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¿Assange es periodista?

In Derecho a Replica on 20 diciembre, 2010 at 8:20 AM

Por Juan Gelman

Sí para algunos, no para otros, quién sabe para muchos. Este tema deriva, con presunción jurídica, de la voluntad de juzgar a Assange en EE.UU. que la Casa Blanca y varios congresistas no ocultan. Si el australiano es periodista y su difusión de documentos por Wikileaks es similar a la de cualquier periódico o agencia noticiosa, la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense impide que lo procesen: prohíbe expresamente la promulgación de toda ley que inhiba el ejercicio de la libertad de prensa. Hay que buscar otro camino legal o con visos de legalidad.

El Comité Judicial de la Cámara de Representantes comenzó a explorar el asunto el jueves que pasó. Una de las alternativas examinadas en esta primera audiencia, a la que fueron citados siete fiscales, abogados y peritos, fue la aplicación de la Ley de Espionaje aprobada en 1917, cuando EE.UU. decidió participar en la Gran Guerra del ’14-’18 y la histeria belicista guiaba los pasos de gobierno y Parlamento. Raras veces surtió efecto, en ocasiones ninguno. El senador independiente Joe Lieberman y dos colegas republicanos presentaron un proyecto de ley que califica de ilegal la difusión de informaciones clasificadas y que permitiría, si se aprueba, echarle el guante al fundador de Wikileaks. Se escucharon opiniones contrarias en la audiencia.

Geoffrey Stone, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, tachó de inconstitucional el proyecto de los tres senadores: aplicarlo a ciudadanos particulares que no son funcionarios del gobierno violaría la Primera Enmienda, aseveró. Ralph Nader, el repetido candidato a la presidencia por el Partido Verde, centró el problema en “la abismante falta de seguridad” que el gobierno muestra en el manejo de documentos delicados y subrayó: “La supresión de información ha provocado más pérdidas de vidas, verdadera amenaza a la seguridad estadounidense, y demás consecuencias que se atribuyen ahora a Wikileaks y a Julian Assange” (www.talkradio.com, 16/12/10).

Para el presidente del Comité Judicial, el representante demócrata John Conyers, no hay nada que punir: “EE.UU. se ha basado en la idea de que la libertad de expresión es sacrosanta –declaró–. No hay duda de que Wikileaks es muy impopular en estos momentos, pero ser impopular no es un delito y publicar informaciones agresivas tampoco. Me incomodan mucho los llamados insistentes de políticos, periodistas y otros presuntos expertos que demandan un proceso penal o medidas extremas” (www.rawsroty.com, 16/12/10).

William Keller, director ejecutivo del New York Times –uno de los cinco diarios que difunden los documentos filtrados–, tomó distancia: “No creo que (Wikileaks) sea la organización informativa de mi gusto, pero ha evolucionado. A lo largo de esta experiencia hemos considerado que Julian Assange y su alegre banda de provocadores y hackers son una fuente. No diría que pura y simple porque, como sabe todo periodista o director, las fuentes rara vez son puras y simples” (//blogs.forbes.com, 16/12/10). Agregó que lo perturbaría que el gobierno intentara procesar a Assange aplicando la Ley de Espionaje: “Dejando a un lado lo legal, eso me enviaría una señal de alarma… es una ley que se presta a los abusos”.

Kenneth L. Wainstein, socio de la firma internacional de abogados O’Melveny & Myers, sugirió en la audiencia que Wikileaks es un medio “fundamentalmente diferente” de otros porque se limita a recoger y difundir información sin la supervisión editorial que rige en las publicaciones tradicionales. Para Thomas S. Blanton, director del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, “se aproxima cada vez más a una organización mediática”. Entonces, Assange ¿es periodista o no?

Abbe Lowell, abogado y miembro de la firma McDermott, Will & Emery, señaló que la respuesta a esa pregunta es un terreno resbaladizo desde el punto de vista legal que podría introducir fiscalizaciones ajenas en el proceso editorial. “En la historia de EE.UU., el reunir información y difundirla es periodismo clásico”, afirmó. No solamente allí.

Los objetivos de la Ley de Espionaje fueron los opositores a la entrada de EE.UU. en la guerra y sirvió para destruir al joven Partido Socialista. El senador demócrata Kenneth McKellar lo dijo con claridad cuando el proyecto se presentó ante el Congreso en 1917: “Si no logramos que la gente entre en razón para que sea leal, llegó el momento de obligarla a ser leal”. El representante republicano William Green fue más lejos: “No hay medida lo suficientemente severa para exterminar a esa canalla perniciosa”. No faltan personalidades norteamericanas que hoy piden el asesinato de Assange. A los 93 años de la promulgación de la Ley de Espionaje, poco ha cambiado la clase política de EE.UU.

