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Sin él y el reloj

In Exclusivos, Prosas Propias on 9 abril, 2012 at 11:41 PM
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Obra de Jose Bahamonde @ElJosedelaGente

Otro día. Uno menos. El silencio del pasillo, el rugir de los muebles que recuerda el silencio y nos refriega la soledad. Una luz que se apaga, un pensamiento que se vence y otra mentira que se corta con una almohada. El tiempo. Maldito intruso de una historia inconclusa.

Quizás un código, tal vez vergüenza, seguro un desperdicio. Pero solo silencios en el café de los abrazos sin brazos. El salón sin miradas, la playa sin fotos, las poses sin sonrisas. Una rueda sin girar, alguno que no se animó y otro teléfono sin marcar. Las puñaladas de un teléfono timbrando y la sentencia de otra llamada al terminar.

Condenados a tener poco tiempo por esa pasión de ser anfitriones en fiestas ajenas. Sin perder el tiempo durante nuestros días, terminamos agonizando junto a los calendarios mientras el tiempo se perdía. Los ojos pensativos y los pensamientos sin ver. Otro suspiro antes de dormir y una caricia que no se escucha llegar.

En la pieza contigua alguien llora. Será la edad, quizás los cumpleaños, tal vez una fiesta con su ausencia subiendo al escenario y haciéndome olvidar el libreto. El maquillaje que los años nos proponen no es mas que una pintura ahora quebrada por las lagrimas internas. Nadie derrama nada en esta pieza, está impecable, solo se escucha el sollozo del vecino.

El dolor ajeno, el espejo y las luces de la noche. Los arboles despertarán sin vos, la desilusión me servirá el desayuno y volveré a maldecir la ansiedad que antes me arropaba. Cuando llueve nadie canta, cuando se canta nos olvidamos de llorar. La lluvia nos vuelve a hacer el favor y empapa la ciudad para que no tengamos la responsabilidad. Hay fiesta de nostalgia, hay furor de recuerdos.

El dolor será galante y el mas aplaudido será un eco que reprime la superación del lamento. Otra mesa vacía y otro vaso abarrotado de soles. Amanecer nunca ha costado tanto como cuando no se escucha que alguien vuelva. La mesa de luz, firme a mis ojos es la enfermera, la puerta un suicidio y los pasos una obscenidad. Mejor dormir, porque no callar.

El tiempo nos dará la razón o nos dejará muertos en otro reproche. El reloj sin él, las horas y los minutos que ya no pasarán son aquellos que preferimos dejar escapar en vez de aprender a abrazar. Un lamento, solo un lamento sin voz, mudo por las agujas que se clavan en la pared indicando otra despedida.

Un nuevo hola y otro adiós. El tiempo que no pasa, las cosas que no llegan. Las cosas que pasan sin esperar que nuestro tiempo llegue. Otro adiós y un nuevo hola. Ahora años que después serán solo fotos.

Vivir acumulando preguntas

In Exclusivos, Prosas Propias on 19 marzo, 2012 at 12:34 AM

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Otro domingo que se apaga, que veo tu rostro mirando por la ventana. Pretendo que me prometas que todo va a estar bien y ni yo mismo confío en que así será. Realmente nadie puede asegurarlo, aunque yo lo pretenda mas que nadie. Te mereces ser feliz, todos deberían tener ese derecho. Pero ahí esta el tiempo y las horas; los días y las obligaciones; los sueños y los amigos. El amor.

Escucho como se acomoda el día para irse otra vez a dormir. Planea su rutina y ya sabe por lo que me hará pasar. Veo un sueño en la otra pieza, veo esfuerzo, tenacidad dentro de su esquema. Siento un intento. Recuerdo el mío. Cierro los ojos y vuelvo a ese viaje del que quería volver ileso. Victorioso. Me soñaba volviendo y lograr aplausos. Mentira, solo quería un abrazo.

Nunca es suficiente amanecer. Despertar. El ciclo diario asfixia me supongo. Creo que nuestra raza es la que mejor ha aprendido a disimular la desazón de ser conscientes de la muerte. Y peor aún, no tener respeto por la vida. Nos sometemos a diario a nuestras propias quejas, a estas letras confusas, a mentiras, a verdades, a informaciones o charlas sin sentido. Hemos creado estructuras, Estados, organizaciones y libros. Todo para darle un sentido a la vida con los otros, aunque seamos capaces de acelerar, no mirar, golpearnos, disparar, robar o quitar vidas. Ese no es mi sentido.

Deberíamos empezar de vuelta como humanidad. Refundarnos quizás. Mejor no, si sale mal, la culpa será de los que perdemos el tiempo pensando. Y venimos trabajando como sociedad durante siglos para pensarnos menos, lograrnos mas, matarnos mejor. Todo lo hemos vuelto instantáneo, volátil, aire, wifi, wireless, mentiras, sin sabores. Yo pensaba que nos mejoraría con los años. Pero nos han fallado, fallamos. No volverán a desilusionar como cada uno de nosotros hicimos con las decisiones que tomamos años mas tarde de cuando prometimos no hacerlo. Las mismas fotos, nuevos léxicos y las mismas guerras.

Yo solo quería escribir que estaba pensando una decisión, y como tal me molesta. Aunque disfrute tenerlas en mis manos, son como agujas. Me inmovilizan por instantes. Se ensaña conmigo la suerte y me aporta dolor. Esta noche solo quisiera que no sea noche. Nuestro odio a los Lunes es por eso, porque sabemos lo que nos espera. Nos esperamos a nosotros mismos y las traiciones. Idolatramos y repetimos las frases positivas para distraer lo que sabemos será nuevamente malo. Incompleto.

Miró mi escritorio y está lleno de papeles. Seguro el tuyo también, si no es un escritorio será otro mueble de la casa o la oficina. Quizás no sean papeles sino preguntas, tal vez verdades o fotos, frases, mentiras, secretos. Yo acumulo papel, dichos, escenas, recuerdos, planes. Hay carpetas, hay libros, miradas, canciones, risas. En este instante se cae una, sucedió mientras escribía esto. Ahora, que será un pasado cuando lo leas.

Seguramente era un recuerdo incomodo que salió en busca de mi consciencia para escapar, otra vez a la almohada, esquivando otro domingo, tomándome de la garganta. Sabe, como vos, que el día se apaga, las verdades se callan porque es mas fácil empezar otro maldito lunes y olvidarse de pensar. Por eso acumulo papeles, algún día los leeré y volveré a pensar. Como esta noche que ya murió.

Solo quisiera que alguien crea que es posible

In Exclusivos, Prosas Propias on 29 diciembre, 2011 at 11:36 AM

Obra de Jose Bahamonde

Solo quisiera que alguien crea que es posible
¿Vos crees que sea posible?

Otra noche que me voy pensando en lo mismo. Estoy harto de vivir para pagarla ¿Cuando empezaremos a vivir para vivirla?

A veces veo a mi alrededor y solo veo caras grises que se gritan entre blancos y negros, mutilando los matices, quemando la profundidad del pensamiento. Están o estamos aturdidos. Vivimos pretendiendo ser felices con una vida a medida, como diseñada por nuestros jefes e inducida por nuestros padres.

