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WikiLeaks y su aporte al viejo periodismo

In Malas Viejas on 2 agosto, 2010 at 11:11 AM

WikiLeaks es un sitio de Internet independiente que publica documentos filtrados, con contenido sensible.

El Pentagono desafiado por la Web

Nadie celebra los goles del adversario. Barack Obama acaba de sufrir un severo revés, de consecuencias aún no calibradas, de manos de un portal de Internet WikiLeaks, que desafió los numerosos y severos controles sobre los documentos del Pentágono y colgó en la red más de 90 mil comunicaciones del ejército de Estados Unidos en Afganistán.

El presidente y sus portavoces minimizaron el enorme hueco que significa para el prestigio y la seguridad de los militares y servicios de inteligencia norteamericanos, con la obviedad de que nada de lo revelado era desconocido. Aunque cada uno de los documentos no aporte novedades sobre acciones y situaciones ya sabidas, el conjunto es una prueba sobre la pésima situación, las numerosas bajas civiles, la efectividad y el equipamiento de los talibanes y el doble juego de los servicios secretos paquistaníes, que con una mano cooperan con Washington y con la otra compadrean con los talibanes.

La publicación es un golpe propagandístico en contra de la presencia norteamericana y occidental en Afganistán, que repercute sobre un calendario en el que Obama ya había señalado 2011 para empezar el repliegue.

La revelación es un hecho insólito, que tiene difícil parangón en cuanto a contenidos y calibre con los tan invocados “Papeles del Pentágono“. El informe sobre la guerra de Vietnam, de siete mil páginas, filtrado en 1971 a The New York Times por Daniel Ellsberg, funcionario de Defensa, era un trabajo encargado por Robert McNamara, en el que quedaba probado “el comportamiento inconstitucional de varios presidentes”.

Los 91 mil WikiLeaks son la mayor colección de mensajes militares jamás publicada sobre una guerra, que abre un nuevo capítulo sobre el acceso a la información, obligará a los profesionales a replantearse cuestiones cruciales de sus sistemas de comunicación y ofrece una documentación valiosísima ahora para los periodistas y en el futuro para los historiadores.

“Papeles” y WikiLeaks tienen en común su enorme volumen, su efecto sobre la percepción de dos largas guerras en las que está involucrado EE. UU. y la reapertura del apasionante y necesario debate sobre la libertad de información y el papel de los medios en el cuidado de la democracia.

La gran diferencia es que hace 40 años fue un periódico impreso el que recogió las rentas de prestigio y ahora es un portal digital el que convirtió la publicación en una formidable operación de relaciones públicas. Supo jugar, además, en dos tableros. En uno, como en sus muchas filtraciones anteriores, funcionó en la línea de los wikis , es decir, portales nutridos por los aportes del público. En el otro, usó a tres grandes medios de prestigio para convertir su acción en un golpe informativo.

Así, reafirmó las virtudes de la Web 2.0, que pone los contenidos de la información en manos del público, convertido en fuerza de tracción y de organización de los medios. Pero, a la vez, valorizó al viejo periodismo clásico de oferta, en cuyas manos dejó la tarea de jerarquizar, analizar y transmitir al gran público. En su golpe, demostró que ambos caminos no tienen por qué ser contradictorios.

WikiLeaks realizó la tarea más sucia de recibir los documentos y colgarlos en un portal que se halla legalmente protegido gracias a su ubicación en Islandia y con servidores en países a cubierto de acciones internacionales. Pero fueron los periódicos de prestigio los que aportaron el sello de garantía y la credibilidad de la comprobación. La Casa Blanca no puede celebrar el gol. Como en 1971, sí lo debe celebrar también el viejo periodismo.

Fuente: Diario La Voz

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Algo así como un Reggaeton made in Texas

In AguaSuaves, Exclusivos, Rudy on 21 julio, 2010 at 10:29 AM

Por Pamela Rudy

Desde Puerto Rico

Bret es un hombre americano, nacido en Texas, procedencia de la cual reniega por su mestizaje mexicano. De hecho cuando se enteró que yo era de Argentina, se extraño mucho y me confesó que en su espereotipada cabeza, todos los hispanoablantes ¨tienen cara de mexicanos¨. El suena despectivo a cada palabra, sea cual sea el tema. Creo que la arrogancia es parte de su tono de voz.

Nunca quise entablar una charla con él. Muchas veces lo escuché discutir a gritos con otros inquilinos y eso dio paso a mi repulsión. Es alto, debe medir un metro noventa, extremadamente flaco y un tanto encorvado. Tiene pelo rubio canoso, prácticamente blanco y largo hasta sobrepasar sus hombros. Nunca pude ver sus ojos porque usa lentes oscuros sin importar si el sol lo acompaña, pero que por su blancura debe evitar.

Camina con pasos largos y lentos, movilizando sus enorme brazos como para darse impulso. Vive en el primer piso de la pensión y suelo encontrarlo en el balcon fumando de su pipa negra, situaciones en las que muerde resentido sólo con la mirada. Jamás lo saludo y él no fuerza mi cortesía.