Fuente: Página/12

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Entrevista a Don Tapscott

In Derecho a Replica on 17 diciembre, 2010 at 3:00 PM

Don Tapscott es el creador de Wikinomics, un libro de culto en la economía digital, y un luchador contra la brecha digital, la frontera que hay entre los que tienen acceso a la Red y los que no. Recorre el mundo impartiendo conferencias. Estuvo en España y el diario El País lo entrevistó.

¿Cómo ayuda la tecnología a dar recursos a quién no los tiene?

Todavía hay una gran brecha digital, se va cerrando, pero existe. Gracias a los móviles hay lugares donde no hay agua potable ni electricidad pero sí cobertura de móvil. Gracias a eso se puede informar y tomar mejores decisiones. Si se tiene acceso se abre un mundo de posibilidades. El 80% de las nuevas empresas depende de Internet y tiene menos de cinco años. El mundo de los emprendedores se ha acelerado, son el verdadero futuro. La web proporciona una verdadera meritocracia. Se crea lo que denominé ‘ideagora’, un lugar para participar de la sociedad y de la economía.

En España tenemos un problema con los mayores de 45 años que se quedan sin trabajo pero no tienen una formación digital, ¿qué sugiere para solucionarlo?

El primer problema es la falta de jóvenes. Hay que aumentar la tasa de natalidad. Además la educación es mucho más barata ahora. Las universidades en Estados Unidos están perdiendo su poder. El 80% de los másteres de negocios son online y se imparten en Asia. ¿Por qué iría alguien a una clase con 300 personas si lo puede hacer en casa y, además, el profesor le contesta por correo?

En sus libros suele hablar de compartir ideas, sin embargo, no es algo que suceda en el día a día. ¿Cómo se puede impulsar que esto suceda?

Compartir una idea no es comunismo. Al contrario, es capitalismo, del bueno, del mejor. Es la mina de oro. Tengo un vecino que hizo un reto a partir del mapa de unos terrenos que compró. Quería buscar oro en ellos pero no sabía dónde hacerlo. Ofreció medio millón de dólares a quién le ayudara. Lo pagó, muy a gusto además. Supo de nuevas técnicas de extracción de oro y su empresa paso de tener un valor 19 millones de dólares a 10.000 millones de dólares. Ahora tengo un vecino muy rico. No es cuestión de compartir todo pero sí de dejar de pensar como un solo ente y pensar como un colectivo. Nike ha mejorado mucho desde que creó GreenXchange, unaplataforma que promueve iniciativas sostenibles y colectivas.

En España, todavía tímidamente, comienzan a verse iniciativas de datos abiertos (Open Data) en Gobiernos regionales, como el del País Vasco, ¿qué beneficios aportan?

Es mejor que bueno. Cambia la naturaleza de los Gobiernos y su sentido. En Madrid, por ejemplo, el Ayuntamiento y la policía saben perfectamente cuáles son los puntos críticos donde hay accidentes de tráfico. Podrían liberarlos, decirlo, y que alguien lo metiese en un mapa de Google. En dos días comenzarían a salvarse vidas. El coste es cero, pero el ahorro es grande. Así hay montones de ejemplos: negocios, sanidad, seguridad… Los datos en bruto, tal cual, convierten a la administración en una plataforma, en un aliado. Liberar datos es lo justo. Si lo pagamos entre todos, ¿por qué no nos devuelven lo que nos pertenece? Una vez que cumplen su función, que también digan qué conclusiones sacan. Que nadie lo confunda con la privatización. Es lo contrario. Es el nuevo valor público, de todos.

La gestión sería más transparente, ¿cree que la gente confiaría más en sus dirigentes gracias a ello?

Exacto. Por un lado verán los rédito. La luz es el mejor desinfectante. Si están desnudo, si el gobierno no hace nada, se sabrá. Por otro lado, si eres transparente, eres digno de confianza.

¿Qué piensa de la publicación de cables de Wikileaks?