Las presiones tacitas de una sociedad que te pretende casado apenas consigas un titulo universitario, que te permita trabajar y comprar una casa. Sacrificio diario para una vida mediocre. ¿Cual es el costo de una vida “cómoda“?

Nos pasamos la vida trabajando para llegar a fin de mes, tener oxígenos hipotecando el tiempo en cuotas fijas sin interés y conformes con poder hacer unos kilómetros durante las vacaciones, por cada vez menos días. ¿Que significa ser exitoso o ser feliz? Trabajar 8 horas (o hasta 12) y no tener la seguridad de que el mes que viene conservaremos el puesto, o no tener la certeza de que estemos siendo felices.

¿Por qué te gustaría despertar cada día? ¿Para qué? Espero tu elección sea algo que valga la pena. Ojalá cada noche no reniegues del costo de la vida y el poco interés de la vida en vos. A los 60 años no me gustaría darme cuenta que le entregué la vida a un trabajo que me alejó de la familia, me enfrentó al amor, me separó de mis hijos, me hizo perder amistades, tiempo, valores o lo que fuere.

¿Valió la pena tu vida? Si tenes entre 45 y 70 te pido me convenzas de que vale la pena entregarse al sistema de trabajar en un escritorio lo que el explotador de turno disponga. Si tenes entre 18 y 30 años te pido me ayudes a encontrar la grieta por donde colarnos a la felicidad.

Solo quisiera que alguien me diga que es posible vivir de lo que amamos, haciéndolo de manera autónoma, bien valorada, dignamente, con un ocio creativo como estandarte. ¿Cómo se hace para eliminar las presiones y pretensiones que se depositan en cada uno de nosotros los jóvenes?

Esperan que nosotros solucionemos el lugar que ustedes se encargaron de destruir estos años. Y encima pretenden que lo hagamos con sus reglas de juego, a su ritmo y con sus ya probadas y fallidas recetas. ¿Dónde quedó resignada la espontaneidad, la ilusión, las utopias, los sueños y los pensamientos? Bienvenida la anarquía de los sueños.

Vivir.. Solo quiero vivir.. y no a cualquier precios, sino al que sea justo para nuestra felicidad. Vivir.
¿Vos crees que sea posible?

Soñadora

In Jóvenes Sueños on 11 junio, 2011 at 11:42 AM

Candela Romero, contó en este espacio la experiencia de escribir Cuadernos de jóvenes suicidas (Ver Nota), además tuve la suerte de que me regale esa serie de textos que, la talentosa riojana de 19 años, escribió. El primero fue Textual (Ver) y ahora pueden leer aquí otros bellos párrafos.

En este mundo soy una pseudo mujer que todavía no entendió como vivir. En el mundo de los sueños, soy una anciana que pasó por todas las situaciones de la vida.

En este mundo, soy quién no se permite llorar para que nadie sienta pena por mí. En el mundo de los sueños, soy quien cree que las lágrimas son la lluvia más bella en donde se va cada uno de nosotros.

En este mundo soy quién siente el sol de lejos, lo veo lejano. En el mundo de los sueños, lo toco, y siento la incomparable sensación del calor después de una mañana fría sin abrigo.

En este mundo vivo atada a un reloj que no me deja en paz. En el mundo de los sueños, lo pisoteo y me río de poder burlarme de él sin miedo a que me aplaste y me preocupe.

En este mundo sin querer hiero a mi vieja, la acribillo a preguntas. En el mundo de los sueños sé que no podría ni siquiera soportar su falta.

En este mundo me digo y describo enamorada de un hombre que no sabe mi existencia, o así lo aparenta. En el mundo de los sueños tengo una vida vivida a su lado y me siento una cajita en donde guarda sus secretos más sencillos.

En este mundo cuando el desapareció, lo sentí idiota por no valorar lo que realmente era. En el mundo de los sueños lloré y me pregunté: ¿Qué me faltó? ¿Fui muy poco para él?

En este mundo soy un libro en silencio. En el mundo de los sueños, soy una enciclopedia de 400 hojas.

En este mundo me creo sabionda teniendo en claro que es el amor. En el mundo de los sueños solo se pronunciar la palabra.

En este mundo mi documento es verde, con foto de una gordita con cara de sueño, mi número 36437303, vivo en La Rioja. En el mundo de los sueños mi documento es violeta con detalles en naranja, la de la foto es una diva sexy que derrocha belleza, mi número es 20milsueñños401, vivo en SueñoPuro, en la calle Voladora al 500.

Me declaro soñadorapara siempre.

Grupos virtuales y relaciones vía Twitter

In Paladar mostaza on 14 febrero, 2011 at 9:01 AM

“Las relaciones no volverán a ser lo mismo..” sentenciaba un amigo con iPhone en mano, se refería a lo que genera la red. Twitter alteró, junto con otras redes sociales, la manera en la que comenzamos nuestras conversaciones y nos enteramos de lo que hacen nuestros amigos. Acá una buena radiografía, de Soledad Vallejos, de como se organizan las comunidades virtuales por medio de 140 caracteres.

Pasar horas y horas ante una computadora ya no es, necesariamente, sinónimo de reclusión solitaria. Es más: hasta podría llegar a ser indicio de una intensa vida social que transcurre, como algunos programas informáticos, en segundo plano, mientras suceden otras cosas. Todo, durante las horas de trabajo, mientras se lee el diario, se intercambian archivos o en medio del episodio de alguna serie. La vida online transcurre, por así decirlo, al mismo tiempo que la otra existencia más tradicional. También puede intervenirla y sumarle dimensiones.

Los usuarios insisten en que, después de horas y días y semanas y hasta meses de compartir anécdotas, historias, información, materiales, fotos con desconocidos cuyos nombres reales muchas veces se ignoran tanto como sus caras y sus voces, el impulso es natural. No queda otra que “desarrobar” los nombres: pasar de la pantalla (donde cada usuario lleva nombre real o de fantasía, pero necesariamente precedido por la @) al mundo en tres dimensiones.

Salón de fiestas se busca

Hace cuatro años trabajaba en un call center. Ahora, aunque se llama Facundo, más de tres mil personas lo conocen como @elfaco, uno de los organizadores de las fiestas Rispé. Entre un momento y el otro de su vida pasó la llegada a Twitter (TW), “lo primero que leo cuando me despierto y lo último que leo antes de dormir”.

El cambio le resultó tan natural que se le escapan los detalles. Tuiteando fue “conociendo amigos, gente. A mi novia. Y conseguí otro trabajo”. Por “conocer” virtualmente a periodistas, dejó de ser telemarketer y comenzó a trabajar en una empresa periodística. A los 24 años, @elfaco no puede imaginar su vida cotidiana sin TW. Tampoco su amigo @ati lael1, el dj cordobés que en el mundo no virtual se llama Gonzalo. Se conocieron, por supuesto, tuiteando: seis meses después, junto con otros tuiteros, empezaron los viajes entre Buenos Aires y Córdoba. Para conocerse primero, para verse con frecuencia después, porque “en TW se da mucho esto de gente de otras provincias que pega onda con los de acá y viceversa. Viajan, se hospedan en casa de otro”.