Hoy llegaron a la pensión dos sudafricanos de esos que son cuasi payos y hablan con acento inglés. Son chicos ¨super cool¨, que llegaron a la isla en busca de olas para surfear, alcochol y chicas. Luego de la cena, subí a la terraza a tomar aire fresco y ahí estaban los dos muchachos borrachos, junto a Bret. Jugaban al poker y bebian ron, cervezas (conté 15 latas vacías) y por el estado del cenicero, ya eran varias las etiquetas de Malboro despachadas.

Por primera vez en 5 meses, el misterioso hombre se dirigió a mi para ofrecerme un asiento en el festín. Sabía que iba a escuchar muchas cosas desagradables, pero la curiosidad suele ser más fuerte que yo.
Los comentarios ¨air head¨ de los pequeños saltamontes poco me importaron. Lo que sí, logré evacuar bastantes dudas sobre el hombre americano.

Tiene 48 años y vive en Puerto Rico hace dos. ¿Su vida? la nada. Sirvió a la marina de los Estados Unidos desde los 18 años y cuando finalmente consiguió su retiro, sin familia y con mil complejos, decidió que quería envejecer en el verano eterno. “Yo quiero ser un viejo de 80 años y estar surfeando y fumando marihuana como a los 20″. Borracho repitió esa frase mucho más de lo que él piensa.

Se nota que la sociedad no es su mejor compañía. Odia el idioma español y no tiene entre sus planes aprender a hablarlo. También corrige con desprecio mis imperfecciones en el inglés. No hizo jamás una pregunta a ninguno de los presentes, signo de que la vida de los demás poco le interesa. Él solo hacía comentarios de cuán mala es la comida boricua, de cuán caros son los taxis, de las cucarachas de la pensión y de lo mucho que odia la salsa… como si nos importara saberlo.

Yo, con mi justificado desprecio hacia sus comentarios, puedo llegar a entender el por qué de sus quejas. Él no hace nada. Creo que cuando las personas llegan a ser improductivas, incluso en sus provias vidas, sienten un grave recelo por las culturas en la que viven, luchan y son mucho más de lo que tienen. Hasta sentí una gota de compasión por un hombre tan solo que a temprana edad tira la toalla con ambiciones adolescentes.

Hubo un detalle inesperado que me arrancó largas carcajadas (no enfrente de él, por supuesto). Bret ama el reggaeton. Si, leiste bien. Cuando hablar del ritmo, levanta los brazos y mueve sus caderas con un swing brusco y abrumado por sus largas extremidades. Prefería haberlo imaginado bailando antes que verlo, pero repito: me agarró de sorpresa.

Dice que es el ritmo del futuro y que esta siendo censurado. Reniega que en los festivales de la isla lo reemplacen por la salsa que es “cosa de viejos”. Inmediatamente nos mostramos entusiastas con el reggaeton, fue rápido a buscar su computadora y comenzó a sonar Calle 13 a todo volumen en aquella confundida terraza. Parecía un niño.

Me preguntó el significado de varias frases y yo, sorprendida por que al fin me dirigía una pregunta, le salvé varias dudas pero sin explayarme demasiado. Si, quizás debí ser más gentil, pero no entiendo por qué dice odiar el español cuando es fanático de la musica que honra la jerga literaria de la nueva generación. Le dije que si quería saber más sobre las letras, sería mejor que aprenda el idioma. “Ni en mis sueños” dijo entre dientes y yo no iba a seguir alimentando su falso ego de americano autosuficiente.

Quién sabe cómo fue su pasado. Nadie es quién para juzgarlo. Él pretende que la gente le tema y, al fin y al cabo, es la manera más fácil que encontró para hacerse respetar. Quizás un mágico toque del hermoso destino lo haga dedicarse a vivir sus pasiones… en lugar de morir frente a todos sus temores.

Esta autora es Columnista permanente de este Blog

Los caminos han vuelto a tirar los dados y parece que Pamela viaja a otro país, por lo que pronto nos contará ese proceso de cambio y nuevas historias desde el destino elegido.


¿Hacia un periodismo sin fines de lucro?

In Pasiones on 28 mayo, 2010 at 11:24 AM

ProPublica es una corporación sin fines de lucro basada en Manhattan, Nueva York. Se describe a sí misma como una redacción periodística independiente sin fines de lucro que produce periodismo de investigación en nombre del interés público. Fue lanzada en enero de 2008 y comenzó a publicar en junio de ese mismo año.

Una redacción de periodistas a tiempo completo lleva adelante las investigaciones de ProPublica. Los artículos resultantes son entregados a “socios” noticiosos para que éstos los publiquen o saquen al aire. En algunos casos, ProPublica y su socio trabajan juntos en una misma investigación. Socios recientes han sido el programa de televisión 60 minutos, la CNN, los diarios USA Today, New York Times, Los Angeles Times, (etcétera).

ProPublica es la creación de HerbertMarion Sandler, ex ejecutivos de la Golden West Financial Corporation, que han comprometido 10 millones de dólares anuales (durante tres años, haciendo un total de 30 millones de dólares) al proyecto. Los Sandlers contrataron a Paul Steiger, ex secretario de redacción del Wall Street Journal, para fundar y dirigir la organización.