Ahora mismo Wikileaks está dando información de países. Lo siguiente son los bancos y las grandes corporaciones. Entonces sí que vamos a hablar, mucho más, de transparencia. Va a cambiar por completo la relación entre las empresas y sus clientes. Van a ser más responsables con la sociedad. Gobiernos y empresas tienen derecho al secreto, por supuesto, no se trata de contar todo pero sí de hacerlo mejor, de ser responsables con la sociedad. Los que ponen en el punto de mira a algunos cables concreto o Assange se confunden. Tiene que servir para reflexionar y que cada institución reflexione sobre su integridad. Como dije, el la luz aclara todo. Habrá regulación ciudadana. La sociedad controlará la calidad de los servicios. Imagina una sociedad formada y con acceso a la información. Eso sí será un mundo mejor.

¿Cree que el iPad es tan revolucionario?

No, es solo un aparato más. Novedoso, claro, pero no es algo que cambie la comunicación. El móvil sí es revolucionario. La tercera pantalla está cambiando el mundo. La primera fue la televisión. La segunda es el ordenador. La tercera está dando acceso a un nuevo entorno a gente que no tendría oportunidades de desarrollo.

Fuente: El País

Wikileaks: Cuando el poder pasa del secretismo a la transparencia

In Derecho a Replica on 13 diciembre, 2010 at 8:00 PM

Por Jeff Jarvis

Los gobiernos deberían de ser transparentes por defecto, secretos por necesidad. Por supuesto, no ocurre así. Gran parte del gobierno es secreto. ¿Por qué? Porque quienes tienen los secretos tienen el poder.

Wikileaks ha pinchado ese poder. Aunque no vuelva a difundir otro documento (y estamos seguros de que lo hará), Wikileaks nos ha hecho darnos cuenta de que ningún secreto está a salvo. Si una persona sabe algo, lo puede saber el mundo entero.

Pero siempre ha sido así. Internet no mató el secretismo. Sólo hace que copiar y difundir información sea más fácil y rápido. Debilita el secretismo. O, como dice un amigo mío, internet democratiza las filtraciones. Antes sólo los poderosos podían retener y descubrir información. Ahora lo pueden hacer muchas personas.

Por supuesto, necesitamos tener secretos en la sociedad. En temas de seguridad y de investigaciones criminales, así como en la privacidad de los ciudadanos y en algunos asuntos de funcionamiento del estado (como la diplomacia), la luz del sol puede hacer daño. Si los gobiernos limitasen los secretos a ese nivel (necesario), no habría nada que filtrar a Wikileaks.

Pero por lo que hemos podido ver de lo que se ha filtrado, hay muchas cosas que deberíamos saber (acciones hechas en nuestro nombre) que el gobierno nos oculta. También sabemos que la revelación de esos secretos no ha sido algo devastador. La relación de EE UU y Alemania no se ha colapsado porque un diplomático poco diplomático calificó a Angela Merkel de poco creativa. El jefe de Wikileaks, Julian Assange, ha dicho a The Guardian que en cuatro años “no ha habido ninguna alegación creíble, ni siquiera de organizaciones como el Pentágono, de que ni una sola persona haya resultado dañada como consecuencia de nuestras actividades”.

Así que quizás la lección de Wikileaks es que el aire fresco es menos peligroso de lo que pensábamos. Eso debería de conducir hacia menos secretismo. Después de todo, la única defensa segura frente a las filtraciones es la transparencia.

Pero es no es lo que está ocurriendo. En EE UU, la Casa Blanca ha anunciado una nueva medida de seguridad para asegurar la información. La Casa Blanca incluso ha advertido a sus empleados que no lean los documentos de Wikileaks online porque oficialmente todavía son secretos, lo que traiciona la definición de secreto como algo que la gente no sabe. Me temo que una de las consecuencias del trabajo de Wikileaks será que los funcionarios se comunicarán menos por escrito y más por teléfono, lo que afectará a periodistas e historiadores.

Me he convertido en un defensor de la transparencia del gobierno, de los negocios e incluso de nuestras vidas privadas y relaciones. Internet me ha enseñado los beneficios de compartir y de conectar información.

Este es el motivo por el que llamo a la cautela con la obsesión por la privacidad que está extendiéndose en gran parte de la sociedad moderna, y especialmente en Alemania. Ojo con los precedentes que establecemos, eligiendo por defecto lo cerrado y secreto, bien sea pixelando vistas públicas en Google Street View o cancelando los anuncios personalizados que tan sólo hacen que el marketing online sea más valioso y que pague por gran parte del contenido gratuito de la red.

Me temo que se nos va a echar encima una niebla pixelada, que hará borroso lo que se tendría que estar volviendo más claro. Yo esperaba en cambio que se abriese la cortina a la sociedad, dejando entrar la luz del sol. Tenemos que elegir.