Ahora mismo, mientras los tweets van y vienen, @elfaco, @atilael1 y –-al menos– otras doscientas @ buscan dónde encontrarse una noche para charlar, verse las caras y brindar. La costumbre empezó en 2009: Facundo anunció su cumpleaños en TW, Gonzalo dijo que viajaba hasta Buenos Aires para pasar música en la velada; algunos se prendieron. “Pero fue un fracaso total: ese día granizó, éramos quince personas en un bar.” En febrero de 2010 probaron de nuevo, ya con el nombre de “Rispé”. “Vinieron 40, 50 personas. Cobramos entrada para cubrir el alquiler del local.” No alcanzó. En mayo repitieron; “ya vinieron 70, 80. Ahí sí cubrimos los gastos”. En octubre pasado fueron 140. “Al principio era como que la gente iba para encontrarse con otra gente de TW, a ver quiénes eran. Pero la tercera vez ya mucha gente se había conocido y traía amigos que no eran de TW”, o que online se habían construido otro circuito de contactos.

–¿Cómo saben quién es quién?

–Cada uno se presenta. Pasa algo muy gracioso en las fiestas y es que los que no tienen un avatar (la foto de usuario) o su nombre real, esa gente que no reconocés si te cruzás en la calle, avisa antes por TW: “voy a ser el que esté vestido así” o “el que esté colgado de un parlante”, “al lado del baño”, ese tipo de cosas. Ahora queremos hacer una cuarta. Tal vez a fines de febrero, principios de marzo. Tenemos que encontrar lugar.

Fútbol para todos

Cada semana, los players se encuentran en la cancha cuyo bar, durante el tercer tiempo, se convierte en Unidad Básica. En el Abasto juega la UB “Evita Carrilera”; en Chivilcoy, la UB “Que florezcan mil Florencios” (por el ministro del Interior, nacido allí, y cuyo hermano organiza los partidos); en Rosario, la UB “Cooke al arco”; en zona norte, la UB “Jauretche de 9”; en La Plata, la UB “Walsh enganche”; en zona oeste, la UB “Todos atrás y Néstor de 10”; en Flores, la UB “Volveré y seré stopper”. “Cada uno tiene su UB virtual y arma los partidos, saca las fotos, arma las crónicas y sube todo a la web”, explica Víctor Taricco, el usuario que sí lleva su nombre real en TW y recomienda pedir más datos al creador de la movida del Picado nac&pop. Es que esta red de conocidos virtuales unidos por el fútbol y la política en la vida real nació también en TW, por insistencia de @berenje nal, conocido en el mundo 3D como Ernesto, un geólogo de 27 años que “no era de tener muchos amigos”.

“En TW empecé a encontrar, y calculo que les pasa a muchos otros, gente piola que no había en mis otros círculos cotidianos. Cuando empezamos a encontrarnos, todos decíamos: ‘No puedo hablar de política con gente del trabajo, con la familia, con amigos’. Había una necesidad en ese sentido.” El primer partido fue en septiembre del año pasado y “todo se intensificó después de la muerte de Néstor” Kirchner. Pero a lo simplemente político-emotivo se sumó “una necesidad personal, trivial, que era jugar al fútbol”, cuenta @berenjenal a horas de la contraparte menos atlética de esas veladas: la fiesta del Picado Nac&Pop.

Cuando, en lugar de bailar, se juega, el tercer tiempo se convierte, para esas cerca de veinte personas y algunos invitados no deportistas, en espacio de discusión y “transferencia de experiencias, de argumentos. Porque se encuentra gente con distintos niveles de militancia y eso vuelve más interesantes los intercambios”. Tal vez tenga que ver con algo propio de TW, y que Ernesto define como al pasar: “Una suerte de inteligencia colectiva”.

Ahora “nos vemos todas las semanas. Y muchos reconocemos que se genera una identidad, una pertenencia. Es lo atractivo y lo que hace que cada vez se acerque más gente”. Y es que la idea de los encuentros, como las publicidades exitosas del mundo digital, se expandió en modo viral y ya es web (www.abramos lacancha.com) en el club virtual para todas las UB, que permite –decálogo y manual de instrucciones mediante– nuevos picados, como la rama femenina, en zona norte, o los equipos mixtos.

Ernesto cree que Internet, con sus plataformas sociales, “une gente”, pero que este tipo de experiencias “está más viva, conecta gente de modo que la hace interesarse en dar el salto a la vida real. A conocerse, hacer otras actividades. Es muy horizontal, es uno a uno en TW”.

De boliche en boliche

“Empezó por gusto y placer, y el grupo se formó tuiteando. Sin TW no hubiera sido posible”, dice rotundamente Italo Daffra, alma de @54bares, un grupo de porteños y porteñas aficionados a los cafés tradicionales. Cincuenta y cuatro son los establecimientos designados como “bares notables” por el gobierno porteño, y 54 es la meta a alcanzar a fuerza de café y medialunas. Ya pasaron por 34 desde la Semana Santa de 2010, cuando comenzó la recorrida en las mesas del Tortoni. “Ahora, en febrero, volvemos a encontrarnos. Este año llegamos seguro”, dice Daffra, para quien las reuniones por afinidades son cosas que pasan “cuando compartís algo en una plataforma en la que te leen 500, 100 personas, los que sean. A un comentario siempre alguien se puede subir, tirar una idea, decir me prendo”.

Así pasó: una noche Italo se quejó de la preferencia juvenil por las grandes cadenas de cafetería. “Comenté que para mí el bar es otra cosa.” Y entre comentarios del estilo alguien googleó la lista completa de bares notables. “Y veo que conozco el Tortoni, Los Angelitos, alguno más. Pero me dio curiosidad: ¿cómo será el de García, el de Devoto, o uno de Barracas? No los conozco.” La meta estaba allí. Se sumaron desconocidos, amigos, más o menos conocidos, su novia. En el Tortoni fueron menos de diez. “De los que venían, sólo conocía a un colega. Y después me paré cerca de la mesa, como buscando a alguien con la vista. De uno que estaba sentadito mi novia decía que tenía cara de avatar y era uno de los que venía. Así nos fuimos reconociendo.”

–¿Cómo rompen el hielo?

–Con la tecnología: cada uno está con su teléfono en la mano y nos une hablar de aplicaciones. Es un ciclo: contar que llegamos, mirar quién llega tarde, quién avisa que está complicado… Después terminamos hablando de fútbol, de política, de sexo. Una charla de amigos en el café, bah.

Fuente: Página/12 Imagen: cruiselawnews

Casi anti casi, la paz y el círculo de sangre…

In AguaSuaves, Bahamonde on 21 enero, 2011 at 10:21 AM

Por Jose Bahamonde

Son casi las dos de la mañana de un enero en Mendoza, los 29 de rigor en los techos de las casas que casi son infiernos. Noche despejada de dudas y casi de misterios. Está mi primo y me confiesa que es feliz por recuperar a un hermano menor (yo) y le digo emocionado que me hace bien sentirlo cerca. Iba a escribir casi suelto una lágrima, pero no, lo digo enfáticamente, se corrieron varias.