Steiger comenzó su carrera en 1966 como cronista del buró de San Francisco de The Wall Street Journal. En 1968 fue contratado por Los Angeles Times como redactor full time y, en 1971 fue enviado al buró de Washington, DC., como corresponsal económico. Regresó a Los Angeles en 1978 para ocupar el cargo de editor de negocios del LA Times. En 1983 regresó al Wall Street Journal como prosecretario de redacción en Nueva York, y en 1985 ascendió al puesto de subjefe de redacción. Fue nombrado secretario general en 1991, puesto que desempeñó hasta mayor de 2007. Bajo su liderazgo, periodistas y editores de The Wall Street Journal ganaron 16 premios Pulitzer. Dejó el Journal para desempeñar su actual cargo como director de ProPublica.

Fue miembro del consejo del premio Pulitzer entre 1998 y 2007, el último año como presidente. Ha ganado numerosos premios. El coautor del libro The ’70s Crash and How to Survive It, publicado en 1970.

Steiger lidera un proyecto que representa una de las más nuevas tendencias del periodismo. ProPublica es un proyecto independiente que produce y alienta el periodismo de investigación.

Durante un coloquio sobre periodismo digital en Austin, Texas, Steiger destacó que el periodismo de investigación era la especialidad de los diarios en el pasado, pero la caída de los ingresos y los recortes consecuentes han debilitado la habilidad de los medios tradicionales de hacer investigaciones en profundidad.

En la búsqueda por nuevos modelos para financiar el periodismo, el de organizaciones dedicadas al servicio público sin fines de lucro se vuelve cada vez más importante, afirmó. Steiger cree que los medios informativos adoptarán modelos de negocios similares a los de los museos y las sinfonías en los Estados Unidos, es decir, con una combinación de pagos por suscripciones y donaciones del público y de fundaciones privadas.

Pequeños medios digitales con presupuestos anuales de entre un millón y 2 millones de dólares serán más comunes, señaló Steiger.

Quienes se enfoquen en nichos, por tema o por geografía, tienen mejores posibilidades, estimó. Van a disminuir las redacciones gigantescas como la del New York Times, que gasta 200 millones de dólares anuales sólo en su departamento de noticias.

“No hay duda que (Internet) representa una revolución… Estamos viviendo un período de destrucción creativa, que crea oportunidad y terror“, dijo.

La redacción de ProPublica es la más grande de cualquier organización periodística de su tipo en los Estados Unidos: 32 periodistas a tiempo completo, dedicados a investigar historias que tienen el potencial para causar un gran impacto público.

Cada investigación es distribuida de modo de maximizar su impacto. ProPublica las ofrece en exclusiva a medios tradicionales, sin cargo, para que sean publicadas o emitidas por radio o televisión. En 2009 publicó 138 investigaciones en asociación con 38 medios diferentes. Cada investigación es, además, publicada en el sitio web de ProPublica. El sitio también publica investigaciones destacadas realizadas por otros, algunas veces con comentarios y agregados de la redacción de ProPublica.

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Going Online With Watchdog Journalism” – Por Paul E. Steiger

Mientras escribo estas palabras, a fines de enero de 2008, en ProPublica revisamos más de 850 currículums de periodistas que quieren sumarse a nuestro equipo de periodismo investigativo independiente y sin fines de lucro.

Estoy aprendiendo dos cosas. Una, que no faltan periodistas y editores con talento que ansían una oportunidad de exponer abusos de poder. La segunda, que tienen pocas esperanzas de desarrollar esa tarea en diarios y medios en los que hace sólo unos años hubieran estado encantados de pasar el resto de sus carreras.

A esta altura, cualquiera al que le importe el periodismo y su papel en la sociedad entiende que el modelo de negocios que durante cuatro décadas sostuvo generosamente a grandes periódicos metropolitanos se ha derrumbado, mientras lectores y avisadores corren en masa hacia Internet. El resultado es una extraña mezcla de saturación y escasez: una explosión de cierto tipo de información disponible al instante y sin costo en la Web –noticias de último momento, precios de acciones en bolsa, clima, deportes, los últimos movimientos de los famosos, y, sobre todo, opinión—y por el otro lado una disminución acelerada de periodismo internacional e investigación a profundidad.

No significa que el periodismo de investigación vaya a desaparecer. Sigue siendo una parte importante de la oferta de muchas publicaciones y programas noticiosos nacionales. Sus audiencias lo esperan, y muchos van a renunciar a otros gastos antes de recortar por allí.

Experiencias similares a ProPublica han atraido mucho interés, y financiación, de fundaciones y filántropos. ProPublica es la creación de los filántropos de California Herbert y Marion Sandler, y surge como el experimento más reciente y más grande del uso de modelos sin fines de lucro. Otros, como el Center for Investigative Reporting de Berkeley, California (link) y el Center for Public Integrity (link) y el Pulitzer Center for Crisis Reporting, ambos en Washington, D.C., lo hacen hace más tiempo, y con resultados significativos. Podrían hacer más si, como espero que sea el caso, consiguieran más financiación.

Fuente: El Puerco Espin