Investigando para mi libro sobre los beneficios de lo público (que se llamará “Public Parts”), he descubierto que las nuevas tecnologías generan a menudo temores sobre la exposición de la privacidad. La invención de la imprenta de Gutenberg, la cámara, la rotativa, los micrófonos pequeños y ahora internet, todos ellos han destapado esa preocupación.

Ahora, en Wikileaks, vemos una nueva preocupación: que el secretismo se muere. Pero no es así. El secretismo vive; tan sólo está herido. Y así debe de ser. Usemos este episodio para examinar como ciudadanos cuán secretos y transparentes.

Fuente: De Buzzmachine en 233 grados.
Foto: webadictos

Hacktivismo y Ciberguerra, lo que viene

In AguaSuaves on 10 diciembre, 2010 at 9:47 AM

El mundo mira extrañado a su interior por la creciente ‘inseguridad’ estructural que se padece. Me refiero que este final de año ha colocado en una pendiente a los sistemas informáticos mundiales. Las filtraciones de WikiLeaks, el Hacktivismo contra determinadas empresas y la exacerbación de una posible Ciberguerra son algunos de los títulos que parecen preceder a un desenlace incalculable.

Al mezclar los términos hackeractivismo nos encontramos frente al hacktivismo, concepto que tiene algo así como 15 años desde que acuñó como “la utilización no-violenta de herramientas digitales ilegales o legalmente ambiguas persiguiendo fines políticos. Estas herramientas incluyen desfiguraciones de webs, redirecciones, ataques de denegación de servicio, robo de información, parodias, sustituciones virtuales, sabotajes virtuales y desarrollo de software”.

De esta manera, la desobediencia civil se cierne sobre aquellos pocos instruidos y capacitados a boicotear sistemas informáticos sin límites. Sin dudas, este será el movimiento contracultural del siglo XXI que ha encontrado en las nuevas tecnologías su forma de expresión.

En este escenario es donde WikiLeaks salta a escena y a mi entender cambiará la historia. Básicamente porque ha logrado sacar a luz aquello que tantos profesores de historia comentaban pero no podían probar, consiguió lo que los medios jamás se animaron o pudieron, encontraron todo aquello que siempre se buscó y desnudó al poder.

Con respecto al movimiento Wikileaks, sobre las guerras de AfganistánIrak, y de la diplomacia planetaria de EE UU, según indica Miguel Ángel Bastenier debemos distinguir dos realidades: el material informativo en sí mismo, y la propiedad política y moral de esa exposición. (ver)

Julian Assange declaraba que “periódicos y televisiones se han convertido en seleccionadores de contenidos tutelados” y recuerda que “dado el estado de impotencia actual del periodismo, me parecería ofensivo que me llamaran periodista”.

Lejos de hacer de Assange un líder de este tiempo,  me parece hay que colocarlo en el escalón correspondiente. Dirigente de un grupo de activistas independientes (se supone) que será recordado por haber acelerado un proceso donde el poder cambia de manos y se declama en un teclado de computadora. Aunque el mundo sigue girando en el mismo sentido.

Donde si se puede esperar algún efecto es en la clase de los diplomáticos profesionales, hacia adentro de las oficinas de los servicios exteriores. Obviamente es un golpe duro, aunque estamos lejos de saber aún si se trata del11 de Septiembre de la Diplomacia. (leer análisis de RRII)

A su vez, los ataques de ciberactivistas contra los sitios de Pay Pal, Mastercard y Visa dejaron en evidencia este miércoles que el compromiso a favor de la libertad de expresión de FacebookTwitter tiene límites difusos. (leer nota sobre las redes sociales y la libertad de expresión) Quedan dudas aún de si Twitter censura a Wikileaks y así continuaremos en el debate de intereses ahora expuestos a un click de distancia.

En estas condiciones es que hemos visto en los diarios el pasaje de la guerra santa de principio de siglo a la Ciberguerra que hoy se combate con trincheras repletas de gigabytes y tanquetas de virus. Miguel Suárez, experto en seguridad informática de Symantec que estamos en el medio de las batallas informáticas “y va a ser mucho más común en los próximos años. De hecho, cada vez es más normal que no solo compañías, sino también los Gobiernos recurran a consultores a la hora de definir los planes de protección de infraestructuras críticas”.