Es que la vida está llena de casis, los casi voy, los casi me enamoro, los casi me peleo, los casi los mando a todos a la mierda, los casi 100 gramos de jamón, los casi abogados, los casi jueces, los casi casi… Cada día me emociona más la gente anti casi, y mi primo lo es, admiro a los que son de verdad, los que se toman las luchas con pasión, las discusiones con calor, los amores con todo, los vinos sin soda…

Releo mis líneas anteriores y pienso, que intolerante estoy con los boludos, los que traman estrategias, los que aprietan los cachetes, los que tienen una casi vida, una casi mina, una casi estabilidad inmunda.

Ya son las dos sin casi, suena un saxo y una guitarra, el CD se llama Paz, es un homenaje a Bill Evans de un guitarrista flamenco, el Niño Josele, la paz, esa que en estos dedos no sobra, porque me apuro a escribir sobre aquello que me jode, me apura enarbolar una bandera que varios necesitan, la de la gente sensible, la que no tiene colores, la que tiene aromas, como el café que inunda mi casa feliz, como esos nardos, testigos indiscretos que esperan su muerte sin claudicar en su blancura.

Afuera a estas dos de la mañana, un perro huérfano de caricias husmea unas bolsas que quedaron de la noche, alguien se emborracha con un licor barato, la señora duerme, su hija sueña no ser una señora, el diariero prepara su rutina y su silencio, y la brisa que es poca pero alcanza para llevar el mensaje de algún niño que llora por un sujeto tácito de abrazos.

Aire, necesito aire que despeine mis rulos, que refresque las cosas que me salen. La poesía me espera en el cuaderno, el cuaderno no sabe que me espera. La vida, sucede ahí afuera, en el árbol que se arquea de tantas primaveras sin humedad, la vida, la vida, la vida esa que sucede y no espera, la vida jamás es casi vida, la vida no es un ensayo permanente, la vida es vida, la gente es gente, las putas putas, los chotos chotos.

Son ya las dos y cinco, no quiero revisar estas letras que se amontonan en mi mente, y sin más apunto con mis palabras a un imaginario círculo de sangre, ahí en el medio, en el centro deseado por toda competencia, se estrella la palabra amor… A nadie le importan los daños que genera, nadie piensa que ese círculo es de sangre, todos se jactan aplaudiendo de unos 100 miserables puntos.

Y yo, que detesto las competencias del dolor, agarro las letras una a una (la M lastima un poco por las puntas), las meto en un bolsillo, camino hacia la calle y con el amor estrellado en mi jean gastado, me voy a vivir la vida, a cagarme en los 100 puntos, a procurar que Nidia, la gran Nidia luchadora inclaudicable, cuando me lave los Levis trajinados, no se olvide en el bolsillo esas 4 letritas estrelladas…

Este autor es Columnista permanente de este Blog


Historias de viaje: Un nombre simple y natural

In Contreras on 8 septiembre, 2010 at 8:31 AM

Por José Luis Contreras

Parte 2: El Reencuentro

Acá podes leer la Parte 1

En este tiempo, julio del 2010, en el que bajé nuevamente a capital luego de caminar por este querido y revelador norte Jujeño, me encontré nuevamente con esa morocha de ojos café y de belleza tan simple, pero no común. La volví a ver un año y siete meses después, una noche de frío, en una esquina en donde estaba ella “no tan común”.

La abrasé como si la hubiese estado esperando siempre y comenzamos a caminar por las gélidas calles de San Salvador. El frío seria el común denominador climático de las dos semanas, en las que compartimos muchas situaciones y en las cuales me sentí como hace mucho no me sentía. Esa noche no pude dejar de mirarla ni un instante, conversamos de todo, nos reíamos de la nada misma, yo no quería que la noche se terminara, hasta el punto de ser los últimos en abandonar el pub al que habíamos llegado. Antes de irnos uno de los chicos que atendía el lugar le preguntó:

Por que te quedaste hasta tarde?

Y ella respondió mientras me miraba.

-¡El tiene la culpa!

Salimos  y caminamos la desierta calle San Martín, en donde los taxis brillaban por su ausencia, así que nos armamos de valor y recorrimos varias cuadras mientras seguíamos conversando sobre tantas cosas, pasaron los minutos y  al fin conseguimos un taxi.

La acompañe hasta las cercanías de su casa y continúe hablando con ella unos minutos, sin evitar dejar de mirarla a los ojos. Le pregunté cuando podía verla de nuevo y me respondió

-Voy a estar en el lugar de siempre.

Antes de regresar a Córdoba solo quería  volver a ver esos dos ojos color café, así de simple, así de tan humano. Nos despedimos y comencé a caminar de regreso a casa, no pude encontrar ningún taxi en todo el camino, prendí un cigarro y mientras caminaba bajo ese frío nocturno, mi abrigo fue el recuerdo de su mirada y sonrisa, solo eso, nada más.

Llegué a casa y mi madre, como siempre me esperaba intranquila en su habitación, conversé con ella unos instantes y  le dije que había sido una muy linda noche.

Durante los días siguientes compartimos con esta “niña” muchas situaciones, caminamos por infinidad de lugares, nos empezamos a conocer y en cierta forma a reconocer. Nuestros temas eran la política, las letras, la psicología, en fin: el mundo de la vida. Éramos tan espontáneos y ella era tan natural, tan simple. Volví a sentir cosas que no sentía desde hace mucho tiempo, disfrutaba estar con ella y sentía que esa persona la pasaba bien conmigo. Por que era todo tan natural, tan simple.

Una de esas tardes conversamos  en el Parque San Martín, un lugar al estilo del Parque Sarmiento de Córdoba, con mates, palmeritas, y facturas de por medio y al caer la tarde comenzamos a caminar por las calles del centro capitalino jujeño, en donde recorrimos vidrieras tras vidrieras que tenían como protagonistas zapatos, accesorios, blusas, pantalones. Las vidrieras eran su debilidad, cada prenda era un tesoro que deseaba tener en sus manos. Su buen gusto era indiscutible y cada prenda indudablemente en ella quedaría bien, por que  era tan natural y lo complejo ella lo convertía en simple.

Recuerdo un día  en que quedamos en tomar un helado y ese instante sería el inicio de una semana de nieve en el paisaje de Jujuy. Esa noche cambiamos de planes y el café fue la opción elegida. Nuevamente caminamos por las calles del centro, buscando un lugar en el cual sentarnos y utilizar el café como excusa para conversar. Después de desechar algunos lugares llegamos a un resto bar ubicado frente a la Casa de Gobierno,  en la esquina de Sarmiento y San Martín, entramos a ese espacio, que podría definir de una arquitectura y diseño minimalista. Pedimos dos capuchinos y durante una hora fuimos los únicos seres en ese lugar, nadie más estuvo en ese momento, solo ella y yo.

Esa noche ella lucia tan hermosa, tan simple, hablamos de todo, de sus planes, de sus sueños, de mis proyectos, del pasado, presente y futuro de la humanidad.  Yo solo quería disfrutar cada instante.

Aquella noche, como cada momento que nos veíamos, regresamos caminando hacia su casa. El frío  era vencido por el abrigo de su sonrisa y mientras caminábamos, pequeñas gotas de agua nieve caían del cielo anunciando la llegada de una nevada que seria histórica para nuestra provincia. Pero nada importaba, solo el hecho de estar al lado de ella. A la madrugada comenzó a nevar, esos días fueron los más fríos de los últimos años en Jujuy, los cerros que rodean mi provincia fueron un festival blanco que invadió cada rincón de ese maravilloso lugar.

