jorge, Malas Viejas on 6 julio, 2010 at 10:00 AM

Por Santiago Jorge

En la misma semana, Eduardo Duhalde fue víctima de un escrache a la salida del programa de Mirtha Legrand por militantes del Frente Darío Santillán y en un acto de Felipe Solá, un grupo kirchnerista perteneciente al sindicato UOCRA intentó boicotearlo con disturbios y agresiones.

No pretendo profundizar si tales reacciones fueron espontáneas o si fueron a pedido por algún personaje, pero no me queda la menor duda que son consecuencia de un razonamiento totalmente intolerante y antidemocrático (ya sea de los ejecutantes o del autor intelectual), es inconcebible que tiremos huevos por no compartir criterios políticos ó que intentemos sabotear discursos de quien no desearíamos que gane o se presente en una futura elección.

En el siglo XXI no podemos creer que de un modo violento callaremos las distintas voces, ni mucho menos suprimir al adversario “ideológico”, eso ya se pensó en éste país y es una de las páginas negras de nuestra historia. La consecuencia de tales hechos y modos, es la solidaridad inmediata para con sus víctimas, sean del partido ó bandera que fuere.

En 1974, cuando falleció J. D. Perón, uno de los discursos de despedida mas emocionantes fue el de Ricardo Balbín, eterno rival político y con quien nunca hubo una alianza, más allá del conocido abrazo en épocas de gran convulsión social. Dos gestos que son una referencia constante a la cultura del diálogo y el respeto hacia las distintas corrientes de opinión.

Hoy pareciera que damos pasos hacia atrás, se notan aires autoritarios en ciertos funcionarios y personajes  públicos, creerse el dueño de la verdad siempre fue una característica argentina, pero nunca tan asentada como en nuestros días; nadie reconoce ni el mínimo acierto del rival y escuchar de buena manera una crítica constructiva es peor que bajarse los pantalones.

No deja de sorprenderme a los niveles que hemos llegado, un familiar me pedía que cambie de canal porque no “soporta el tono de voz de la Presidenta” mientras ésta brindaba un discurso en la televisión.

A los políticos que no sean de nuestro agrado se les da la espalda en los procesos electorales, allí con nuestro voto le damos el micrófono o se lo sacamos, le otorgamos mandato popular o lo condenamos a la baja popularidad.

Un candidato con pocos votos es como un artista sin público, somos los ciudadanos quienes en definitiva siempre conservamos el poder, por ello sucesos como los ocurridos tienen que causarnos un gran rechazo, de lo contrario, con nuestro consentimiento o indiferencia, le estamos dando la derecha a éstas acciones antidemocráticas.

Es que el “pueblo” por si, no puede convertirse en juez de sus gobernantes; ello es la máxima garantía de que si alguna vez tenemos la necesidad de expresarnos y comunicar algo importante en público, no estará legitimada ninguna patota o barricada que quiera impedirlo en nombre del “pueblo”.

Este autor es Columnista permanente de este Blog

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Como reflexión del autor del Blog, en concordancia con Santiago Jorge, creo los escraches son “anti política” porque van en contra de la naturaleza misma de la construcción de nuestra sociedad. Aborrezco cualquier tipo de escraches, esta nota lleva el caso particular de Duhalde y Solá, pero las hacemos extensivas a lo sucedido con Agustín Rossi y tantas otras víctimas de la intolerancia manifiesta.

Lo peor de todo, es que en la mayoría de los casos los que reciben los escraches quedan victimizados cuando quizás ni lo merecerían. La actitud del escrache no la consideramos constructiva desde este espacio y nos parece en todos los casos una actitud intolerante y destructiva del espíritu político en democracia.