“Si se diese una ciberguerra la forma sería diferente y se nos haría entender que la Red es global pero causa efecto local. La estrategia ya no es con un ejército, un mapa y una brújula”, indica Antonio Miguel Fumero. Lo que nos lleva a pensar inevitablemente que tan seguros estamos en nuestros países, en términos gubernamentales y también desde las empresas. ¿Cuántas estructuras poseemos al alcance de un golpe informático?

Una de las características de nuestra época es, como enunciaba Jesús Pérez Triana en Guerras posmodernas, el “ascenso de un nuevo tipo de actor internacional de escala cada vez más pequeña”. Los mismos cambios tecnológicos que dan la posibilidad a pequeñas firmas de convertir un producto en fenómeno global o a un periodista en celebridad planetaria, permiten que comunidades de escala casi invisible “colapsen” sistemas vitales en la actual estructura de la globalización.

Y agrega David de Ugarte, al final de su columna, que la postmodernidad se parece cada vez más al mundo descrito por Bruce Sterling en Islas en la Red, y, como en aquella mítica novela, la ciberguerra es solo la telonera de las estrellas por llegar.

> Los documentos fueron filtrados a El PaísThe New York Times, Der Spiegel, Le Monde y The Guardian (Haz click en cada diario y conoce como contaron la historia).

Foto: skuggen.com

¿Twitter censura a WikiLeaks?

In Malas Viejas on 6 diciembre, 2010 at 4:17 PM

El viernes pasado me preguntaba qué pasaría si Google borrara de sus resultados de búsqueda la palabra Wikileaks. En ese tiempo lejano -fue hace tanto que España no estaba ni en estado de alerta- sonaba a ciencia ficción, a pesar de que Amazon y EveryDNS ya habían puesto un par de excusas para deshacerse de su incómodo cliente. En estos momentos, tras la cancelación por parte de PayPal (el sistema de pago por internet más popular del mundo) de la cuenta de Wikileaks, quedan ya pocas dudas sobre la existencia de un boicot estadounidense llevado a cabo por empresas de internet contra la organización de Assange.

Los internautas, tímidamente, han empezado a organizarse para devolver el golpe dándose de baja de los servicios que maltraten a Wikileaks oconvocando huegas de uso. También han creado más de 500 mirrors (espejos, copias exactas de la web) y han redirigido sitios inactivos a Wikileaks. Los lemas “Save Wikileaks” y “I’m Wikileaks” han servido de banderas.

En las últimas horas se ha extendido la información de que Twitter está censurando en sus trending topics -la lista de términos que están creciendo más rápidamente- todo lo referido a Wikileaks. Un blogger lo ha argumentado en su web, basándose en otras sospechas y en una investigación basada la herramienta Trendistic. La propia cuenta oficial en Twitter de Wikileaks ha difundido el enlace al post de este blogger, lo que se ha entendido como que la organización está de acuerdo con su opinión.

El asunto no es baladí. La lista de trending topics es tan importante en Twitter que se paga por aparecer en ella. Figurar significa que un montón de las personas más conectadas del mundo se preguntarán por qué está esa palabra ahí, lo que contribuirá a que sea más popular aún. Lo que es trending es noticia por el mero hecho de serlo (sirva de ejemplo este mismo blog).

Pantallazo
Ni en los trending globales ni en los españoles aparece ahora mismo Wikileaks, ni ningún término relacionado, cuando el volumen de conversación sobre el tema es ingente. He mirado algunas herramientas que también generan sus propios “trendings” a partir de Twitter, como Toowit o Topsy y en ellas sí que está presente. Aunque la verdad es que ninguna de ellas (y tampoco Trendistic) son tan fiables como para asegurar 100% que Twitter esté manipulando sus algoritmos para que Wikileaks no aparezca en su “top”.

Chart
Chart2
Topsy

Josh Elman, un empleado de Twitter, ha negado en los comentarios de uno de los blogs implicados en la polémica que estén manipulando sus listas. “Twitter no ha modificado los ‘trends’ ni para ayudar ni para impedir a wikileaks ser tendencia. #cablegate fue tendencia la pasada semana y varios términos alrededor del asunto han sido tendencia en distintas regiones durante la semana pasada.

‘Trends ‘no va sólo sobre el volumen de una búsqueda sino también sobre la diversidad de personas y de tweets sobre un tema y busca incrementos orgánicos sobre la norma”. En Boing Boing dicen que es posible que #wikileaks sea tan trending que por eso mismo ha pasado a ser un tema de fondo y no un tema caliente.