Para ese entonces, los días para emprender el regreso a Córdoba iniciaban una dura cuenta regresiva, el tiempo como nunca se convirtió en el peor de mis enemigos, un verdadero tirano y dictador enemigo. Esos días fueron una mezcla de sensaciones encontradas, cada momento que pasaba con ella lo necesitaba disfrutar, por que debía regresar y los segundos perdían centésimas tras centésimas de una manera descomunal.

El sábado  24 de julio fue el último día en el que la vi.

Un día antes le envié un mensaje de texto, que decía:

Te envié un e-mail. ¿Aceptas mi invitación para mañana? Ya se que no me vas a contestar el mensaje de texto. Beso.

Ese día no recibí contestación alguna.

El sábado, sinceramente me sentí muy triste, desolado, el lunes tenia que volver a esta, por ese entonces, maldita Córdoba. No podría decirle, mirándola a los ojos esas “cosas que me estaban pasando”. La noche ya entraba en madrugada, sabia que no podría verla, sin embargo había decidido que esas horas, me sentaría por algún lugar a fumar unos cigarros, escuchar música y a recordarla en soledad. Hice el último intento y tiré mis últimas fichas a un juego quizás  perdido.

– ¡Hola! ¿Vas a aceptar mi invitación para salir esta noche? ¿Que decís? Bso.

Tampoco recibí contestación.

Así fue que tomé un desgastado saco azul a rayas, ajuste los cordones de mis zapatillas rojas y acomodé desprolijamente  en mi cuello una pequeña bufanda gris y salí a caminar la noche, para luego subirme a un taxi con rumbo desconocido.

De pronto llegó a mi celular un mensaje de texto.

-Estoy aquí en…, vení te espero. ¡Perdón por contestar recién!

No voy a negarlo, mi rostro se iluminó y le dije al chofer que tomaría otro camino, sin haberle dicho a que lugar primero ir. Baje del auto y comencé a buscar ese lugar en el cual ella me esperaba. Demoré unos minutos por que necesitaba comprar unos cigarrillos. Luego de una ardua búsqueda llegué a ese lugar y allí estaba sentada ella, escuchando música y conversando con el barman del pub. Me acerqué, pero quizás nuestros rostros no eran los mismos, nos costó iniciar una charla. Los minutos verdaderamente eran un suplicio por que no sabia como decirle tantas cosas y de que manera. Mientras la miraba me preguntaba muy adentro mío  “por que te presentaste  así en mi vida”.

Nos distendimos de ese primer instante frío y distante y pedimos unos de esos vinos espumantes que de vez en cuando uno puede pedir, brindamos por el encuentro, por ella, por mí, por el regreso y por un próximo reencuentro y por que cada uno pudiera lograr sus sueños.  Luego de unos minutos no pude evitar decir las cosas que sentía por ella y que en un principio eran tan confusas para mí, y que habían  pasado a ser tan claras y por sobre todo singular y esa singularidad era un sentimiento con nombre: el de ella. No dejé de temblar ni un instante, por que era tan fuerte lo que decía que tuve que romper los miedos que siempre me ataron.

Ella me respondió:

-¿Por qué yo? Si soy tan común.

Pero para mí no era común.

-¿Por qué yo? Si fueron solo dos semanas. ¿Como podés decirme eso?

Si podía decírselo;  por que no eran solo esas dos semanas, sino que desde el instante en el cual la conocí, sabía que sentiría algo por ella. Un día, un año y siete meses atrás había sido ese instante.

Por ser tan simple, por ser tan natural, por ser tan ella.

-Ya vas a ver que cuando nos volvamos a ver no voy a ser la misma que esperabas.

-¿Por que yo? Si soy tan común.

Por que para mi no era tan común.

-Déjame ser parte de tú vida y tus problemas. Le dije.

-¿A novecientos kilómetros? Yo ya se lo que es eso y no lo quiero vivir de nuevo. Me respondió.

Por que tanta razón o lo que quizás en cierta medida el sentimiento no posee. Nos quedamos callados y por primera vez no pude mirarla a los ojos, me sentía vencido, no por ella, sino por la misma razón. Terminamos de tomar lo último de ese vino que nos acompañó en la noche, el lugar estaba quedando vacío,  el barman limpiaba una a una  las mesas y acomodaba las sillas una encima de otra. Hicimos un último brindis por nosotros, por el reencuentro, por esas dos semanas. Ella acomodó sus castaños cabellos, acaricie su rostro, la miré nuevamente a los ojos, por que a pesar de la razón sin razón, quería impregnarme de ellos antes de regresar a Córdoba y le dije:

-No sos un momento, sos muy importante para mí para ser solo eso. Te quiero mucho y gracias por quererme como me queres.

Salimos del pub y caminamos unos metros, sin decirnos ni una palabra. Hizo parar un taxi y  llegó la despedida. Acomodé el cuello de mi viejo saco y comencé a cruzar la avenida 19 de Abril rumbo al antiguo puente Lavalle, ese que recorríamos por las noches frías de Jujuy. Encendí el último cigarrillo y emprendí el regreso a casa, caminando y recordando cada instante con ella, con tristeza al principio, luego con nostalgia y al final con una sonrisa.

Segundos habían pasado de haberla visto por última vez, su recuerdo fue el abrigo en la noche, como lo fueron sus ojos y su rostro en esas dos semanas. Esas dos maravillosas semanas, con esa morocha de ojos café, adoradora de las vidrieras, fundamentalista de la buena compañía, coleccionista indiscriminada de zapatos y ropa, la modelo perfecta para cualquier diseñador de ropa y la compañía ideal para sentirse bien.

Así terminó mi recorrido por Jujuy conociendo historias, reconociéndome, codeándome con la realidad, con seres maravillosos, con experiencias imborrables. Hoy escribo desde Córdoba, un lugar que todavía no es mi lugar.

Hoy escribo tratando de buscar un lugar para mi existencia, para mis sueños, para mis sentimientos.  Hoy escribo buscando tantas cosas.

Por estas noches camino por las avenidas del  centro cordobés a más de 900 kilómetros de Jujuy, cruzo La Cañada y el Paseo de los Artesanos del viejo barrio Guemes y recuerdo con una sonrisa aquellos días con ella, cada momento, cada palabra y segundo recorriendo las calles de San Salvador en esos días de frió y nieve.

Mi última historia escrita tiene ojos color café, un bello rostro y un nombre tan simple y natural.

Mi última “Historia de un Viaje”  tiene un nombre y solo se llama: Ana.

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Historias de viaje: Un nombre simple y natural

In Contreras on 1 septiembre, 2010 at 4:29 PM

Por José Luis Contreras

Parte 1: La vuelta a San Salvador

Tres semanas recorriendo una pequeña porción de un quizás estereotipado norte jujeño. El estereotipo de las revistas de turismo, de los programas de TV  de viajes y placeres, ya lo dije anteriormente no tengo nada en contra de esta forma de ver el mundo, pero un poco de ruido me hace.

Por que creo que las historias van mucho más allá de paisajes coloridos, artesanías en serie, gastronomía andina de precio exorbitante, entre otras formas de extrema mercantilización de la cultura norteña. Cultura apropiada nuevamente por las clases dominantes, una historia repetida. ¿No?