En cualquier caso lo cierto es que no tenemos una forma exacta de saber si Twitter está censurando o no  temas, aunque la sospecha está ahí desde hace tiempo. La semana pasada fueron acusado de obviar los trendings sobre el aumento de tasas a estudiantes británicos, algo inmediatamente negado como absurdo por la empresa de San Francisco. Lo mismo ocurrió en mayo durante el ataque israelí a la flotilla de ayuda humanitaria en Gaza, cuando desaparecieron los ‘hashtags’ relacionados. Entonces se echó la culpa a un error técnico.

Los algoritmos son un gran excusa, porque aún hay quien cree que los números son neutrales. Que se lo digan a Google, que será investigado por Bruselas por manipular sus propias búsquedas. La otra gran excusa son los términos de uso. Mientras escribo este post me entero de que el banco suizo en el que está una de las cuentas de Assange se la ha cancelado porque no es residente de Suiza. Amazon, EveryDNS y Paypal también se han agarrado al mismo tipo de excusa: leer con lupa los contratos con los usuarios.

Los ataques son cibernéticos pero no por ello menos reales (robo de documentos, cuentas canceladas, ataques DDOS, desconexiones de dominios), no es fácil llegar a los hechos porque son secretos industriales, uno de los combatientes es en el fondo una mera página web, las empresas actúan veladamente en representación de gobiernos y se excusan en términos de uso y algoritmos, la resistencia se organiza por la red, no sabemos qué pensar.

Son los primeros pasos de una infoguerra. Infowar. La oiremos mucho porque es el tipo de palabras (como ‘ciberguerra‘) que nos gustan a los periodistas. La ha usado para describir la situación uno de los padres de internet y autor de la Declaración de Independencia del Ciberespacio, John Perry Barlow. “The first serious infowar is now engaged. The field of battle is WikiLeaks. You are the troops. #WikiLeaks”” (algo así como “La primera guerra de información está ahora en marcha. El campo de batalla es Wikileaks. Vosotros sois las tropas”) dice en un tweet. En las guerras de antes, como en las de ahora, la censura es un síntoma no siempre claro.

Fuente: Trending Topics

¿Filtraciones para hundir la Nave de la Diplomacia Mundial?

In Derecho a Replica, Exclusivos on 29 noviembre, 2010 at 8:37 PM

Por Guillermo Quijano

La diplomacia (si entendemos por ella las relaciones entre Estados) es un submundo particular en la política. Es un sistema fragmentado en dos partes: por encima los políticos, por abajo los diplomáticos de carrera. Los políticos son de la misma clase que se presenta en las elecciones o que son funcionarios de los ejecutivos en sus países.

Los diplomáticos en cambio, son una clase particular de funcionarios: en su mayoría están sumamente preparados, llegan a sus puestos después de pasar pruebas muy exigentes y tras muchas horas de estudio. Idealmente, los políticos toman decisiones que los diplomáticos ejecutan fielmente. En la práctica es un poco diferente.

Durante siglos, la lentitud de las comunicaciones hacía que los diplomáticos en lugares clave acumulasen mucho poder y formaran las alternativas de decisión y agendas de sus países de origen para con sus países de destino. Muchas veces el talento y preparación de los diplomáticos evitaron guerras o fueron capaces de causarlas.

Hoy la diplomacia parece estar pasando un mal momento. En primer lugar, el mejoramiento de las comunicaciones permite que los políticos en los países de origen puedan mantenerse al tanto de las realidades de los países de destino como sus diplomáticos in situ.

Al mismo tiempo, pueden interactuar con los políticos de esos países de  manera inmediata. Así, un Tweet de un funcionario del país A mencionando a otro del país B puede causarle problemas a los embajadores en el país B, o en un país C o D.

Por otra parte, con las fronteras entre los países más permeables a causa de la globalización, la diplomacia ya no siempre tiene la iniciativa para las relaciones entre naciones. Más bien, tienen la responsabilidad política de gestionar y satisfacer demandas en escenarios de creciente complejidad. Los empresarios ya no necesitan de las embajadas para iniciar relaciones con pares de otros países. Pero les piden que intervengan mucho más.

En ese contexto, ocurren las filtraciones de Wikileaks.

¿Se trata de un “11 de Septiembre de la Diplomacia”?

Tal vez. En realidad habría que preguntarse que implica eso. Pero rápidamente se puede que concluir que muy probablemente estos sucesos marcaran un hito en la historia de la diplomacia.
¿Qué pasará con las relaciones internacionales?

Es difícil saber. A corto plazo, afecta la imagen de EEUU en las opiniones públicas del resto del mundo. Es un problema de soft power, y se enfrenta con estrategias de comunicación política o marketing.
¿Pero alterará las relaciones entre Estados? No podríamos concluir eso. Si seguimos creyendo que los políticos toman las decisiones y los diplomáticos las ejecutan, tenemos que admitir que es improbable que vayan a verse muy alteradas

¿Cuántos políticos van a sentirse afectados? En cualquier lugar del mundo, cualquier político con suficiente trayectoria como para ser elegido a ocupar un escaño en un consejo deliberante, sabe que entre sus mismos aliados se hacen evaluaciones semejantes sobre él. En cualquier pasillo de edificio público se cruzan palabras en términos muchos mas duros que los que se pueden leer en los documentos filtrados.

Todos los políticos lo saben, sin embargo siguen cooperando. Es que en el microcosmos de los políticos las acciones no se determinan tanto por las percepciones cruzadas entre pares. En su lugar se tratan de expectativas sobre intereses estabilizados por el sistema mismo. Ningún político pretende que sus aliados los quieran, solo que les sirvan. Sus aliados piensan igual, y ellos saben que piensan así. Wikileaks ha sacado los trapos al sol, pero trapos que todo el mundo sabía que existían.

Donde si se puede esperar algún efecto es en la clase de los diplomáticos profesionales, hacia adentro de las oficinas de los servicios exteriores. Obviamente es un golpe duro. Porque han quedado expuestos ante la opinión pública, pero también porque deberán reajustar sus formas. La lógica de organización burocrática (vertical, formal y basada en comunicaciones escritas) más el secretismo hasta ahora los había protegido. Pero se ha mostrado como arma de doble filo una vez que el velo se corrió.

Ha sido tocado un mito, de seriedad y profesionalismo que cubría su trabajo y con el que se paraban ante políticos (locales y extranjeros) y ante la opinión pública. Algunos papeles seguramente deberán ser revisados. Pero las relaciones internacionales no se van a terminar, tampoco la necesidad de que haya diplomáticos de carrera. Tenemos la sospecha de que, de aquí en adelante, se trata de un problema de sociología de las organizaciones.

WikiLeaks cambiará la historia

In Malas Viejas on 28 noviembre, 2010 at 6:29 PM

WikiLeaks es un sitio de Internet independiente que publica documentos clasificados o filtrados, con contenido sensible para muchos gobiernos. En los últimos años ya ha sacado a luz mas información clasificada que los propios medios de comunicación, de todo el mundo juntos. Julian Assange está junto a su grupo de activistas sencillamente cambiando el mundo.

La comunidad organizada, el activismo y las posibilidades de quebrantar los sistemas mas complejos, han hecho que desde la web, WikiLeaks comprometa a Estados Unidos en sus relaciones internacionales. Hace tiempo este simple sitio ha venido desafiando y develando cientas de comunicaciones top secret.

Durante 2010, WikiLeaks desafió al Pentágono al colgar en la red más de 90 mil comunicaciones del ejército de Estados Unidos en Afganistán. En ese momento, el presidente Barack Obama y sus portavoces minimizaron el enorme hueco que significa para el prestigio y la seguridad de los militares y servicios de inteligencia norteamericanos, con la obviedad de que nada de lo revelado era desconocido.

Para despedir el año, se revelaron más de 250.000 documentos del Departamento de Estado. Los cables, obtenidos por Wikileaks, destapan espionaje, maniobras ocultas y corrupción, además de corrosivos informes sobre Putin, Ahmadineyad, Sarkozy, Merkel, Berlusconi y gobiernos latinoamericanos. (Ver documentos clasificados)

Lluís Bassets escribió que la publicación de estos documentos tenía como efecto el cambio de percepción sobre la participación de EEUU en el concierto mundial y que además se generaba la reapertura del apasionante y necesario debate sobre la libertad de información y el papel de los medios en el cuidado de la democracia.

Estos movimientos a su vez han reafirmado las virtudes de la Web 2.0, que pone los contenidos de la información en manos del público, convertido en fuerza de tracción y de organización de los medios. Pero, a la vez, valorizó al viejo periodismo clásico de oferta, en cuyas manos dejó la tarea de jerarquizar, analizar y transmitir al gran público. En su golpe, demostró que ambos caminos no tienen por qué ser contradictorios.

WikiLeaks ha logrado sacar a luz aquello que tantos profesores de historia comentaban pero no podían probar, consiguió lo que los medios jamás se animaron o pudieron, encontraron todo aquello que siempre se buscó y desnudó al poder. WikiLeaks junto al concepto que lo impulsa, sencillamente cambió el mundo.