Ustedes se preguntaran. ¿Pero este tipo que es lo que fue a hacer? ¿A conocer el norte Jujeño  y a decirnos luego como debemos verlo?


Mi respuesta es simple fui a conocer historias y en consecuencia a conocerme, lo que yo escribo es una visión del mundo, es mi forma de interpretarlo desde una singularidad que es única e irrepetible. Y esta óptica, de un pequeño mundo como lo es el lugar al que fue a conocer, la comparto y a partir de allí quién  lee estas líneas sacará sus propias conclusiones.

No soy partidario de la verticalidad en el saber, no lo guardo temiendo que alguna persona me lo robe, mis escritos son un tesoro  que comparto y por ello  proponen una horizontalización de la experiencia vivida: la historia de mis viejos sobreprotectores, de aquel muchacho que me acompañó en un tramo del viaje y de ese titulo honorario de “Ingeniero” que algunos me dieron en Abra Pampa.

En estas tres historias se sintetizan el amor de los padres a un hijo, la revalorización de la cultura y por último el reclamo por un derecho social que se pide en silencio. Saquen sus conclusiones,  mi experiencia ya es de ustedes. (Ver capítulos anteriores del viaje)

Escribía líneas anteriores que estuve tres semanas por diversos pueblos de la Puna Jujeña y el objetivo era llegar hasta la frontera entre Argentina y Bolivia. No pude llegar a ese lugar, no por que no pudiera, sino por que la “Vida”, en una charla muy informal, me ofreció una oportunidad para nada despreciable, creo que fue simple la propuesta y merecía una respuesta rápida. La vida me dijo ante su propuesta:

– ¡Necesito que me respondas para ayer, no para mañana! ¿Se entiende?

Las respuestas  ante propuestas firmes no deben ser de medias tintas y la respuesta fue rápida, así que armé los bolsos y  subí al primer colectivo que me llevara de nuevo a San Salvador de Jujuy. Se preguntarán cual fue la propuesta, pero si me permiten, ese instante la guardo para mí.

En el tintero quedan las historias vividas en dos pueblos muy pequeños de la Puna: Puesto del Marques y La Intermedia, poblados situados al borde de la Ruta 9, de no más de 300 habitantes, calles desoladas, polvorientas y que solo son recorridas por sus habitantes  en horas tempranas o cuando caen los últimos rayos del sol para dar paso a la noche.

Las historias conocidas en esos lugares ya están  siendo escritas, pero antes les propongo una historia particular, en la cual soy un poco protagonista, ya no de reparto, o pensándolo bien quizás si, por que la protagonista principal es una persona con quien pasé dos semanas inolvidables.

Regresé a la capital exactamente el 1º de julio, mis padres no sabían  de mí vuelta hasta el preciso momento de abrir la puerta de casa, en la cual como siempre se encontraban las princesas más lindas de la tierra: Aylen y Rocío junto al el Rey de casa Elías I “El Moro” quién acomodaba estratégicamente sus pelotas de futbol, básquet, tenis, golf, una tras otra, como soldados dispuestos a la batalla. La casa de mis padres, con estos tres pequeños miembros de la realeza, es una versión en miniatura de la Europa monárquica de siglos pasados.

Por comenzar la casa está absolutamente resguardada por  caballitos de goma, pantuflas en forma de “guau, guau” y un amenazante dinosaurio de color violeta que controla inmutable cada paso en la casa. Hay territorios tomados, auténticos protectorados bajo el poder, defensa y seguridad de mis sobrinos, que se arman en alianza  para protegerlos: los televisores de la casa sintonizados en los canales para niños, el piso del living repleto de juguetes y piezas de rompecabezas.

Al mismo tiempo existe el riesgo latente de una guerra  por avanzar sobre otros territorios, por ejemplo la habitación de mi madre, quizás el lugar más preciado de la casa, pues allí se encuentran trofeos invalorables para estos tres pequeños: las fotos de toda la familia. Para evitar los enfrentamientos armados, mi madre con paciencia saca las viejas cajas de fotos y se las muestra una a una cada vez que este lugar es invadido por la guardia pretoriana de mis sobrinos compuesta por  muñecas, espadas y pelotas.

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También se producen armisticios, se firman tratados de paz y se sella la tranquilidad ante la firme mirada de mis dos hermanas a las que se suman Mickey Mouse y los Imaginadores. En relación a la economía los siervos  debemos rendir tributo en caramelos, galletas y en contarles un cuento antes de que se vayan a dormir a sus aposentos. Tiempo en el cual el reino vuelve a la calma, solo por unas horas.

Entonces, a este “Reino” llegué. Por esos días el clima se presentaba frío por las mañanas pero lentamente el sol calentaba las calles de la ciudad. Grande fue la sorpresa por mi llegada, ya que no me esperaban por esos días, sin embargo así soy de impredecible.

En la estadía por el norte Jujeño, en momentos en que escribía estas experiencias, regresaba a mi mente poder ver a una persona a la que solo había visto un par de veces en la vida, así de simple: un par de veces en mi vida, nada más que eso. Así que envié un email a aquella persona que decía así:

– ¿Hola como estás? yo estoy por el norte de Jujuy, vine hace unas semanas y estoy regresando a capital por estos días. Si queres  te invito a salir a algún lugar cuando regrese… ¿que decís? ¿Podés?

Ella me respondió unos días después:

– ¿Ya estás por acá? ¡Mirá que tenemos que juntarnos un día por lo menos, antes que te vayas, Nene!

Cuando leí su respuesta yo estaba de regreso por la capital, así que solo quedaba poder comunicarme con ella, ya que me había pasado su número de celular. Pero debo admitirlo soy muy reacio al uso de este aparato, además de no tener habilitada mi línea por esos días, así que quedé sujeto a poder encontrarmela a través del Messenger o el tan de moda por estos tiempos Facebook. Los días fueron pasando jugando con mis sobrinas a ser su carruaje humano o protagonizando el rol de mediador en la eterna discusión por el televisor  y la cuestión existencial: Almuerzo-Noticiero local o  los insoportables “Wiggles y Aprende”.

Así llegó un día sábado, la noche ya estaba perdida, terminaba de chequear mis e-mails, de poner pulgarcitos arriba en el “Face”, cuando de pronto ella entró en línea por “Messenger” y empezamos a “conversar” por unos minutos, hasta que le propuse salir esa misma noche a algún lugar. Debo aclarar que soy una persona un poco tímida y varias veces en mi vida por evitar el rechazo femenino, he preferido un silencio de radio, antes que otra cosa. Sin embargo tomé aire y le propuse una salida por la noche de Jujuy.

Cuando leí.

– OK! a las 11 de la noche te espero.

Le respondí:

– ¿Eso que quiere decir?  ¿Que si aceptas mi invitación?

– Si te espero a esa hora. Me respondió.

– ¡OK! ¡Para que me reconozcas voy a estar con un sombrero negro y una rosa roja en la solapa!! Escribí en tono de broma y una sonrisa de oreja a oreja.