Julian Assange declaraba que “periódicos y televisiones se han convertido en seleccionadores de contenidos tutelados” y recuerda que “dado el estado de impotencia actual del periodismo, me parecería ofensivo que me llamaran periodista”. Este hombre que consideraba que “el Estado de seguridad oculto se está extendiendo por el Imperio occidental y su centro de gravedad está en EE UU”, hará que la historia cambie.

+ Entrevista con Julian Assange

> Los documentos fueron filtrados a El PaísThe New York Times, Der Spiegel, Le Monde y The Guardian (Haz click en cada diario y conoce como contaron la historia).

+ El intercambio de documentos y las zonas calientes del planeta


WikiLeaks y su aporte al viejo periodismo

In Malas Viejas on 2 agosto, 2010 at 11:11 AM

WikiLeaks es un sitio de Internet independiente que publica documentos filtrados, con contenido sensible.

El Pentagono desafiado por la Web

Nadie celebra los goles del adversario. Barack Obama acaba de sufrir un severo revés, de consecuencias aún no calibradas, de manos de un portal de Internet WikiLeaks, que desafió los numerosos y severos controles sobre los documentos del Pentágono y colgó en la red más de 90 mil comunicaciones del ejército de Estados Unidos en Afganistán.

El presidente y sus portavoces minimizaron el enorme hueco que significa para el prestigio y la seguridad de los militares y servicios de inteligencia norteamericanos, con la obviedad de que nada de lo revelado era desconocido. Aunque cada uno de los documentos no aporte novedades sobre acciones y situaciones ya sabidas, el conjunto es una prueba sobre la pésima situación, las numerosas bajas civiles, la efectividad y el equipamiento de los talibanes y el doble juego de los servicios secretos paquistaníes, que con una mano cooperan con Washington y con la otra compadrean con los talibanes.

La publicación es un golpe propagandístico en contra de la presencia norteamericana y occidental en Afganistán, que repercute sobre un calendario en el que Obama ya había señalado 2011 para empezar el repliegue.

La revelación es un hecho insólito, que tiene difícil parangón en cuanto a contenidos y calibre con los tan invocados “Papeles del Pentágono“. El informe sobre la guerra de Vietnam, de siete mil páginas, filtrado en 1971 a The New York Times por Daniel Ellsberg, funcionario de Defensa, era un trabajo encargado por Robert McNamara, en el que quedaba probado “el comportamiento inconstitucional de varios presidentes”.

Los 91 mil WikiLeaks son la mayor colección de mensajes militares jamás publicada sobre una guerra, que abre un nuevo capítulo sobre el acceso a la información, obligará a los profesionales a replantearse cuestiones cruciales de sus sistemas de comunicación y ofrece una documentación valiosísima ahora para los periodistas y en el futuro para los historiadores.

“Papeles” y WikiLeaks tienen en común su enorme volumen, su efecto sobre la percepción de dos largas guerras en las que está involucrado EE. UU. y la reapertura del apasionante y necesario debate sobre la libertad de información y el papel de los medios en el cuidado de la democracia.

La gran diferencia es que hace 40 años fue un periódico impreso el que recogió las rentas de prestigio y ahora es un portal digital el que convirtió la publicación en una formidable operación de relaciones públicas. Supo jugar, además, en dos tableros. En uno, como en sus muchas filtraciones anteriores, funcionó en la línea de los wikis , es decir, portales nutridos por los aportes del público. En el otro, usó a tres grandes medios de prestigio para convertir su acción en un golpe informativo.

Así, reafirmó las virtudes de la Web 2.0, que pone los contenidos de la información en manos del público, convertido en fuerza de tracción y de organización de los medios. Pero, a la vez, valorizó al viejo periodismo clásico de oferta, en cuyas manos dejó la tarea de jerarquizar, analizar y transmitir al gran público. En su golpe, demostró que ambos caminos no tienen por qué ser contradictorios.

WikiLeaks realizó la tarea más sucia de recibir los documentos y colgarlos en un portal que se halla legalmente protegido gracias a su ubicación en Islandia y con servidores en países a cubierto de acciones internacionales. Pero fueron los periódicos de prestigio los que aportaron el sello de garantía y la credibilidad de la comprobación. La Casa Blanca no puede celebrar el gol. Como en 1971, sí lo debe celebrar también el viejo periodismo.

Fuente: Diario La Voz

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