Cerré mi cesión y durante un instante me desesperé y pregunté internamente:

– ¿Con que voy? ¿Que me pongo? ¿Me afeito? ¿Zapatillas? ¿Camisa? ¿Remera?!

Voy hacer un flash back, antes de continuar, y a decir de quién les hablo y como la conocí. Hace un año y medio aproximadamente, principios del 2009, fui de visita a un lugar muy importante en mi vida, en donde me encontré con muchos amigos a quienes saludé uno por uno, hasta que en un momento me presentaron a una hermosa morocha de ojos cafés. Ella estaba con un pantalón “capri”, una blusa negra y zapatillas blancas, nos saludamos como a quien presentan a una desconocida y nada más, sin embargo fue tal el impacto en mí al verla a ella que no pude dejar de observarla mientras continuaba con sus cosas. Soy tan olvidadizo que ni su nombre retuve, y mi timidez nuevamente obstaculizaba cualquier intento de volver a preguntárselo.

Por ese entonces siempre al regresar a visitar a mi familia, apenas bajaba del colectivo, los tiempos se aceleraban para regresar nuevamente a Córdoba, es así que pensaba que en nada podía modificar mi vida si conocía o no, a esa morocha de ojos color café. Por esos días continuaba visitando a mis amigos y ella seguía allí tan informal y atractiva al mismo tiempo. Para evitar situaciones incómodas, acudí a la ayuda de uno de los niños del lugar y le pregunté:

-¿Cuál es el nombre de aquella chica?

Me respondió rápidamente y continuó jugando con los otros niños del lugar, no importándole el porque de la pregunta.

Así fueron pasando los días y coincidíamos en algunas actividades y comenzó una relación propia de todo encuentro:

-¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Venís por la tarde? ¡Yo tomo el colectivo en tal lado, si vas para el mismo lado te acompaño!

No más que eso, formalismos propios de las situaciones. Un par de veces la debo  haber acompañado por ese entonces, pero nos conocimos un poco, no mucho, Le gustaba el buen vestir, era una adoradora de las vidrieras, una coleccionista indiscriminada de zapatos, una amante de las letras y por sobre todo una fundamentalista de la buena compañía.

En nuestras pocas caminatas por esos tiempos, me comentó que estaba en una relación con un chico con el cual las cosas iban bien. Pero yo no preguntaba más sobre esta cuestión, a razón de no importarme en demasía, por esos momentos. Porque mi vida estaba en Córdoba y en poco tiempo no podía estar en los planes de ella y de nadie.

Ella sin embargo algo había despertado en mí, no sabia que, pero algo se despertó por ese entonces, no quise preguntarme más por que era tiempo de volver a Córdoba.

Eso fue hace un año y siete meses. En nuestras charlas antes de regresar la invité a conocer Córdoba y siempre quedó la propuesta en pie y entre risas nos tomábamos la palabra de algún día nos encontráramos en esta ciudad.

Pasó el tiempo, mucho tiempo…y salvo e-mails reenviados en cadena, nunca más la volví a ver ni siquiera a principio de este año. Nuevamente aplicaba mis conceptos egoístas “lo que no se ve, no se siente y menos algo que no viste demasiado”. Así que la vida corría bajo los parámetros normales de mi concepción existencial.

Muchos dicen que la vida corre, que todo pasa. Y la vida siguió.

Pero una necesidad de contar historias me llevó nuevamente a Jujuy y a una experiencia hecha carne en kilómetros recorridos, historias y  personas conocidas. Y en esta etapa de la vida la volví a encontrar a ella.

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El misterio del Eslabón

In Exclusivos, Tonti on 19 agosto, 2010 at 10:35 AM

Por Danilo Tonti

Si la magia y la fantasía no existen, el Eslabón es lo que más se les parece.

Mezcla rara de encuentro y re-encuentro, de búsqueda y descubrimiento, de autocríticas y cuestionamientos. Cóctel con los ingredientes justos que sabe calar hondo sobre uno mismo, llevándonos a lugares que el trajín del tiempo hizo olvidarnos que teníamos.

El fin de semana largo que pasó hice el Eslabón. Después de un buen tiempo de insistencia por parte de mi amiga, todo se dispuso hacia un sí del que no podía escapar. Atrás dejaba muchas responsabilidades, compromisos y cuestiones inconclusas; pero no me quedaba otra, la ilusión y el entusiasmo de mi amiga me arrancaron el sí de antemano.

Subí al colectivo y partí. Con miedos, inseguridades, preguntas… muchas preguntas. Pero partí. Con el bolso en mano y la espera de respuestas en la mente pisé suelo riocuartense, subí al Peugeot 205 y -de ahí- directo a Las Vertientes: Casa Belén esperaba.

Un grupo de jóvenes deambulaba por los pasillos de la casa, algunos solos, otros en grupo, pero todos con la misma cara de miedo e incertidumbre. De a poco la masa se iba ablandando y el caparazón sacando sus partes duras. De a poco lo poco se hacía mucho, y lo mucho…, inexplicable.

Nunca tuve tan pocas ganas de acostarme y tantas de levantarme, nunca tuve tantas ganas de ser conciente del aire que respiraba. Vivir era una elección en cada segundo; ser protagonistas de ellos era el desafío.

El Eslabón no se lleva bien con la rutina ni con las conductas casi mecánicas que genera. El Eslabón es no acostumbrarse a vivir para que cada paso cuente, valga la pena, se sienta. Es la confirmación de que algo mejor siempre es posible y de que lo mejor a veces es invisible a nuestros ojos.

Si me preguntan, es un antes y un después, un cuarto intermedio, una antesala. Es el paso previo, aquel dado de la manera más lenta y pensada, que nos permite seguir con un ritmo seguro y que deje huella. Nada es lo mismo después de hacerlo y todo es nuevo al momento de entenderlo. Limpiamos el lente y vemos lo que no veíamos, o no queríamos ver.

El momento conquista el alma. Se infiltra sigiloso e inadvertido y se instala para no irse más. Ahí queda, en el rincón entre el corazón y la memoria, y maneja desde allí todas las fichas: las mueve y las conmueve.

Poco o nada nos conocíamos los que ahí estábamos, pero las miradas no denotaban lejanía. Las miradas eran la evidencia involuntaria de un corazón que retumbaba con sus latidos, la evidencia de complicidad entre quienes, ahí – juntos – y en ese momento, hablaron un mismo idioma.

Pero claro que no crearon aquel lenguaje: algunos lo conocieron, otros lo volvimos conocer, pero todos nos fuimos hablándolo. Porque llegamos con una búsqueda y nos fuimos con un encuentro. Llegamos con una duda y nos fuimos con mil certezas.

Para los que me preguntaron y para los que no, el Eslabón es esto. Y con la misma incomprensión con la que seguramente terminan esta lectura fuimos nosotros allí y nos animamos a descubrir. Porque su magia es su secreto y sólo el que se anime a caminarlo descubrirá el camino, sólo el que se anime a descifrarlo develará el enigma.

El Eslabón me cambió la vida; y lo digo así, en primera persona, sin opción a que refuten. Porque me hizo ver y creer sin ver, porque me ayudó a crecer y a ayudar a crecer, porque me amó tanto como hoy lo amo.

Para quienes lo hicieron, continuemos el viaje; para los que no, los desafío a hacerlo.

Tus dudas se terminarán el día que te atrevas a buscar respuestas.

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El cielo moderado, un mamarracho y el poema

In Bahamonde, Exclusivos, Pasiones on 11 agosto, 2010 at 12:25 PM

Por Jose Bahamonde

Son las ocho de esta mañana fría de Mendoza, sueño moderado, día en blanco y las palabras que invitan en el iPod “porque ese cielo que vemos, ni es cielo, ni es azul. Lástima grande que no sea verdad tanta belleza” Lupercio Leonardo de Argensola, cerca del 1.500.

Ahora entiendo cuando los viejos me decían que el tango está ahí, sentado en un bar fumando y esperando que algún día vengas a él. Hace tiempo ya me senté en aquel café, con la vergüenza de un niño que reconoce la verdad de una padre sabio.

Foto de Jose B

Camino hacia la Mac, la abro y empiezo a escribir intentando meter la mano en la bolsa de mi alma para tirar algún puñado de plumas al viento.

Tango, tango, cómo suena tu voz en mi mirada. Son las ocho, casi el fin de una madrugada que no fue de bourbon, ni de sueños grises, nooooo nada que ver, son las frías ocho de una mañana más y aquí estoy, empezando este día como quién baña sus zapatos en tinta y se debate si escribirá sobre el suelo de la vida una digna poesía o todo morirá en un ilegible mamarracho.

Y ahí el tango, ametrallando mi cabeza con sus frases “…se me gastaron las sonrisas de luchar…”, “…pero qué, si están tus cosas pero tu no estás…” todo está ahí, el dolor, la esperanza, la muerte y la puta vida.

“…Fui…gota de vinagre derramada, fatalmente derramada sobre todas tus heridas..”, “…vete, no me beses que te estoy llorando. Vete, no comprendes que te estoy salvando..” y la imagen del eterno Negro Juárez con sus lágrimas reinventando desencuentro. Tengo ganas de gritar pero no puedo abrir la boca, y caigo en una verdad incontrastable, el tango es eso, es la boca de tantos que no gritan.

Nada, a seguir, ahora pongo a Hugo Díaz y esbozo este intento de salvarme. Café negro, mi homenaje de hoy no puede mancharse con la blancura de la leche. Abro mis mails con los ojos teñidos de arrabal, y una de esas cosas hermosamente incomprensibles que se encadenan en la vida, mensaje de mi amigo Omar, escrito con las mismas manos con las que amasa el pan para el horno de barro y luego se aferra al arco de su contrabajo.

Omarcito es un ser tan dignamente humano, tan de verdad, tan hermosamente amigo, tan musical para su cocina, tan cocinero para los sueños de todos. Y su mail que me pega una trompada con guantes de terciopelo No sé si se logra la belleza. Amo ese concepto griego de la belleza, que dice que la bondad no es buena por ser buena, es buena porque es bella…” y sé que si algo le faltaba a este rarísimo día de invierno, es esta invitación al pensamiento.

La música suena, y entonces el tango, y el contrabajo de Omar y su amistad y la belleza…y el aroma del café. Y entonces, entonces todo se ordena.

Definitivamente tengo ganas de que mis pasos de hoy dibujen algo bueno. Ahora suena Chiquilín de Bachín, “cada aurora en la basura, con un pan y un tallarín, se fabrica un barrilete para irse…y sigue aquí…” que poeta Horacio Ferrer, ¿cómo pueden todavía algunos “puristas del tango”, cuestionarlo? cuánta miseria debe limpiarse alrededor de las cosas trascendentes.

Un día leí una frase divertida decía, “es fácil darse cuenta de la existencia de un genio, inmediatamente todos los imbéciles se ponen en su contra”. Cómo cuesta tener que bancarse a tanto pelotudo con iniciativa, por dios. Pareciera que la envidia, ese DNI de la mediocridad, se contagia por la palabra. Eso si, por respeto a mi café, he decidido no dedicarle un segundo de tiempo a los acomplejados y envidiosos.

Volvamos, Ferrer es un rock star, un tipo que está en desacuerdo con la vida de mierda que nos intentan vender y grita con sus poemas para tirarnos un enorme salvavidas. Cómo puede cuestionarse poéticamente a alguien capaz de decir “…chiquilín dame un ramo de vos así salgo a vender mis vergüenzas en flor. Baleame con tres rosas que duelan a cuenta del hambre que no te entendí…” una canción de protesta, donde se inmola para que se entienda el sufrimiento de un niño.

Encima hay que soportar que algunos irrespetuosos digan que el tango es rancio y cosa de viejos. Y claro, la lectura que tenemos del tango ha ido mutando más por ignorancia que por decisión y como decía mi amiga Anita, la ignorancia es atrevida.

Los invito a ver imágenes de las grandes orquestas de los ’60, allí verán bandoneonístas cabeceando enloquecidos, pianistas golpeando el piano con violencia, cuerpos de músicos que vivían el tango en la piel, comprometidos, irreverentes, vanguardistas muchos años antes de la fiebre del rock y el punk.

Que alguien tenga los huevos de negarme que en la voz de Cobain podría haber vivido cualquier tango melancólico. Nada puede sobrevivir a las lecturas del pasado con los códigos actuales, pero siempre ayuda el corazón, la sensibilidad, las ganas de encontrar acuerdos, el juego de sentar a Pichuco con Pearl Jam, al gran Astor con Ceratti, a la poesía de Manzi en la mesa de un flamenco, a Julio Sosa con la electrónica del tango.

Al segundo café le cayeron unas gotas de Brandy, son las 9, le meto un trago firme queriendo desahogarme, y si, el tango es un tema del que es difícil salir, (un camino de ida diría la Mica) es el libro gordo de petete para encarar todos los dias.

Me suena el teléfono, Carlos desde Buenos Aires, justo lo que faltaba, las charlas con él pueden durar horas desculando el origen del amor, su influencia en el arte, en la amistad, y empiezan las frases compartidas, “no se puede ser profundo todo el tiempo, porque tampoco se puede ser feliz todo el tiempo” le tiro al pasar, se ríe, se que está asintiendo con la cabeza.

Comentamos de alguna mina, pisamos la banquina, volvemos al asfalto y me retruca “…es que las tristezas no son siempre las mismas…o si?” apuro una respuesta, “…hay que aprender a no sufrir maestro”, vuelve a reír.

Entonces me despido con apuro, me subo al auto, manejo desorientado, encuentro en una esquina un bar antiguo, me bajo, busco con la mirada atenta, veo un viejo solo con un cigarrillo y un café, me siento junto a su mesa, siento el paso de la vida. En una radio suena un tango de Rivero, el viejo mira como buscando el cielo, lanza una bestial nube de humo, cierra los ojos y los aprieta, así se queda un rato.

Es el tango, lo juro, es el tango, ese grito de tantos que no gritan.

Entonces siento que es de noche al mediodía, que al farol se le escapó la luz, que el café  es un escocés con hielo, que la señora que pasa con las compras es Malena, que el tipo que espera el bondi en la parada es el Ñato y que ahí a la vuelta de la esquina sobrevive una milonga eterna con el piso lleno de letras y mamarrachos invisibles, que sin carteles, ni guirnaldas, ni faroles se llama vida.

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